* Fragmento de Canción de la muerte de José de Esproncera

"Sólo la muerte"

Pablo Neruda

  

Hay cementerios solos,

tumbas llenas de huesos sin sonido,

el corazón pasando un túnel

oscuro, oscuro, oscuro,

como un naufragio hacia adentro nos morimos,

como ahogarnos en el corazón,

como irnos cayendo desde la piel del alma.

 

Hay cadáveres,

hay pies de pegajosa losa fría,

hay la muerte en los huesos,

como un sonido puro,

como un ladrido de perro,

saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,

creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

 

Yo veo, solo, a veces,

ataúdes a vela

zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,

con panaderos blancos como ángeles,

con niñas pensativas casadas con notarios,

ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,

el río morado,

hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,

hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

 

A lo sonoro llega la muerte

como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,

llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,

llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

 

Sin embargo sus pasos suenan

y su vestido suena, callado como un árbol.

 

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,

pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,

de violetas acostumbradas a la tierra,

porque la cara de la muerte es verde,

y la mirada de la muerte es verde,

con la aguda humedad de una hoja de violeta

y su grave color de invierno exasperado.

 

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,

lame el suelo buscando difuntos;

la muerte está en la escoba,

en la lengua de la muerte buscando muertos,

es la aguja de la muerte buscando hilo.

 

La muerte está en los catres:

en los colchones lentos, en las frazadas negras

vive tendida, y de repente sopla:

sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,

y hay camas navegando a un puerto

en donde está esperando, vestida de almirante.

 

Son de la muerte - Frank Delgado

 

Vino a buscarme una amiga

en el medio de una hazaña

vestida con un capote

y portando una guadaña.

 

Seguro que en un mal día

me he atravesado en su senda.

No señor, pues es que mi nombre

anda apuntado en su agenda.

 

Le dije: no tenga prisa

que no es un asunto urgente.

Me dijo: está bien, de acuerdo

tú eres mi último cliente.

 

Y elaborando mi estratagema,

pues yo pensaba en la muerte ajena,

en los pilotos, en los suicidas,

y en lo linda que es la vida.

 

La muerte y yo conversamos

sobre temas de la vida,

del deporte, la cultura

y de la traición de China.

 

De la ropa que se lleva,

de los gritos de la moda,

de la pintura moderna,

y hasta de Cristo y Mahoma.

 

Y ese capote que llevas

y que tanto te incomoda,

te digo de buena mano

que está pasado de moda.

 

Y sin ese capote de lana

me voy contigo de buena gana,

al paraíso, para el infierno

pa' cualquier cementerio.

 

Al otro día la muerte

vino vestida de raso

y como buenos amigos

nos dimos un fuerte abrazo.

 

Ahora sí que te llevo,

me dice muy compungida,

y yo mirando su osamenta

le digo en forma atrevida:

 

Por avances de la ciencia

en su forma y contenido

de materiales sintéticos

ya se fabrican tejidos.

 

Y con una pielcita lozana

me voy contigo de buena gana

al paraíso, para el infierno

pa' cualquier cementerio.

 

Al otro día con sus enaguas

y una piel fresca como la mañana

venía cantando su buenaventura

para dar muestras de su identidad y su saña

aún llevaba en su mano la guadaña.

 

Cuando la veo, así nomás le digo:

bota esa mierda, que tú no vas a segar trigo

y vámonos andando con el alba.

 

Cuando llegó cantando inmaculada

y despojada de sus simbolismos

cualquier humano me diría lo mismo:

quiero una muerte con buenos sentimientos

que vista y calce al modo de estos tiempos

para decirle en forma agradecida:

 

Tú no eres muerte,

tú eres la vida,

tú no eres muerte,

caramba, eres la vida.

 

Muerte perversa,

estado de coma,

con mi inexperiencia,

te jodí cabrona.

 

Y te jodí un diez de octubre

y te jodí un dos de enero

y un diecinueve de julio

y te jodo el año entero.

 

Y mira tú no me digas

que ya no puedes vivir

la del amor intolerable

la que se cree bonita y no lo es.

 

Llegó la muerte a buscarme

cuando estaba agonizando,

pero me vio tan alegre

que dijo que era jugando.

 

Espero que cuando vuelvas

ya te hayas tecnificado

pues yo mi tumba la quiero

con aire acondicionado.

 

Ahora yo te jodí,

un día me joderás por eso,

muerte perversa

ahora andamos en paz.