Postales de HUMO, palabras de Guillermo y de Victor, en Ferrol/ palabras de EDUARDO GIJON y critica generosa de Vicente Araguas


Publicado en NORDESIA, EL DIARIO DE FERROL, 12 de Julio, 2010
Texto de Gullermo Ferrandez y de Victor M. Diez, en la presentacion de POSTALES DE HUMO en Ferrol.
Y comentario de EDUARDO GIJON
Me llena de orgullo acompañar a mi amigo Juan Carlos Valle, Karlotty, en la presentación de este magnífico libro de poesía que es Postales de Humo. Y si digo magnífico no es para alabar al autor, al que no le gustan las alabanzas, sino por la delicadeza de sus imágenes, por la inmensa ternura que encierran sus versos y porque en este libro las palabras son preciosas y parecen que se dicen por primera vez, recién salidas del horno como le gusta decir al poeta. No es Karlotty un poeta de libros, este es el segundo libro que publica, aún teniendo poemas para publicar más de diez libros, el primero fue Todos los jueves salvo la luna allá por los años ochenta, también magnífico y por desgracia ya agotado, es un poeta de la palabra y de la vida, con esto quiero decir que él es un poeta las veinticuatro horas del día, que entre la vida y la poesía no hace diferencias y que para él la palabra es lo más valioso que tiene el hombre, por eso en Karloty se hace verdad aquel verso de Hold
erling en el que nos decía “ que era poéticamente como el hombre habitaba la tierra”, y aquí poéticamente quiere decir con la palabra que nombra al mundo, quiere decir que vivir es nombrar el mundo, cada día, todos los días, tenemos la palabra para hacer el mundo. Karlotty es un poeta de la palabra, amasar y coser son dos de sus palabras preferidas, cada amanecer es como un pan recién hecho y sus versos los hace llegar a los amigos como panes recién salidos del horno; pero lo que más le gusta es coser, coser las palabras hasta darles forma, coser las distancias para que no duelan, coser a los amigos para que no se alejen demasiado, atar los sentimientos en un único hatillo peregrino para que su corazón no se disperse. Y vaya si lo hace, amasar y coser son labores diarias del poeta, ustedes ya me entienden. También como no podía ser de otra manera le gusta a Karlotty el verbo ser, el verbo de los verbos, el que más nos da qué pensar, y con él construye imágenes preciosas : Los días Son carros de heno  hacia los graneros del polvo; los relojes Son nidos abandonados; los caminos en el desierto Son-risas de camello;  El Verbo Ser con el que el poeta trabaja, amasa y cose y busca su identidad. El poeta sabe que la palabra es el único camino que tiene el hombre para hacerse cargo del mundo y también sabe que ha sido interesadamente arrinconada para que nunca pueda el hombre recuperar su memoria, pero el hombre sin memoria no es nada, la vida no puede ser sin lo que fuimos, no podemos vivir sin nuestros muertos, sin memoria no hay futuro alguno para el hombre. La poesía es la memoria de lo que fuimos de lo que somos y de lo que seremos.


Cuando uno se encuentra consigo mismo suelen pasar dos cosas, la primera es que no se reconozca y la segunda es que se lleve un susto de muerte. Porque para que se produzca el encuentro tienen que darse una serie de condiciones, entreotras la duda de la propia identidad, la muda de la piel mundana, y el desierto como único lugar de encuentro marcado por la ceniza de lo que sin duda ya ha ardido. Alejado y despojado de todo lo que ha sido puede el hombre iniciar el regreso hacia un sí mismo que lo iguale y lo confunda con los miles de millones de hombres que habitan la tierra, un regreso hacia lo común que nos funda y nos hace hombres. Porque toda identidad se da en lo común, es en donde somos iguales en donde somos nosotros mismos, y no hay nadie que pueda ser si mismo si no pertenece al tronco común que somos todos. El libro que hoy presentamos nos habla de ese regreso y de esa identidad de lo común, y eso es la esencia de lo poético, el material memoria del que nos habla Valente.
Postales de Humo es la memoria de un viaje y su regreso, pero como es natural el paisaje del regreso nada tiene que ver ya con el punto de partida, lo que se trae en la mochila son unas nuevas relaciones entre las cosas y los hombres, las palabras que ahora n
entre otras la duda de la propia identidad, la muda de la piel mundana, y el desierto como único lugar de encuentro marcado por la ceniza de lo que sin duda ya ha ardido. Alejado y despojado de todo lo que ha sido puede el hombre iniciar el regreso hacia un sí mismo que lo iguale y lo confunda con los miles de millones de hombres que habitan la tierra, un regreso hacia lo común que nos funda y nos hace hombres. Porque toda identidad se da en lo común, es en donde somos iguales en donde somos nosotros mismos, y no hay nadie que pueda ser si mismo si no pertenece al tronco común que somos todos. El libro que hoy presentamos nos habla de ese regreso y de esa identidad de lo común, y eso es la esencia de lo poético, el material memoria del que nos habla Valente. Postales de Humo es la memoria de un viaje y su regreso, pero como es natural el paisaje del regreso nada tiene que ver ya con el punto de partida, lo que se trae en la mochila son unas nuevas relaciones entre las cosas y los hombres, las palabras que ahora nombran el mundo hablan de otra realidad mas profunda, otra realidad que sólo la experiencia poética puede sacar a la luz como un nuevo conocimiento del hombre.



Karlotti de humo

 

Karlotti es de esos poetas que más bien aspiran a ser poema. Un amigo común al conocerle me hizo caer un día en la cuenta: Este Karlotti no llega, no se le ve venir, simplemente aparece.

Mago de las palabras, equilibrista del discurso, en sus bolsillos se aloja la ruta de la seda. Soñador de aldea, agitador cultural y político, Juan Carlos Valle, es un cosmopolita de ferrocarril, un marinero en tierra, un buhonero del siglo XXI.

Sí es cierto que tiene algo de titiritero, de sacamuelas del lejano oeste, de contrabandista de alambique, pero también de juglar, de cuentacuentos medieval, de discreto samurai…

Su ética es la del estar, reducido mortadela, no es simplemente disfraz su camuflaje en el paisaje: indio en la india, aldeano en la aldea, inmigrante en Lavapiés, castizo en su  Valladolid castiza, en León: podría otro espía que surgió del frío.

Su escritura de acordeón es brevísima como los haikus o se alarga como los ríos de la estepa siberiana. Chamán ornamentado de anillos y sortijas, Karlotti, es poseedor de la poética del remite, está educado en la reciprocidad, en asistir al palo, en aparecer donde se le nombra como una invocación. Sus poemas son siempre los remites de las postales que nunca nos envió.

 

POETA AHUMADO, puesto a secar, colgado,  a curar sobre la chapa de la cocina económica o a la pura helada de los tiempos, como una costilla o una pernera. Karlotti, carne de poeta,  poeta en salazón, poeta pescado, escritor con espinas… Cariño en los huesos.

“Y, a veces, sólo soy/ como me haceis…”, dice en uno de sus versos. Y su poesía suena a una vieja Singer, cuyo pedal apretamos todos. Y así le hacemos como un jersey o una bufanda. Y de ahí los vasos comunicantes entre el texto y lo textil. Karlotti es de seda y es de lana. Es de acá y de allá. Supongo que a vosotros os hará lo mismo. En el lado de allá se le quiere y se le espera, como al buhonero de la alegría, al mercader del corazón.

Poeta bajo volcán, nos trae vuestras noticias, y como todos vosotros, estamos sentados sobre esa bomba que os han puesto en la ría. Como un revólver en la sien, como un  cuchillo en el cuello. Como una metáfora de los putos tiempos.  Sentados, esperando, pensamos que no vamos a esperar sentados a nuestros asesinos. PLANTA DE GAS FORA DA RIA.

 

                                                                                              Víctor M. Díez
 
 

Los dedos cuentan mucho en estas postales de humo. Recorren el lomo de una vaca a contrapelo y surge la conversación, “¿quién niega/su vacuna filosofía?”. Y así con cualquier criatura, pájaro, maíz, pez o piedra. Los dedos, a veces, hurgan por ahí, escarban un poco temblorosos y vuelven a reposar, dejando que escapen el agua, la arena, el humo, las cenizas. El sentido del tacto es herramienta imprescindible en el oficio de este poeta. Con ella y gracias a los mapas en relieve se orienta el nómada infinitesimal, atravesando un mundo donde todo son umbrales. Nada que ver con el viajero cosmopolita, vanidoso señor del globo mondo y lirondo.

En las postales, palabras en la punta de la lengua, bocas de mar pintadas, eco de voces que cruzan silbando las fronteras, doblando las esquinas. Varanasi, Lisboa, Lavapiés, Queiruga. Voces que regresan como náufragos salvados. Observatorios limítrofes (suprimidos los feudos amurallados hasta el cielo, las alambradas y la policía aduanera) desde donde se divisan los astilleros. “El mar/ábaco/de olas”.

“Y, a veces, sólo soy/como me hacéis”. El autor, “demasiado viejo para madurar”, menguante y hospitalario, nos invita a la intromisión y el pirateo. “El desierto/y el camello/se copian al caer la tarde”.

Se necesitan también los dedos parpadeantes para captar la luz que colorea estos versos. “Luz arrugada”, mortecina, semejante a la de esos objetos de plata que los antiguos chinos más apreciaban cuanto más visible era la huella negra y amarilla del tiempo y el uso depositada en ellos. Capa de sombra sobre la luz: “¡qué elegante es la fatiga!”.

En estas postales de humo, camellos y vacas rumian con misteriosa naturalidad, ajenos a cualquier bizantina controversia entre herméticos y coloquiales. Se agradece.

Eduardo Gijón
junio, 2009

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