La fabulosa búsqueda de los huesos de Santángel

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 31 de agosto de 2008


La flamante y extemporánea publicación por la Generalitat Valenciana en 2008 del abultado libro de actas Lluís de Santàngel: Primer Financiero de América (America´s First Financier), bajo el paraguas de la marca-logo Alicante 2008-2009, nada menos que diez años después de la celebración del ampuloso
simposio Santángel 98 (Chicago, 23-26 de agosto de 1998), comisariado por un personaje impenitente de dudosa base científico-histórica como la profesora de lengua española de Illinois Kathleen E. LeMieux, con el aval protocolario de su Molt Honorable president y el soporte financiero de la misma, y no del antiguo Escribano de Ración de los Reyes Católicos, nos ha devuelto inopinadamente de bruces a una de las peripecias pseudo-culturales más negras de nuestra memoria colectiva cada vez menos cercana, que algunos ingenuamente creíamos ya superada, como fue el sonado escándalo público por la falsaria rebusca de los restos de Luis de Santángel, desarrollada erróneamente en la capilla de la Virgen del Rosario del Convento de la Trinidad entre el 13 de diciembre del año 1993 y enero de 1994, y de cuyos ignorados logros arqueológicos, por cierto, nunca más ha vuelto a tenerse noticia.

Trapisonda mediática protagonizada en primera persona por la ahora condenada al silencio de la damnatio memoriae, inefable regidora valencianista Dolores García Broch, asistida por un inaudito sanedrín de sabios acólitos integrado por el desaparecido abogado Vicente Giner Boira y el «agitador de extrema derecha» Juan García Santandreu (Levante-EMV, 22-12-93), reconvertido para la ocasión en improvisado cronista de los hallazgos que ineluctablemente debían producirse en el mencionado cenobio al socaire de las divagaciones mentales, en torno a los doce folios manuscritos del testamento de Santángel custodiado en el Colegio del Corpus Christi, del peregrino matrimonio compuesto por Charles y la susodicha Kathleen LeMieux, supuestos hispanistas por gusto norteamericanos, promotores de esta necrofílica empresa de opereta, de la que incluso llegaron a ser nombrados codirectores de la excavación. En este sentido y para meterse en harina, véase el impagable artículo periodístico del también ex concejal Feliciano Albadalejo «Indiana Broch y la tumba maldita» (Levante-EMV, 30-12-93).

Fiasco monumental que en la medida de nuestras fuerzas intentaremos describir siguiendo los pasos del exiliado cultural Francesc Viadell (2006) y la sucesión de antológicos titulares de prensa coetáneos. Así, en estas mismas páginas donde J. Monreal llegó a escribir en letras de molde en su profesional reportaje de los exitosos descubrimientos en el convento de la Trinidad: «Hallan la cripta en la que puede estar enterrado Luis de Santángel» (Levante-EMV, 16-12-93). Al día siguiente, la cosa subía de tono unos cuantos grados y se vendía a la prensa valenciana el humo del huero compromiso de los diletantes LeMieux para levantar un monumento con busto de Santángel en el centro financiero de Nueva York, ni más ni menos según ellos que con el apoyo de la Fundación Rockefeller (Levante-EMV, 17-12-93).

Los Lemieux
Sin embargo, ya el 18 de diciembre Levante-EMV formalizaba editorialmente unas primeras sospechas sobre la verdadera naturaleza de estos hallazgos y tan sólo cuatro días más tarde desenmascaraba el provinciano montaje santangelista con el demoledor titular: «Luis de Santángel fue enterrado en 1498 en Santo Domingo y no en la Trinidad»(Levante-EMV, 22-12-93). Gracias a las investigaciones del catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Valencia Paulino Iradiel, que reveló irrefutables pruebas históricas de que «Luis de Santángel nunca estuvo enterrado en el convento de la Trinidad». Remachando el clavo un memorable artículo de opinión del propio Iradiel: «Sobre tumbas, conventos e historiadores» (Levante-EMV, 26-12-93). Lúcido ejercicio intelectual sobre esta pueblerina «crónica de incompetencias», finalizado con una explícita crítica de los excesos de imaginación de los «historiadores áulicos y constructores de historias que podían haber sido».

A modo de corolario, podemos colegir, tres lustros después, el absoluto descrédito académico de los protagonistas de este ridículo sainete berlanguiano de «capillas rotas» en celebrada expresión de Ferran Belda, en el que algunos outsiders como los LeMieux, que ya habían intentado infructuosamente enredar al ex alcalde Ricard Pérez Casado en 1989, tras permanecer hospedados a mesa y mantel en un céntrico hotel de Valencia (Levante-EMV, 26-12-93), hicieron mutis por el foro en enero de 1994 ante la opinión pública valenciana.

¡Como para regresar ahora sin sonrojarse, para exhibir a modo de trofeo las fotos ajadas de los despojos de la profanada cripta de la Trinidad en una publicación oficial!