Poemas das pequenas cousas

A Un Olmo Seco

Al olmo viejo, podrido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas, de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazòn espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado






Cancioncilla de amor a mis zapatos

Los zapatos en que espero
el tiempo de mi partida
tienden dos alas de cuero
para sostener mi vida.
Bajo la suela delgada
siento la tierra que espera....
Entre la vida y la nada
¡qué delgada es la frontera!
Rafael Morales





Oda al libro (II)

LIBRO
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.
Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.
Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.
Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.
Pablo Neruda


A la máquina de escribir

Bufanda bicolor, cuello desierto
de piano encolado en escalera;
fulgurante tiniebla literaria
de reposo en la mesa te sé cierto,

arco de las letras, sí, adorno muerto
el carro de la farsa y la tragedia.
Otrora de los tipos metralleta,
Novelista o poeta-oficio incierto-,

lanzó con el furor del huracán
Los dardos  acerados de la prosa,
O blando voló el verso del galán

como en alas de leve mariposa
A besar-¡oh delicado batán!-
rodillo de amasar la celulosa.

J. Reboredo





El acuario (Transcribo del original sin signos de puntuación y mayúsculas)
la líquida jaula estaba apagada
pero el ruído
en la oscuridad de los peces
se hizo cálido
más tranquilo
como el sopor de las noches de vino

me latía solamente el cinturón
y la nuca

L. Eduardo Aute



Nada más

Con esta moneda
Me voy a comprar
Un ramo de cielo
Y un metro de mar,
Un pico de estrella,
Un sol de verdad,
Un kilo de viento,
Y nada más.

 María Elena Walsh
 



Esta será na morte
a miña última palabra:
quen me dera ser gata
para vivirte sete veces.
Olga Novo
(Vilarmao, Lugo, 1975)
 Nós nus, 1997



os reloxos
salfiren
de tempo
o meu tempo
de reloxos
Rafa Villar (Cee, 1968),
casa ou sombra,1997


Es doce como o soño degolado,
doce folla de aceiro dun coitelo,
doce como a nudez do carambelo,
doce sangue vermello derramado.

Es doce como o verso encabalgado,
doce palabra libre e pesadelo,
doce como ese son do violonchelo,
doce canto, barítono do agrado.

Es doce como a noite pequerrecha,
doce casa común, tobo futuro,
doce como asubío dunha frecha,

doce zume, morango ben maduro,
doce como o sendeiroi dunha crecha,
doce exaculación a ben seguro.
Miro Villar (Cee, 1965),
Ausencias pretéritas ,1992



A estas alturas nada colle nun poema,
todo semella tan acho
que soborda
a cousa ruín dunha palabra.
A estas alturas
nada colle nun poema porque desencadeas,
amor,
a vida aberta fóra do papel.
Daniel Salgado (Monterroso, 1981)
 Sucede, 2004





Cogí el vestido que tanto le gusta
a mi amigo,
cogí el vestido y volaron mariposas
y lo enredé en mi pecho
con tres deseos de hiedra.


(A las velas del barco blanco
que no me olviden,
al pájaro que no me cante en la rama
de la flor del dolor
y al agua que mi amigo me llame
cuando lo lave.)
Almudena Guzmán (Navacerrada, Madrid, 1964),
Calendario, 1998



Cálculo

"Sólo dos
palabras y sobran cuatro
cinco
seis
 
nueve".
Luis Eduardo Aute


Comentario al poema Cálculo.-
Cuando leemos el número 4, son seis las palabras recorridas y, en consecuencia sobran cuatro para quien sólo pretendía decir "dos palabras". Al avanzar: cinco, seis .. Continúa creciendo y simultáneamente designando al número de palabras "que sobran". Hay dos huecos después para unos ausentes "siete" y "ocho" previos al "nueve" final, cifra que de esta forma continúa la serie creciente de palabras "superfluas" y es a su vez la suma total de las que intervienen en el ejercicio poético. (Emilio P Gómez)


 

Adivinanza

Soy y seré a todos definible,
mi nombre tengo que daros,
cociente diametral siempre inmedible
soy de los redondos aros.
Golmayo, Manuel
El poema permite recordar las veinte primeras cifras de Pi, sin más que contar las letras en cada palabra    Pi= 3.1415926535897932384 62642



Sistema de ecuaciones
Uno es dos menos uno
soledad es uno menos todos los demás
Guinda, Ángel


XV
Más allá de la Tierra, más allá del Infinito,
buscaba yo el Cielo y el Infierno.
Pero una voz grave me dijo:
" El Cielo y el Infierno están en ti".

XXVI
El mundo inabarcable: un grano de polvo en el vacío.
Toda la ciencia del hombre: palabras.
Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras.
El fruto de tu constante meditación: la nada.
 Khayyan, Omar
Poeta (e matemático) persa  século XI
As súas poesías coñecense polo nome de Rubaiyats

Oda al número 0

Redonda negación, la nada existe
encerrada en tu círculo profundo
y ruedas derrotado por el mundo
que te dio la verdad que no quisiste.

Como una luna llena es tu figura
grabada en el papel a tinta y sueño.
Dueño de ti te niegas a ser dueño
de toda la extensión de la blancura.

Tu corazón inmóvil y vacío
ha perdido la sangre que no tuvo.
Es inútil segar donde no hubo
más que un cuerpo en el cuerpo sin baldío.

Redonda negación, redonda esencia
que no ha podido ser ni ha pretendido.
Sólo la nada sueña no haber sido
porque no ser es ser en tu existencia.
Enrique Morón



Windows 98

Antes del fax del modem y el e-mail
la vergüenza era sólo artesanal
la mecha se encendía con un fósforo
y uno escribía cartas como bulas

antes los besos iban a tu boca
hoy obedecen a una tecla send
mi corazón se acurruca en su software
y el mouse sale a buscar el disparate

cuando me enamoraba de una venus
mis sentimientos no eran informáticos
pero ahora debo pedir permiso
hasta para escribir con el news gothic

te urjo amor que cambies de formato
prefiero recibirte en times new roman
mas nada es comparable a aquel desnudo
que era tu signo en tiempos de la remington.

Mario Benedetti




A la divina proporción

A ti, maravillosa disciplina,
media, extrema razón de la hermosura,
que claramente acata la clausura
viva en la malla de tu ley divina.

A ti, cárcel feliz de la retina,
áurea sección, celeste cuadratura,
misteriosa fontana de mesura
que el Universo armónico origina.

A ti, mar de los sueños angulares,
flor de las cinco formas regulares,
dodecaedro azul, arco sonoro.

Luces por alas un compás ardiente.
Tu canto es una esfera trasparente.
A ti, divina proporción de oro.

Rafael Alberti, Poemas del destierro


 
Desayuno

Echó café
en la taza.
Echó leche
en la taza de café.
Echó azúcar
en el café con leche.
Con la cucharilla
lo revolvió.
Bebió el café con leche.
Dejó la taza
sin hablarme.
Encendió un cigarrillo.
Hizo anillos
de humo.
Volcó la ceniza
en el cenicero
sin hablarme.
Sin mirarme
se puso de pie.
Se puso
el sombrero.
Se puso
el impermeable
porque llovía.
se marchó
bajo la lluvia.
Sin decir palabra.
Sin mirarme.
Y me cubrí
la cara con las manos.
Y lloré.
Jacques Prévert





El escolar perezoso


Dice no con la cabeza
pero dice sí con el corazón
dice sí a lo que quiere
dice no al profesor
está de pie
lo interrogan
le plantean todos los problemas
de pronto estalla en carcajadas
y borra todo
los números y las palabras
los datos y los nombres
las frases y las trampas
y sin cuidarse de la furia del maestro
ni de los gritos de los niños prodigios
con tizas de todos los colores
sobre el pizarrón del infortunio
dibuja el rostro de la felicidad.
Jacques Prèvert
De "Paroles"
Versión de Aldo Pellegrini



Recuerdo infantil


Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En el cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
"Mil veces ciento, cien mil,
mil veces mil, un millón."
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia en los cristales.
Antonio Machado,
 Soledades



Daba el reloj las doce... y eran doce...

Daba el reloj las doce... y eran doce
golpes de azada en tierra...
        ... ¡Mi hora! —grité— ... El silencio
me respondió: —No temas;
tú no verás caer la última gota
que en la clepsidra tiembla.
        Dormirás muchas horas todavía
sobre la orilla vieja
y encontrarás una mañana pura
amarrada tu barca a otra ribera.

Antonio Machado,
 Soledades




Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro cipresal humean..
En la glorieta en sombra está la fuente
con su alado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza
reposa el agua muerta.

Antonio Machado,
 Soledades


CABALLITOS
Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera..
Yo conocí, siendo niño,
la elegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.
En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.
¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!

Antonio Machado,
 Soledades







Las moscas 

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
  ¡Oh, viejas moscas voraces,
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
  ¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
  Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
  - que todo es volar -, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,
  de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
  de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
  sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
  Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.
Antonio Machado


Cosas

Otra vez esta vez
con lluvia en los cristales
con miradas y con nubes
cantando al interior de estas cosas que rompen
en la luz de la vida el sentir que las vence
y dejan de ser silla
y dejan de ser mesa
y agarran nuestra voz
y chillan con nosotros y escapan de su forma
como forma de unirse
a lo que escapa
y un silencio de agua
se va quemando en el aire
y hacen agua del verbo
y un barco de papel
tiembla de cosas
y en la corriente besan
el cristal que la lluvia
como cosa consciente
les brinda en la humedad
que habla su nombre.
Miguel Antonio Jiménez


Oda a las cosas

AMO las cosas loca,
locamente.
Me gustan las tenazas,
las tijeras,
adoro
las tazas,
las argollas,
las soperas,
sin hablar, por supuesto,
del sombrero.
Amo
todas las cosas,
no sólo
las supremas,
sino
las
infinita-
mente
chicas,
el dedal,
las espuelas,
los platos,
los floreros.
Ay, alma mía,
hermoso
es el planeta,
lleno
de pipas
por la mano
conducidas
en el humo,
de llaves,
de saleros,
en fin,
todo
lo que se hizo
por la mano del hombre, toda cosa:
las curvas del zapato,
el tejido,
el nuevo nacimiento
del oro
sin la sangre,
los anteojos,
los clavos,
las escobas,
los relojes, las brújulas,
las monedas, la suave
suavidad de las sillas.
Ay cuántas
cosas
puras
ha construido
el hombre:
de lana,
de madera,
de cristal,
de cordeles,
mesas
maravillosas,
navíos, escaleras.
Amo
todas
las cosas,
no porque sean
ardientes
o fragantes,
sino porque
no sé,
porque
este océano es el tuyo,
es el mío:
los botones,
las ruedas,
los pequeños
tesoros
olvidados,
los abanicos en
cuyos plumajes
desvaneció el amor
sus azahares,
las copas, los cuchillos,
las tijeras,
todo tiene
en el mango, en el contorno,
la huella
de unos dedos,
de una remota mano
perdida
en lo más olvidado del olvido.
Yo voy por casas,
calles,
ascensores,
tocando cosas,
divisando objetos
que en secreto ambiciono:
uno porque repica,
otro porque
es tan suave
como la suavidad de una cadera,
otro por su color de agua profunda,
otro por su espesor de terciopelo.
Oh río
irrevocable
de las cosas,
no se dirá
que sólo
amé
los peces,
o las plantas de selva y de pradera,
que no sólo
amé
lo que salta, sube, sobrevive, suspira.
No es verdad:
muchas cosas
me lo dijeron todo.
No sólo me tocaron
o las tocó mi mano,
sino que acompañaron
de tal modo
mi existencia
que conmigo existieron
y fueron para mí tan existentes
que vivieron conmigo media vida
y morirán conmigo media muerte.
Pablo Neruda

El gato y el pájaro
 
Un pueblo escucha desolado
el canto de un pájaro herido.
Es el único pájaro del pueblo
y es el único gato del pueblo
que lo ha devorado a medias.
Y el pájaro cesa de cantar
el gato cesa de ronronear
y de relamerse el hocico.
Y el pueblo le hace al pájaro
maravillosos funerales.
Y el gato que está invitado
marcha detrás del pequeño ataúd de paja
donde el pájaro muerto está estirado
llevado por una niñita
que no deja de llorar.
Si hubiera sabido que eso te daba tanta pena,
le dice el gato,
me lo hubiera comido del todo
y después te hubiera contado
que lo había visto volarse
volarse hasta el fin del mundo
allá donde es tan lejos
que nunca se vuelve.
Tu hubieras tenido menos pena
Simplemente tristeza y aflicción

Nunca hay que hacer las cosas a medias.
 Jacques Prévert


Toma esta chave.
Abre os meus beizos
pero non raches
o meu silencio.
Abre os meus labios,
tes moito tempo.
Ti ben coñeces
a voz do vento.
Faino con calma.
Faino con xeito.
Quero vivir
nun beixo eterno.
A. García Teijeiro,
Palabras envoltas en cancións, 2000



A Segunda vez

E cando me volvín para bicalo
escoiteille dicir

"facía tanto tempo".

Non lle pedín permiso.
Non sabía.

Do seu corazón lento
nunca puiden contar tódolos golpes.
María do Cebreiro (Compostela, 1976)
 Non queres que o poema te coñeza, 2004



Canción infantil

Dos y dos son cuatro
cuatro y dos son seis
seis y dos son ocho
y ocho dieciseis,
y ocho, venticuatro
y ocho treinta y dos
¡ánimas benditas,
me arrodillo yo!




La monja gitana

Silencio de cal y mirto.
Malvas en las hierbas finas.
La monja borda alhelíes
sobre una tela pajiza.
Vuelan en la araña gris,
siete pájaros del prisma.
(...)
F G Lorca (Romancero gitano)



Pequeña antología de Edith Vera

Tengo un pañuelito
de papel muy fino
y si yo lo quiero
él se hace barquito,
paloma,
estrella,
zapallo,
violín.
Si le digo ¡barco!
él se hace paloma.
Si le digo ¡estrella!
él se hace violín.

Cuando tomo la sopa de fideos,
ésa que tiene a y b y c
y tantas otras letras,
me causa pena.
Es como si me alimentara
de palabras hermosas
que pudieron ser dichas
por el viento en las ramas
o por el humo de las hojas quemadas en otoño


Esta caracola
tiene muy adentro,
donde no se ve,
allí donde nadie
la puede robar,
una ola.
¡Ay, ola! ¡Ay, ola!
¡tan bella y tan sola!

Esta caracola
tiene muy adentro
y se puede oír,
el canto que trajo
consigo del mar,
una ola.
¡Ay, ola! ¡Ay, ola!
¡Tan lejos del mar!


Mi abuelo nació en un mapa
de tierras color de miel,
con un mar inquieto y bravo
y barquitos de papel.
Un día salió en un barco
diciendo: adiós, adiós!
lo despidieron dos gatos
un grillo y un ruiseñor.


La tortuga dice
que para el resfrío
es bueno bañarse
con agua de sol.
Y para las muelas
que duelen de noche
agüita de luna
con gotas de olor.

La bruja Polifona
se ha quedado dormida.
¿Qué le robaremos
por verla enojar?
¿Su escoba viajera,
su bonete negro
o esa carcajada
que hace temblar?

Este es el puchero
que come el enano
Barbas de algodón:
un dedal de agua
con flores de almendro.
la pata de un grillo
y un poco de miel.
Cocerlo muy lento
y agregarle luego
puré de perfume
del atardecer.


La tinta negra se hace
con brujas y dragones.

La roja, con la cresta
y saludo de gallos.

La tinta azul, con agua
y sombra de palomas.


A Eulalia, mi vaca,
le puse corona
de trébol y alfalfa.
Ella alza los ojos
y mira que mira,
queriendo comerla...

No quiere ser reina
Mi vaquita Eulalia



El tomate es un rojo
almohadón de seda.
Lo ponen en la mesa,
se queda.
Lo ponen en el plato,
se queda.
Rojo.
Rojo.
De seda.
Se queda.


La le
la lechu
la lechuga va
a ser
una ensa
una ensalada.

La lechuga es el nido
de un pajarito,
que no canta ni pone
ningún huevito.


Con ovillitos de lana
tejeré un bello chal.
Rojos, los primeros puntos.
Azules, los del final.
Sobre el pecho, será fuego.
En la espalda, pavo real.
Un arco iris dormido,
Un sol y granos de sal.


¡Buenas noches, Señor Gato!

¿Qué le apura, adónde va?
-Voy corriendo a ver la luna,
plato de leche en el cielo
plato de vidrio en el mar.
¡Bien que sabes dónde está
la cuevita del ratón”!
Aquí sí.
Aquí no.
Aquí sí.
Donde hay olor a queso.
Donde bailan todos vals.
Donde se corren carreras
y el gato no puede entrar.


En el papel del aire
el verde escribe una flor.
Letra abierta, clara, firme.
La corola dice: Vengo.
El perfume dice: Voy.


El pato Canela
pescaba en la noche
hundiendo su pico
de rojo coral.
Sacaba del agua
pedazos de luna
que él mismo quebraba
a orillas del mar.


Hay cuentos
que pueden ser guardados
en un zapato de niño,
otros en el baúl de viaje de Gulliver
y algunos breves, tan breves,
que caben en el nido de un picaflor.

De Pajarito de agua

Nunca hemos visto
Al pajarito
que llama en los naranjos
por la mañana.
¿Tendrá las plumas verdes
y el piquito grisado?
¿Hay alguien que conteste
a su llamado?

Cuatro limones danzan
sobre mi cama.
Siete gorriones saltan
en una rama.
Esto es para mi madre
porque me ama.

En la laguna
se bañan los patos,
las garzas, el martín pescador,
el sol,
la sombra de la paloma
y la luna.
Edith Vera



Las abarcas desiertas

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.
Miguel Hernández



Has de cantar

Has de cantar,
que che hei de dar zonchos;
has de cantar,
que che hei de dar moitos.
Rosalia de Castro,
Cantares gallegos.








O CARRO

Non canta na Chá ninguén,
por éso, meu carro canta,
canta o seu eixo tan ben
que a señardade me espanta.
Non hai canto tan fermoso:
fino coma un asubío,
anque é, as vegadas, saudoso
faise no ar rechouchío.
O meu carro é cerna dura:
sábese carballo e freixo.
iQué fermosa e a sua feitura!
iQué lixereza a do eixo!
As cousas vanse aledando
por onde meu carro pasa.
iCarrétame herba pro gando!
iTraime a colleita pra casa!
Manuel María



Cántico doloroso al cubo de la basura

Tu curva humilde, forma silenciosa,
le pone un triste anillo a la basura.
En ti se hizo redonda la ternura,
se hizo redonda, suave y dolorosa.
Cada cosa que encierras, cada cosa,
tuvo esplendor, acaso hasta hermosura.
Aquí de una naranja se aventura
su delicada cinta leve y rosa.
Aquí de una manzana verde y fría
un resto llora, zumo delicado
entre un polvo que nubla su agonía.
Oh, viejo cubo sucio y resignado:
desde tu corazón la pena envía
el llanto de lo humilde y lo olvidado.
Rafael Morales



Oda a la cuchara

CUCHARA,
cuenca
de
la más antigua
mano del hombre,
aún
se ve en tu forma
de metal o madera
el molde
de la palma
primitiva,
en donde
el agua
trasladó
frescura
y la sangre
salvaje
palpitación
de fuego y cacería.
Cuchara
pequeñita,
en la
mano
del niño
levantas
a su boca
el más
antiguo
beso
de la tierra,
la herencia silenciosa
de las primeras aguas que cantaron
en labios que después
cubrió la arena.
El hombre
agregó
al hueco desprendido
de su mano
un brazo imaginario
de madera
y
salió
la cuchara
por el mundo
cada
vez
más
perfecta,
acostumbrada
a pasar
desde el plato a unos labios clavelinos
o a volar
desde la pobre sopa
a la olvidada boca del hambriento.
Sí,
cuchara,
trepaste
con el hombre
las montañas,
descendiste los ríos,
llenaste
embarcaciones y ciudades,
castillos y cocinas,
pero
el difícil camino
de tu vida
es juntarte
con el plato del pobre
y con su boca.
Por eso el tiempo
de la nueva vida
que
luchando y cantando
proponemos
será un advenimiento de soperas,
una panoplia pura
de cucharas,
y en un mundo
sin hambre
iluminando todos los rincones,
todos los platos puestos en la mesa,
felices flores,
un vapor oceánico de sopa
y un total movimiento de cucharas.
Pablo Neruda


Balón

¿Tener un balón ? Dios mío.
Qué planeta de fortuna.
Vamos a los Arenales :
cinco hectáreas de desierto,
cuadro y recuadro del puerto.
Qué olor la Tabacalera.
-Suelta ya el balón. Incera.
-No somos once. -No importa.
Si no hay eleven hay seven.
Qué elegante es el inglés :
decir sportman, team, back ;
gritar goal, córner, penalty.
(Aún no se ha abierto el Royalty.)
-Marca tú la portería :
textos y guardarropía.
-Somos siete contra siete.
Un portero y un defensa,
dos medios, tres delanteros ;
eso se llama la uve.
Y a jugar. Vale la carga.
pero no la zacandilla.
Yo miedo nunca lo tuve ;
(Una brecha en la espinilla.)
Ya se desinfla el balón.
Sopla tú fuerte la goma.
Ata ya el cuero marrón.
El de badana en colores
déjase a los menores
para botar con la mano.
 Mañana a la Magdalena
a jugar contra el « Piquío ».
Y al « Plazuela », desafío.
Tener un balón, Dios mío.
Gerardo Diego


Mapas

Los mapas de la escuela,
Todos tenían mar,
Todos tenían tierra.

¡Yo sentía un afán
Por ir a recorrerla!...

Soñaba el corazón
con mares y fronteras,

Con islas de coral
y  misteriosas selvas.

 Soñaba el corazón…
¡Oh, sueños de la escuela!

Concha Méndez

El bolígrafo

el bolígrafo
va llenando de espirales el papel
solenoides paranoicos una y otra
y otra vez

algo más abajo escribo:

el bolígrafo
va llenando de espirales el papel
solenoides paranoicos una y otra
y otra vez

algo más abajo escribo:

dejo de escribir

L. Eduardo Aute

Epitafio del enamorado

Si alguien quiere escribir mi biografía
no hay nada más sencillo.
Dispone de dos fechas solamente:
la del día en que te conocí
y la del que te fuiste.
Entre una y otra transcurrió mi vida.
Lo que ocurriera antes, lo olvidé.
Lo que suceda ya, carece de importancia.
Juan Bonilla (Jerez de la Frontera, 1966)
 El Belvedere, 2002




Estamos xuntos
pero tamén
moi separados.

O noso amor é poesía.
Poemas abertos,
os nosos corpos.

Se te enamoras
vaste e non volves.
Ou chegas e miras todo
como unha estranxeira.

Ninguén
me prohibirá nunca
estar soa.
Lupe Gómez (Curtis, 1972)
 Os teus dedos na miña braga con regra, 1999



El desayuno

Me gusta cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gusta más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno.»
Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950)
 Los mundos y los días. Poesía, 1972-1998



Poema

A un cerezo yo subí
donde cerezas había
yo cerezas no cogí,
y cerezas no dejé.
¿ Cuántas cerezas hallé?
Bukowski



Beato sillón

¡Beato sillón! La casa
corrobora su presencia
con la vaga intermitencia
de su invocación en masa
a la memoria. No pasa
nada. Los ojos no ven,
saben. El mundo está bien
hecho. El instante lo exalta
a la marea, de tan alta,
de tan alta, sin vaivén.
Jorge Guillén



35 Bujías

Sí, cuando quiera yo
la soltaré. Está presa
aquí arriba, invisible.
Yo la veo en su claro
5- castillo de cristal, y la vigilan
-cien mil lanzas- los rayos
-cien mil rayos- del sol. Pero de noche,
cerradas las ventanas
para que no la vean
-guiñadoras espías- las estrellas,
la soltaré (Apretar un botón.).
Caerá toda de arriba
a besarme, a envolverme
de bendición, de claro, de amor, pura.
15-En el cuarto ella y yo no más, amantes
eternos, ella mi iluminadora
musa dócil en contra
de secretos en masa de la noche
-afuera-
20-descifraremos formas leves, signos,
perseguidos en mares de blancura
por mí, por ella, artificial princesa,
amada eléctrica.
Pedro Salinas, Seguro Azar



A mis zapatos

A mis zapatos remendados
       yo los quiero;
mis zapatos con cartón debajo
       y nylon debajo
para que no entre el agua
       de la lluvia
ni el agua de cuando baldean
       las veredas.
Mis zapatos húmedos y tibios
de mí y con polvo de camino,
       mi camino.
Descansando ahora, debajo
       del mueble
-pueden verlos-,
y mirando gozosos cómo escribo
reclinado en la cama todo
       esto
y cómo abracé hace un momento
       al Caribe hondo y voraz
de Aimé Césaire y Saint-John
       Perse.
Zapatos, zapatos excedidos
       de mí
hasta deformarse, cuartearse
       y agujerearse.
Pero listos y hermanos
y comprendiendo, pareciera,
cuál es la estrella fugaz
y cuál es ésta. Y vamos,
yo adentro de ellos
en la parte que les toca.
Denostados, sin embargo,
       torpemente,
por una mujer, ciega mujer,
abandonada mujer, sola mujer.
Dejadme cruzar la calle,
       poesía,
poesía de los salones,
las rondas, los concilios,
que vengo de galope yo
       con mis zapatos!   
Eduardo Dalter
De " Aguas vivas"
Buenos Aires, 1993



Nadie se olvida, Platko

no, nadie, nadie, nadie,
oso rubio de Hungría.

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más regía.

Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,´
guardameta en el polvo,
pararrayos.

No, nadie, nadie, nadie.

Camisetas azules y blancas, sobre el aire,
camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote,
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiendo en la yerba de otro país. ¡Tú, llave,
Platko, tú, llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo!

No, nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.

Volvió su espalda el cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas, sin viento.

El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por tu sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto,
temieron las insignias.

No, nadie, Platko, nadie,
nadie, nadie se olvida.

Fue la vuelta al mar.
Fueron
diez rápidas banderas
incendiadas, sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.

Azul heroico y grana,
mandó el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas, rotas alas,
combatidas, sin plumas, encalaron la yerba.

Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.

¡Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría!

Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario el viento abrió una brecha.

Nadie, nadie se olvida.

El cielo, el mar, la lluvia, lo recuerdan.
Las insignias.

Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.

No, nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.

Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.

¡Oh Platko, Platko, Platko,
tú, tan lejos de Hungría!

¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte?

Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.


RAFAEL ALBERTI (Cádiz, 1902-1999),
Cal y canto, Poesías completas, Vol. I, Aguilar, 1988



Canción para dos caracoles que van a un entierro

Al entierro de una hoja seca
se van dos caracoles
tienen la concha oscura
crespón llevan de moño
bajo los arreboles
se fueron sin premura
una tarde de otoño

Cuando llegaron era
ay ya la primavera
todas las hojas secas
habían resucitado
y cada caracol
se sintió muy frustrado
mas aparece el sol
el sol que apenas nace
les habla y así empieza
sentaos aquí si os place
un vaso de cerveza
tomárselo en un tris
mas si lo preferís
tomad quizá os aguarde
el bus para París
partirá por la tarde
veréis a vuestro antojo
la campiña feliz
sin luto así me alegro
lo digo sin sonrojo
porque el luto de negro
pone el blanco del ojo
y lo vuelve a uno feo
esos cuentos de féretros
oírlos no deseo
por ser de triste género
revestid por favor
de la vida el color
luego animal y bestia
los árboles las plantas
entonaron con brío
perdiendo la modestia
forzando las gargantas
la canción del estío
como el calor les arde
brinda todo el gentío
es una linda tarde
linda tarde de estío
y los dos caracoles
se van a casa en fila
se van sin desencanto
dichosos los alcoholes
como bebieron tanto
vacilan un poquito
desde el cielo infinito
la luna los vigila.  
                           Jacques Prèvert
(traducción de Enrique Uribe White)



La noria

La tarce caía
triste y polvorienta.
El agua cantaba
su copla plebeya
en los cangilones
de la noria lenta.
Soñaba la mula
¡pobre mula vieja!
al compás de sombra
que en el agua suena.
La tarde caía
triste y polvorienta.
Yo nlo se que noble
divino poeta,
unió a la amargura
de la eterna ruedaçla dulce armonía
del agua que sueña,
y vendó tus ojos,
¡pobre mula vieja! ..
Más sé que fue un noble,
divino poeta,
corazón maduro
de sombra y de ciencia.


Antonio Machado,
 Soledades



                EL SUDOR

En el mar halla el agua su paraíso ansiado
y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje.
El sudor es un árbol desbordante y salado,
un voraz oleaje.

Llega desde la edad del mundo más remota
a ofrecer a la tierra su copa sacudida,
a sustentar la sed y la sal gota a gota,
a iluminar la vida.

Hijo del movimiento, primo del sol, hermano
de la lágrima, deja rodando por las eras,
del abril al octubre, del invierno al verano,
aúreas enredaderas.

Cuando los campesinos van por la madrugada
a favor de la esteva removiendo el reposo,
se visten una blusa silenciosa y dorada
de sudor silencioso.

Vestidura de oro de los trabajadores,
adorno de las manos como de las pupilas.
Por la atmósfera esparce sus fecundos olores
una lluvia de axilas.

El sabor de la tierra se enriquece y madura:
caen los copos del llanto laborioso y oliente,
maná de los varones y de la agricultura,
bebida de mi frente.

Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos
en el ocio sin brazos, sin música, sin poros,
no usaréis la corona de los poros abiertos
ni el poder de los toros.

Viviréis maloliendo, moriréis apagados:
la encendida hermosura reside en los talones
de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados
como constelaciones.

Entregad al trabajo, compañeros, las frentes:
que el sudor, con su espada de sabrosos cristales,
con sus lentos diluvios, os hará transparentes,
venturosos, iguales.
Miguel Hernández
Viento del pueblo