PRESENTACIÓN de PLAUDITE CIVES

Plaudite ciues
. "Aplaudid, ciudadanos". Frase con que los actores romanos invitaban al público a que festejaran y aplaudieran la representación que acababa de terminar. Son las reflexiones de dos arqueólogos, Josep Vicent Lerma y Ricardo González Villaescusa, sobre la política científica, la gestión del patrimonio en general y el arqueológico en particular desde 1993 y con especial atención a Valencia ciudad y país.

Abrimos este blog con dos artículos que distan 17 años sobre sendas jornadas sobre la gestión de la arqueología con la intención de incluir toda la producción colectiva e individual de ambos autores. Siempre hemos optado por el medio periodístico para expresarnos por su demostrado potencial de creación de opinión y pretendemos seguir haciéndolo, pues este medio, el blog, no será otra cosa que el fiel reflejo de lo que sigamos publicando en prensa. Por la misma razón no es un blog abierto a los comentarios y opiniones del público, la “arena” de la discusión seguirá siendo los medios de comunicación donde expongamos nuestras ideas.

El corpus inicial está compuesto por treinta y seis artículos ya publicados que suponen el contenido histórico a partir del cual tendrán entrada nuevas visiones sobre el patrimonio, el territorio y la arqueología. Todos los textos han sido publicados en papel impreso y se encontraban dispersos entre recortes amarillentos y portales como e-valencia al que hemos venido enviando puntualmente los artículos. Durante algún tiempo nuestras reflexiones también fueron una de las voces analíticas que reflexionaban públicamente sobre el patrimonio y el territorio desde el colectivo Terra Crítica en cuya web todavía pueden encontrarse algunos de nuestros textos.

Ante la sugerencia, tiempo atrás, que nos hicieron algunos colegas de recopilar y editar ese material disperso, pensamos que tenía difícil cabida en una edición papel y que el mejor medio, más dinámico y, por qué no decirlo, más cool, era un blog. Una vez incluidos todos los archivos históricos en línea, y tras este texto de carácter editorial, pretendemos centrarnos, en la medida de lo posible, en la disección crítica de la actualidad del patrimonio cultural y la gestión de la arqueología, pero aquí y ahora es el momento de hacer balance.

Como apuntábamos más arriba, diecisiete años separan más de tres docenas de artículos periodísticos y si hay que escoger una palabra para describir el arqueo de nuestro legado cultural a la luz de las opiniones vertidas entonces y ahora, la sensación que domina es la de una cierta involución no sólo en la gestión de la arqueología y del patrimonio sino también una cierta involucion en el rigor de los procedimientos concernidos por la práctica arqueologica.

Si bien, se impone admitir que, en términos generales, los restos arqueológicos y el patrimonio histórico obtienen más atención mediática y social que en los años 80 del siglo pasado, que existen marcos legales, sean éstos de nuestro mayor o menor agrado. A pesar de que los presupuestos de la Generalitat Valenciana siguen congelados mecánicamente en torno a los mismos 200.000 euros anuales el patrimonio obtiene más dinero que antaño, eso sí drenado en incalculable cuantía de las arcas de los promotores privados, meros transmisores de una onerosa carga impositiva finalista recayente en el consumidor. Sin embargo, y a pesar de todo ello, la realidad es globalmente desalentadora ante la primacía del monocultivo inmobiliario mediterráneo, que impone su propia lógica especulativa depredadora del territorio. La caída de las intervenciones arqueológicas en el momento actual de crisis inmobiliaria confirma lo que hemos intentado explicar a lo largo de estos años: el interés por el patrimonio no puede estar sometido a los avatares del mercado.

Dejamos a criterio del lector juzgar la coherencia del discurso desplegado en estos más de tres lustros, pero sí cabe constatar que hemos sido lisonjeramente sorprendidos al releer las anticipadas peticiones de sólidos marcos legales en nuestros escritos, con la petición implícita entonces de que se aplicara la Convención de Malta de (1992) y verificar cómo la Ley 4/98 de Patrimonio Cultural Valenciano acabó adoptando la fórmula de financiación de acuerdo con el principio de “quien destruye el patrimonio paga”. Devenida hoy espuriamente “quien paga…. gestiona”, ante la pasividad de la administración competente.

Igualmente recalcitrante, salvo honrosas excepciones, resulta la sistemática falta de publicación de resultados de las intervenciones arqueológicas autorizadas, lo que vacía de contenido una arqueología crítica, entendida ésta como “una ciencia no neutra frente a la situación de nuestro mundo presente” formulada por Víctor Fernández (Una arqueología crítica. Ciencia, ética y política en la construcción del pasado. Barcelona, 2006.).

También se han ido quedando por el camino la inexcusable identidad de medios y fines científicos de la arqueología "científica" y la de "urgencia" o la falta de respuestas a las cuestiones más trascendentales para la investigación de la historia de nuestras ciudades, alumbrándose un escenario patrimonial de praxis meramente administrativa, a la postre inserta en las leyes del mercado.

En la tesitura de que tuviéramos que evaluar la hipotética proyección pública de estos contumaces notarios de la realidad, podría aseverarse que, más allá de exasperar por algunas horas a tirios y troyanos y hacer desayunar algunos sapos matutinos a los contingentes responsables del patrimonio cultural valenciano y adláteres obsecuentes, la misma ha resultado en buena lógica generalmente liviana, si bien tal veredicto no está sino en manos de los abnegados lectores.

Por tanto, como advertíamos en el inicio, que el público, plebeyo o patricio, juzgue: “ergo… Plaudite Ciues”.