Duque de Rivas

 
 

Ángel Saavedra y Ramírez de Baquedano nació en Córdoba el 10 de marzo de 1791y falleció en Madrid el 22 de junio de 1865.

La carrera literaria del Duque de Rivas empezó con la escritura de romances cortos pastoriles, en la tradición de Meléndez Valdés, entremezclados con odas patrióticas declamatorias (A la victoria de Bailén, 1808; A la victoria de Arapiles, 1812). Ya en la edad madura, evolucionó hacia el Romanticismo, del que fue -gracias a su Don Álvaro o la fuerza del sino- uno de sus principales representantes.

Los poemas líricos cortos de Rivas son, con pocas excepciones, de un convencionalismo decepcionante. Sólo hay dos temas que le inspiran poesías con brío: el exilio y el espectáculo de su país postrado ante Fernando VII. Ejemplos de esto son El desterrado y El faro de Malta.

Otro asunto importante de la lírica breve de Ángel de Saavedra es el del paso del tiempo, que le hace escribir unas composiciones de sesgo metafísico que algunos contemporáneos consideraban específicamente características del Romanticismo.

Los poemas narrativos largos (El paso honroso, 1812; Florinda, 1826; El moro expósito, 1834; los Romances históricos -reunidos por primera vez en 1841-) pertenecen al tipo de poesía concebida de acuerdo con las ideas de Bohl de Faber: de inspiración esencialmente nacionalista, están enmarcados con preferencia en la Edad Media o en el Siglo de Oro, y glorifican los valores tradicionales españoles.

Lo que le falta en realidad a la poesía de Rivas es la conciencia del enigma de la vida, la preocupación -a menudo desesperada- por el destino humano en un universo que ya no está regido por una providencia benevolente y que es parte del legado que los románticos han dejado a nuestra propia época.

Don Álvaro o la fuerza del sino (1835) sigue cronológicamente a un respetable número de obras dramáticas, muy inferiores, que el autor no incluyó en la primera edición de sus Obras completas (1854) y que no tienen un espíritu auténticamente romántico. Más aún, Don Álvaro es una excepción, un caso aislado, casi enigmático, en medio de la producción de Rivas, distinto en estilo y perspectiva a todo lo que escribió antes y después.

Su tema, el triunfo del destino sobre el amor, es el asunto básico de todos los grandes dramas románticos españoles. El protagonista encarna al héroe romántico, víctima del hado y del rechazo de la sociedad. Por eso, su suicidio es ante todo un acto de rebeldía, la última manifestación de la libertad individual del personaje.

La obra, que rompe con las reglas neoclásicas, ejemplifica el prototipo de drama romántico:

  1. La acción se desarrolla en Italia y en España,
  2. pasan varios años,
  3. mezcla lo trágico con lo cómico; el verso y la prosa,
  4. hace un uso sorprendente del contraste.
  5. tiene cinco actos,
  6. su estilo retórico transmite vehemencia y apasionamiento.

Después de Don Álvaro, que no fue un éxito de taquilla, Rivas volvió a su estilo de antes y así:

  1. En 1840 publicó la primera edición de sus Romances históricos. Los dieciocho textos que componen la obra parece que fueron escritos mente entre 1833 y 1839, aunque la fecha de la mayoría de ellos es incierta; y constituyen la contribución más conocida de nuestro autor a la corriente de poesía romántica dedicada a temas tradicionales y patrióticos.
  2. En el campo teatral, probó otros caminos: desde un tipo de drama histórico mezclado con ciertos tonos propios de la comedia sentimental (La morisca de Alajuar, 1841) a una pieza oscilante entre el drama histórico y la antigua comedia de enredo (Solaces de un prisionero, 1840) pasando por la tradicional refundición (El crisol de la lealtad, 1842), la comedia de fondo costumbrista (El parador de Bailén, 1843) y el teatro de magia (El desengaño en un sueño, 1842).

Enlaces externos:

  1. Página de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes dedicada al autor.
    1. Biografía.
    2. Obras digitalizadas.
    3. Estudios.
  2. Obras en Wikisource.
  3. Resumen del argumento del Don Álvaro y fragmento de una representación.