POSIBILIDAD, EXISTENCIA Y MODALIDAD DEL 

FILOSOFAR EN AMÉRICA LATINA HOY


Ideas para el debate

 

MIRAR EL BOSQUE DESDE MI ROSA

 

Algún profesor nos insistía en la necesidad de subirnos a los grandes árboles de la filosofía. Decía que lo mismo que a los niños les gusta trepar a los árboles para poder ver más lejos, en filosofía hay que subir a los árboles grandes para poder tener una panorámica más amplia de la verdad de la realidad. Por ejemplo, hay que subir a robles fuertes y altos como Hegel, como Heidegger, como Gadamer y no a arbustos debiluchos como la llamada filosofía latinoamericana; no fuera que se quebrara una de sus ramas frágiles y nos diéramos un ‘tiestazo’ contra la realidad.

 

Le dije, entonces, que había que tener cuidado porque sucede que algunos árboles no nos dejan ver el bosque y que en filosofía es más importante el bosque que los árboles y que no nos podemos quedar en el facilismo de estar a la sombra de un árbol más grande por no atrevernos a pensar por nosotros mismos. Recurrí, entonces, al Principito y le dije que prefería mi rosa. Una rosa que cuido desde hace rato y con trabajos y que es muy importante para mí porque echó raíces aquí en mi Latinoamérica. Es la que, a veces, me espina, pero, también, la que me acaricia con sus perfumes y sus tonalidades. Y le dije que prefiero atreverme a mirar los robles desde mi rosa. Sin sentirme más alto ni más bajo que ninguno, pero, sin tener que pedirle permiso a nadie para poder mirar el bosque.

 

Prefiero ver el bosque desde el pedestal de mi rosa y exigir mi derecho a tener una mirada distinta; ni mejor ni peor, sino la mía... simplemente diferente. Una mirada de lo latinoamericano desde mi Latinoamérica y no desde árboles europeos que, por más altos que sean, serán siempre prestados.

 

Pensaba, entonces, que la filosofía latinoamericana es una irreverencia: la de mirar el bosque desde mi rosa.

 

EDGAR A. RAMÍREZ

1996

 

 

 

 

FILOSOFÍA LATINOAMERICANA

 

Nombre genérico can que se conoce la producción filosófica elaborada con una perspectiva latinoamericanista explícita. La expresión remite al resultado del esfuerzo por filosofar desde las necesidades – prioritariamente sociales y políticas – de esta región geocultural y con el horizonte del proyecto que lleva por nombre más abarcador y aceptable: Nuestra América.

 

Con el fin de aclarar mejor sus alcances, es menester comenzar desbrozando el campo por medio de la vía negativa. La filosofía latinoamericana no puede ser considerada literalmente, como si fuera equivalente a expresiones de sentido tan insostenible como física peruana o matemáticas paraguaya. No puede entenderse como una adjetivación particularizante de un sustantivo con pretensión universal. Si estas interpretaciones deben ser repudiadas, ¿cuáles serían sentidos válidos? Por de pronto, uno alusivo y programático. Se hace referencia con esta expresión a una filosofía auténticamente tal elaborada desde una determinada situación histórico-cultural específica, la cual es explícitamente asumida en el nivel conceptual. Según las premisas de este programa, esta particularidad inicial no afectaría en nada al carácter universalizable del resultado. Además, se usa la expresión con cierta cercanía, no total, a las difundidas denominaciones decimonónicas de las filosofías nacionales, las cuales mostrarían en su producción ciertas características identificables, casi idiosincráticas. En el caso latinoamericano, la expresión apunta más bien a un proyecto de unidad subcontinental (que abarca por cierto al Caribe) y al programa de una filosofía que acompañaría legitimándolo a ese proyecto. En ese sentido, las objeciones que apuntan al carácter permanentemente programático y nunca efectivizado de tal reflexión, a su reduccionismo geográfico o a la suposición de una unidad cultural latinoamericana abusivamente homogeneizada en sus bases carecen de fundamento, aunque tengan validez frente a ciertas manifestaciones poco fundadas y menos rigurosas que se autodenominan como filosofía latinoamericana y que no pasan de ser glosas más o menos deformadas del pensamiento acuñado por autores latinoamericanos.

 

La filosofía latinoamericana tiene muchas tareas teóricas pendientes en su ya larga historia. Quizá valga la pena enumerar rápidamente a continuación algunas de las más relevantes, con el fin de estimular la reflexión futura todavía pendiente. Reconstrucción cabal de su memoria histórica, lo que implica una cuidadosa reconfiguración de la metodología de tal historia, incluyendo objeto a historiar, periodizaciones, relaciones con otros ámbitos o series históricas. Conceptualización adecuada de las relaciones entre la producción filosófica y el Estado, lo que incluye una reflexión sobre la naturaleza pública del filosofar, su forma de manifestarse no sistemática y si ensayística, más cercana a la filosofía aplicada que a la filosofía pretendidamente “pura”. Examen de las relaciones y/o paralelismos entre la producción filosófica latinoamericana y otras producciones intelectuales de gran interés y creatividad a nivel mundial, como por ejemplo: el pensamiento de las mujeres (lo que hasta cierto punto y no sin muchos reparos me atrevería a enunciar como epistemología feminista), la filosofía africana (entendiendo por tal, principal aunque no exclusivamente, la producida con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial por africanos y africanistas), el pensamiento de los pueblos indios, el postcolonialismo y el postorientalismo, el desconstruccionismo, etcétera. Finalmente, un aspecto que permanece todavía bastante enigmático desde un punto de vista teórico: las relaciones entre filosofar, democracia y utopía. Las posibles fecundaciones mutuas entre filosofía y nuevos sujetos colectivos y/.o movimientos sociales.

 

La génesis de la filosofía latinoamericana podría remontarse muy atrás en el tiempo. Para ello habría que hacer una serie de precisiones imposibles de incluir aquí. Sin embargo, no cabe duda que a lo largo de este siglo, y particularmente a partir de la reacción antipositivista, se va consolidando en la región un esfuerzo reflexivo autónomo, que trata de dar cuenta de problemas y demandas teóricas específicamente latinoamericanas. En los años cuarenta y cincuenta la articulación fecunda entre historicismo, circunstancialismo y existencialismo dará lugar a la institucionalización de la historia de las ideas como disciplina, reforzada y reforzante en el debate sobre la existencia o no de una filosofía de Nuestra América. En los sesenta los aportes y desafíos del marxismo y la filosofía analítica proporcionarán nuevo vigor a este planteamiento. En los setenta la experiencia de la alteridad será un decisivo catalizador para el surgimiento de filosofías para la liberación complementarías y en interlocución con el pensamiento de la liberación en sus diversas manifestaciones: pedagogía del oprimido, teatro popular, teorías de la dependencia, teología de la liberación. En las últimas dos décadas, la hegemonía del pensamiento pretendidamente único neoliberal, con sus componentes neoanarquistas y francamente conservadores, ha colocado en tremendo desafío teórico al filosofar latinoamericanista, que va concretando su programa mientras defiende la especificidad de su quehacer y justifica epistemológicamente la legitimidad de su campo o recorte conceptual.

 

Horacio Cerutti Guldberg.

Diccionario de Filosofía Latinoamericana

http://www.ccydel.unam.mx/pensamientoycultura/biblioteca%20virtual/diccionario/filosofia_latinoamericana.htm

 

 

 

 

 

 

PENSAMIENTO FILOSÓFICO EN AMÉRICA LATINA

 

La "filosofía latinoamericana" es aquella forma de la filosofía en América Latina que se destacaría precisamente por la característica de promover una reflexión filosófica contextualizada e inculturalizada en

la realidad histórico-cultural de los países latinoamericanos. Se trata entonces de aquella filosofía que, al menos en la perspectiva de su autopercepción, se define y desarrolla conscientemente como filosofía que se hace desde y para América Latina, sin renunciar por otra parte a la formulación de contenidos universalizables.

 

Baste esa breve caracterización para precisar mi segundo presupuesto: Por su mismo programa debe la "filosofía latinoamericana" esforzarse por revisar sus fuentes de reflexión y encontrar en las tradiciones culturales latinoamericanas las referencias rectoras para su propio desarrollo. Y no se puede negar que en cierta forma la "filosofía latinoamericana" cumple con este empeño (9). Pero acaso por esto mismo resulta para mí tanto más notoria la ausencia de José Martí en el desarrollo de la "filosofía latinoamericana"; esto es, que no se haya descubierto su obra como una de las grandes tradiciones de esa filosofía. O sea que Martí no es sólo ignorado por los historiadores de la filosofía (sin más) en América Latina (10), sino también -y esto es justo lo escandaloso- por la misma "filosofía latinoamericana" (11). Por esto hablo aquí de la deuda pendiente de la "filosofía latinoamericana" -en este sentido estricto- con José Martí.

 

A la luz de estos dos presupuestos abordo el tema tratando de poner en claro especialmente las razones de mi valoración de la obra martiana, es decir, tratando de mostrar porqué Martí es una tradición fundante de la "filosofía latinoamericana" y cómo podría la "filosofía latinoamericana" saldar su deuda con él. Estos serán los dos puntos siguientes del trabajo.

 

Entre estas dos posiciones extremadas se sitúan las opiniones de varios pensadores latinoamericanos, que se dedicaron al estudio de la problemática de la originalidad filosófica. Así, por ejemplo, para el peruano A. Salazar Bondy [1968], a pesar de que las condiciones de subdesarrollo hayan impedido hasta el presente la formulación de una filosofía latinoamericana, será no obstante posible llegar a ella, en la medida en que sean superadas las causas del atraso. Criticarlas a éstas es ya dar comienzo a la mencionada filosofía. Para el argentino A. Korn [1940], es posible hablar de filosofía autóctona toda vez que hay en Latinoamérica una colectividad humana unificada por sentimientos, intereses e ideales comunes, que desarrolla, a la luz de éstos, su acción histórica. La explicitación racional de este conjunto original, com la ayuda de la tradición filosófica occidental, constituye lo que se puede llamar filosofía argentina.

 

El pensador mexicano J. Vasconcelos [1927 y 1986] considera que los latinoamericanos no pueden hurtarse a la elaboración de una filosofía propia, que constituye "una manera renovada y sincera de contemplar el universo" [Vasconcelos, 1986: 50] y que es formulada a partir de la asimilación crítica de los valores y de los conceptos heredados de la cultura occidental. Este proceso constructivo debe tener presente la aprehensión emocional del mundo, que ocurre en la vivencia estética.

 

Este aspecto es fundamental para la interpretación del mundo por parte de los latinoamericanos que son, en el sentir de Vasconcelos [1986: 58], una "raza emotiva".

 

Ya el pensador peruano J. C. Mariátegui [1978 y 1986] destaca que no existe un pensamiento característicamente latinoamericano. "Me parece evidente - escribe Mariátegui [1986: 63] - la existencia de un pensamiento francés, de un pensamiento alemán, etc., en la cultura de Occidente. No me parece igualmente evidente, en el mismo sentido, la existencia de un pensamiento hispanoamericano. Todos los pensadores de nuestra América se han educado en la escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza". Sin embargo, esto no significa que sea imposible la aparición, en el futuro, de una filosofía típicamente latinoamericana, en la medida en que vayan siendo incorporadas a la meditación filosófica las culturas indígenas. Por esto Mariátegui concluye con esperanza: "El espíritu hispanoamericano está en formación". Por outra parte, el pensador peruano reconoce que la filosofía europea entró en crisis, porque está en declinio la expresión capitalista de esta cultura. Con todo, él considera que Europa se renovará. "El pensamiento europeo se sumerge en los más profundos misterios, en las más viejas civilizaciones. Por esto mismo demuestra su posibilidad de convalecer y renacer". Cabe a los pensadores latinoamericanos saber asimilar la savia del pensamiento universal, que circula en las venas de la filosofía europea [Mariátegui, 1986: 62].

 

El pensador argentino F. Romero [1944, 1952 y 1986] considera que, para discutir la cuestión acerca de si hay una filosofía latinoamericana se debe, en primer lugar, descartar las dos posiciones extremadas que fueron mencionadas al comienzo. Éstas son sintetizadas así por él: la que sostiene "que todo ya fué dicho y no resta sino repetir devotamente los esquemas ilustres" y la que "espera revelaciones portentosas, novedades inauditas, creaciones ex nihilo".

 

Romero [1986: 69] refuta así una y outra posiciones: "La primera implica decretar la radical esterilidad del presente y del futuro, negarles, sin razones válidas, la virtud innovadora que palpita en toda época, y acogerse a una plácida contemplación de la riqueza amasada por los antepasados. Es la cómoda actitud del heredero, que cuando llega al extremo, culmina en la rápida dilapidación del legado.

 

En cuanto a la espera y la exigencia de portentosas revelaciones - residuo de la actitud mítica - acusa ignorancia, porque la historia de la filosofía da testimonio, en cada uno de sus instantes, de la continuidad y de la articulación del pensamiento filosófico, que hasta en sus menores pliegues e inflexiones cuenta com las adquisiciones obtenidas y en ellas se apoya para perfeccionarlas y aún para contradecirlas". Romero destaca, en seguida, el fenómeno de la "normalidad filosófica", que constituye el clima actual de la filosofía en la América Latina y que es definida así: "el ejercicio de la filosofía como función ordinaria de la cultura, al lado de las otras preocupaciones de la inteligencia" [Romero, 1986: 68]. Este clima abre la puerta para la maduración de la conciencia de sí y la formulación, en un futuro próximo, de una auténtica filosofía latinoamericana. Al respecto, Romero [1986: 71] escribe: "Lo que existe es mucho más modesto, pero también mucho más sólido y autoriza qualquier esperanza, ya que es el presupuesto indispensable para que surja y prospere a su tiempo una filosofía original. La vena filosófica florece por todas partes; sería estupidez o maldad exigir que las aguas brotasen, desde el comienzo, abundantes y cristalinas, cuando en países de muy madura civilidad hubo apenas arroyuelos precarios. La naciente filosofía todavía tiene que ir mucho a la escuela; y aún debe ser estimulada a prolongar la escolaridad, porque todas las precocidades, y aún más las de la inteligencia, son peligrosas y, en los casos menos graves, desembocan en lamentables pérdidas de tiempo. Lo esencial, definitivamente, es esto: que en nuestra espiritualidad la vocación filosófica llegó a adquirir conciencia de sí y busca su expresión".

 

El pensador venezolano E. Mayz Vallenilla [1959 y 1986] considera que es posible una filosofía latinoamericana en la medida en que, siguiendo el método heideggeriano de la hermenéutica existencial (de clara inspiración fenomenológica), el hombre iberoamericano descubra su origen, o sea, su aprehensión primordial del ser. La originalidad, en filosofía, presupone dos cosas básicamente: por una parte, conocimiento profundo del patrimonio filosófico de la humanidad y, por otra, explicación de la forma peculiar en que, en el transcurso de la historia, el hombre latinoamericano ha vivido su experiencia de ser, la cual, por ser limitada, se caracteriza por algunas notas particulares. Estas características expresarían la originalidad (la originariedad, dice Vallenilla) de la filosofía latinoamericana. "La experiencia de ser del hombre latinoamericano - destaca el pensador venezolano [1986: 80] - se halla emparentada con la historia de la experiencia de ser realizada por la Humanidad en su totalidad y, sin embargo, en ella se acusa la presencia de una original originariedad.

 

La originariedad consiste en la diversa forma de comprender el ser y, por lo tanto, de objetivar su sentido y hasta sus significaciones categoriales". Estan originariedad de la filosofía en la América Latina es expresada así: un aprehenderse el hombre de esta parte del mundo como un "no-ser-siempre-aún", que pone al desnudo el inacabamiento existencial del universo histórico latinoamericano.

 

Para el pensador peruano F Miró Quesada [1974 y 1986] es indiscutible que se está formulando, hoy en día, una auténtica filosofía latinoamericana, que recorre dos caminos: el de los que piensan, a partir de la América Latina, los problemas universales de la filosofía y el de aquéllos que piensan, a la luz de la filosofía universal, los problemas del hombre latinoamericano. Esta tarea está siendo realizada por la "tercera generación" de pensadores latinoamericanos de este siglo, siendo que la primera fué la de los "patriarcas" o "fundadores" (que hablaron por primera vez de "filosofía americana", como J. B. Alberdi, A. Korn, J. E. Rodó, C. Vaz Ferreira, E. Molina, A. Deustua, R. de Farias Brito, J. Vasconcelos y A. Caso) y la segunda fué la de los "consolidadores" o "forjadores" (que formularon la problemática de la autenticidad de esta filosofia como, por ejemplo, F. Romero, C. Astrada, N. de Anquín, J. de Figueiredo, A. Amoroso Lima, J. C. Mariátegui, S. Ramos, etc.).

 

La tercera generación realiza este ideal recorriendo los dos caminos mencionados. G. Marquínez Argote [1986b: 13] sintetizó así las características de esta generación, que es llamada técnica: sus miembros "nacen en la segunda década del siglo XX aproximadamente.

 

Asumen y dan continuidad al proyecto de la generación anterior, pero con la ventaja de que ya la filosofía ha llegado a una primera madurez de disciplina normalizada, sobre cuyas bases se puede pensar en la creación de una filosofía auténtica". (Se situarían dentro de esta generación, además del propio Miró Quesada, autores como R. Frondizi, V. Fatone, C. Cosio, J. A. Vásquez, E. Pucciarelli, A. Vasallo, M. Reale, O. N. Derisi, M. A. Virasoro, A. W. de Reyna, A. Ardao, J. Llambias de Azebedo, V. Ferreira da Silva, J. Cruz Costa, G. Francovich, L. E. Nieto Arteta, C. Betancur, D. Cruz Vélez, J. Jaramillo Uribe, E. Mayz Vallenilla, L. Zea, R. Soler, E. García Maynez, F. Larroyo, E. de Gortari, L. Villoro, A. Sánchez Vásquez, L. Recasens Siches, E. Nicol, J. Gaos, J. Xirau, J. D. García Bacca, E. Imaz, M. Granel,, J. Ferrater Mora, M. Zambrano, etc. A pesar de no mencionados por Miró Quesada ni por Marquínez Argote, también estarían en esta generación, a nuestro modo de ver, importantes pensadores como R. Uribe Ferrer, A. Restrepo Arbeláez, A. Paim, C. B. Gutiérrez, D. Menezes, J. P. Galvão de Sousa, A. Correia, L. Van Acker, U Zilles y

otros).

 

El pensador mexicano L. Zea [1974, 1976 y 1986] considera que es posible hablar de una "filosofía latinoamericana como filosofía sin más", o auténtica filosofía [Zea, 1974]. Inspirado en conceptos provenientes de la dialéctica hegeliana, Zea destaca que, por el hecho de que los latinoamericanos son seres humanos, están dotados de la capacidad de pensar filosóficamente. Sólo que la meditación filosófica

ocurrió en América Latina de forma diferente a como ocurrió la filosofía en Europa. Afincados en los pensadores europeos, los latinoamericanos partieron para la discusión del problema fundamental que siempre los preocupó: la libertad. En la realización de esta empresa interpretaron a los autores europeos, tratando de solucionar, a la luz de sus pensamientos, la problemática que los preocupaba.

 

Ahora bien, esta solución apunta para un camino: superar el pasado de colonialismo y el presente de neocolonialismo. Pero la toma de conciencia de este reto ocurrió, para los pensadores latinoamericanos, en el seno del estudio de la historia de las ideas, o sea, de la forma en que las varias generaciones trataron, a la luz del pensamiento europeo, de solucionar la problemática básica de la libertad.

 

Racionalismo, positivismo, liberalismo, etc., las varias tendencias del pensamiento europeo, fueron puestas en confrontación por los pensadores latinoamericanos con el gran reto que los movía: la cuestión de la libertad. En este esfuerzo de negación de la servidumbre, surgieron relámpagos de lo que se podría llamar una auténtica filosofía de la historia latinoamericana, que fue la forma predominante adoptada por la filosofía en nuestro continente. Forma que es, en el sentir de Zea, "filosofía sin más", por cuanto responde a la pregunta fundamental del ser humano por el sentido de su existencia.

 

Zea sintetiza de la siguiente manera su concepción acerca de la filosofía latinoamericana: "Resumiendo, podríamos decir que nuestra filosofía, innegable filosofía, partió y parte de la conciencia de la servidumbre y de la dependencia impuestas por los intereses de otros hombres. Pero servidumbre y dependencia que no podrán ser anuladas si simplemente se pretende ser eco de otros hombres, aunque sean hombres libres, olvidando la experiencia de las propias servidumbre y dependencia. Porque no se puede ser outro diferente de sí mismo: y es de sí mismo que se tendrá que partir para ser libre. Es el mismo hombre el que, sin dejar de serlo, toma conciencia de su servidumbre para transformarla en libertad, sin dejar por eso de ser el mismo hombre concreto que aspira a ser libre. Todo esto proviene de una filosofía de la historia expresada en esta historia de la filosofía latinoamericana. Filosofía de la historia que, al tomar conciencia de la servidumbre y de la dependencia, se transforma en una filosofía sin más, que proyecta ponerle fin a la servidumbre y a la dependencia impuestas a lo largo de esta nuestra historia. Filosofía de la liberación que es, al fin de cuentas, la preocupación de toda filosofía, pero que en esta nuestra América se presenta como preocupación central. Una filosofía que, para ser tal, no debe esperar que los hombres de nuestra América sean libres. En una sociedad de hombres plenamente libres, otras serán las preocupaciones filosóficas de sus individuos. En una sociedad en la que la libertad continúa siendo puesta en riesgo, la preocupación central de tal filosofía debe ser la conquista de la libertad" [Zea, 1986: 127].

Para el pensador argentino E. Dussel [1980 y 1986], es posible una filosofía latinoamericana como filosofía de la liberación. El pensamiento europeo-norteamericano se ontologizó, dejando de aprehender el auténtico punto de vista metafísico, que consiste en abarcar y comprender la realidad humana del mundo periférico, sometido a la dominación del centro. Se trata de elaborar un nuevo discurso filosófico, a partir de la perspectiva de los dominados. De forma semejante a como, en la teología de la liberación, se identifica el lugar teológico de la Revelación con la lucha histórica de los explotados contra los explotadores, así, en la filosofía de la liberación, el lugar de aprehensión de la verdadera dimensión metafísica es esta misma lucha. Este nuevo modo de filosofar, que surgió en la Argentina en 1972 y que rápidamente se extendió, en los años posteriores, al resto de la América Latina, "parte evidentemente de la periferia, pero aún usa el lenguaje del centro" [Dussel, 1980: 7]. Este lenguaje abarca algunas categorías provenientes de las filosofías hegeliana, heideggeriana, husserliana y marxista. El grupo de categorías que tiende a prevalecer es, al parecer, el proveniente del materialismo histórico de Marx. Las cuestiones relativas a la temática de la liberación de los oprimidos son las fundamentales para la filosofía de la liberación. El punto central es el siguiente: "No hay liberación nacional frente a los imperios de turno, sin liberación social de las clases oprimidas. Adoptada esta tesis, la filosofía de la liberación clarea su definición histórica" [Dussel, 1986: 134], y pasa a identificarse com la praxis liberadora de los oprimidos.

 

Para el pensador brasileño A. Bezerra [1936: 72] no hay duda de que hubo, ya desde el período colonial, una filosofía autóctona en el Brasil, proveniente de la unión entre la meditación europea y la "filosofía de los Naturwölker". El también brasileño L. W. Vita [1964, 1969a y 1969b] considera, por su parte, fuera de discusión la existencia de la filosofía brasileña, "no como un organismo eidético, supratemporal, totalmente inmune a la contingencia histórica, sino alguna cosa que no es más que la elevación abstractiva de una situación vital históricamente dada. En el proceso de asimilación de las ideas ajenas, imprimimos nuestras características, de acuerdo con el viejo principio de que todo lo que se recibe toma la forma del recipiente, o como ciertos perfumes que, al contacto con la epidermis, sufren una alteración química que les muda la fragancia, y en esto consiste nuestra originalidad" [Vita, L. W., 1969b: 6].

 

Dos pensadores brasileños, M. Reale [1947, 1977, 1981a y 1981b] y A .Paim [1977, 1981, 1984 y 1986] formularon la metodología que le permite a la filosofía latinoamericana caracterizar su originalidad, sin con todo caer en el extremo de una originalidad total (reivindicada, según ya fué visto atrás, por autores como R. Gomes o A. Palacios). Partiendo del hecho de que la meditación filosófica contemporánea ocurre preferentemente bajo la forma de discusión de problemas y no como formulación de las grandes perspectivas transcendente y transcendental (que ya fueron fijadas por las filosofías de Platón y de Kant, respectivamente), ni como construcción de sistemas (que fue la modalidad adoptada por la meditación occidental hasta finales del siglo pasado), Reale y Paim parten para la formulación de un método que permita el análisis de la producción filosófica brasileña y latinoamericana como discusión de problemas, superando el vicio de la actitud apologética, que condena o hipervaloriza autores, de acuerdo con las preferencias axiológicas del estudioso y venciendo, por otra parte, la moda analítica, que reduce la filosofía al estudio de los clásicos, sin con todo reconocerles a los pensadores latinoamericanos la capacidad para meditar sobre su propia realidad. En relación con esta posición, A . Paim [1981: 92] escribió: "La filosofía es ciertamente un saber especulativo, que se se proyecta sobre una problemática que, a pesar de renovada a través de los tiempos, se ha revelado como perenne frente a la sucesión de los sistemas. Estos problemas, sin embargo, siempre están relacionados con las circunstancias culturales. De suerte que el carácter especulativo de la filosofía no puede ser considerado como simple diletantismo, como si la filosofía no tuviera ningún compromiso con la temporalidad y las angustias de determinado momento de la cultura de un pueblo".

 

A . Paim [1981:92], inspirado en la corriente culturalista brasileña (tributaria del neokantismo y de la fenomenología), sintetizó de la siguiente forma la propuesta metodológica en cuestión: "El método sugerido por Miguel Reale para la investigación de la filosofía brasileña se compone de los siguientes elementos: 1) identificar el problema (o los problemas) que preocupaban al pensador, prescindiendo de la búsqueda de filiaciones a corrientes que le sean contemporáneas en el exterior; 2) abandonar la preocupación de averiguar si el pensador brasileño interpretó adecuadamente las ideas de determinado autor extranjero, más expresamente, renunciar a la confrontación de interpretaciones y, por lo tanto, al cotejo de la interpretación del pensador brasileño estudiado con otras interpretaciones posibles, para escoger entre una u otra y 3) ocuparse de preferencia con la identificación de nexos y derivados, que permitan aprehender las líneas de continuidad real de nuestra meditación".

 

Francisco Acosta

 

 

 

 

 

¿QUÉ ES Y PARA QUÉ SIRVE ESO DE LA FILOSOFÍA LATINOAMERICANA?

 

“La autenticidad de nuestra filosofía… vendrá de nuestra capacidad para enfrentarnos con los problemas que se nos plantean hasta sus últimas raíces tratando de dar a los mismos la solución que se acerque más a la posibilidad de realización del nuevo hombre”

Leopoldo Zea. “En torno a una filosofía americana”

 

¿Somos los (latino)americanos distintos? ¿Qué nos hace distintos? ¿Por qué no somos considerados por los Europeos y Norteamericanos como occidentales sino como Sudacas o Hispanos? Y entre nosotros ¿somos iguales ó diferentes?

 

Los universales son el horizonte que ha movido la investigación filosófica y cuya definición y fijación ha despertado las más agudas polémicas. Las escuelas del pensamiento se separan y se acercan en cuanto a la definición de categorías y problemas que buscan resolver, categorías y problemas que envuelven una definición y una aplicación, de esos universales.

 

Santiago Castro-Gómez nos da un buen ejemplo de cómo los universales –categorías – postmodernos se aplican de una manera creadora frente a la realidad americana, Miró Quesada lo había demostrado con la fenomenología o Dussel hacía lo propio con el racionalismo “transmoderno” y el principio de la alteridad.

 

Para los filósofos arriba citados, como para muchos otros, lo (latino)americano tiene que ver con el señalamiento de esos universales en el suelo y con los problemas americanos, pero América no crea una nueva categoría de universales para resolver los problemas americanos a lo autóctono y con los cuales se pueda observar y analizar como distintos a quienes se identifican como los occidentales y se creyeron (y aun creen) con derecho de mostrarse como modelo y ejemplo.

 

La hibridación cultural o la transculturación o la confluencia de culturas distintas en un mismo territorio, no son situaciones fácticas exclusivas de los latinoamericanos, africanos o algunos países asiáticos. Francia integró a los Bretones, Gran Bretaña lo trató con los Irlandeses y Escoceses y en los Estados Unidos confluyen no sólo culturas occidentales sino afroamericanas, aborígenes, asiáticas y recientemente hispanas. Europa y Norteamérica tienen procesos de hibridación cultural o transculturación.

 

La globalización desde los excluidos está en proceso con migraciones de las “periferias” al “centro desarrollado”, nacidas de la miseria que la misma exclusión occidental genera, con fuertes reacciones xenofóbicas de las minorías blancas occidentales, situación que ha relanzado a la discusión las categorías universales de reidentificaciones culturales (culturalistas) y reconocimiento de la alteridad, que sólo habían sido objeto de discusión para tratar de entender lo no occidental. ¿Pero hasta donde hablar y reconocer la existencia de la identificación cultural y derechos fundados en identificaciones colectivas es fruto de las discusiones iniciadas en Latinoamérica o constituye una nueva invención occidental para mantener la exclusión y la discriminación? Walzer y Huntington tienen la palabra.

 

¿Pero, qué es la filosofía latinoamericana?

 

José Fernando Quesada

 

 

 

 

 

COMENTARIO SOBRE EL FILOSOFAR EN AMÉRICA LATINA

 

Es adecuado afirmar la posibilidad del filosofar en América Latina en la actualidad, ya que se continúan buscando nuevas explicaciones y diferentes formas de comprensión de lo que sucede en el desarrollo de ese continente. A esto se le suma, el hecho de identificar otras respuestas satisfactorias a las inquietudes y a los cuestionamientos formulados por el hombre que habita allí.

 

Lo anterior sólo es posible cuando se toma como referente los horizontes propios construidos y articulados por una cultura. Esto es, se asumen las perspectivas que se han dado en ese mundo. La consecuencia de lo dicho es el reconocimiento de la historia particular y de las estructuras que constituyen a cada una de las sociedades. Es decir, hay que entrar en contacto con la propuesta política, económica, cultural e ideológica de un pueblo determinado, con el fin de descubrir su sentido interno e íntimo. Esto permite asumir unas características y vivenciar sus posibilidades. Al respecto dice Santiago Castro Gómez: “contemplar el presente como resultado de las contingencias históricas, es decir, como una configuración intempestiva en la que se combinan diferentes prácticas sociales”[1]. Más adelante añade: “Si la ‘Verdad es de este mundo’, entonces la filosofía deberá interrogarse también por la red de instituciones que la modernidad genera para que los actores sociales se apropien normativamente de ella”[2].

 

La existencia del filosofar en América Latina es algo evidente, porque existen indagaciones que se encargan de pensar y de hablar de sus circunstancias. Aunque se han usado formas de reflexión ajenas y, en algunos casos, propias, hay una constitución de discursos y de relatos, los cuales dan cuenta de lo que hay en sus pueblos, diferente a lo sucedido en otras latitudes del mundo.

 

Juan Carlos Ángel

26 de Mayo de 2007

 

 

 

 

LA PREGUNTA POR LA FILOSOFÍA LATINOAMERICANA

 

En este caso la filosofía posee apellido, como sugiriendo su dependencia a algo o alguien, siendo necesario intentar dar cuenta de qué es eso de Filosofía Latinoamericana por el origen de su paternidad, que creo, tiene un estrecho vínculo con la marca dada desde hace días por la Historia de las Ideas.

 

Durante buena parte del siglo XIX los distintos gobernantes latinoamericanas tuvieron una pretensión común, construir el Estado-Nación, y para ello se valieron de la adopción de textos e ideas, dándoles significación particular luego de esa conexión. En ese marco la historia, siguiendo el modelo europeo -en la construcción de nación-, se constituye en la pregunta por el origen y a su vez la justificación para el estado de las cosas y la proyección de las mismas; no es en vano que se levante todo el panteón Chibcha con la pretensión de dar matices de civilización a las comunidades prehispánicas.

 

La historia en el siglo XX comenzará a desprenderse de ese tipo de pretensiones y a preocuparse por el desarrollo de la disciplina sin determinaciones nacionalistas, cuando menos desde el revisionismo de los años cincuenta. Pero mientras la historia procura ese desprendimiento otras disciplinas acogen esas preocupaciones, siendo ese el caso de la filosofía, pues continuó con esa marca decimonónica nacionalista, contexto en el que había surgido también la referencia a lo Latino-Americano, en un intento de presentarse a la observación europea como un continente con rasgos homogéneos dados justamente por el pasado que les era supuestamente común.

 

Esa impronta del preguntarse por la nacionalidad implica referencias del orden temporal y espacial desde donde se produce el conocimiento. La memoria en este caso, como lo ha indicado Ricoeur, tiene como propósito dar sentido. Por tanto, limitar la Historia de las Ideas a la manera de la revista norteamericana “Journal of the history of ideas” implicaría reducir el horizonte, sería posible sugerir una lectura del tipo de la Historia Intelectual definida por Robert Darnot, pues esta comprende: “La historia de las ideas (el estudio del pensamiento sistemático por lo general en tentativas filosóficas), la historia intelectual propiamente dicha (el estudio del pensamiento informal, climas de opinión y movimientos de alfabetismo), la historia social de las ideas (el estudio de la cultura en el sentido antropológico, incluyendo concepciones del mundo y mentalidades colectivas)”.

 

Superar ese intento de definición implica en su conjunto el interrogarse por la posibilidad, potencialidad y forma del pensar latinoamericano -sin olvidar la impronta histórica. En ese marco es factible sugerir caminos distintos a la recepción, que edifiquen miradas desde estas geografias sobre el mundo entero que se nos pone en diálogo o choque. Se trata de cuestionar las prácticas a la manera de Michel de Certeau, al dirigir nuestro ojos a otros tipos de interpretación, que como éste autor lo indica o también los mismos poetas mapuches, se encuentra en la poesía. Lo cual implicaría una intensión de ruptura con la tradición europea y la confrontación desde la Grecia Clásica entre poesía y filosofía.

 

Por: Raúl Martínez Cleves

 

 

 

 

 

POSIBILIDAD, EXISTENCIA Y MODALIDAD DEL FILOSOFAR EN AMÉRICA LATINA HOY

 

Desprovista la acción del filosofar de ese cierto significado que la asume como la tarea exclusiva de los oficiantes, que no constructores, de sistemas de pensamiento totalizantes y totalizadores, preguntar por su posibilidad en América Latina, significa preguntar por la posibilidad de constituirnos como humanos, de existir. Por tanto, la respuesta debe ser afirmativa.

 

No obstante, la pregunta por esa posibilidad remite a un cuestionamiento anterior, a la indagación sobre lo que es y sobre los usos de eso que Occidente ha dado en llamar “filosofía”. Reproduzco a continuación el primer párrafo de un escrito de Thomas Mann sobre Schopenhauer:

 

“La alegría que nos produce contemplar un sistema metafísico, el contento que nos proporciona ver organizado espiritualmente el mundo en una construcción mental dotada de unidad lógica y apoyada de modo armonioso en sí misma: esa alegría y ese contento son siempre de naturaleza eminentemente estética; tienen el mismo origen que el placer, tienen el mismo origen que la satisfacción elevada y, en su último fondo, siempre serena con que nos obsequia la acción del arte, una acción que introduce orden, que da forma, que hace transparente y abarcable con la mirada la confusión caótica de la vida.” [3]

 

En ese texto está de cuerpo presente una concepción de la filosofía donde no puede tener cabida la que sobre ella pudieran tener pueblos distintos a los euro- norteamericanos. Allí, se entiende la filosofía como reducción de la diversidad; de nuevo, como la constitución de un organum que en su orden metafísico se opone al caos de la vida; como la organización de un orden lógico –redundancia sobre redundancia- que además de armonioso se basta a sí mismo; esa “unidad”, esa “lógica”, esa “organización”, esa “armonía”, en fin, se manifiesta de manera sensible en la elevada forma del sistema, objeto de goce estético entendido como contemplación “serena”.

 

Habría que preguntarse entonces si esa forma de entender la filosofía –o sus remanentes, aun investidos de manera contemporánea- es la expresión de la culminación, en términos del pensamiento, del proyecto moderno-occidental: pueblos homogéneos –cultural y sociopolíticamente- organizados desde la centralidad del estado-nación, sin fisuras en las relaciones entre el mundo de la vida y sus instituciones, con un sentido que dota de plena coherencia su destino.

 

Allí entonces no puede hallarse Latinoamérica. O peor, si ésta trata de encontrarse en la imagen que le devuelve ese espejo bruñido por la filosofía clásica con el esmeril de la exactitud, por supuesto que el reflejo será el de la monstruosidad de lo heterogéneo, de lo caótico, de lo diverso.

 

Ahora bien, en tiempos de postmodernidad, la pregunta por una otra filosofía que hace Latinoamérica ya no sólo para sí misma, tiene plena vigencia para la concepción europeocéntrica filosófica: ¿era tal la fortaleza estructural de sus estados-naciones?, ¿estaban a salvo de conflictos étnicos y religiosos?, ¿de qué unidad cultural hablaban?, ¿aceptaron en su suelo a inmigrantes latinos, asiáticos y africanos para que trabajaran en los empleos más riesgosos y socialmente despreciables, y luego les negaron asistir a los beneficios de la abundancia?

 

La existencia de una filosofía latinoamericana, más que una ubicación geográfica, señala radicalmente una localización histórica, una circunstancia que reconoce la díada dominación-liberación como horizonte de sentido mayor de ese filosofar.

 

Su modalidad, quizás, se la de un énfasis moral y político en tanto ese filosofar sea un esfuerzo por comprender nuestros contextos políticos, económicos y culturales.

 

Arturo Uscátegui Maldonado

 

 

 

 

 

ESBOZO DE PRUEBAS IRREPROCHABLES AUNQUE BALADIS

 

I

SUPLICA A LA HISTORIA

“Borra de un solo trazo tanta desdicha y tanta infamia,

Presérvame con la certeza de mi obediencia a tus amargas leyes,

A tu injuriosa altanería, a tus distantes ocupaciones,

A tus argumentos desolados”.[4]

 

Desde el hastío de quien escribe estas letras, aprendiz defraudada de una embaucadora “razón” se precipitan con bastante desgano argumentos que el autor no desea defender, tal vez se deba a esa negligencia mental e histórica heredada de unas cuantas desoladoras generaciones antecesoras que ilusas creen en su propias creaciones; a quien lee estas letras obligadas deberá e sugiere esforzarse por perdonar a su autor por su declarada falta de fe sobre lo que a la filosofía latinoamericana refiere.

 

II

DELIRIOS DE ADOLESCENTE

 

Creer en la filosofía latinoamericana es seguir añorando ser como los otros. Nuestro pensamiento filosófico Americano “evoluciona” de un pensamiento dependiente a uno remedado, brinco ridículo este… recepcionamos, nos vestimos con ropas que no son nuestras y aunque algunas nos ridiculizan aún así seguimos ostentándolas porque nos desespera nuestra desnudez, rezongamos y escondemos nuestras verdaderas formas lo que somos y en realidad tenemos lo ignoramos, simulamos que no está… ¡pobres almas estas de quienes se proclaman filósofos latinoamericanos, maquillaje barato de un pensamiento que se niega a sí mismo, de un pueblo que no quiere ver sus verdaderas formas tan distintas a aquellas que añora!

 

III

Y NOSOTROS… Y NOSOTROS QUE TENEMOS, ¿AH? YO TE PREGUNTO QUE TENEMOS…

 

En esta desnudez negada hasta el cansancio descansa nuestro verdadero pensamiento. Música, literatura, tradición, carnaval, posesión y des-posesión del lenguaje; la imaginación como terreno nutricio para la invención de América, abundancia nacida de la necesidad, hogar donde la reflexión puede conciliar a los contrarios. En esa desnudez que nos produce horror -pues nos invita a morir a lo que no somos- están nuestras verdaderas formas de habérnoslas con el mundo, el arte, la música, la poesía son las identificaciones concretas de nuestra universalidad, es desde allí desde donde somos en realidad. Me niego a la posibilidad de concebir una filosofía Latinoamericana si por ello entendemos un sistema con lógicas idénticas al de la filosofía occidental sin embargo reitero la existencia de un pensamiento latinoamericano expresado en formas no convencionales y por qué no más complejas, es así como le damos forma al caos, alternativas a la desesperación, dirección a las ideas y comunicabilidad, verdad y belleza al vehiculo de la forma, del pensamiento y de la esperanza.

 

MABEL LILIAN RIOS PLAZAS

26 – 05 – 2007

 

 

 

 

SE FILOSOFA EN LATINOAMÉRICA?

 

Hay tres preguntas que se formulan frente a la filosofía latinoamericana: su posibilidad, su existencia y su proyección. A cada una se le puede asignar una respuesta individual como hacer un breve resumen de ellas. Optaré por las dos alternativas en la que designaré algunas características por separado y luego haré un breve resumen.

 

La posibilidad incluye las opciones: si se puede dar o si no, yo soy de la opinión que si se se puede dar, en la medida que pensadores latinoamericanos reflexionen sobre problemas ontológicos, antropológicos, gnoseológicos, etc., que afectan el ámbito latinoamericano, y den como resultado opciones de respuesta adaptadas a las condiciones propias de ésta geografía con sus implicaciones pertinentes. Preguntaríamos por qué cabría la posibilidad? Y la respuesta incluye un sentido de equidad conceptual del hombre, como los de otras latitudes; ante lo cual no existe posibilidad de diferencia en cuanto a capacidades mentales y culturales, para realizar la tarea.

 

Cuando nos referimos a la existencia, cabe preguntarnos si existió, existe o existirá el pensamiento filosófico latinoamericano, y aquí está que, en el pasado nuestros antepasados si desarrollaron una relación con el medio que les permitió sobrevivir, tan estrecha que su sabiduría y su filosofía pueden confundirse en una sola cosa, con las soluciones de supervivencia. En el presente existe? Si, hay pensadores que se han dedicado a mirar la existencia, el mundo y las realidades desde puntos de vista donde la reflexión, muestra su propia identidad. En el futuro, es una definición incierta, sólo se espera que cada día nuevas generaciones continúen la tarea, que otras generaciones han comenzado y que abre un gran abanico de posibilidades, para ir dimensionando el mundo que tendrán que enfrentar.

 

Y, en cuanto a su proyección, es como si diéramos a entender si esa filosofía que se presenta, contiene un sistema de vida que le garantice pervivir en el tiempo y en el espacio. Es aquí donde los tres interrogantes se unen y se puede concluir que, si está en la posibilidad de existir, se proyectará para constituir pensamiento que identifique a un pueblo que culturalmente se diferencia del resto en muchos elementos que están contenidos dentro de su propia caracterización.

 

No queda pues sino abrir la posibilidad para que las nuevas generaciones, a la actividad propia de la filosofía, que es la reflexión, le abran el camino e incursionen en una aventura apasionante, que verdaderamente proyecta la naturaleza humana y le permite adquirir dimensiones insospechadas y soluciones que aunque no estén presentes, siempre estarán en tiempo de existir, sobre todo con toda la riqueza cultural, la diversidad social y la espontaneidad que nos caracteriza.

 

Aura Elvira Quintero Z.

 

 

 

 

 

 

SIN PRISA PERO SIN PAUSA: ¿ES POSIBLE LA FILOSOFÍA EN AMÉRICA LATINA?

 

Claro que es posible… al ser un mundo de vida diverso que interactúa con su pasado, presente y lo que quiere ser goza de vitalidad y contradicciones. Estas dinámicas históricas-sociales y de sueños e imaginarios entre referentes locales y las diferencias glocales hacen que poseamos infinidad de conflictos diarios que construyen conciencia inconforme pero también horizontes de búsqueda de reconocimiento de la diversidad que expresamos ser.

 

Estos trabajos de reconocimiento han posibilitado el encuentro con producciones de reflexión disciplinares, juiciosas y autenticas que evidencia no solo la actividad del filosofar sino su ya camino recorrido de construcción y de reconstrucción de un pensar y hacer latinoamericano.

 

¿Existe la filosofía Latinoamericana?

 

Es evidente que sí. Los pueblos latinoamericanos han y siguen reflexionando sobre sus realidades, analizan las circunstancias disímiles desde los diferentes ámbitos implicados siempre asumiendo posición y decisión, siempre afectando al otro, su mundo, aunque sea para bien o para mal. Toda situación que permita hacernos sentir y consolidarnos como seres humanos, que nos esfuerce a comprender los contextos en que nos desenvolvemos a replantear y proponer opciones de desarrollo y vida son evidencia de que existen formas de filosofar latinoamericanos, formas que en ocasiones son genuinas, en otras coinciden o simplemente son anacrónicas.

 

¿Cuáles son las modalidades de la filosofía latinoamericana?

 

Las que se quieran… la diversidad de mundo y vida son tan amplias como vidas hay y se dejan afectar por lo que hacen y dejan de hacer los otras. Estas diversidades de mundos de vida al ser vitales en estos espacios latinoamericanos obliga a que de alguna forma se encuentren y que de alguna forma reflexionen de sï, de los otros, de ellos con los otros, en fin buscando la forma de entenderse. La diversidad implica alguna forma de compartir y de ello es posible unos reconocimientos de la existencia del otro y de las modalidades de expresiones de las producciones del pensamiento de cada uno de ellos.

 

Quizás no hoy ni mañana habrá algo específico que se identifique como filosofías de América Latina pero el camino sin pausa que recorremos sin prisa propone hasta ahora que nuestra vida existe y ella manifiesta atracción irrenunciable de amorfas degustaciones de “simplemente vida”.

 

Brhiter Peña Sopo

 

 

 

 

 

FILOSOFÍA LATINOAMERICANA?

 

Tomemos como presupuesto lo siguiente: estamos inmersos en una yuxtaposición cultural que parece tener visos de necesariedad si existen aun quienes pueden ver el continente como una “sucursal” de la civilización moderna. Parece que no tenemos mucha experiencia en el campo civilizatorio y lo más común es aceptar el bastión de aquellos que ya han mostrado la capacidad y habilidad en esa ruta civilizadora.

 

Algunos críticos de la filosofía latinoamericana van todavía más allá de esto, afirmando que de hecho no hay filósofos en América Latina, y que hay muy poco de valor filosófico en la llamada historia de la filosofía latinoamericana. Se preguntan retóricamente: ¿Dónde está la evidencia del impacto de la filosofía latinoamericana fuera de América Latina? Los latinoamericanos mismos pensamos muy pobremente de nuestros propios filósofos, y raramente nos referimos a nuestras concepciones como algo que valga la pena, aun cuando hablemos frecuentemente de ellos como figuras importantes en el desarrollo de las ideas en nuestros países, o en América Latina considerada como un todo. Pero, ¿tomamos en serio las ideas de nuestros antecesores filosóficos y de muchos de nuestros compatriotas contemporáneos que suponen hacer filosofía? Cuando los latinoamericanos buscamos concepciones filosóficas que adoptar, o aun criticar, nos alejamos de América Latina y más bien prestamos atención a los filósofos europeos y norteamericanos.

 

¿Cuál será entonces la modalidad? Reasumirnos a partir de lo que hemos sido y de lo que somos y, en consecuencia, ir construyendo las coordenadas que nos orienten en las diversas coyunturas sin tener que estar dando tumbos, "ni patadas de ahogado". Como diría Leopoldo Zea, esta actividad debe hundir sus raíces en lo más profundo de nuestra realidad, para no perdernos ni hacer perder a nadie, en una "universalidad abstracta", que no ha tenido buenos dividendos entre nosotros. Al respecto, hay una afirmación de H. Cerutti, donde hace una referencia muy concreta a este planteamiento hecho por Zea y, en particular, sobre la idea de que la reflexión debe calar hondo entre nosotros, para ser proyectada en diversos niveles e instancias: "Es justamente por atender al hombre que está detrás de todo filósofo que la filosofía no puede desatenderse de la política. El esfuerzo de interpretación trata de reinstalar a la filosofía en la historia y no fuera de ella". ("Humanismo del Hombre de Carne y Hueso en la Filosofía de la Historia Americana: Leopoldo Zea").

 

JUAN PABLO ARANGO

 

 

 

 

 

 

 

POSIBILIDAD, EXISTENCIA Y MODALIDAD DEL FILOSOFAR EN A.L. HOY?

 

La Filosofía Latinoamericana como POSIBILIDAD debe partir de la autocrítica, y de una praxis cultural y política que permita dar cuenta no de la realidad histórica latinoamericana dentro de la globalización, sino del abortado proceso de modernización que marginó a muchas generaciones agudizando la exclusión económica y cultural, sin permitir la construcción colectiva de proyectos democráticos.

 

No se puede estructurar un "plan de salvación filosófica" creando nuevas categorías, ni acuñando un recetario nacionalista, sino abriendo espacios académicos articulados con dinámicas sociales y educativas.

 

¿CÓMO ROMPER LOS BARROTES DE LA IGNORANCIA Y EL HAMBRE CON LA FILOSOFÍA?

 

Henry Calderón

 

 

 

 

FILOSOFÍA LATINOAMERICANA?

 

El quehacer filosófico como constante cuestionamiento de la realidad, nos da las herramientas (los mismos instrumentos de que se sirve toda filosofía) para reconocer la existencia de la Filosofía Latinoamericana.

 

Por lo tanto, la existencia de la filosofía Latinoamericana se reconoce desde el momento en que “yo” reflexiono sobre mi realidad, esto quiere decir que cuando un filosofo analiza problemas reales de su existencia como ser humano situado en el contexto latinoamericano, está haciendo filosofía latinoamericana. (Para nosotros por tanto, no es importante saber si tiene o no unas notas características latinoamericanas; lo más importante es que cada ser humano sea sujeto de su propio destino histórico)

 

Es filosofía latinoamericana porque reflexiona sobre nosotros mismos, es como abrir los ojos para interpretar nuestro mundo y sus problemas. Cuando nos enfrentamos a nuestras propias circunstancias, (No encajamos en estas circunstancias de modo uniforme las múltiples y variadas formas de ser latinoamericanos) vemos que una modalidad específica que asume la filosofía latinoamericana es la filosofía política, (aunque no la única), entendida como el deseo que tiene cada ser humano de comprender conscientemente los problemas de su vida personal y grupal. Esta modalidad de filosofía, supone cuestionar lo que existe, para plantear respuestas a los problemas que se derivan de la convivencia humana. Se convierte en un acto de obligación consigo mismo y con los otros.

 

De esta manara, la reflexión y conclusiones sobre nuestros problemas, adquiere el carácter de universal, cuando esta manera de pensar se hace valida para otro ser humano que tiene iguales o semejantes condiciones, pues es el hombre el que hace la filosofía, no es la filosofía la que hace al hombre.

 

José Guillermo León

 

 

 

 

 

Las preguntas que inspiran el presente escrito fueron respecto de la posibilidad, existencia y modalidad del filosofar en América Latina hoy. Se intenta, por lo tanto, dar una respuesta crítica a las mismas, que inspiren una futura fundamentación que comience por el debate de las afirmaciones aquí consignadas.

 

La pregunta por la posibilidad de la filosofía latinoamericana, de la que soy consciente que se ha discutido prolíficamente en el campo de la filosofía, supone una mala fe, en sentido sartreano. Es decir, que se funda en desaprobaciones a priori o conocimientos superficiales de la producción del pensamiento latinoamericano o delimitaciones metodológicas reduccionistas que hacen desaparecer el fenómeno a estudiar. A veces todas juntas. Y con ellas, sólo como una aproximación no enumerativa de las vertientes negativas que hacen dudar de su existencia.

 

Por lo tanto, el segundo elemento de la pregunta sólo puede ser respondido con un sí, agregándole que ese filosofar latinoamericano (que no es necesariamente el normalizado) no deja nada que desear con filosofares de otras latitudes, que por ser de allí no son más universales. Tanto en sus intentos de originalidad, como en sus diálogos y oposiciones ponen de manifiesto la necesidad de todo grupo social de dar cuenta de los elementos constitutivos de su existencia, donde ésta es integral con las formas como ha devenido su interpretación, formulación, pensamiento, utopías, acciones. En esa medida, distinciones como si el filosofar latinoamericano es aquel que se hace desde Latino América o si es el que se hace por pensadores o filósofos nacidos en Latinoamérica o si es el que se hace sobre lo latinoamericano, se hacen espurias y la devuelven al primer momento de la reflexión o respuesta a la primera pregunta; con un elemento adicional: hacen de él una expresión accidental y reducido del pensamiento universal, una de las críticas más ácidas y logocentristas que se le hacen a la filosofía latinoamericana.

 

Finalmente, sobre la modalidad del filosofar latinoamericano, puedo plantear que se deriva consecuentemente de lo dicho arriba. Se trata de un complejo de relaciones de construcción de diferentes tipos de conocimiento social en torno a la existencia latinoamericana y los problemas que ella plantea al ser humanos y que vale la pena estudiar si descentra la reflexión por el ser a la reflexión por el estar como articulador de sentido.

 

Carlos Enrique Rondón Almeida

 

 

 

 

 

 

¿Qué es eso de filosofía latinoamericana: es posible, existe, si existe de qué modo se da?

 

 

Necesitamos cuerpos, sobre todo cuerpos.

Que no se tengan miedo al desnudo.

A los colombianos, a este pobre pueblo sacerdotal,

lo enloquece y lo mata el desnudo,

pues nada que se quiera tanto como

aquello que se teme…

-Viaje a Pie-

 

 

A partir del acercamiento a lo que podemos denominar como filosofía latinoamericana, encontramos que es actual el debate sobre su posibilidad, su existencia y su modalidad en la historia de las ideas. Pues concurre una crisis frente a la filosofía en América Latina, ya que hay quienes afirman que no podemos responder a su historia de manera original y novedosa como la que se dio en Europa “…nuestra intelectualidad, en gran medida colonizada, traduce y repite lo que se piensa y se hace en otras partes del mundo”. Por el contrario, mucho más allá, hay quienes afirman que ésta ha procurado, a partir de los advenimientos de tradiciones e ideas externas, proponer y problematizar una filosofía que existe y nos fue impuesta externamente. Intentado poner el conocimiento de las ideas al servicio de un contexto real, es decir, en un saber vivir.

 

En este marco problematizador cabe preguntarnos, qué es eso que denominamos como Filosofía Latinoamericana, si realmente es posible, si existe -de hecho- una filosofía que pueda llamarse  latinoamericana y si es posible y existe, de qué modo se daría.

 

Para lo cual, expondremos primeramente lo que ha sido la historia de América Latina en relación con la filosofía, pues, la filosofía en América Latina tiene relación directa con la historia[5] de las ideas. Paralelamente tomaremos en consideración el pensamiento, de algunos autores latinoamericanos que encausan sus ideas en el pensamiento en América Latina, desde América Latina y/o para América Latina. Quienes nos permitan evidenciar y justificar que existe una historia y diversidad de pensamientos que han forjado nuestra cultura e identidad como hombres latinoamericanos y por tanto un pensamiento que encausa la existencia de una Filosofía Latinoamericana.

 

Expondremos, en primer lugar, la filosofía en América Latina, desde la sabiduría amerindia, pasando luego, por la conquista y la colonia. Entraremos en la filosofía del Siglo XVIII, con los novatores y el positivismo. Presentaremos la filosofía, en el transcurso de los S. XIX y XX, donde surge el antipositivismo. Seguidamente señalaremos algo sobre la neoescolástica, la secularización y la normalización en América Latina. En segundo lugar, mostraremos la repercusión de las ideas marxistas en América Latina y las propuestas de la filosofía de la liberación como movimientos que pretendieron hacer de la historia de la ideas, en América Latina, un fundamento desde el que se puede reflexionar y ejecutar nuevas ideas, para aplicarlas a la reconstrucción de una identidad en relación con una sociedad y una cultura que nos es propia.

 

1. La Filosofía en América Latina

                                                                                                         [6]

 

 

 

Primeramente encontramos el pensamiento amerindio que es más “sabiduría” que “teoría”. Aquí, ubicamos culturas precolombinas como los Náhuatl, con su cosmovisión, pensamiento e ideas sobre la vida que, a su vez, son plasmadas y contempladas en símbolos como el rostro, la flor y el canto.

Hay que tener en cuenta que el hombre precolombino conoce a través de la palabra. La palabra se hace el poder creador: magia, mito, rito. Donde el mito siendo repuesta a las cuestiones más profundas y problemáticas, que el hombre se plantea, hace del mundo un espacio de aconteceres y no de cosas. Transmitiendo, a través de la actividad creadora, un mensaje  que transforma críticamente una realidad. 

Lo cual nos permite decir que allí, predomina el pensamiento emocional sobre el acto racional de conocer, y es la manera como se le da valor a los pensamientos y las cosas, pues ponen su interés en el modo peculiar como éstas se manifiestan.

 

Desde este mundo sagrado, tradicional y creativo, presentamos la otra mirada, la otra parte que construye occidente. Otro continente que con hombres ambiciosos, a través de mares, viaja en busca de nuevas tierras. Este período es denominado de la conquista y la colonia.

 

A partir de la conquista del “nuevo mundo”, llevada a cabo por Colón y otros españoles en el siglo XVI,  surge una problemática sociológica e ideológica, entre las expresiones y formas de vida de los aborígenes frente a los “nuevos invasores”: los conquistadores y colonialistas. Los conflictos surgen, sobre todo, por la visión religiosa de los españoles, quienes servían a Dios, al Rey y al Emperador, que se rigen por el dictamen del Papa. Diferente a la de los indígenas quienes adoraban a un gran Dios creador y agradecían a las deidades, que suplen sus necesidades a través de las revelaciones de la naturaleza.

 

El español conquistador, al llegar a las “Indias”, -se autonombraba como “vecino” y “poblador” con legítimos derechos sobre las tierras y la mano de obra indígena. –Pretendía evangelizar a los hombres ‘bárbaros’ que habitaban esas tierras, mediante la conversión, es decir, “hacer de ese mundo de infieles un mundo cristiano”. Ejercer dominio al servicio de los intereses de la Corona: hacer de la conquista una empresa civilizadora, esclavizar los aborígenes y los negros, saquear las fuentes de oro.

Frente a esta posición del conquistador se enmarcan tres posturas o corrientes políticas, que confrontan aspectos ético-políticos en favor de los valores, los derechos, las creencias y la vida digna de los indígenas. O por el contrario en la negación y el sacrificio de los indígenas, a saber: la corriente esclavista, cuyo mayor exponente es Juan Ginés de Sepúlveda (1490); la corriente centrista, cuyo mayor representante es Francisco de Vitoria (1492); y la corriente indigenista, promovida por Bartolomé de las Casas (1474-1502).

 

En siglo XVI, vemos como la filosofía en América es un reflejo de la escolástica, pues el poder eclesiástico, desde la autoridad papal, legitima los terrenos conquistados y el adoctrinamiento de los aborígenes. Se esclaviza, disfrazando tal acto con la denominada encomienda.

Así con el mandato del clero, se fundaron Universidades. A finales del siglo XVII se habían fundado 26 Universidades,  donde eran primordiales las facultades de Teología, Derecho y Filosofía, y el latín era la lengua oficial para enseñar. En la corriente tomista encontramos a Juan Martínez de Ripalda (1642? – 1707)

 

En este siglo, se ubican los novatores e ilustrados, que formados en la escolática, lograron comprender la mentalidad de la ilustración, de lo cual surge un pensamiento que dio origen a la independencia militar, económica, política y de pensamiento. Antonio Zea.

 

Esa “independencia” da cabida a la búsqueda de nuevos rumbos. De esta manera, se recibe el positivismo en América Latina,  cuestionándose sobre la manera como debía pensar el hombre Lationamericano, pretendiendo superar, lo viejo, a saber las ideas europeas y la colonia, para dar paso a lo nuevo; que venía cargado de consignas como libertad, orden y progreso, por el influjo de la industrialización de Inglaterra. Se buscó ser “sí mismos” sin modelos ajenos a la realidad y visión del mundo. De manera que, a través, de la teorización de las ideas y de la experiencia como fundamento y validez de los actos, se debía  reflexionar y materializar o poner en acción los ideales, en función del progreso.

 

A principios del siglo XX América después de haberse independizado, con las armas científicas, intelectuales y filosóficas, vuelve a  un campo que se creía superado: la metafísica. Estableciéndose como un antipositivismo, pues ahora el pensamiento estaría nuevamente direccionado por la religión, motivado por volver al espíritu.  Con el propósito de volver al origen de la vida, al respeto y al cuidado de lo de lo más sublime de la vida humana, aunque  irónicamente el pueblo que quería inculcar estas ideas, se encontraba en la ejecución de guerras civiles.

 

Pasa así, la historia de América Latina, a una neoescolática constituida por una polémica entre la política y la religión, quienes poseen una mentalidad conservadora.

Varios autores como Carlos Arturo Torres,  inician un proceso de secularización en el pensamiento colombiano  y latinoamericano, por medio de la propuesta de nuevas perspectivas de análisis del contexto nacional y del esfuerzo y preocupación por comprender, de manera más auténtica lo que se es en sí misma y en relación con su cultura.

 

La normalización de la filosofía latinoamericana, es un momento en el cual la filosofía académica se convierte en una función normal de la cultura[7], lo cual se evidencia en la fundación del “Instituto de Filosofía” en 1946, en la formación laica iniciada con la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional en 1952. Además con la realización de eventos como congresos y conferencias. Proceso también entendido como una atomización de la filosofía, que se independiza de las otras ciencias, sobre todo de la teología, centrándose en sí misma, para construir su propio método. Con la academización y la lectura de pensadores europeos, algunos piensan que la filosofía en América se aleja de un reflexionar desde y sobre la realidad.

 

2. Ideas desde América Latina.

                                                                                                           [8]

 

Esbozada la historia de la filosofía en América Latina, podemos afirmar que, hubo construcción de conocimiento, obviamente desde unas condiciones sociales, económicas, de poder y de intereses de unos gobernantes. Aunque en contraposición, hay quienes promovieron y promueven la búsqueda de nuevas ideas propositivas, para la transformación de un pensamiento establecido, distanciándose de estos pensamientos ajenos y de la imposición de una vaga y superficial concepción de identidad latinoamericana.

 

En este marco se dieron una serie de pensamientos, en América Latina. Aquellos que fundamentaron movimientos y frentes, desde la recepción de las ideas marxistas.  Y otros que aplicaron tales ideales a una construcción y proyección social. En el proceso de mejorar y dignificar la vida se han retomado las diferentes situaciones de la vida, desde las tendencias actuales del proceso histórico de América Latina y del Caribe. Se da con fuerza, en América Latina a finales de la década de los años 60’, el movimiento filosófico de la liberación. Reconocido por promover el movimiento de la “Iglesia de los Pobres”, orientado por la teología de la liberación. La cual contemplando la realidad desde una visión liberadora  del evangelio, encarnado en lo cotidiano, va surgiendo como una iglesia comprometida con el pueblo y sus procesos liberadores. Es el surgimiento de una teología liberadora con representantes como Leonardo Vof, Pedro Casaldáliga (obispo de Sao Paulo), Carlos Mester, Gustavo Gutiérrez, Oscar Arnulfo Romero (obispo de San Salvador); quienes fueron iluminando y liderando los procesos de Liberación en América Latina.

 

En el siglo XX, con las políticas de un gobierno y la proyección del capitalismo como una dinámica que las sociedades latinoamericanas, sienten como un  injerto, como un organismo que aplasta, rechaza, violenta, produce miseria, según un orden económico y de dominación, se dinamiza la pluralización de la filosofía en América Latina.

 

Por el paso de este marco temático, podemos evidenciar y justificar que existe una historia y  una  diversidad de pensamientos que han forjado nuestra cultura e identidad como hombres latinoamericanos y por tanto un pensamiento que encausa la existencia de una Filosofía Latinoamericana. 

 

3. Pensadores latinoamericanos

 

 

 

Expondremos algunos autores, que son una gota de agua dentro de un mar de autores  latinoamericanos, los cuales pensaron la filosofía en América Latina, y justificaron o justifican que existe una filosofía latinoamericana. La cual se basa y expresa, desde el hombre latinoamericano, quien tiene una manera propia de vivir y de pensar la realidad latinoamericana.

 

José Martí (Cuba 1853-1895)

 

Desde su discurso de humanidad[9] podemos advertir que su pensamiento se fundamenta en unas ideas de igualdad en los hombres, la defensa y el reconocimiento del mestizaje, el hombre natural y autóctono.

Afirma que la filosofía debe nacer del pueblo mestizo americano, de su propio reconocimiento. Para esto hay que evitar la imitación, debe el hombre apropiarse de sus raíces mestizas y naturales.

La forma como se llega a la realización del hombre natural es creando. Crear, significa alejarse de la imitación de pensamientos externos y ajenos, es el reconocer y respetar la dignidad del ser humano, es entender a Latinoamérica como antiimperialista.

Sólo así logrará la independencia, primeramente de pensamiento, ante la mentalidad colonialista que invade al hombre americano.

 

 

La constancia de Leopoldo Zea (México 1912-2004) en la búsqueda de un filosofar auténticamente americano. Entre la Revolución mexicana se forma el espíritu de este pensador,  además, recibió estudios de filosofía historicista de Ortega y Gasset, por parte de su maestro José Gaos quien lo invitaba a filosofar sobre su propia realidad, que por las circunstancias, se muestra y vive, diferente a la europea.

Desde la búsqueda de Leopoldo enmarcamos que la filosofía latinoamericana es 

Está llamada a crear conciencia en el ser humano, de la deshumanización y, sobre todo, la perdida de la libertad humana, provocadas por la automatización de las máquinas, sobre la construcción de vida de los pueblos latinoamericanos y los hombres que los constituyen.

Por lo cual, se necesita y busca una filosofía auténtica[10]. “el hombre de nuestro tiempo necesita  de una nueva teoría que justifique su vida práctica y le dé sentido…mientras más se reflexione sobre la propia realidad, más se avanza en la universalidad de la filosofía”[11]. Teniendo en cuanta que tal reflexión sobre la realidad propia debe hacerse desde la doble dimensión del hombre: la moral y la política.

Una filosofía que se hace desde la historia misma del pensamiento filosófico y social de nuestra América, donde no pretendemos decir que hay unos sistemas al de los europeos, pero sí que hay una línea de preocupaciones políticas y sociales, en los latinoamericanos, desde las que se va formando una forma de pensar propia, en función de una tarea liberadora del hombre y por tanto de los pueblos de América Latina.

 

Enrique Dussel[12] (Argentina 1934-)

 

En el marco de una democracia en América, Dussel propone una filosofía de la liberación y esencialmente de una ética de la liberación[13], como una justicia siempre renovada desde el clamor de las víctimas, de los movimientos sociales en la sociedad civil, de América. En una lucha por el reconocimiento de los nuevos derechos (al voto al ciudadano) de los nuevos movimientos sociales de la sociedad civil. Enmarcado en el sistema de globalización moderno, es decir las exigencias ético-críticas, dentro del horizonte de la globalización.

Intenta por una parte, el desmonte del pensamiento occidental, considerando, que desde sus orígenes hasta Heidegger ha sido ontológico[14]. En tanto filosofía de la dominación europea que se ha basado en el método dialéctico. A lo que Dussel responde con el planteamiento del método analéctico[15].  La tarea liberadora de América Latina inicia con la liberación social, de las clases oprimidas y de los pobres, ante el sistema imperante mundial y el marco globalizante.

 

Fernando González Ochoa (Colombia 1895 -1964) “El filósofo de Otraparte”[16]

 

Viajando a pie Ochoa nos invita a gestar conciencia sobre nosotros mismos, sobre lo propio. Es reflexionando sobre la experiencia como afirmamos nuestra existencia y reconocemos la vida en construcción de los hombre.

Es en nuestro caminar que expresamos lo que somos, que nos desnudamos. Este acto de desnudamiento es el temor del latinoamericano, ya que, esto implica despojarse de las creencias, de las ideologías, del catolicismo, de los sistemas ajenos. El problema reside en que, “en Sur América …tienen vergüenza de su propia alma”.

En el desnudo se muestra la vida en plenitud, la vida que interiormente se ha cimentado y se da cabida a la apropiación de la patria como madre que nos cobija, porque ella es el sendero que nos ha propiciado los encuentros, experiencias, reflexiones y aprendizaje.

La búsqueda consiste en que el hombre llegue a una sabiduría con sus propios sentires “para el hombre culto los conceptos se van unificando, hasta llegar al todo inespacial que es el amor, la esencia de todas las formas.

                                                                                                                   

Estanislao Zuleta (1935 – 1990 Colombia)

 

Un pensador que “logró romper esquemas gracias a sus profundas reflexiones sobre el poder, la sociedad, la cultura y el psicoanálisis”.

Quien reflexiona desde la educación como propuesta de transformación social, porque es desde ella que el pensamiento y la visión se hacen críticas frente a la situación de América.

En sus obras de educación, filosofía y arte, y desde su vida misma se nos muestra como un ejemplo de vida, donde él nos demuestra que el hombre latinoamericano y colombiano, es capaz de formar un pensamiento original y respaldarlo desde su autenticidad.

 

Es la educación el espacio y la posibilidad, donde podemos hacer de esa historia, que aún desgarra entrañas y mueve corazones, una historia vista de manera crítica y como pauta para reconocer lo que se ha hecho, cómo se ha ejecutado y de que manera ha construido lo que somos. Para la elaboración de un nuevo pensamiento filosófico que responda a la problemática presentada en todo el ámbito latinoamericano.

 

Como síntesis de este viaje por la historia de la filosofía en América Latina, destacamos que “en tiempos donde nadie escucha a nadie, en tiempos donde todos contra todos, en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos…”, es de suma importancia, crear conciencia de los pensamientos y las formas, como el ser humano actúa frente a los problemas que le corresponde vivir, respecto a la situación social, las condiciones económicas y culturales de nuestra realidad mundial, nacional y local, en la que confluyen la injusticia por las diferencias, entre otras, de clases, de raza y de opción sexual. Demarcadas sobre todo por al falta de formación, desde la filosofía, en un pensar crítico, autónomo y creativo frente a los presupuestos de filósofos y pensadores que nos son ajenos, dando cabida al “desnudo” como reconocimiento y respeto propios y del otro.

 

Diana Carolina  Martínez

 

 

 

 

 

 


PLANTACIÓN DEL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO E IMPLANTACIÓN DE LO UNIVERSAL

 

Se habla de filosofía latinoamericana a partir de la llegada de los españoles y del período de la conquista, como desconociéndose o apartándose al mundo indígena que ya llevaría quizás milenios de civilización. La historia, de esta manera, se conoce a partir del descubrimiento y de las siguientes etapas de integración de españoles y desarrollo del mestizaje. Pero el hecho trágico que se desencadenó a partir de ésta época, hizo que se nos olvidara que a parte de la figura esclavista y menospreciable del indígena, se escondía todo un mundo de sabiduría y de pensamiento memorable. Esto significa que para establecer un desarrollo de la filosofía en América latina y su respectiva existencia se debe indagar por la historia de las ideas[17]. De esta manera trazaremos brevemente una línea que nos conduzca al problema planteado por Marquínez de sí es posible, existe y de qué forma, la filosofía latinoamericana.

 

Para llevar a cabo dichas cuestiones, profundizaremos en una corriente de pensamiento latinoamericano de principios del siglo XX, el antipositivismo; pues creemos conveniente señalar que si se comprueba la existencia de ésta, es en realidad, en ese despertar de intereses y de rescate cultural a través de la conciencia de espíritu y sentimiento en el hombre.

 

La panorámica de éste movimiento se revela en la lucha por la subordinación de la ciencia al espíritu humano. En este caso, los intereses dan un giro que supuestamente se había superado, mediante el proceso de independencia. Proceso que tuvo sus simientes si se puede ver así, en el pensamiento científico e intelectual, es decir, en lo demostrable. A partir de esta afirmación hecha por los positivistas cabría preguntarnos: ¿hasta qué punto se establece una liberación y una independización de América Latina con respecto a Europa? Una cuestión que los antipositivistas quieren invertir para hacer ver la realidad de las cosas, América latina continua dominada por las corrientes imperialistas tanto de Europa, como de Norteamérica (Rodó).

 

Si existe una idea de dominación a través de los medios impuestos por la cientificidad, habrá que trabajar arduamente por establecer los caminos de la metafísica y la ontología para hacer valer los productos de la naturaleza, el espíritu y la mente (Antonio Caso), en la geografía latinoamericana. De este modo América logrará su tan ideada esperanza de libertad.

 

Veamos primero, de dónde surge la idea de plantearnos dichas cuestiones y de qué manera se señal al antiposivimo como una generación de fundadores del pensamiento latinoamericano.

Germán Marquínez Argot y la cuestión de posibilidad, modalidad y existencia de la filosofía latinoamericana.

 

El trabajo de Germán Marquínez confirma la necesidad de establecer estas tres preguntas para demostrar, finalmente que existe una filosofía “desde América latina”, a saber:

v      “¿es posible una filosofía latinoamericana?

v      “¿existe de hecho una filosofía que pueda llamarse latinoamericana?”

v      “¿de qué modo o manera existe, si es que existe una filosofía latinoamericana?”[18]

De acuerdo a estas tres preguntas se nos dirá que si se comprueba la posibilidad de ésta, mediante su ejecución, quedará inmediatamente resuelto el problema de su existencia.

 

Por ello mismo, se entreteje ahora el panorama latinoamericano desde lo que filósofos han desarrollado desde la realidad misma de nuestro pueblo. ¿Hay, por ende, filosofía latinoamericana? La respuesta sería afirmativa, en cuanto el hombre de raza y de etnia, poseedor de una basta cultura, se enlaza con los supuestos occidentales para nutrirse de ellos, que son universales y de este modo aspirar a la vez, a la universalidad del pensamiento latinoamericano, a partir de nuestros propios suelo.

 

Este propósito, sin embargo, podría mantenerse al margen de lo que en realidad se busca en el alcance de un pensamiento latinoamericano. Cuando entramos a examinar detalladamente lo que sucede con la implementación de conceptos europeos, nos preguntamos si es eso en realidad lo que es filosofía latinoamericana. Según Deleuze, la filosofía es la creación de conceptos nuevos, por lo tanto no debe limitarse a los conceptos dados, en los que caería en mera contemplación y reflexión de los mismos: “no es contemplación, reflexión, ni comunicación… la filosofía es conocimiento mediante conceptos puros[19]”.

 

Crear conceptos puros que no se limiten a una adopción de otros, sino al fortalecimiento de los que ya existen y los que están por nacer, es la modalidad que podría dar paso a la llamada filosofía latinoamericana. ¿Cómo llegar a crear dichos conceptos? desde el plano de la conciencia de nuestras raíces, para ascender al plano de la espiritualidad y de esta forma, al equivalente ideal de identidad.

 

Vemos que la propuesta de Marquínez, nos trae una diálectica, entre lo propio y lo universal, para hacer que mediante la síntesis de éstos dos, se concrete en una tautología de lo que es nuestro mundo.  Dicho de otra manera, a través de la implantación del pensamiento importado a nuestros medios, es posible responder a nuestras necesidades.

 

Argot llama generación de los fundadores a algunos de los pensadores que representaron el movimiento antipositivitsta, por ser los primeros en hablar de una filosofía latinoamericana y de imponer la necesidad de ‘implantar’ y de establecer la originalidad (creando conceptos puros) de nuestro pensamiento. En este escrito citaremos algunos de ellos para ver de qué manera niegan o afirman dicho término.

 

Los antipositivistas, una generación fundadora: metafísica y humanismo.

 

¿Fundar supone existencia, o posibilidad, o modalidad, o todas? La definición de este concepto a grandes rasgos remite a otras nociones: erigir, establecer, crear, apoyar algo, etc. Esta sencilla palabra alude, conforme a lo que significa, que hay que establecer los fundamentos que posibiliten hablar de filosofía latinoamericana, mediante elementos que ayuden a construir esa gran estructura, es decir, con la fuerza y el espíritu del hombre latinoamericano.

 

Es este el principal interés de esta generación fundadora, que se caracteriza por la reacción contra los dogmas positivistas, aspirando a una filosofía de la libertad y del espíritu[20]. Su movimiento incitó y corroboró a la edificación de un pensamiento propio, aunque los resultados no se vieron inmediatamente, por lo menos en ellos descubrimos una intencionalidad y un perenne camino hacia esa meta.

 

Las contribuciones a este respecto fueron hechas por Alejandro Korn, José Erique Rodó, Carlos Ferreira, Carlos Mariátegui, Enrique Molina, Alejandro Deusta, José Vasconcelos y Antonio Caso, entre otros. Sus trabajos anunciaron, denunciaron y previnieron circunstancias en el quehacer latinoamericano que influyeron considerablemente en la historia de las ideas latinoamericanas. Veamos más detenidamente a uno de ellos.

 

José Enrique Rodó, sentimiento y razón.

 

El ideal de una verdadera filosofía de lo propio se encuentra en su obra más representativa y significativa, Ariel. Destaca de este personaje mitológico el imperio de la razón y del sentimiento, como símbolo de “la parte noble y halada del espíritu”[21].

 

Este ensayista uruguayo, meditaba acerca de la torpeza que acaecía el positivismo, simbolizado en la figura de Calibán. Su pensamiento se fundó a partir del sentimiento y de la sensibilidad por lo estético. En la obra Ariel hace un llamado a la juventud por el vigor y la influencia de ella, para el desarrollo posterior del pensamiento latinoamericano. “Las prendas de espíritu joven –el entusiasmo y la esperanza- corresponden, en las armonías de la historia y la naturaleza, al movimiento y a la luz. Adondequiera que volváis los ojos los encontrarás como el ambiente natural de todas las cosas fuertes y hermosas”.

 

El llamado es, que a través de las manifestaciones de la conciencia espiritual y de la emanación del sentimiento, se promueva al rechazo total al utilitarismo y al imperialismo. Aunque no repudiaba a los Estados Unidos “los admiro pero no los amo” si hacía reparo en ese utilitarismo. Entre sus principales críticas que le hace al positivismo están precisamente estos dos regimenes y por su puesto la incapacidad que tienen para realizar labores de todo tipo. Llama a los jóvenes del presente a ser el Ariel del mañana, aconsejado el desarrollo de la naturaleza entera y no una faz del espíritu.

 

Hay cierta crítica que se le ha hecho al pensamiento de Rodó en otros aspectos, y es el hecho de que es su obra se desconozcan muchas de las realidades de nuestra época, tampoco se nombra al indio en ninguna de sus líneas. Es como una contradicción el que quiera elevar la espiritualidad bajo las corrientes cristianas, pues como sabemos el cristianismo fue una de las tantas imposiciones de la conquista española –aunque fuese una excusa-, y no desde las mismas creencias de los indígenas. 

 

Estas ideas giraban en torno a su ideal de progreso marcado por la culturización y el aniquilamiento de la analfabetización.

 

Conclusiones

 

Esta breve exposición de ideas tanto de Rodó como de los antipositivistas, nos animan, pero a la vez, nos estremecen. Nos animan porque se atreven a pensar en una ontología del ser humano que permita fundar la necesidad de construir un pensamiento latinoamericano desde nuestro territorio y en base a nuestra experiencia cultural. Pero nos pone en la cuestión que ya Mariátegui había señalado, al declarar que no existía una filosofía latinoamericana, mas sí era posible. No existía por el mero hecho de que “todos los pensadores de nuestra América se han educado en la escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza”[22]. Significa eso, que para que exista tal pensamiento ¿es necesario que se eduque en Latinoamérica y bajo principios propios? Quizás eso sea lo que nos sugiera esta meditación, mas es difícil alcanzarlo, sobre todo a medida que pasa el tiempo y volvemos a caer en la era del positivismo. Volver a nuestras raíces y educarnos a partir de ellas es la labor que haría posible una “filosofía” latinoamericana.

 

Hacer una reconstrucción del panorama amerindio, y valernos de lo que investigaciones arqueológicas podrían determinarnos para proceder a la respuesta de quiénes somos, sería una labor extenuante y muy difícil de entablar con las perfecciones correspondientes.

 

La meta final, es encontrar la validez y la originalidad de nuestra identidad, reconocernos a nosotros mismos y aspirar a una mentalidad que nos ponga a un nivel más elevado con respecto a lo meramente material. ¿Llegamos a ella? ¿O lo que ya se temía Rodó y los demás antipositivistas, de caer en el utilitarismo y la pérdida de identidad, nos ha ido alejando de ella? Es notable que a medida que pasan los años, lo que son nuestras verdaderas raíces plantadas en el suelo de esta tierra y elevadas en el cielo que hoy nos alumbra, tienen la añoranza de seguir ascendiendo, cada vez que plantamos o implantamos lo que llega de afuera. Mas no desconocemos que esta tierra y el suelo en el que están plantados los viejos árboles y los que están naciendo, no es de nadie más, es nuestra, porque es inamovible.

 

Hay filosofía en el momento en que somos capaces bajo estas analogías, crear nuevos conceptos que nos sean propios, es posible, precisamente por el suelo en que están plantados y los nutrientes que ese suelo provee. Cómo se hace, implantando otros universales, que vengan de donde vengan, tienen algo que los hace ser trasculturales, es decir, algo que donde quiera que se les mire, van a tener un significado común. Es esta filosofía, en dicho sentido, una extrapolación de horizontes.

 

Julieth Beltrán González- 2040335

1 de junio de 2007

 

 

 

 

Filosofía latinoamericana ¿mito o realidad?

 

“¡se le envió a que fuera por oro y demonios,

y él que nos viene con plumas de ángeles!”

 

Fernando de Aragón.

 

"América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil

sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios

De independencia y originalidad se conviertan

En una aspiración occidental".

 

Gabriel García Márquez (Discurso Nobel, 1982).

 

 

El 12 de octubre de 1492 cuando Colón llega al paraíso, empieza para las culturas aborígenes del occidente desconocido su verdadero fin del mundo, ellos creyeron que llegaban dioses reencarnados a salvar su pueblo y regresar el orden natural perdido, pero lo único que traían esas carabelas eran “emisarios de la trampa y de la colonización”, esa tierra que Colón describía en sus diarios como el paraíso y que los cronistas de indias detallaban como tierra virgen y fantástica, únicamente fue la base económica de España para acabar de impulsar una contrarreforma que la llevaría a aislarse del resto de Europa y sus progresos industriales.

 

Los años de la colonia no fueron menos productivos para los españoles en América, pero una nueva orden de predicadores y salvadores de las culturas indígenas se había formado en el seno de esta misma España devastada por las guerras católicas, que ya iniciaban la misión de proteger en resguardos a los indígenas bajo formas de sociedad muy estables y equitativas.

 

Estos Hombres inferiores (homúnculos) que serian los llamados a ser eco y sombra de la imponente y gloriosa Europa, estos indefensos y aplacibles hombrecillos que no conocían la vergüenza ni el pecado, que no tenían una cruz por religión, serian los portadores de una sabiduría de magnitudes impensables para los españoles y otros colonizadores que llegaron a la tierra del porvenir.

 

Hablemos un poco de esa sabiduría traducida a dos grandes elementos constitutivos de la búsqueda de el indígena por su naturaleza y raíces, hablemos del rostro y corazón, una búsqueda constante del hombre por la perfección una antropogénesis en la cual se define que es más fácil crear al mundo que al hombre, el segundo elemento constitutivo es flor y canto, una verdadera fuente de inspiración únicamente equiparable con las musas griegas, una búsqueda de la verdad y contemplación de todo aquello que nos sobrepasa y trasciende.

 

 

Una muestra clara y fuertemente elaborada de que nuestros indígenas tenían sociedades semiperfectas basadas en la agricultura, la caza y el comercio, adorando a la tierra, el sol, la luna, la naturaleza como ente creador y dador de vida, esto fue la base de inspiración y trabajo para algunos españoles y europeos que se interesaron en estas culturas y sus tradiciones los cuales empezaron por describir los paisajes y después el orden social de estos pueblos, a estos personajes los llamamos los cronistas de indias.

 

Es así como esa sabiduría amerindia se iría convirtiendo en pensamiento autóctono lastimosamente contaminado por categorías filosóficas europeas, la filosofía latinoamericana de la cual no se puede hablar claramente por que la filosofía es universal y no se regionaliza, puede ser un bache grande en los procesos de pensamiento de los pueblos americanos, esto sucede por el hecho de que en la nueva tierra no se puede hacer filosofía por ser una tierra sin la suficiente madures mental diría Hegel.

 

Pero la verdad de esto es que todos los contratiempos para la filosofía producida en América se basan en los mismos procesos sociales que vendrían después de la conquista, el proceso de colonización, la independencia fueron épocas en que el hombre americano buscaba la libertad material de su verdugo, pero lastimosamente la liberación no fue total quedamos bajo la peor de las prisiones, la prisión mental.

 

No es que me refiera que el hombre americano no piense, eso es falso, me refiero a que no bastaba con el mestizaje, también debía haber contaminación mental en los procesos del pensamiento, la religión fue uno de los mayores contratiempos a superar en el transcurso de la historia, el influjo de la religión católica marco negativamente muchos siglos en la americalatina, a nivel político, militar, educativo y económico. 

 

La escolástica es el periodo (siglo XVI) que sobreviene a la colonización, después de que el indígena casi desaparece y la esclavitud es parte del sistema social, Latinoamérica es invadida de los primeros centros de educación fundado por los religiosos (Dominicos, Jesuitas, Franciscanos), basados en la escolástica de Tomás de Aquino, Duns Escoto o Francisco Suárez. 

 

Este poderío religioso atrasara la consecución de la filosofía en americalatina, ya que por su influjo en los gobiernos estos solo permitirán que se dicte escolástica, sacando otra clase de materias de los “pensum escolares y universitarios”.

 

Pero entonces ¿qué es eso de filosofía latinoamericana? ¿Un mito o una realidad?, ¿para que sirve? Y ¿cómo se hace?, son las preguntas que responderemos ahora.

 

La filosofía latinoamericana es una autoafirmación del hombre americano como ser proveniente de nuestra América, José Martí podríamos decir que resume nuestra filosofía como el pensamiento que afirma la causa del mestizo, es un esfuerzo por conocernos y tomar conciencia del ser latinoamericano a través de inhumanismo revolucionario independentista, mientras que Leopoldo Zea dirá que “es la forma como el hombre latinoamericano se puede concebir desde su realidad, su mundo y su pensamiento sin necesidad de ser eco y sombra de una filosofía extranjera”, mientras que José Vasconselos dirá que “no hay una respuesta concreta a la pregunta, ya que la filosofía es universal y no se puede caer en nacionalismos filosóficos”. 

 

La filosofía latinoamericana es una afirmación del hombre americano a través de la literatura y su diario vivir, yo creo que se ha desmitificado que en Latinoamérica no hay filosofía, la hay pero de forma muy diferente a los cánones europeos y con criterios propios de un pueblo especialmente configurado como la superación del europeo, mas la sabiduría amerindia y la fortaleza africana.

 

La filosofia latinoamericana se hace con el fin de la liberación de las influencias europeas y si desde el pensamiento propio de un pueblo, esto lo afirma Alejandro Korn, José Carlos Mariategui piensa igual que Korn al decir que se hace para desprendernos del pensamiento europeo y poder esclarecer elementos propios del pueblo y de cada una de las naciones de Latinoamérica, personalmente creo que la filosofía latinoamericana aunque para muchos sea un mito, se hace con la función principal de ubicar a un pueblo desorientado por conceptos y tradiciones europeas, para generar una identidad propia del ser latinoamericano.

 

La filosofía Latinoamérica tiene la función esencial de esclarecer la posibilidad de que el hombre latinoamericano se refundamente en sus principios de sabiduría y pensamiento, sin necesidad de tener que acudir a cánones o términos extranjeros y para poder ser la tierra del porvenir donde el sol se posara, como diría Hegel.

 

Pero este efecto de liberación solo puede provenir de un causa como la posibilidad de que ocurra la filosofía latinoamericana, ¿como hacer esta filosofía?, solo se lograra si aplicamos elementos fundamentales teniendo en cuenta las condiciones fundamentales de un tiempo y un pueblo “Alberdi”, también, generando un clima filosófico que favorezca su existencia y crecimiento opinara “Francisco Romero”  

 

Entonces la filosofía es un sumatoria de eventos que van desde el cómo hacerla, para que hacerla y que terminaría siendo, seria el arma de liberación de los pueblos oprimidos, la preafirmación del hombre latinoamericano como ser perteneciente a una época y un país en formación, a una apertura mental que logre llevar a este hombre a una situación de pensamiento sobre sus problemas cotidianos y generales.

 

A una desvinculación de términos prestados y de filosofías ajenas a nuestra realidad, es por todo esto que la filosofía latinoamericana existe, tiene una función liberadora y se hace desde las concepciones propias de nuestra tierra, desde un rehacer la realidad y provocar el cambio de los factores en contra que posea el pueblo latinoamericano, es decir la filosofía latinoamericana es nuestra de nuestra tierra y para nuestros hombres.

 

Oscar López

 

 

 

 

 

 

LA FILOSOFÍA, COMO ESENCIALMENTE POLÍTICA: SU EXISTENCIA LATINOAMERICANA

 

La existencia y creación metafísicas de todo conglomerado humano es criterio de posibilitador de su existencia fáctica [en el tiempo] y de evaluación de su calidad vital, en tanto que grupo humano. La anterior proposición no toma partido por perspectiva específica alguna que se pueda tener de lo que es una sociedad, solamente afirma la necesidad de una sociedad metafísica como reflejo simbólico-emotivo-moral de una sociedad real, de un grupo de individuos unidos, por cualquier razón.

 

Aún desde la brevedad de la anterior reflexión podemos afirmar que queda zanjada la controversia sobre la posibilidad de la existencia de la Filosofía Latinoamericana, pues, somos un grupo humano, con carácter ciertamente homogéneo, que ha existido fácticamente en la historia, lo que nos lleva a afirmar que existe cierta estructura  simbólico-emotivo-moral, inmanente en la vida concreta de los pueblos latinoamericanos como sociedad, y que, al mismo tiempo, fundamenta su permanencia ante el devenir histórico. Sin embargo, hasta aquí, todavía no tomamos posición alguna por lo que pueda ser o dejar de ser una sociedad, hasta ahora solo afirmamos la posibilidad de la existencia de la filosofía latinoamericana. Pero ello implica la adopción de una cierta noción de “filosofía”, y en este estricto sentido, es que nos hemos inclinado políticamente hacía una posición específica. Y es que, la noción de “filosofía” que aquí adoptamos, es una posición en la que se destaca la búsqueda de lo propio del ser humano. Tal proceso de indagación, bien sea empírico-racional o emotivo-espiritual, inductivo o deductivo, esta presente tanto en el origen de la “filosofía occidental”, como en el “pensamiento amerindio” (aclarando que aquí, el vocablo “pensamiento”  no se usa en el sentido peyorativo que [en este contexto] usualmente lo inferioriza frente a la noción occidental de “filosofía”).

 

Entonces ¿qué es lo propio del ser humano [latinoamerican@]?, es la pregunta que debe guiarnos en la elucidación de la existencia de la filosofía latinoamericana (adoptando así el vocablo “filosofía” no en su sentido moderno-occidental e ideológico), en una inclinación metodológica de orden político, puesto que, teniendo en cuenta la alusión hecha más arriba a una cierta estructura simbólico-emotivo-moral, nos preguntamos por la naturaleza humana, como naturaleza política, donde por adhesión u oposición es esencial la referencia a la idea de sociedad (llegando hasta la integración de la “naturaleza” como en el caso de las cosmovisiones amerindias), lo que se refleja en el ámbito práctico; desechando así [como ideológicas] las posiciones que plantean como criterios metodológicos y evaluativos, de una filosofía, lo meramente metafísico o estético en una pretensión “universalista”, que cae más bien en lo “imperialista”, al desconocer la tierra, la sangre, el sudor y las lágrimas: la realidad del ser humano.

Por lo tanto, desde este momento es necesario adoptar una posición política pertinente, frente a lo propio del pueblo latinoamericano. Desde este punto de vista analizaremos los modos de existencia y la teleología de ésta, de la filosofía latinoamericana.

 

La intelectualidad latinoamericana, desde el alba de su historia, desde el momento mismo en que podemos hablar de “Latinoamérica” (posteriormente a 1492) se ha desarrollado, tanto en un sentido filosófico (léase: “pertinente”, en el contexto de este texto), como en un sentido meramente (y ridículamente) repetitivo de la tradición occidental-europea. De ahí que debamos decir que la discusión sobre la pertinencia [intralatinoamericana] de los planteamientos filosóficos precolombinos excede del todo las posibilidades de este texto, aunque es un tema central en este contexto, y a su vez, es una de las carencias fundamentales de las ciencias sociales latinoamericanas, no sólo de la filosofía latinoamericana.

A continuación realizaremos un breve recuento de algunas posturas intelectuales, donde podemos ver algunos de las expresiones más importantes, tanto en lo filosófico como en lo no filosófico o pretendidamente filosófico.

 

En el pensamiento amerindio encontramos una cierta visión de la imperfección del ser humano, “…así se nos dice en el Popol Vuh, fue necesario que los ‘contructores’ o ‘engendradores’ hicieran el mundo una y otra vez hasta encontrarlo ‘perfecto’; pero a la perfección nunca llegan ya que siempre es posible una realidad mejor”[23], lo que implica en la práctica el fomento de una mentalidad acorde con lo propio del hombre, puesto que se reconoce la falibilidad humana ya en algo fundamental para una cultura, como lo son sus textos fundacionales, que es un acto de pertinencia potenciador de una cultura política basada en el respeto. Pero la estructura de la realidad, en las cosmovisiones amerindias, no son del mismo orden que se impuso en estas tierras desde 1492, es, en cambio una comunión del ser humano como su mundo, puesto que el ser humano precolombino “…no filosofa, no reflexiona con la lógica puramente racional que suponemos tiene la filosofía [en sentido occidental]. En cambio, canta, baila, vive sus mitos, y a través de su baile y su canto se eleva, intuye trascendiendo el mundo que lo rodea. No es la fría razón la que lo lanza tras la verdad, es la vivencia de la cotidianidad lo que en realidad fundamenta todo, lo que le da sentido a su realidad”[24], por lo tanto, ese es un “organismo” (noción ésta que esta en contra de la noción de “sistema”, que nos devuelve a referentes europeos-modernos) de pensamiento que se funda en la práctica, y su validez depende de la coherencia frente a las circunstancias concretas de la sociedad.

 

Pero esas organizaciones intelectuales, de corte político pertinente dieron paso a otro tipo de ordenamientos de pensamiento. En la etapa de conquista (de nuestra reciente historia colonial, que no ha llegado a su fin), los seres humanos se convirtieron en el problema político, dejando su papel de agentes problematizadores, pasaron a ser el “objeto” del “sujeto” racional europeo. Allí, la discusión filosófica tenía una especial característica que sobrevive en nuestras estructuras mentales - culturales, y es que una de las partes en contienda (lo europeo) se valió de su estadio cultural específico (no se ha dicho “superior” desde ningún punto de vista) para constituir a la otra (lo amerindio) mediante el discurso, hasta el punto de quitarle todo peso real a la existencia de ese “Otro”, a quien mediante su objetivación, se le ignora y se le reduce a una cosa, condenándole a muerte. Así, tal condena, sería algo que – en el estricto sentido de la tesis que buscamos defender – le quitaría a tales planteamientos [¿filosóficos o pseudo filosóficos?] todo carácter filosófico, aunque esto es algo que debe tratarse con sumo cuidado, y que abordaremos en lo posible más adelante.

Este es el contexto en que se debe enmarcar la discusión intelectual que surgió entre algunos clérigos españoles durantes estos años, que fue la más importante en eso que se denomina “filosofía latinoamericana” en la etapa de la conquista. El asunto central de esta discusión se denominó “la cuestión del indio”, frente a la cual se plantearon tres posiciones o corrientes de pensamiento: “Una es la corriente esclavista, al servicio de los intereses de la clase colonialista que comenzaba a formarse; otra, la corriente centrista, que velaba por los intereses del Estado; y otra, la corriente indigenista que luchaba por la liberación y el respeto a los derechos del aborigen”[25]. Los defensores de dichas propuestas ideológicas fueron, en su respectivo orden, Juan Ginés de Sepúlveda, Francisco de Vitoria y Bartolomé de las Casas. De estas tres vertientes podemos decir, que la única con estricto carácter filosófico (en el sentido de nuestro texto) fue la de Bartolomé de las Casas, puesto que defendía (a pesar de método de constitución del otro en el discurso) la humanidad de los indígenas, en una fundamentación política de por qué se debe respetar al otro, de por qué la existencia del otro como “Otro” es la única legítima, frente a la existencia del otro como “mismo”.

 

La etapa siguiente de nuestra historia colonial es lo que ingenuamente llamamos “Colonia”, suponiendo que es un objeto de nuestra intelectualidad, es decir,  fuera de nosotros en un inexistente “allá”, sin ver que esa colonialidad es lo que en esencia nos constituye como sujetos, constituye nuestra estructura mental desde el mismo nivel de lo personal y cotidiano, permitiéndonos [o impulsándonos a] juzgar el mundo (nuestro mundo) como objeto externo a nosotros y a nosotros mismos como externos a él. Y en el centro de esa estructura mental está, según afirmamos algunas líneas atrás, en un pedestal metodológico (que en una aplastante mayoría de casos ha alcanzado el nivel de la inconsciencia), la constitución del “Otro” mediante el discurso, lo que – en la práctica – nos hace ser una cultura incoherente y maniquea, cuyos dichos no son consistentes con sus hechos.

 

La anterior reflexión será el trasfondo de la aproximación que realizaremos a la filosofía latinoamericana posterior al establecimiento del dominio europeo de nuestro continente, es decir “la colonia” (¿hasta hoy?), y las expresiones posteriores.

La herencia cultural americana fue la recibida de mentalidades medievales, donde los núcleos de conocimientos estaban relacionados directamente con reconocidos centros y personalidades eclesiásticas, de ahí que el primer orden intelectual que se haya difundido (por uno u otro medio) en estas tierras, fuera el de la escolástica, que tenía esencialmente una existencia académica. En este sentido, el profesor Germán Marquínez nos dice que “la filosofía [en este contexto] no se estudiaba por sí misma, porque el objetivo era preparar al candidato para los estudios más importantes o ‘mayores’ de teología y derecho. Ello era así debido a las dos necesidades primarias sentidas por la sociedad colonial: la de preparar candidatos idóneos para la evangelización y administración del sistema eclesiástico y para la administración de los puestos burocráticos del Estado”[26]. Desde esta iluminadora observación de Marquínez y desde la noción de filosofía que hemos adoptado, podríamos decir que la escolástica colonial tenía un carácter formalista, incoherente con las condiciones reales de la población a la que estaba dirigida (aunque sólo una elite accediera a ella), no pensaba en las condiciones del ser humano concreto, su dinámica efímera también enarbolaba la bandera del discurso como constitución del Otro y de la realidad, así nos preguntamos ¿qué pasó con el carácter filosófico de la escolástica colonial?

 

Después de este periodo de sedimentación de la autoridad monárquica y de la moral católica (¿cristiana?), llegó lo que se le ha llamado “Ilustración” con sus ideas de liberación del individuo frente a la tiránica autoridad (en ultimo termino) del Papa y el Rey, que obviamente eran también herencia de Europa y sus procesos sociales. Lo que se llevó a la práctica en un descentramiento de la autoridad, desde el Estado y la Iglesia hacía los seres humanos, encerrados en el concepto de ciudadanía, una construcción arbitraria que tampoco corresponde realmente a lo propio del ser humano. Así, este descentramiento de la autoridad se llevó a cabo tan sólo en lo material e inmediato, como dice Octavio Paz (citado por el profesor Antolinez): “En Hispanoamérica esas ideas eran máscaras; los hombres y las clases que gesticulaban detrás de ellas eran los herederos directos de la sociedad jerárquica española: hacendados, comerciantes, militares, clérigos, funcionarios. La Oligarquía latifundista y mercantil unida a las tres burocracias tradicionales: la del Estado, la del Ejercito y la de la Iglesia”[27]. Sin embargo tales ideas de una dualidad familiar de la hipocresía fueron las que llevaron en los inicios del siglo XIX a la emancipación de las colonias americanas, emancipación de alcances simplemente fácticos. Sigue incólume la eminencia metodológica de la constitución del otro por el discurso.

 

Fruto de esas ideas modernas vendrían planteamientos como el del positivismo que creían poder operar la liberación completa de estos pueblos, después de las guerras de independencia, pretendían lograr la liberación simbólica, destruyendo a la consabida eminencia metodológica y mental. Pero no fue así, el positivismo resultó en una mediocre “cura” para estos males de la barbarie de nuestros pueblos.

 

En el siglo XX se llegó a la aplicación de las ideas marxistas, que aunque no eran totalmente pertinentes en su creación y desarrollo teórico, si resultaron ser coherentes con un contexto de dominación específico, como el nuestro. Al lado de estas ideas, resurgen algunos planteamientos cristianos que al sedimentarse en la historia religiosa latinoamericana pasaron al trasfondo moral de nuestra cultura, pero al encontrarse con la propuesta subversiva del marxismo, se encontró gran coincidencia en sus planteamientos básicos, lo que se expresó en movimientos teórico-prácticos como la teología de la liberación y la filosofía de la liberación. De ahí que podamos inclinarnos por propuestas de este tipo, cuando adoptamos una noción esencialmente política de la filosofía, porque responden en el ámbito práctico de la vida humana a una valoración adecuada y pertinente de la misma.

 

Sin embargo en el siglo pasado surgieron otras posturas intelectuales (¿filosóficas?) como la corriente fenomenológica, de la cual podemos destacar [en el sentido de lo propuesto en este texto] el interés que se tuvo por el estudio de posturas teóricas, como esta, que no olvidan la existencia concreta del ser humano fundando su trabajo en ésta. Pero la recepción hecha en Latinoamérica de tales ideas se hizo con un interés académico, intelectualista, no [como hubiera sido especialmente bueno y como lo permite esta corriente teórica] emancipador de la realidad de estos pueblos, así se dejo de hacer filosofía, para dedicarse a estudiar sus teorías

Además de la fenomenología, la filosofía analítica también tuvo su espacio en el firmamento intelectual latinoamericano, y decimos “firmamento” porque no fue una postura intelectual con carácter [en el sentido de nuestro texto] filosófico, puesto que “…sus ascendientes [intelectuales] más reconocidos se hallan en Bacon y el empirismo ingles, […] el Kant que fundamentó la ciencia moderna, […] el positivismo y el pragmatismo del siglo XIX, recoge los resultados de la revolución científica a comienzos del siglo XX , y se reconfigura en la obra de B. Russell, G. Moore y L. Wittgenstein”[28], los cuales son referentes teóricos y personajes que no podemos relacionar con planteamientos filosóficos coherentes con el ser humano en posición de dominado, y cuya recepción por los pensadores latinoamericanos no se operó como una adaptación, sino como una repetición, para no hablar de algo que ya hemos nombrado hasta el cansancio, es decir la constitución del “Otro” por medio del discurso, método, que en este contexto, es realizado por quienes adoptan posturas intelectuales como la nombrada.

 

A manera de conclusión a este breve recuento de las principales posiciones intelectuales (¿filosóficas?) que han surgido en Latinoamérica, se puede decir que la filosofía, como esencialmente política, ha tenido una reducida gama de expresiones en estas tierras. Ello lo podemos ver porque, si bien en la mayoría de los planteamientos se comete el pecado de la negación del Otro (constitución del Otro por el discurso), en algunos se puede destacar la pertinencia a las condiciones reales de los pueblos latinoamericanos. Así pues, es correcto en este momento, reiterar el carácter político de la filosofía, en el caso de que a éste se le confiera la función de indagar por lo esencial del ser humano, y allí debe reconocerse la realidad del hombre, su carácter fisiológico, sus necesidades y debilidades, determinadas también por el contexto.

Sin embargo, finalmente, debemos advertir, que el tema que tratamos y la posición que adoptamos tienen muchas implicaciones, que están muy lejos de las posibilidades de este texto, cuyo principal propósito ha sido ver la filosofía latinoamericana en una perspectiva histórica, sin olvidar la adopción y argumentación de una posición.

 

Edwin Manrique



[1] CASTRO GÓMEZ, Santiago. La filosofía latinoamericana como ontología crítica del presente. En: La posmodernidad al debate. Bogotá: Biblioteca Colombiana de Filosofía, 2002. p. 234.

[2] Ibidem.

[3] Mann, Thomas, “Schopenhauer, Nietzsche, Freud”, Bruguera, 1984.

[4] MUTIS, Álvaro. La Nieve del Almirante.

[5] Diferenciando entre dos perspectivas de concepto de historia. Por un lado la visión univocista eurocéntrica: quienes creen que hay una sola manera de ver la historia o hay una sola historia universal. Una visión equivocista pluricéntrica: donde la historia tiene múltiples. Y una posible visión analógica de la historia: una historia universal en distintas culturas

[6] KAHLO, Frida.

[7] La cultura como “un conjunto de rasgos tipificadotes de la conducta, de la forma de entender el mundo, de la proyección human respecto a la naturaleza y a la vida social, a las metas que se plantean los individuos, a la forma de interrelacionarse con la familia, con el grupo“ , lo que nos permite

 

[8] KAHLO, Frida.

[9] MARTÍ, José. Nuestra América.

[10] Ser auténtico u original no es lanzarse a la creación de sistemas filosóficos, sino que se da en al propio acto de hacer consciencia sobre las situaciones y problemáticas de un pueblo, que reconociéndose a sí mismo como humano aporta a la transformación y visión de los pueblos del mundo (carácter universal)

[11] ZEA, Leopoldo. “En torno a una filosofía americana”. 1945, citado por el texto, La filosofía en América Latina.

[12] DUSSEL, Enrique. Filosofía de la Liberación. Para una ética de Liberación latinoamericana.

[13] DUSSEL, Enrique. Para una ética de Liberación latinoamericana.

La ética se ocupa de las condiciones universales de la norma, el acto, la micro -o macro-  estructura social, la institución o el sistema de eticidad como totalidad, considerados bajo la perspectiva de su ‘bondad’.

[14] Pensar desde la totalidad y para la totalidad, donde no existe lugar para la alteridad del otro.

[15] Germán Marquinez, y otros escritores. La Filosofía en América Latina: Historia de las Ideas.

“Es la lógica verdaderamente dialógica pues, en lugar de subsumir al otro en calidad de ente, lo reconoce distinto y respeta su inalienable alteridad”. P. 357

[16] GONZALEZ, Fernando. Viaje a Pie.

[17]ZABALZA, Joaquín. Filosofía e Historia de las ideas En Varios.  La filosofía en América Latina historia de las ideas. Bogotá, El búho,1993

[18] VARIOS. La filosofía en América Latina. Bogotá. 1993. P 6

[19] DELEUZE Y GUATARI. ¿Qué es filosofía? Barcelona: Editorial Anagrama, 1994.

[20] VARIOS. La filosofía en América Latina. Bogotá. 1993. P 11

[21] RODÓ, Jose Enrique. El Ariel. Montevideo : Librería Cervantes, 1911.

[22] VARIOS. La filosofía en América Latina. Bogotá. 1993. P 63

 

[23] La sabiduría amerindia. José Suárez. En: La filosofía en América Latina.  Historia de las ideas. Germán Marquínez (comp.). Bogotá: Editorial El Buho, 1993. p. 29

[24] Ibíd., p. 44

[25] Filosofía en la etapa de la conquista. Luis González. En: Ibíd. p. 49

[26] La Escolástica colonial de los siglos XVI y XVII. Germán Marquínez. En: Ibíd. p. 88

[27] La filosofía del siglo XVIII: Novatores e Ilustrados. Rafael Antolinez Camargo. En: Ibíd. p. 115

[28] Filosofía de la Ciencia y Análisis Filosófico. Leonardo Tovar. En: Ibíd. p. 302

 

                                                                                  Presentado por: Edwin H. Manrique - López

 

 

PENSANDO FUERA DEL TIESTO…

Si estuviéramos de acuerdo en que

LA FILOSOFÍA CONSISTE EN APRENDER A PENSAR PARA SABER VIVIR (CON DIGNIDAD)

Se podría inferir lo siguiente?

Se aprende a pensar y a pensar filosóficamente (no todo pensar es filosófico).

Lo que hace al pensar filosófico es su capacidad para aportar sentido al vivir.

Pensar tiene sentido si ayuda a 'saber vivir' y esto es lo que hace al pensar filosófico.

El pensar se hace filosófico en su capacidad de aportar sentido a la vida (el resto es 'carreta' teórica).

En el saber vivir adquiere sentido el pensar y más el pensar filosófico (pues, el discurso se legitima en la vida).

Pretender vivir con dignidad supone una actitud filosófica frente a la vida (así no se sea filósofo/a de profesión).

Somos filósofos cuando nos planteamos sistemática, crítica y creativamente el sentido de la propia vida.

Es la vida misma (el mundo de la vida personal) donde radica la autoridad moral para pretender hablar del sentido de la vida en general.

Por esto, el que se dice filósofo habla más con la vida que con su discurso.

Habría que atenernos más a la filosofía de la que habla la vida del filósofo que a sus teorías.

O mejor, a la coherencia entre ambas y a la pertinencia para el sentido de la vida de los demás.

Saber vivir es vivir con dignidad, es decir, buscando saber por qué y para qué se vive y obrando en consecuencia. De aquí el inevitable carácter moral de la vida.

La propia dignidad implica la dignidad para vivir de los demás (mi dignidad no está completa sin la de los demás). De aquí el carácter social del pensar y el carácter ético de la filosofía.

Tiene sentido estudiar el pasado filosófico no por sí mismo sino por su capacidad para aportar sentido a nuestro vivir hoy (el resto es exegética descontextualizada).

Entonces, la filosofía lo es por su capacidad para aportar sentido a lo que vivimos hoy. He aquí su ineludible compromiso histórico, humano y social.

Bienvenida la mayéutica (diálogo filosófico)

Edgar A. Ramírez

ramirezedgar@gmail.com

21-Nov-06