El Cantón , La Alameda


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En 1765, se inicia la construcción del barrio de la Magdalena, planificado por el ingeniero militar Julián Sánchez Bort. Aparece en el diseño la primera gran Alameda pública en Galicia.

A partir de 1784 se construye la Alameda, dando lugar a un paseo rectángular de unos 600 metros de largo que discurre paralelamente a la muralla del Arsenal y a su foso, continuado por la zona arbolada que llega hasta el barrio de Esteiro.

La alameda fue la primera zona verde de Ferrol, y la primera alameda que se creó en Galicia. Al principio se plantaron álamos y moreras, hoy predominan los plátanos traidos desde Filipinas.

A mediados del XIX, nacen los Cantones Bajos, de estilo francés, para rellenar el foso que bordea la muralla del Arsenal y disimularlo con laureles romanos, granados, acacias y lilas. También se crea otro pequeño paseo con magnolios a ambos lados, el Cantón de las Delicias cuyo nombre se cambia por el de Cantón de Molins en 1853, en honor del Marqués de Molins, diputado por Ferrol y ministro de la marina.

Lo que queda de la Alameda entre Correos y los jardines de las Angustias se denomina Alameda de Suances en honor al oficial de Marina ferrolano.

Los jardines de las Angustias, que siguen igualmente la línea de los recintos navales, ocupan parte del antiguo "Campo del Reverbero" cedido por la Marina en 1864 al ayuntamiento.

 

 

Plano de 1789, donde se aprecia el tamaño de la Alameda original.

 

 

 

 

 

En 1858 se amplían los arsenales. La construcción del dique de la Campana, hace que se pierda gran parte de la Alameda original.

 

 

 

 

Plano actual, donde se puede ver lo que queda de la Alameda.

 

 

 

Hay 3 zonas bien delimitadas:

El Cantón bajo, donde están las fuentes, estanques, los magnolios, etc

La Alameda de Saunzes, paseo de tierra

El Cantón de Molins, hoy asfaltado.

 

 

Vamos a dar un paseo.

Lo haremos desde la Plaza de Galicia hasta las Angustias. de Oeste a Este.

 

 

Empezamos por el Cantón Bajo.

 

 

 

 

La fuente que a principios del S. XX estaba en la esquina del Cantón bajo y daba servicio a la Puerta del Dique

 

 

 

 

 

 

 

Dos vistas del mismo lugar en diferentes épocas del año.

Miramos hacia el oeste

 

 

 

 

Al fondo se ve la parte superior de la Puerta del Dique.

Miramos hacia el Este

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mirado hacia el Este

(Circa  1910)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

























Kiosko

Los Valencianos

(Circa 1920)






















 

 

 

 

 

Vista aérea.

A la izquierda el Cantón Bajo

En el medio, la Alameda.

A la derecha, la plaza de la Constitución, donde se ve el edificio que fue cárcel, ayuntamiento, instituto, gobierno militar y actualmente es sede de una fundación asociada a una entidad bancaria.

Hay una sección dedicada a este edificio .

 

 

 

 

Como una norma "no escrita", a principios de 1900 , la clase alta paseaba por el Cantón de las Delicias (Cantón de Molins) , quedando el Cantón bajo para los niños, sus niñeras y militares de baja graduación. 

 

 

 

 

 

 

La distribución ha ido cambiando con el tiempo, aunque no mucho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando en el Cantón no había columpios, se jugaba a la cuerda, a la billarda, a la goma, a la chapa, a las canicas, a "quedas" a "polis y cacos", a "arriba facu", "picos, porras o tainas ", al brilé, etc.

 

 

 

 

 

 

 

Éramos expertos en derrapar con la bici , por supuesto sin casco, ni rodilleras, ni protección alguna.

Si empezabas a sangrar, te ibas a la fuente para limpiarte la herida y listo. Como mucho, si la herida era muy grande te echaban mercromina y ya estabas para otra.




No teniamos game boys, ni nintendos, ni falta que nos hacía. Al salir del cole, dejabas los libros en casa, cogías la merienda y para el Cantón.

No había móviles para quedar con los amigos, nuestra tecnología era más avanzada "la telepatía", ya sabíamos que allí quedábamos todos.

Mientras se merendaba, bocadillo de mortadela o chorizo, las niñas jugaban a la cuerda o a la goma y los niños cambiaban los cromos al compás del "sipi, nopi" o jugaban con aquellas pelotas verdes de los zapatos "gorila".




Acabada la merienda si aún eran pocos, se usaban las bicis.  

Si no había bicis, pues a las "lombas" o a "arriba facu" con sus correspondientes "picos, porras o tainas".  

 

 

Cuando la cantidad de niños ya era considerable, tocaba jugar a "quedas" o  su variante "polis y cacos". Se sorteaba quien "pandaba" mediante el sofisticado método de "pito , pito, gorgorito". 

Si eras "nuevo" mirabas, esperando que alguno de los veteranos se acercara a ofrecerte jugar. Por supuesto al recién llegado le tocaba "pandar", si por ello no protestaba era admitido.

Cuando uno se cansaba pedía un "alto para ir a beber" y volvía a funcionar la empatía, todos teníamos sed y al grito de "tonto el último" corríamos como posesos hacia la fuente. En caso de empate, los empujones decidían los turnos.

 

Nada de botellitas de agua mineral. Directamente de la fuente, uno detrás de otro, cuando no bebían dos a la vez (nadie se puso malo nunca).

Por supuesto cuando el último había acabado de beber, tocaba "chiringar" . Eso si que eran competiciones, ¡A  ver quién llegaba más lejos con el chorro del agua !

Al final de la tarde, los "mayores" (que por lo menos tenía 10 años), jugaban al " brilé " . Algunas veces, cuando les faltaba gente, te dejaban jugar aunque fueras de los pequeños, lo cual era todo un "honor".

Para hacer los equipos se eligían dos capitanes, los cuales mediante la tecnología punta de ir acercándose uno al otro con lo del "oro, plata" veían quien era el último en poner el pie y ganar la opción de empezar a elegir . Si no te tocaba ser capitán, rezabas para no ser de los últimos en ser elegido.

Las normas del juego eran pocas, pero contundentes:

La pelota sería aquella más dura y pesada de las que tuvieramos.

Tirarías con todas tus fuerszas apuntando a cualquier parte del cuerpo excepto a la cabeza.

No estaba permitido pedir un "alto"

 

 

Si te tocaba ser víctima del "mangallón" de turno, te fastidiabas , procurabas esquivarla e intentar coger la pelota cuando fuera otro el que tirara.

En caso de que el pelotazo te hubiese dejado sin respiración se te permitía sentarte a recuperar el "resuello" y luego volver a la partida. Por supuesto el juego no se detenía. Éramos unos "angelitos".

Las pocas veces que se paraba el juego, era por "daños colaterales", es decir , algún pequeñajo que ignorando las normas del Cantón  se había acercado demasiado al campo del brilé ,  con el peligro de llevar un pelotazo y la consiguiente bronca que nos caía por parte de su progenitor.

 

Aguantabas la bronca, de aquella nadie osaba contradecir a una persona mayor,  y te disculpabas diciendo: " Nosotros ya estabamos aquí, fue el niño el que se metió, no le vimos".

Esperabas a que la mamá se alejara riñendo al pequeñajo por haberse acercado y a seguir.

Sabíamos que de ahí no pasaba la bronca. Para eso estaban las normas del Cantón: los pequeñajos en el Cantón bajo, la Alameda para el brilé y bicis, y el Cantón de Molins para los papás que se sentaban en las terrazas.

Y aunque parezca mentira , sobrevivimos a todo aquello, sin ningún herido grave.



 

 

Hora de regresar a casa, después de jugar en el Cantón.

(Circa 1935)

Cortesía de Élida Montero

 

 

 

 

 

 

 

 

El Cantón de Molins.

 Su nombre original fue el Cantón de las Delicias, era un magnífico paseo con magnolios a ambos lados.

 

 

Por él paseba la "flor y nata" de la sociedad ferrolana.

 

 

 

 

 

En 1853 se le cambia el nombre por el Cantón de Molins en honor al Marqués de Molins, diputado por Ferrol y ministro de la Marina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la manzana de la calle de la Iglesia que da a la plaza de la Constitución y al Cantón estuvieron:

El Gran café Comercio de Díaz y Villar, haciendo esquina con la calle Rubalcava y daba también a la calle Magdalena, por esa calle también era tienda.

 

 

 A su lado en el nº 48 estuvo la cafetería “La Ferrolana” de D. Amador Becerro.

 

En el nº 52 la Sastrería Fuentes de D. Andrés Fuentes y el estanco de Dª Angélica Leiro García.

 

 

En el nº 56 la marmolería de D. Claudio Torrente.

 

En el nº 58 el “Bar Sporting” de D. Manuel López, en el nº 60 la confitería “Ideal Petit” de D. José Mera y haciendo esquina en el nº 64 la tienda de muebles de Dª Luisa Méndez.

(la numeración corresponde a los años 30)

 

En la casa que hace esquina entre la C. de la Iglesia y el paseo del Cantón , el nº 1,  estuvo la relojería del Sr. D Benigno Fabal, al morir él, sus hijas lo convirtieron en una mercería.

 

 

 

 

 

En el nº 2 del Cantón estuvo la barbería  del Sr D. José García, en el nº 4 el Bar “Los Valencianos” de D. Vicente Llorca, en el nº 6 el “bar Sol” de Dª Rosario Vázquez, en el nº 9 el estudio fotográfico de D Abelardo Conde y en el nº 1 al lado de lo que fue el  ayuntamiento, la sastrería de D. José Hermida.

(la numeración corresponde a los años 30)

 

 

 

 

 

El Cantón engalanado por la visita de la casa real con motivo de una botadura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La calle de la Iglesia con las vías del tranvía .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El palco de la música.

 

 

 

El Palco de la Música, se construye en 1894.

 

 

 

 

 

 

 

 

 El paseo de los magnolios.

 

 

 

A la derecha están los bancos de piedra que junto con algunas de las estatuas se trasladaron a los jardines de San Francisco, zona de Capitanía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya no están los bancos de piedra ni las estatuas se retiraron del Cantón , tras una remodelación en los años 50.

Fueron trasladados a la zona de Capitanía y jardines de San Francisco.

Actualmente su estado de conservación es para echarse a llorar.



Zona comercial y de viviendas del Cantón:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la derecha la antigua casa consistorial.

 

 

 

 

 

 

 

 

Los bancos de piedra de Moeche .

 

 

 

 

 

 

 

 

A la derecha, el edificio que albergó el ayuntamiento desde 1847 hasta 1953, año en que se traslada a un nuevo edifico que ocupa la mitad de la Plaza de Armas.

Este edificio también tenía salida por la C. del Olvido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(circa 1900) 

 

 

 

 

 

 





(circa 1900)

 

En el edificio de la esquina estuvo la Satrería de D. José Hermida y más tarde la tienda de muebles "Sierto" .

Además de muebles la tienda tuvo dos inquilinos originales, dos papagayos, a finales de los 70 , sólo quedaba uno.

En uno de los escaparates que daba a la calle del Carmen, se podía ver a los papagayos, sujetos mediante una cadena a un caballete de madera.

 

 

 

 

 

Final del Cantón.

Al fondo la plaza de las Angustias, que ocupan parte del antiguo "Campo del Reverbero" cedido por la Marina en 1864 al ayuntamiento.

 

 

 

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