Documentos‎ > ‎

Características...


CARACTERÍSTICAS DE LA EDUCACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS 
8 de diciembre de 1986
Fiesta de la Inmaculada Concepción 

A TODOS LOS SUPERIORES MAYORES 
Reverendo y querido Padre

                          P.C.! 
 

      Desde la publicación, hace siete años, de las Características de la Educación de la Compañía de Jesús, son muchos los educadores de todo el mundo que han expresado su gratitud por este documento. Educadores laicos y jesuitas han encontrado en él una visión nueva, contemporánea y al mismo tiempo arraigada en la espiritualidad ignaciana. Más que nada, las Características han señalado ideales y objetivos con los que nuestros colegios y universidades pueden medir sus esfuerzos en este importantísimo ministerio de la educación. 

      Mientras que las Características han afirmado de manera nueva los principios inspiradores de nuestra labor educativa, en estos últimos años muchos jesuitas y colaboradores han pedido ayuda para ponerlos en práctica. Se han preguntado: ¿Cómo podemos llevar a la clase todos estos valores, principios y directrices? ¿Cómo podemos hacer que nosotros mismos y nuestros compañeros de trabajo alcancemos estos espléndidos ideales en la práctica? ¿Cómo podemos incorporar la espiritualidad de las Características en los detalles prácticos de nuestra vida cotidiana? 

      La Comisión Internacional del Apostolado Educativo de la Compañía (ICAJE) ha dedicado algún tiempo a la preparación de una respuesta práctica a estas preguntas. Muy pronto cayeron en la cuenta de que una renovación práctica y eficaz debe apuntar a la comunidad educativa y especialmente a los profesores. ICAJE necesitaba un modelo, un paradigma, que diese impulso a nuestros ideales educativos y no se desmarcase de las realidades prácticas del proceso de enseñanza y aprendizaje de la clase. El Decreto 1 de la Congregación General 33 sugería una pauta al exhortarnos a una revisión de los ministerios de la Compañía que incluyese, entre otras cosas, "el cambio en las maneras de pensar, que se logra ejercitándose en integrar constantemente experiencia, reflexión y acción" (n. 40). Fiel al modo ignaciano de proceder, esta triple pista contiene una sugerencia para llevar a cumplimiento las Características en el marco escolar diario. 

      Al elaborar este Paradigma, ICAJE observó que, para que fuese completo, el nuevo modelo tenía que tomar en consideración el contexto de las experiencias de los estudiantes y la evaluación como fase esencial de todo aprendizaje. Así, resultan cinco los pasos comprendidos en el Paradigma Pedagógico Ignaciano: contexto, experiencia, reflexión, acción y evaluación. Le envío un ejemplar de Pedagogía Ignaciana: Un planteamiento práctico, que presenta el Paradigma Ignaciano y el proyecto subsiguiente. 

      ICAJE pensó con razón que un Proyecto de Pedagogía Ignaciana tenía que contener algo más que un documento introductorio. Para ser eficaces, los profesores necesitarán familiarizarse con los métodos pedagógicos que entran en juego. Así, una vez elaborado el Paradigma Pedagógico Ignaciano, ICAJE tenía otras dos tareas que realizar. La primera era formular una declaración que explicase la filosofía y procesos del Paradigma que presento en esta carta. La segunda, iniciar un programa de preparación del profesorado para enseñar y difundir a nivel regional, nacional y de colegio, la pedagogía ignaciana. Tal fue la finalidad del reciente encuentro internacional celebrado en Villa Cavalletti (Roma), del 20 al 30 de abril. Ideado específicamente para iniciar este programa, delegados de 26 países se reunieron para conocer el Paradigma, ensayar el uso de sus diversos componentes, y elaborar proyectos estratégicos de tres a cuatro años de duración para adiestrar a otros para enseñar el Paradigma en sus propios países. 

      Con esta información preliminar por delante, le hago dos peticiones. Le invito, primero, a leer este documento - Pedagogía Ignaciana: Un planteamiento práctico - que sitúa claramente el Paradigma dentro de nuestra tradición espiritual y educativa. Le pido que, como se hizo con las Características de la Educación de la Compañía de Jesús, dé también a éste la máxima publicidad entre los profesores, jesuitas y laicos, de sus instituciones educativasy centros de enseñanza no formal. Sugeriría que cada uno de los profesores, directivos y miembros de las juntas de gobierno de los centros de enseñanza así como a nuestros colaboradores en centros de enseñanza formal y no formal de su Provincia pueda disponer un ejemplar. Un resumen del mismo podría distribuirse entre los padres de los alumnos. Ello comportará en muchos casos una traducción, y siempre una edición, en forma atrayente, que facilite la lectura. Para ello podría servirse de su Delegado de Educación, en colaboración, posiblemente, con los otros Superiores Mayores de su país o Asistencia. 

      Pero lo más importante no será el número de lectores que alcance, sino el grado de renovación que inspire en el proceso de enseñanza y aprendizaje de las mismas aulas. De ahí mi segunda petición, más importante todavía. Le ruego que preste su más firme apoyo a los equipos regionales o provinciales que proyectan y dirigen los programas de preparación a largo plazo en nuestras escuelas, colegios y universidades así como en centros de enseñanza formal y no formal, para adiestrar a nuestros profesores en el uso del Paradigma Pedagógico Ignaciano. La realización del proyecto deberá tener en cuenta las circunstancia locales, siempre en cambio; cada país o región deberá reflexionar sobre el significado y consecuencias de la Pedagogía Ignaciana en sus propias situaciones locales y, consiguientemente, elaborar materiales suplementarios que apliquen el presente documento y programa universal a sus necesidades concretas y específicas. 

      Por último, deseo dar las gracias a los miembros de la Comisión Internacional para el Apostolado Educativo de la Compañía por la realización de este proyecto y por los planes para su difusión en todo el mundo. Es un hermoso caso del "efecto multiplicador" y, como tal, verdaderamente ignaciano. Aunque este documento ha pasado ya por varios borradores, la redacción final y definitiva será la que tenga lugar cuando su mensaje logre interesar e inspirar a nuestros profesores y alumnos. Al recomendarle este documento, ruego a Dios que llegue a ser otro importante paso hacia la consecución de nuestro ideal como educadores: formar hombres y mujeres que se distingan por su competencia, integridad y espíritu de servicio. 

                                          Fraternalmente en Cristo, 
 

                                          Peter-Hans Kolvenbach, S.J.

                                          Prepósito General 
 

Roma, 31 de julio de 1993 
 
 

Con 1 anejo 

 

 INDICE 

      página 

Introducción 1 

Las características de la educación de la Compañía de Jesús 4 

Notas introductorias 4 

1. La educación de la Compañía afirma la realidad del mundo. 6

            bondad radical del mundo

         sentido de admiración y de misterio 

    2. La educación de la Compañía ayuda a la formación total de

      cada persona dentro de la comunidad humana. 7

            el desarrollo más completo de todos los talentos:

                  intelectuales

              imaginativos, efectivos y creativos

              comunicación efectiva de técnicas

                  educación física

            la persona equilibrada

            dentro de la comunidad 

    3. La educación de la Compañía incluye una dimensión religiosa

      que impregna toda la educación. 8

            educación religiosa

            desarrollo de una respuesta de fe que resiste al secularismo

            adoración de Dios y reverencia ante la creación 

    4. La educación de la Compañía es un instrumento apostólico. 8

            preparación para la vida 

5. La educación de la Compañía promueve el diálogo

      entre la fe y la cultura. 8 

    6. La educación de la Compañía insiste en el cuidado e

      interés individual por cada persona. 10

            etapas evolutivas del crecimiento

            plan de estudios centrado en la persona

            relaciones personales (atención a la persona)

            responsabilidades dentro de la comunidad 

    7. La educación de la Compañía dará importancia a la actividad

      de cada estudiante en el proceso de aprendizaje. 11

            estudio personal

            oportunidades para descubrimientos personales

         reflexión 

    8. La educación de la Compañía estimula la apertura

      al crecimiento, a lo largo de toda la vida. 11

            gozo y deseo de aprender

            apertura de los miembros adultos al cambio 

9. La educación de la Compañía está orientada hacia los valores. 12

            conocimiento unido a vida moral

         reglamentaciones escolares; sistema de disciplina

            auto-disciplina 

10. La educación de la Compañía estimula un conocimiento,

      amor y aceptación realistas de uno mismo. 13

            humanismo cristiano; el pecado y sus efectos

            obstáculos al crecimiento

            desarrollo del sentido crítico 

11. La educación de la Compañía proporciona un

      conocimiento realista del mundo en que vivimos. 13

            conciencia de los efectos sociales del pecado

            aceptación de que las personas y las estructuras pueden cambiar 

12. La educación de la Compañía propone

      a Cristo como el modelo de la vida humana. 14

            inspiración tomada de la vida y enseñanzas de Cristo

         para los cristianos, amistad personal con Jesús 

13.  La educación de la Compañía proporciona una atención pastoral adecuada. 14

            fe y compromiso religioso

            los Ejercicios Espirituales

            respuesta a la llamada personal de Dios 

14. La educación de la Compañía celebra la fe en la oración personal

      y comunitaria en otras formas de culto y en el servicio. 15

            iniciación progresiva a la oración personal

            acción comunitaria de culto

         para los católicos, la Eucaristía y el sacramento

                  de la Reconciliación

            la fe conduce al compromiso de seguir a Cristo 

15. La educación de la Compañía es una preparación

      para un compromiso en la vida activa. 16 

16. La educación de la Compañía sirve a la fe que realiza la justicia. 16

            la justicia informada por la caridad

            la acción por la paz

            un nuevo tipo de persona en un nuevo tipo de sociedad

            los temas de justicia en el plan de estudios

            las líneas de acción y los programas dan

                  concreto testimonio de la fe que realiza la justicia

            obras de justicia

         implicación en los serios problemas de nuestros días 

17. La educación de la Compañía pretende formar

      "hombres y mujeres para los demás". 18

            los talentos: dones que deben ser desarrollados para la comunidad

            acento de los valores comunitarios

            testimonio de los adultos en la comunidad educativa 

18. La educación de la Compañía manifiesta una

      preocupación particular por los pobres. 18

            opción preferencial" por los pobres

            educación a disposición de todos

            oportunidades educativas libres para todos

            los pobres: el contexto de la educación de la Compañía

            oportunidades de contacto con los pobres

            contacto acompañado de reflexión 

19. La educación de la compañía es un instrumento apostólico,

      al servicio de la Iglesia, sirviendo a la sociedad humana. 20

            parte de la misión apostólica de la Iglesia

            actitud ignaciana de lealtad y servicio a la Iglesia

            fiel a las enseñanzas de la Iglesia

            reflexionando sobre la cultura a la luz de las enseñanzas de la Iglesia

            servicio a la comunidad local, civil y religiosa

            cooperación con otras obras apostólicas

            actividad en la comunidad local

            colaboración en actividades ecuménicas 

20. La educación de la Compañía prepara a los estudiantes para una participación

      activa en la Iglesia y en la comunidad local y para el servicio a los demás. 21

            instrucción sobre las verdades básicas de la fe

            para los católicos, conocimiento y amor de la Iglesia y de los sacramentos

            experiencias concretas de la vida de la Iglesia

            promoción de las Comunidades de Vida Cristiana 

21. La educación de la Compañía persigue la excelencia en su acción formativa. 22

            "excelencia humana"

            la excelencia dependen de las necesidades de la región

            desarrollo completo de las capacidades individuales

            líderes de servicio

         excelencia en el compromiso de fe: en el "más"

            recto sentido competitivo 

    22. La educación de la Compañía da testimonio de excelencia. 23

            excelencia en el clima de la escuela

            los miembros adultos dan testimonio de excelencia

            cooperación con otras escuelas y organismos educativos 

    23. La educación de la Compañía acentúa la colaboración entre jesuitas y laicos. 24

            una misión común

            deseo de asumir responsabilidades

            la actitud de los jesuitas 

    24. La educación de la Compañía se basa en un espíritu de comunidad dentro:

            el equipo de profesores y los directivos; 24

                  personas escogidas para incorporarse a la comunidad educativa

                  sentido de una finalidad común

            la comunidad de jesuitas; 25

                  testimonio de vida

                  vida en la comunidad

                  comunicación de conocimiento y aprecio de Ignacio

                  hospitalidad

                  actividades sacerdotales

                  relaciones con el director del centro educativo

            los consejos de gobierno; 26

            los padres; 26

                  estrecha cooperación con los padres

                  comprensión del carácter del centro

                  coherencia entre los valores promovidos en la escuela

                        y los que se promueven en casa

            los alumnos; 26

            los antiguos alumnos; 26

            los bienhechores. 27 

    25. La educación de la Compañía se realiza dentro de una estructura

      que promueve comunidad. 27

            responsabilidad compartida

            la misión del Director

            el papel del Director

            equipo directivo

            autoridad y control de los jesuitas

            estructuras para garantizar los derechos 

    26. La educación de la Compañía adapta medios y métodos en orden a

      lograr sus finalidades con la mayor eficacia. 29

            cambio sobre la base del "discernimiento"

            normas para el cambio

            adaptación para acomodarse a las peculiares necesidades

                  de cada lugar 

27. La educación de la Compañía es un "sistema"

      de escuelas con una visión y unas finalidades comunes 29

            comunicación de ideas y experiencias

            intercambio de profesores y estudiantes

            experimentación en la educación para la justicia 

28. La educación de la Compañía ayuda a la preparación profesional y

      a la formación permanente necesaria, especialmente de los profesores. 30

            oportunidades de educación continuada

            comprensión de la espiritualidad iqnaciana

            comprensión de las contribuciones propias de los seglares y de

                  los jesuitas a la Iglesia y a los

                  centros educativos de la Compañía 

Algunas características de la pedagogía jesuítica: 31

      a partir de la experiencia de los Ejercicios Espirituales

      a partir de las Constituciones y la Ratio Studiorum. 

Conclusión 33 

      *  *  * 

Apéndice I: Ignacio, los primeros colegios de la Compañía, y la

                        Ratio Studiorum. 34 

      A. El camino espiritual de Ignacio de Loyola 34

      B. La Compañía de Jesús asume el apostolado de la educación 37

      C. La Ratio Studiorum y la historia más reciente 39 

Apéndice II: La visión ignaciana del mundo comparada con las 

                        características básicas de la educación de la Compañía. 42 
 
 

Notas 46 
 

 

  INTRODUCCIÓN 
 
 

    (1)  En setiembre de 1980 un pequeño grupo internacional de jesuitas y seglares se reunió en Roma para tratar diversos puntos importantes relativos a la educación secundaria de la Compañía de Jesús. En muchas partes del mundo se habían suscitado serios interrogantes acerca de la actual eficacia de los centros educativos de la Compañía: ¿Podrían ser instrumentos adecuados en el cumplimiento de las finalidades apostólicas de la Compañía de Jesús? ¿Serían capaces de responder a las necesidades de los hombres y mujeres del mundo de hoy? La reunión fue convocada para examinar estos problemas y para sugerir Procedimientos de renovación que capacitasen a la educación secundaria de la Compañía de Jesús para continuar contribuyendo a la misión creativa y humanizante de la Iglesia, hoy y en el futuro. 

    (2)  Durante los días de discusión, se hizo evidente que una renovada eficacia depende en parte de una comprensión más clara y más explícita de la peculiar naturaleza de la educación jesuítica. Sin pretender minimizar los problemas, el grupo afirmó que los centros educativos de la Compañía pueden hacer frente confiadamente al reto del futuro, a condición de que sean fieles a su particular herencia jesuítica. La visión de Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, ha mantenido estas escuelas y colegios durante cuatro siglos. Si esta visión espiritual se pudiera reavivar, reactivar y aplicar a la educación de manera adecuada al momento presente, se conseguiría así el contexto dentro del cual se podrían afrontar los demás problemas. 

    (3)  El P. Pedro Arrupe, que era entonces Superior General de la Compañía de Jesús, reafirmó esta conclusión en su alocución en la sesión de clausura del encuentro. El dijo que un centro educativo de la Compañía de Jesús  

       "debe ser fácilmente identificable como tal. Muchas cosas le asimilarán a otros centros no confesionales, o confesionales e incluso de religiosos. Pero, si es verdaderamente de la Compañía, es decir, si en él actuamos movidos por las líneas de fuerza propias de nuestro carisma, con el acento propio de nuestros rasgos esenciales, con nuestras opciones, la educación que reciban nuestros alumnos les dotará de cierta 'ignacianidad', si me permitís el término. No se trata de actitudes snobistas o arrogantes, ni es complejo de superioridad. Es la lógica consecuencia del hecho de que nosotros vivimos y actuamos en virtud de ese carisma y de que en nuestros centros hemos de prestar el servicio que Dios y la Iglesia quieren que prestemos 'nosotros".1 

    (4)  Los delegados del encuentro de Roma recomendaron que se constituyese un grupo internacional permanente para considerar los problemas relativos a la educación secundaria y pidieron que una de las primeras responsabilidades de este grupo fuese la clarificación del modo como la visión de Ignacio continúa siendo hoy distintiva de la educación secundaria de la Compañía. 

    (5)  En respuesta a la recomendación, se constituye la Comisión internacional para el apostolado de la educación de la Compañía, que celebró su primera reunión en 1982. Los miembros de la Comisión son: Daven Day, S.J. (Australia), Vincent Duminuco, S.J. (U.S.A.), Luiz Fernando Klein, S.J. (Brasil, desde 1983), Raimondo Kroth, S.J. (Brasil, hasta el 1983), Guillermo Marshall, S.J. (Chile, hasta el 1984), Jean-Claude Michel, S.J. (Zaire), Gregory Naik, S.J. (India), Vicente Parra, S.J. (España), Pablo Sada, S.J. (Venezuela), Alberto Vásquez (Chile, desde el 1984), Gerard Zaat, S.J. (Holanda), y James Sauvé, S.J. (Roma). 

    (6)  El presente documento, compuesto por la Comisión, es el fruto de 4 años de encuentros y de consultas realizadas por todo el mundo. 

    (7)  Cualquier intento de hablar sobre la educación de la Compañía hoy debe tener en cuenta los profundos cambios que han influido en ella y la han afectado, desde los tiempos de Ignacio, pero especialmente durante el siglo actual. Las regulaciones de los Gobiernos o la influencia de otras organizaciones exteriores afectan a diversos aspectos de la vida escolar, incluido el plan de estudios y los libros de texto usados; en algunos países las políticas del Gobierno o los altos costos amenazan la misma existencia de la enseñanza privada. Los estudiantes y sus padres parecen, en muchos casos, estar preocupados únicamente por el éxito académico que les abrirá las puertas a los estudios universitarios, o por aquellos programas que les sirvan para conseguir un empleo. La coeducación es hoy frecuente en los centros educativos de la Compañía, y las mujeres se han unido a los seglares y a los jesuitas, como profesoras y en cargos de dirección. Ha habido un significativo aumento en el número de alumnos en muchísimos centros y, al mismo tiempo, una disminución del número de jesuitas que trabajan en ellos.  Además: 

    a. Los planes de estudio han sido alterados por los avances modernos en ciencias y tecnología: la introducción de programas científicos ha dado como resultado un menor énfasis en los estudios humanísticos, tradicionalmente privilegiados en la educación jesuítica, y en algunos casos un cierto abandono de los mismos. 

    b. La psicología evolutiva y las ciencias sociales, juntamente con los avances pedagógicos y educativos, han proyectado nueva luz sobre el modo como los jóvenes aprenden y maduran como personas dentro de una comunidad; y esto ha influido en el contenido de los programas, en las técnicas de enseñanza y en las orientaciones de los centros. 

    c. En los últimos años, el desarrollo teológico ha reconocido explícitamente y ha impulsado el papel apostólico de los laicos en la Iglesia; lo que ha sido ratificado por el Concilio Vaticano II, especialmente en su decreto "Sobre el apostolado de los seglares".2 Haciéndose eco de este desarrollo teológico, las recientes Congregaciones Generales de la Compañía de Jesús han insistido en la colaboración entre jesuitas y seglares, concretada en la participación en las finalidades y en la responsabilidad, en centros educativos que en otros tiempos habían sido controlados y ocupados exclusivamente por jesuitas. 

    d. La Compañía de Jesús está comprometida en el "servicio de la fe, del que la promoción de la justicia constituye una exigencia absoluta";3 y ha pedido "una reevaluaci6n de nuestros métodos apostólicos tradicionales, de nuestras actitudes, de nuestras instituciones, a fin de adaptarlas a las nuevas exigencias de nuestra época y, más ampliamente, de un mundo en rápido cambio".4 En respuesta a este compromiso están siendo examinadas las finalidades y las posibilidades de la educación, con una preocupación renovada por los pobres y los desfavorecidos. La meta hacia la que tiende la educación de la Compañía hoy es descrita como la formación de "agentes multiplicadores" y de "hombres y mujeres para los demás".5 

    e. Los estudiantes y los profesores de los centros de la Compañía provienen hoy de una gran variedad de distintos grupos sociales, 'culturas y religiones; algunos incluso no tienen una fe religiosa. Muchos de esos centros han sido profundamente afectados por la rica, pero, a la vez, exigente complejidad de sus comunidades educativas. 

    (8)  Estos y otros muchos elementos del cambio han afectado a detalles concretos de la vida de los centros y han alterado sus orientaciones fundamentales. Pero no logran alterar la convicción de que un espíritu peculiar distingue aún a cualquier escuela que quiera llamarse con verdad centro educativo de la Compañía. Este espíritu peculiar puede ser descubierto a través de la reflexión sobre la experiencia vivida por Ignacio, sobre los modos como esta experiencia vivida fue participada por otros, sobre la manera como Ignacio mismo aplicó su visión a la educación en las Constituciones y en sus cartas, y sobre la manera como esta visión se ha desarrollado y se ha aplicado a la educación en el curso de la historia, hasta nuestro tiempo presente. Late un espíritu común detrás de la pedagogía, de los planes de estudio y de la vida escolar, aun cuando éstos puedan diferir ampliamente de los de siglos pasados y aun cuando los detalles más concretos de la vida escolar sean muy distintos de unos países a otros. 

    (9)  "Peculiar" no quiere decir "único" ni en el espíritu ni en el método. Consiste más bien en lo que es "el modo nuestro de proceder":6 es decir, la inspiración, los valores, las actitudes y el estilo que han caracterizado tradicionalmente la educación de la Compañía y que deben ser característicos de cualquier centro educativo verdaderamente jesuítico hoy, se encuentre donde se encuentre, y seguirán siendo esenciales en nuestro camino hacia el futuro. 

    (10)  Hablar de una inspiración que ha entrado en los centros educativos de la Compañía por medio de ésta, no es, en modo alguno, excluir a quienes no son miembros de ella. Aun cuando los centros son llamados normalmente "centros jesuíticos" o "centros de la Compañía", la visión debería ser llamada más propiamente "ignaciana" y nunca ha quedado limitada a los jesuitas. Ignacio mismo era un laico, cuando experimentó la llamada de Dios que él describió más tarde en los Ejercicios Espirituales, y dirigió a otros muchos laicos a través de la misma experiencia; a lo largo de los últimos cuatro siglos, un número incontable de seglares y de miembros de otras instituciones religiosas han participado de esta inspiración y han sido influenciados por ella. Más aún, los seglares tienen una contribución propia que hacer, basada en su experiencia de Dios en la familia y en la sociedad, y en su función peculiar en la Iglesia y en su cultura religiosa. Esta contribución enriquecerá el espíritu y potenciará la eficacia de los centros educativos de la Compañía. 

    (11)  La descripción que sigue es para los jesuitas, los seglares y otros religiosos que trabajan en centros educativos de la Compañía; está destinada a los profesores, los directivos, los padres y los consejos de gobierno de esos centros. Todos son invitados a hacer a la tradición ignaciana, adaptada al momento actual, más efectivamente presente en las orientaciones y actividades que determinan la vida de los centros. 

      * * *

 

 LAS CARACTERÍSTICAS DE LA EDUCACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS 
 

      Notas introductorias 
 
 

    (12)  Aunque muchas de las características contenidas en las páginas siguientes describen toda la educación de la Compañía, el punto especifico de interés se centra en la educación básica de la misma en sus escuelas y colegios. (Esta educación puede ser, según los países, o bien solamente en la educación secundaria, o también la primaria). Se recomienda a quienes trabajan en otras instituciones educativas de la Compañía, especialmente Universidades y colegios universitarios, que adapten estas características a sus propias situaciones. 

    (13)  En el Apéndice I aparece un breve sumario histórico de la vida de Ignacio y una síntesis del desarrollo de la educación de la Compañía. La lectura de este sumario proporcionará una mejor comprensión de la visión espiritual en que se basan las características de la educación de la Compañía a aquellos que están menos familiarizados con Ignacio y con la historia de los primeros tiempos de aquélla. 

    (14)  Con el fin de iluminar la relación entre las características de la educación de la Compañía y la visión espiritual de Ignacio, las veintiocho características descritas en las páginas siguientes se dividen en nueve secciones. Cada sección comienza con una proposición de la visión ignaciana y es seguida por aquellas características que constituyen aplicaciones de aquella proposición a la educación. Cada una de las características se describe a continuación con mayor detalle. Una décima sección ofrece, por vía de ejemplo, algunas características de la pedagogía jesuítica. 

    (15)  Las proposiciones introductorias proceden directamente de la visión del mundo de Ignacio. Las características de la educación de la Compañía vienen de la reflexión sobre esa visión, aplicándola a la educación, a la luz de las necesidades de los hombres y de las mujeres de hoy. (Las proposiciones de la visión ignaciana del mundo y las correspondientes características de la educación de la Compañía se presentan en columnas paralelas en el Apéndice II. Las notas a este Apéndice indican las fuentes de cada una de las proposiciones que resumen la visión ignaciana). 

    (16)  Algunas de las características se aplican específicamente a algunos grupos: alumnos, antiguos alumnos, profesores o padres. Otras se aplican a la comunidad educativa en su conjunto. Otras, finalmente, relativas a las líneas fundamentales y a las actividades de la institución como tal, se aplican primariamente a los directivos de los centros o a los consejos de gobierno. 

    (17)  Estas páginas no hablan de las dificultades, muy reales, que experimentan en sus vidas todos los implicados en la educación: la resistencia de los alumnos y sus problemas disciplinares; la lucha por hacer frente a las numerosas y opuestas reclamaciones de los empleados del centro, de los alumnos, de los padres y de otros; la falta de tiempo para la reflexión; el desaliento y las desilusiones que parecen ser inherentes al trabajo educativo. Tampoco hablan de las dificultades de la vida moderna en general. Esto no significa ignorar o minimizar estos problemas. Por el contrario, seria imposible hablar de educación de la Compañía en absoluto, si no fuera por la dedicación de todos aquellos, jesuitas y seglares, que perseveran en su entrega a la tarea educativa, a despecho de las frustraciones y de los fracasos. Este documento no pretende ofrecer soluciones fáciles a problemas intrincados; pero tratará de ofrecer una visión o una inspiración que pueda hacer que la lucha de cada día tenga un mayor significado y produzca mayor fruto. 

    (18)  La descripción de la educación de la Compañía se encuentra en el documento visto en su conjunto. Una lectura parcial puede dar una visión distorsionada que parecería ignorar rasgos esenciales. El compromiso con una fe que realiza la justicia, por poner sólo un ejemplo, debe impregnar toda la educación jesuítica, aun cuando no se describa en este documento hasta la sección 5. 

    (19)  Por el hecho de que las características de la educación de la Compañía se aplican a los centros educativos de la misma en todo el mundo, vienen descritas en una forma que resulta un tanto general y esquemática y, por tanto, necesitada de amplificación y de aplicación concreta a las situaciones locales. Por ello, este documento es una ayuda para la reflexión y el estudio más que un trabajo concluido. 

    (2O)  No todas las características de la educación de la Compañía estarán presentes en igual medida en cada centro educativo. En algunas situaciones una determinada proposición puede representar un ideal más que una realidad conseguida. Es preciso tener en cuenta las diversas "circunstancias de tiempo, lugar, personas y otros factores":7 el mismo espíritu básico se concretará de diversa manera en situaciones diversas. Para evitar el hacer distinciones que dependen de las circunstancias locales y también una repetición constante de expresiones de un deseo o de un deber, las características están redactadas en afirmaciones indicativas: "la educación de la Compañía es..." 

    (21) 1. Para Ignacio, Dios es Creador y Señor, Suprema Bondad, la única Realidad que es absoluta; todas las demás realidades proceden de Dios y tienen valor únicamente en cuanto nos conducen a Dios.8 Este Dios está presente en nuestras vidas, "trabajando por nosotros"9 en todas las cosas; puede ser descubierto, por medio de la fe, en todos los acontecimientos naturales y humanos, en la historia en su conjunto, y muy especialmente en lo íntimo de la experiencia vivida por cada persona individual. 

          La educación de la Compañía - afirma la realidad del mundo.

               - ayuda a la formación total de cada persona dentro de la comunidad humana.

               - incluye una dimensión religiosa que impregna la educación entera.

               - es un instrumento apostólico.

               - promueve el diálogo entre la fe y la cultura.

(22) 
 
 

      1.1 Afirmación del mundo. 

    (23)  La educación de la Compañía reconoce a Dios como Autor e toda la realidad, toda la verdad y todo el conocimiento. Dios está presente y activo en toda la creación: en la naturaleza, en la historia y en las personas. La educación de la Compañía, consiguientemente, afirma la bondad radical del mundo, "cargado de la grandeza de Dios",10 y considera cada elemento de la creación como digno de estudio y contemplación, susceptible de una exploración que nunca termina. 

    (24)  La educación en un centro de la Compañía trata de crear un sentido de admiración de misterio, al estudiar la creación de Dios. Un conocimiento más completo de la creación puede llevar a un mayor conocimiento de Dios y a un mayor deseo de trabajar con El en su continua creación. Los programas son explicados de tal manera que los estudiantes, en un humilde reconocimiento de la presencia de Dios, encuentren gozo en su aprendizaje y sientan el deseo de un mayor y más profundo conocimiento. 
     
     

 1.2 La formación total de cada persona dentro de la comunidad. 

    (25)  Dios se revela especialmente en el misterio de la persona humana, "creada a imagen y semejanza de Dios";11 por ello, la educación jesuítica explora el significado de la vida humana y se preocupa por la formación total de cada estudiante como ser amado personalmente por Dios. El objetivo de la educación jesuítica consiste en ayudar al desarrollo más completo posible de todos los talentos dados por Dios a cada persona individual como miembro de la comunidad humana. 

    (26)  Una formación intelectual profunda y sana incluye el dominio de las disciplinas básicas, humanísticas y científicas, por medio de un estudio cuidado y prolongado, que se apoya en una enseñanza de calidad y bien motivada. Esta formación intelectual incluye una creciente capacidad de razonar reflexiva, lógica y críticamente. 

    (27)  La educación jesuítica incluye también un estudio atento y crítico de la tecnología, juntamente con las ciencias físicas y sociales, al mismo tiempo que continúa acentuando los estudios humanísticos tradicionales, que son esenciales para la comprensión de la persona humana. 

    (28)  La educación jesuítica presta particular atención al desarrollo de la imaginación, de la afectividad y de la creatividad de cada estudiante en todos los programas de estudio. Estas dimensiones enriquecen el aprendizaje e impiden que sea puramente intelectual. Ellas son esenciales en la formación integral de la persona y son un camino para descubrir a Dios que se revela por medio de la belleza. Por estas mismas razones, la educación de la Compañía incluye también oportunidades --ya sea en los programas ordinarios o por medio de actividades extraescolares-- para que todos los estudiantes lleguen al aprecio de la literatura, de la estética, de la música y de las bellas artes. 

    (29)  Los colegios de la Compañía del siglo XVII fueron famosos por su desarrollo de las técnicas de comunicación o "elocuencia", conseguido por medio de la importancia dada a la redacción, al teatro, a los discursos, debates, etc. En el mundo de hoy, tan dominado por los medios de comunicación, el desarrollo de técnicas eficaces de comunicación es más necesario que nunca. La educación jesuítica, por tanto, desarrolla las habilidades tradicionales de hablar y escribir y también ayuda a los estudiantes a conseguir la facilidad en el manejo de instrumentos modernos de comunicación, como el cine y el video. 

    (30)  Una conciencia del penetrante influjo de los medios de comunicación de masas en las actitudes y percepciones de la gente de diversas culturas es también importante en el mundo de hoy. Por ello, la educación jesuítica, incluye programas que capaciten a los alumnos para comprender y evaluar críticamente el influjo de los medios de comunicación de masas. Estos instrumentos de la vida moderna pueden ayudar a todos, hombres y mujeres, por medio de una educación adecuada, a perfeccionarse humanamente. 

    (31)  La educación de toda la persona humana implica el desarrollo físico en armonía con otros aspectos del proceso educativo. Por esta razón, la educación de la Compañía incluye un programa bien desarrollado de deportes y educación física. Además de fortalecer el cuerpo, los programas deportivos ayudan a los jóvenes de ambos sexos a aceptar elegantemente sus éxitos y sus fracasos, les hace conscientes de la necesidad de cooperar con los demás, usando las mejores cualidades personales para contribuir al mayor bien de todo el grupo. 

    (32)  Todos estos diferentes aspectos del proceso educativo tienen una finalidad común: la formación de la persona equilibrada con una filosofía de la vida, desarrollada personalmente, que incluye hábitos permanentes de reflexión. Para ayudar a esta formación, cada curso particular se relaciona con los demás dentro de un programa educativo bien planeado; todos los aspectos de la vida escolar contribuyen al desarrollo total de cada una de las personas.12 

    (33)  Puesto que lo específicamente humano se encuentra solamente en las relaciones con otros que incluyen actitudes de respeto, amor y servicio, la educación jesuítica acentúa y ayuda a desarrollar el papel de cada individuo como miembro de la comunidad humana. Los alumnos, los profesores y todos los miembros de la comunidad educativa son animados a crear una solidaridad con los demás, que transciende razas, culturas o religiones. En un centro educativo de la Compañía se cuenta con los buenos modales; en su ambiente todos pueden vivir y trabajar unidos en comprensión y en amor, con respeto por todos los hombres y mujeres como hijos de Dios.

      1.3 La dimensión religiosa impregna toda la educación. 

    (34)  Por el hecho de que todo programa en la escuela puede ser un medio para descubrir a Dios, todos los profesores comparten la responsabilidad de la dimensión religiosa del centro.  Sin embargo el factor integrador en el proceso del descubrimiento de Dios y de la comprensión del verdadero significado de la vida humana es la teología, presentada mediante la educación religiosa y espiritual. La formación religiosa y espiritual se integra dentro de la educación jesuítica; no es algo añadido al proceso educativo o separado de él. 

    (35)  La educación de la Compañía intenta promover el Espíritu creativo qué actúa en cada persona, ofreciendo la oportunidad de unarespuesta de fe a Dios, aunque reconociendo, al mismo tiempo, que la fe no puede ser impuesta.13 En todas las clases, en el clima de la escuela, y muy especialmente en las clases formales de religión, se intenta todo para presentar la posibilidad de una respuesta de fe a Dios como algo verdaderamente humano y no opuesto a la razón, así como para desarrollar los valores que capacitan para resistir el secularismo de la vida moderna. Los centros educativos de la Compañía hacen todo lo posible por responder a la misión que le fue dada de "oponerse valientemente al ateísmo" aunando sus fuerzas.14 

    (36)  Todos los aspectos del proceso educativo pueden conducir, en definitiva, a adorar a Dios presente y activo en la creación y areverenciar la creación como reflejo de Dios. Adoración y reverencia son partes de la vida de la comunidad escolar y se expresan en la oración personal y en otras formas apropiadas de culto comunitario. El desarrollo intelectual, imaginativo y afectivo, creativo y físico de cada estudiante, junto con el sentido de admiración que es un aspecto de cada asignatura y de la totalidad de la vida de la escuela, todo puede ayudar a los alumnos a descubrir a Dios activo en la historia y en la creación. 
     
     

      1.4 Un instrumento apostólico.15 

    (37)  Respetando la integridad de las disciplinas académicas, preocupación de la educación jesuítica es la preparación para la vida, que es en sí misma preparación para la vida eterna. La formación de la persona no es un fin abstracto; la educación jesuítica está también preocupada por la manera en que los estudiantes aprovecharán su formación dentro de la comunidad humana, en el servicio a los demás "para alabar, hacer reverencia y servir a Dios".16 El éxito de la educación de la Compañía no se mide en términos de logros académicos de los estudiantes o de competencia profesional de los profesores, sino más bien en términos de la calidad de su vida. 
     
     

      1.5 El diálogo entre la fe y la cultura. 

    (38)  Por creer que Dios está activo en toda la creación y en toda la historia humana, la educación de la Compañía promueve el diálogo entre la fe y la cultura, que incluye el diálogo entre la fe y la ciencia. Este diálogo reconoce que las personas al igual que las estructuras culturales son humanas, imperfectas, y a veces afectadas por el pecado y necesitadas de conversión;17 al mismo tiempo, descubre a Dios que se revela de maneras diversas y distintas culturalmente. La educación jesuítica, por tanto, alienta el contacto con otras culturas y su genuino aprecio, para poder criticar creativamente las contribuciones y las deficiencias de cada una. 

    (39)  La educación jesuítica se adapta para salir al paso de las necesidades del país y de la cultura en que la escuela está ubicada;18esta adaptación, al mismo tiempo que alienta un "sano patriotismo" no significa una aceptación ciega de los valores nacionales. El contacto con otras culturas, su genuino aprecio y la critica creativa de las mismas tienen aplicación también a la propia cultura y al propio país. La meta es siempre descubrir a Dios, presente y activo en la creación y en la historia. 

    (40) 2. Cada hombre o mujer es conocido y amado personalmente por Dios. Este amor invita a una respuesta que, para ser auténticamente humana, deabe ser expresión de una libertad radical. Por eso, en orden a responder al amor de Dios, toda persona es llamada a ser:

       - libre para dar de sí misma, aceptando la responsabilidad y las consecuencias de las propias acciones: libre para ser field.

       - para trabajar en fe en pro de la felicidad verdadera, que es el fin de la vida humana: libre para trabajar con otros en el servicio del Reino de Dios para la redención de la creación. 

          La educación de la Compañía: - insiste en el cuidado e interés individual por cada persona.

           
                    - da gran importancia a la actividad de parte del alumno.

           
                    - estimula la apertura al crecimiento, a lo largo de toda la vida.

(41) 
 
 

      2.1 Atención e interés por cada persona individual. 

    (42)  Los jóvenes, hombres y mujeres, que estudian en un centro educativo de la Compañía no han conseguido todavía su plena madurez; el proceso educativo reconoce las etapas evolutivas del crecimiento intelectual, afectivo y espiritual y ayuda a cada estudiante a ir madurando gradualmente en todos estos aspectos. Así, el plan de estudios está centrado en la persona más que en la materia que hay que desarrollar. Cada alumno puede desarrollar y realizar los objetivos a un ritmo acomodado a su capacidad individual y a las características de su propia personalidad. 

    (43)  La relación personal entre estudiante y profesor favorece el crecimiento en el uso responsable de la libertad. Los profesores y los directivos, jesuitas y seglares, son más que meros guías académicos. Están implicados en la vida de los estudiantes y toman un interés personal por el desarrollo intelectual, afectivo, moral y espiritual de cada uno de ellos, ayudándoles a desplegar un sentido de la propia dignidad y a llegar a ser personas responsables en la comunidad. Respetando la intimidad de los alumnos, están dispuestos a escuchar sus preguntas y preocupaciones sobre el significado de la vida, a compartir sus alegrías y sus tristezas, a ayudarles en su crecimiento personal y en sus relaciones interpersonales. Así y de otras maneras, los miembros adultos de la comunidad educativa guían a los estudiantes en el desarrollo de un conjunto de valores que conducen a decisiones que transcienden a la propia persona y se abren a la preocupación por las necesidades de los demás. Ellos tratan de vivir de un modo que sirva de ejemplo a los alumnos, y están dispuestos a compartir con éstos sus propias experiencias de vida. La atención personal es y sigue siendo una característica básica de la educación de la Compañía.19 

    (44)  La libertad incluye responsabilidades en el seno de la comunidad. La atención personal no se limita a la relación entre profesores y alumnos; afecta también al plan de estudios y a la vida entera del centro. Todos los miembros de la comunidad educativa se preocupan unos por otros y aprenden unos de otros. Las relaciones personales entre los alumnos y también entre los adultos -jesuitas y seglares, directivos, profesores y equipo auxiliar- muestran con evidencia esta misma atención. Este interés personal se extiende también a los antiguos alumnos, a los padres y a los estudiantes en sus familias. 

      2.2 La actividad de los estudiantes en el proceso de aprendizaje. 

    (45)  El crecimiento en madurez e independencia, necesario para el crecimiento en libertad, depende de la participación activa más que de una recepción puramente pasiva. El camino hacia esta participación activa incluye estudio personal, oportunidades para el descubrimiento y la creatividad personal y una actitud de reflexión. El cometido del profesor consiste en ayudar a cada estudiante a aprender con independencia, a asumir la responsabilidad de su propia educación. 

      2.3 Apertura al crecimiento, a lo largo de la vida. 

    (46)  Por ser la educación un proceso que dura toda la vida, la educación jesuítica intenta infundir una alegría en el aprendizaje y un deseo de aprender que permanecerá más allá de los días pasados en la escuela. "Más, quizá, que la formación que les damos, vale la capacidad y el ansia de seguirse formando que sepamos infundirles. Aprender es importante, pero mucho más importante es aprender y desear seguir aprendiendo",20 a lo largo de toda la vida. 

    (47)  Las relaciones personales con los estudiantes ayudarán a los miembros adultos de la comunidad educativa a estar abiertos al cambio, a seguir aprendiendo. Así serán más efectivos en su trabajo. Esto es especialmente importante hoy, debido al rápido cambio cultural y a la dificultad que los adultos pueden tener para comprender e interpretar correctamente las presiones culturales que afectan a los jóvenes. 

    (48)  La educación de la Compañía reconoce que el crecimiento intelectual, afectivo y espiritual continúa a lo largo de la vida; los miembros adultos de la comunidad educativa son animados a seguir madurando en todos estos aspectos, para lo que se les proporcionan programas adecuados de formación permanente.21 

    (49) 3. A causa del pecado y de sus efectos, la libertad para responder al amor de Dios no es automática. Ayudados y robustecidos por el amor redentor de Dios, estamos comprometidos en una lucha permanente por reconocer y trabajar contra los obstáculos que bloquean la libertad -incluidos los efectos del pecado -, al mismo tiempo que desarrollamos las capacidades necesarias para el ejercicio de la verdadera libertad. 

      a. Esta libertad requiere un verdadero conocimiento, amor y aceptación de uno mismo, unidos a una determinación de liberarnos de cualquier excesivo apego: a la riqueza, a la fama, a la salud, al poder, o a cualquier otra cosa, aun a la misma vida.  

      b. La verdadera libertad requiere también un conocimiento realístico de las diversas fuerzas presentes en el mundo que nos rodea e include libertad de las percepciones distorsionadas de la realidad, de los valores deformados, de las actitudes rígidas y de la sumisión a ideologías estrechas. 

      c. Para caminar hacía una verdadera libertad, es preciso aprender a reconocer y tratar las diversas influencias que pueden promover o limitar la libertad: los movimientos dentro del propio corazón; experiencias pasadas de todo tipo; interacciones con otras personas; la dinámica de la historia, de las estructuras sociales y de la cultura. 

          La educación de la Compañía: - está Orientada hacia los valores.

                    - estimula un conocimiento, amor y aceptación realistas de uno mismo.

                    - proporciona un conocimiento realista del mundo en que vivimos.

(50) 
 
 

    3.1 Orientación hacia los valores. 

    (51)  La educación de la Compañía incluye formación en valores, en actitudes, y en una capacidad para evaluar criterios; es decir, incluye la formación de la voluntad. Puesto que un conocimiento del bien y del mal y de la jerarquía de los bienes relativos es necesario tanto para reconocer las diferentes influencias que afectan la libertad como para el ejercicio de esa misma libertad, la educación se desarrolla en un contexto moral: el conocimiento va unido a la vida moral. 

    (52)  El desarrollo personal por medio de la formación del carácter y de la voluntad, la superación del egoísmo, de la falta de preocupación por los demás y de los otros efectos del pecado, y el desarrollo de la libertad que respeta a los otros y acepta la responsabilidad, todo ello es favorecido por las necesarias y razonables reglamentaciones de la escuela; éstas incluyen un buen sistema de disciplina. De igual importancia es la auto-disciplina que se espera de cada alumno, manifestada en el rigor intelectual, en la aplicación perseverante a un estudio serio, en el comportamiento respecto de los demás, que reconoce la dignidad humana de cada persona. 

    (53)  En un centro educativo de la Compañía es legítimo un clima de búsqueda en el que se adquiere un sistema de valores, mediante un proceso de confrontación con puntos de vista opuestos. 
     
     

      3.2 Conocimiento, amor y aceptación realistas de sí mismo. 

    (54)  La preocupación por el desarrollo completo del hombre, como criatura de Dios, en lo que consiste el "humanismo cristiano" de la educación jesuítica, realza la felicidad de la vida que resulta de un ejercicio responsable de la libertad, pero, al mismo tiempo, reconoce la realidad del pecado y sus efectos en la vida de cada persona. Por eso, la educación de la Compañía trata de animar a cada estudiante a afrontar honestamente este obstáculo de la libertad, en una progresiva toma de conciencia de que el perdón y la conversión son posibles, gracias al amor redentor y a la ayuda de Dios.22 

    (55)  El esfuerzo por remover los obstáculos de la libertad y desarrollar la capacidad de ejercitarla sobrepasa el reconocimiento de los efectos del pecado; es esencial también un esfuerzo permanente por reconocer todos los obstáculosque se oponen al crecimiento.23 Los estudiantes son ayudadosen sus esfuerzos por descubrir sus prejuicios y sus visiones limitadas y por evaluar los bienes relativos y los valores en concurrencia. 

    (56)  Los profesores y los directivos ayudan a los estudiantes en su crecimiento estimulándolos y ayudándoles a reflexionar sobre sus experiencias personales, de modo que ellos puedan comprender su propia experiencia de Dios; y, al mismo tiempo que éstos aceptan sus cualidades y las desarrollan, aceptan también sus limitaciones y las superan en la medida de lo posible.  El programa educativo, confrontando a los estudiantes realistamente consigo mismos, intenta ayudarles a reconocer las diversas influencias que reciben y adesarrollar un sentido critico, que va más allá del simple reconocimiento de lo verdadero y de lo falso, de lo bueno y de lo malo. 
     
     

      3.3 Un conocimiento realista del mundo 

    (57)  Un conocimiento realista de la creación ve la bondad de lo que Dios ha hecho, pero implica también una conciencia de los efectos sociales del pecado: la esencial imperfección, la injusticia y la necesidad de redención en todos los pueblos, en todas las culturas y en todas las estructuras humanas. Tratando de desarrollar la capacidad de razonar reflexivamente, la educación jesuítica acentúa la necesidad de estar en contacto con el mundo, tal cual es - es decir, necesitado de transformación - sin estar ciego a la bondad esencial de la creación. 

    (58)  La educación jesuítica intenta desarrollar en los estudiantes la capacidad de conocer la realidad y de valorarla críticamente. Esta conciencia incluye la aceptación de que las personas y las estructuras pueden cambiar, juntamente con un compromiso de trabajar en favor de estos cambios de un modo que ayude a crear estructuras humanas más justas, que posibiliten el ejercicio de la libertad unido a una mayor dignidad humana para todos.24 

    (59) 4. La visión que Ignacio tiene del mundo está centrada en la persona histórica de Jesucristo. Él es el modelo de toda vida humana, a causa de su respuesta total al amor del Padre en el servicio a los demás. Él comparte nuestra condición humana y nos invita a seguirle bajo la bandera de la Cruz,25 en respuesta de amor al Padre. Él está vivo en medio de nosotros y sigue siendo el Hombre para los demás en el servicio de Dios. 

            La educación de la Compañía: - propone a Cristo como el modelo de la vida humana.

             
                    - proporciona una atención pastoral adecuada.

                    - celebra la fe en la oración personal y comunitaria, en otras formas de culto y en el servicio.

(6O) 
 
 

      4.1 Cristo como modelo. 

    (61)  En la actualidad hay miembros de diversas confesiones religiosas y culturas que forman parte de la comunidad educativa en las escuelas de la Compañía; para todos ellos, cualesquiera que sean sus creencias, Cristo es modelo de vida humana. Todos pueden extraer inspiración y aprender acerca de su compromiso, a partir de la vida y de la doctrina de Jesús, que testimonia el amor y el perdón de Dios, vive en solidaridad con todos los que sufren, y entrega su vida en servicio de los demás. Todos pueden imitarle vaciándose de símismos, en la aceptación de cualesquiera dificultades o sufrimientos que puedan venir en la prosecución del único ideal a conseguir: la respuesta a la voluntad del Padre en el servicio de los demás. 

    (62)  Los miembros cristianos de la comunidad educativa se esfuerzan por adquirir una amistad personal con Jesús, que nos consiguió el perdón y la verdadera libertad, mediante su muerte y su resurrección y que está presente y activo hoy en nuestra historia. Ser "cristianos" es seguir a Cristo y ser como Él: compartir y promover sus valores y su forma de vida en todo lo posible.26 
     
     

    4.2 Atención pastoral.27 

    (63)  La atención pastoral es una dimensión de "cura personalis" que posibilita que las semillas de fe y de compromiso religioso crezcan en cada uno capacitándolo para reconocer el mensaje del amor divino y responder a él: viendo a Dios activo en sus vidas, en las vidas de los demás y en toda la creación; respondiendo, después, a este descubrimiento mediante un compromiso de servicio en el seno de la comunidad. Los centros educativos de la Compañía ofrecen a todos los miembros de la comunidad educativa una adecuada atención pastoral, en orden a despertar y robustecer en ellos este compromiso de fe personal. 

    (64)  Para los cristianos esta atención pastoral está centrada en Cristo, presente en la comunidad cristiana. Los estudiantes encuentran en la persona de Cristo un amigo y un guía; ellos llegan a su conocimiento a través de la Escritura, de los Sacramentos, de la oracíón personal y comunitaria, en el juego y en el trabajo, en las demás personas; así, son llevados al servicio de los demás, imitando a Cristo, el Hombre para los demás.28 

    (65)  Se encarece la práctica de los Ejercicios Espirituales29 como un medio de conocer mejor a Cristo, de amarle y de seguirle. LosEjercicios ayudarán también a los miembros de la comunidad educativa a comprender la visión de Ignacio, como el espíritu que está al fondo de la educación de la Compañía. Los Ejercicios pueden ser practicados de diversas maneras, adaptadas al tiempo y a las posibilidades de cada persona, adultos o estudiantes. 

    (66)  Los centros educativos de la Compañía impulsan y ayudan a cada estudiante a responder a la peculiar llamada de Dios sobre él o sobre ella, una vocación de servicio en la vida personal y profesional, ya sea en el matrimonio, en la vida religiosa o sacerdotal, o en una vida como célibe. 
     
     

    4.3 Oración y culto. 

    (67)  La oración es una expresión de fe y un camino efectivo hacia el establecimiento de una relación personal con Dios, que conduce al compromiso de servir a los demás. La educación jesuítica ofrece una progresiva iniciación a la oración, de acuerdo con el ejemplo de Cristo, que oraba regularmente a su Padre. Todos son animados a alabar y dar gracias a Dios en la oración, a orar unos por otros en la comunidad escolar, y a pedir la ayuda de Dios para hacer frente a las necesidades de toda la comunidad humana. 

    (68)  La relación de fe con Dios es comunitaria y a la vez es personal; la comunidad educativa en una escuela de la Compañia está unida por vinculos que son más que meramente humanos: es una comunidad de fe, y expresa su fe por medio de celebraciones religiosas o espirituales apropiadas. Para los católicos, la Eucaristía es la celebración de una comunidad de fe centrada en Cristo. Todos los miembros adultos de la comunidad son animados a participar en estas celebraciones, no solamente como una expresión de su propia fe, sino también para dar testimonio de las finalidades de la escuela. 

    (69)  Los miembros católicos de la comunidad educativa reciben y celebran el perdón amoroso de Dios en el sacramento de la reconciliación. Según las circunstancias locales, los centros educativos de la Compañia preparan a los estudiantes (y también a los adultos) para la recepción de otros sacramentos. 

    (70)  La obediencia de Cristo a la voluntad de su Padre le llevó a entregarse a sí mismo totalmente al servicio de los demás; una relación con Dios implica necesariamente una relación con los demás.30 La educación jesuítica promueve una fe que está centrada en la persona histórica de Cristo, y que, por lo tanto, lleva a un compromiso de imitarle como "el Hombre para los demás". 

    (71) 5. Una respuesta de amor y una respuesta libre al amor de Dios no puede ser simplemente especulativa o teórica. Por mucho que cueste, los principios especulativos deben conducir a una acción decisiva: "el amor se muestra en las obras".31 Ignacio pide un compromiso total y activo de los hombres y mujeres que, "por imitar y parecer más actualmente a Cristo Nuestro Señor",32 pondrán en práctica sus ideales en el mundo real de la familia, de los negocios, de los movimientos sociales, de las estructuras políticas y legales y de las actividades religiosas.33 

(72)

            La educación de la Compañía: - es una preparación para un compromiso en la vida activa.

                    - sirve a la fe que realiza la justicia.

                    - pretende formar "hombres y mujeres para los demás".

                    - manifiesta una preocupación particular por los pobres.

 
 

      5.1 Compromiso de acción en la vida: 

    (73)  "El amor se muestra en las obras": la respuesta humana, libre, de amor al amor redentor de Dios se manifiesta en una vida activa de servicio. La educación jesuítica --en etapas progresivas que toman en consideración las fases evolutivas de crecimiento, y sin intento alguno de manipulación-- ayuda a la formación de hombres y mujeres decididos a poner en práctica sus convicciones y actitudes en sus propias vidas. "Estaremos junto a Vds. para guiarles e inspirarles, para animarles y ayudarles. Pero tenemos suficiente confianza de que Vds. serán capaces de llevar adelante, en sus vidas y en el mundo, la formación que recibieron".34 
     
     

      5.2 Educación al servicio de la fe que realiza la justicia:35 

    (74)  La "acción decisiva" reclamada hoy es la fe que realiza la justicia: "la misión de la Compañía de Jesús hoy es el servicio de la fe, del que la promoción de la justicia constituye una exigencia absoluta, en cuanto forma parte de la reconciliación de los hombres exigida por la reconciliación de ellos mismos con Dios".36 Este servicio de la fe que realiza la justicia es imitación de Cristo; es la justicia de Dios,informada por la caridad evangélica: "es de la caridad de donde reciben su fuerza la propia fe y el anhelo de justicia. La justicia no logra su plenitud interior sino en la caridad. El amor cristiano implica y radicaliza las exigencias de la justicia al darle una motivación y una fuerza interior nueva.... La justicia sin caridad no es evangélica."37 El Reino de Dios es Reino de justicia, de amor y de paz.38 

    (75)  La promoción de la justicia incluye, como un elemento necesario, la acción en favor de la paz. La promoción de la paz consiste en la promoción de relaciones de amor y de confianza entre todos los hombres y mujeres, más que en la ausencia de guerras. 

    (76)  La meta de la fe que realiza la justicia y trabaja por la paz es un nuevo tipo de persona y de sociedad, en el que cada individuo tiene la oportunidad de ser plenamente humano y cada uno acepta la responsabilidad de promover el desarrollo humano de los demás. El compromiso activo pedido a los estudiantes --y practicado por los antiguos alumnos y por los miembros adultos de la comunidad educativa-- es un compromiso libre de luchar por un mundo más humano y por una comunidad de amor. Para los cristianos, este compromiso es una respuesta a la llamada de Cristo, y se lleva a cabo en el reconocimiento humilde de que la conversión solamente es posible con la ayuda de Dios. Para ellos, el sacramento de la reconciliación es un elemento necesario de la lucha por la paz y la justicia. Pero todos los miembros de la comunidad educativa, incluidos aquellos que no participan de la fe cristiana, pueden colaborar en esta tarea. Un sentido genuino de la dignidad de la persona humana puede ser el punto de arranque para trabajar juntos en la promoción de la justicia y puede convertirse en el comienzo de un diálogo ecuménico que considera la justicia como estrechamente ligada a la fe. 

    (77)  La orientación central, en una escuela jesuítica, es la educación para la justicia. Un conocimiento adecuado unido a un pensamiento riguroso y crítico hará más efectivo el compromiso de trabajar por la justicia en la vida adulta. Junto a esta necesaria formación básica, la educación por la justicia incluye, en un contexto educativo, tres aspectos distintos: 

    (78) 1. El tratamiento de los problemas de la justicia en el programa de estudios. Esto puede exigir en ocasiones cursos complementarios; pero más importante es la presencia de la dimensión de la justicia en todos los cursos desarrollados.39 Los profesores intentan ser progresivamente conscientes de esta dimensión, de modo que puedan ofrecer a los estudiantes una formación intelectual, moral y espiritual, que les capacite para asumir un compromiso de servicio, que les haga agentes de cambio. El programa de estudios incluye un análisis crítico de la sociedad, adaptado al nivel de edad de los estudiantes; el esbozo de una solución conforme con los principios cristianos forma parte de este análisis. Los puntos de referencia son la Palabra de Dios, las enseñanzas de la Iglesia y las ciencias humanas.40 

    (79) 2. Las líneas de acción y los programas de una escuela jesuítica dan concreto testimonio de la fe que realiza la justicia; a la vez testimonian en contra de los valores de la sociedad de consumo. El análisis social de la realidad en que vive y está situada la escuela puede conducir a una autoevaluación institucional, que posiblemente reclame cambio en las líneas de acción y en la vida práctica de la escuela.41 Las líneas de acci6n de la escuela y su vida impulsan el respeto mutuo y promueven la dignidad humana y los derechos humanos de toda persona, adultos y jóvenes, en la comunidad educativa. 

    (80) 3. "No hay genuina conversión a la justicia, si faltan obras de justicia".42 Las relaciones interpersonales dentro de la escuela ponen de manifiesto una preocupación por la justicia y por la caridad. En la educación jesuítica hay oportunidades de contacto real con el mundo de la injusticia, como preparación para un compromiso de vida. El análisis de la sociedad dentro del plan de estudios viene a ser así una reflexión basada en un contacto efectivo con dimensiones estructurales de la injusticia. 

    (81)  Los miembros de la comunidad educativa son conscientes de los serios problemas de nuestros días y están implicados en ellos. La comunidad educativa, y cada persona dentro de ella, son conscientes de la influencia que pueden tener en otros; las lineas de acción de la escuela son formuladas con conciencia de los posibles efectos sobre una comunidad más amplia y sobre sus estructuras sociales. 
     
     
     

      5.3 Hombres y mujeres para los demás.43 

    (82)  La educación de la Compafíía ayuda a los estudiantes a dare cuenta de que los talentos son dones que deben desarrollarse, no para la propia satisfacción o la propia ventaja, sino más bien, con la ayuda de Dios, para el bien de la comunidad humana. Los estudiantes son estimulados a emplear sus cualidades en servicio de los demás, por amor a Dios: 

   "Nuestra meta y objetivo educativo es pues formar hombres que no vivan para sí, sino para Dios y para su Cristo; para Aquél que por nosotros murió y resucitó; hombres para los demás, es decir, que no conciban el amor a Dios sin el amor al hombre; un amor eficaz que tiene como primer postulado la justicia. Este amor es además la única garantia de que nuestro amor a Dios no es una farsa o incluso un ropaje farisaico que oculte nuestro egoísmo".44 

    (83)  En orden a promover una conciencia de "los otros", la educación jesultica acentúa los valores comunitarios, tales como la igualdad de oportunidades para todos, los principios de justicia distributivo y social y la actitud mental que ve el servicio a los demás como una realización propia más valiosa que el éxito o la prosperidad.45 

    (84)  Los miembros adultos de la comunidad educativa --especialmente los que están en contacto diario con los estudiantes-- manifiestan en sus propias vidas la preocupación por los demás y el aprecio por la dignidad humana.46 
     
     

      5.4 Una preocupación particular por los pobres. 

    (85)  Reflexionando sobre la situación real del mundo de hoy y respondiendo a la llamada de Cristo que tuvo un amor especial y una especial preocupación por los pobres, la Iglesia y la Compañia de Jesús han hecho una "opción preferencial47 por los pobres". Esta incluye a quienes carecen de medios económicos, a los minusválidos, a los marginados y a todos aquellos que, del modo que sea, no pueden vivir una vida plenamente humana. En la educación de la Compañía esta opción tiene su reflejo tanto en los estudiantes que son admitidos como en el tipo de formación que se imparte. 

    (86)  Los centros de la Compañía no existen para una sola clase de alumnos.48 Ignacio aceptaba colegios únicamente cuando éstos estaban completamente fundados, de modo que la educación pudiese estar al alcance de cualquiera; él insistía en que facilidades especiales para alojar a los estudiantes pobres formasen parte de la fundación de todo colegio que él aprobaba, y en que los profesores prestaran particular atención a las necesidades de los alumnos pobres. Hoy, aun cuando la situación difiere ampliamente de país a país y los criterios específicos de selección de alumnos dependen de las "circunstancias de lugares y personas", toda escuela de la Compañía hace cuanto está en su mano para que la educación jesuítica sea accesible a todos, incluidos los pobres y necesitados.49 La ayuda financiera y la reducción de precios siempre que sea posible son medios para conseguirlo; más aún, los centros educativos de la Compañia proporcionan orientación académica y personal a los que la necesitan, de modo que todos puedan sacar provecho de la educación ofrecida. 

    (87)  A fin de que los padres, especialmente los pobres, ejerciten la libertad de elección en la educación de sus hijos, los centros de la Compañia se asocian a los movimientos que promueven la igualdad de oportunidades educativas para todos. "La reivindicación de la igualdad de oportunidades en materia de educación y de la libertad de enseñanza son cosas que caen de lleno en nuestra lucha por la promoción de la justicia".50 

    (88)  Más importante que el tipo de estudiantes admitidos es el tipo de formación que se imparte. En la educación jesuítica, los valores que la comunidad escolar comunica, testimonia y hace operativos en las lineas de acción y en las estructuras de la escuela, los valores que flotan en el clima escolar, son los que promueven una especial preocupación por aquellos hombres y mujeres que carecen de medios para vivir con dignidad humana. En este sentido, los pobres forman el contexto de la educación jesuítica: "nuestra planificación educativa debe ser hecha en función de los pobres, desde la perspectiva de los pobres".51 

    (89)  La escuela jesuítica proporciona a los estudiantes oportunidades de contacto con los pobres y de servicio a ellos, tanto dentro de ella como en proyectos de servicios exteriores, para capacitar a estos estudiantes a aprender a amar a todos como hermanos y hermanas en la comunidad humana, y también con el fin de llegar a una mejor comprensión de las causas de la pobreza. 

    (90)  Este contacto, para que sea educativo, es acompañado de la correspondiente reflexión. La promoción de la justicia en el plan de estudios, descrita más arriba, (80) tiene como un objetivo concreto un análisis de las causas de la pobreza. 

    (91) 6. Para Ignacio, la respuesta a la llamada de Cristo se realiza en y por medio de la Iglesia Católica, el instrumento a través del cual Cristo está sacramentalmente presente en el mundo. María, la Madre de Jesús, es el modelo de esta respuesta. Ignacio y sus primeros compañeros fueron todos sacerdotes y pusieron la Compañía de Jesús al servicio del Vicario de Cristo, para ir a "dondequiera que él juzgase ser conveniente para mayor gloria divina y bien de las almas".52 

(92)

            La educación de la Compania: - es un instrumento apostólico, al servicio de la Iglesia, sirviendo a la sociedad humana.

                    - prepara a los estudiantes para una participación activa en la Iglesia y en la comunidad local y para el servicio a los demás.

 
 

    6.1 Un instrumento apostólico al servicio de la Iglesia. 

    (93)  Los centros educativos de la Compañía forman parte de la misión apostólica de la Iglesia en la construcción del Reino de Dios. Aun cuando el proceso educativo ha cambiado radicalmente desde el tiempo de Ignacio y las formas de expresión de los conceptos religiosos son completamente diferentes, la educación de la Compañía sigue siendo un instrumento para ayudar a los estudiantes a conocer mejor a Dios y a responderle; la escuela sigue siendo apta para responder a las nuevas necesidades del Pueblo de Dios. La intención de la educación de la Compañía consiste en formar personas orientadas en sus principios y en sus valores al servicio de los demás, conforme al ejemplo de Jesucristo. Por ello, enseñar en una escuela de la Compañía es un servicio ministerial. 

    (94)  Por ser una característica de toda actividad jesuítica, la actitud ignaciana de lealtad y servicio a la Iglesia, Pueblo de Dios, se transfundirá a toda la comunidad educativa en una escuela de la Compañía. Las finalidades y los ideales de los miembros de otras confesiones pueden armonizarse con los fines de la escuela jesuítica y aquéllos pueden, comprometerse con estas finalidades  para el desarrollo de los estudiantes y para la mejora de la sociedad. 

    (95)  La educación de la Compañía --aun respetando la conciencia y las convicciones de cada estudiante-- es fiel a las enseñanzas de la Iglesia, especialmente en la formación moral y religiosa. En cuanto es posible, la escuela elige como líderes de la comunidad educativa a quienes pueden enseñar y testimoniar las enseñanzas de Cristo presentadas por la Iglesia Católica. 

    (96)  La comunidad educativa, basada en el ejemplo de Cristo --y en el de María en su respuesta a Cristo53-- y reflexionando sobre la cultura actual, a la luz de las enseñanzas de la Iglesia, promoverá:54

      - una visión espiritual del mundo frente al materialismo;

      - una preocupación por los demás frente al egoísmo;

      - la austeridad frente al consumismo;

      - la causa de los pobres frente a la injusticia social. 

    (97)  Como parte de su servicio a la Iglesia, los centros de la Compañía servirán a la comunidad civil y religiosa y cooperarán con el Obispo local. Un ejemplo de esto es que las decisiones importantes sobre las líneas de acción de la escuela toman en cuenta las orientaciones pastorales de la Iglesia local y consideran sus posibles efectos en ésta y en la comunidad local. 

    (98)  Para mayor eficacia en su servicio a las necesidades humanas, una escuela jesuítica actúa en cooperación con otras actividades apostólicas de la Compañía, con las parroquias locales y otras organizaciones católicas y civiles, y con los centros de apostolado social. 

    (99)  Todos los miembros de la comunidad educativa son miembros activos al servicio de la comunidad local y de sus iglesias. Ellos participan en encuentros y otras actividades, especialmente en las que se relacionan con la educación. 

    (100)  La comunidad de una escuela jesuítica alienta la colaboración en actividades ecuménicas con otras Iglesias y participa activamente en el diálogo con todos los hombres y mujeres de buena voluntad; la comunidad es así un testigo del Evangelio de Cristo, al servicio de la comunidad humana. 
     
     

      6.2 Preparación para la participación activa en la Iglesia. 

    (101)  La educación de la Compañia está consagrada al desarrollo religioso de todos los estudiantes. Ellos recibirán instrucción sobre las verdades básicas de su fe. Para los estudiantes cristianos, esto incluye un conocimiento de la Escritura, especialmente de los Evangelios. 

    (102)  La educación de la Compañía ofrece a los estudiantes católicos un conocimiento y amor de la Iglesia y de los sacramentos, como medios privilegiados del encuentro con Cristo. 

    (103)  De modo apropiado a la escuela se ponen a disposición de todos los estudiantes experiencias concretas de la vida de la Iglesia, por medio de la participación en proyectos y actividades de ésta. Los profesores seglares, particularmente los que participan en actividades parroquiales, pueden ser los lideres de esta participación; ellos pueden comunicar a los estudiantes la importancia que se da actualmente al apostolado de los laicos. 

    (104)  Siguiendo el ejemplo de los primeros colegios jesuíticos, donde las Congregaciones Marianas jugaron un papel tan importante en la promoción de la devoción y del compromiso cristiano, se ofrecen medios tales como las Comunidades de Vida Cristiana a aquellos estudiantes y adultos que desean conocer a Cristo más profundamente y conformar sus vidas más íntimamente con la de Él. Parecidas oportunidades se ofrecen a los miembros de otras confesiones religiosas que desean profundizar su compromiso de fe. 

      (105) 7. Ignacio insistía repetidas veces en el "magis", el más. Su constante preocupación fue el mayor servicio de Dios por medio del más estrecho seguimiento de Cristo y aquella preocupación pasó a toda la acción apostólica de los primeros compañeros. La respuesta concreta a Dios debe ser "de mayor estima y momento".55 

(106)     

            La educación de la Compañía: - persigue la excelencia en su acción formativa;

                    - da testimonio de excelencia.

 
 

      7.1 Excelencia en la formación. 

    (107)  En la educación de la Compañía, el criterio de excelencia se aplica a todas las tareas de la vida de la escuela: la intención es el desarrollo más completo posible de todas las dimensiones de la persona, unido al desarrollo de un sentido de los valores y de un compromiso al servicio de los demás, que otorga prioridad a las necesidades de los pobres y está dispuesto a sacrificar el propio interés por la promoción de la justicia.56 

    La búsqueda de la excelencia académica es propia de una escuela jesuítica, pero solamente en el contexto más amplio de excelencia humana.57 

    (108)  La excelencia, del mismo modo que los demás criterios ignacianos, viene determinada por "las circunstancias de lugares y personas". "El tipo de centro, su ubicación, su tamaño escolar, la fijaci6n de objetivos de calidad de educación o de extensión de enseñanza, etc. son cosas que diversifican el instrumento para adaptarlo a las circunstancias en que se lo emplea".58 Buscar el magis, es, por consiguiente proporcionar el tipo y nivel de educación a cada grupo de estudiantes, según su edad, que mejor responde a lasnecesidades de la región en que la escuela está localizada. 

    (109)  "Más" no implica una comparación con otros ni una medida de progreso, en relación con un nivel absoluto.  Más bien es eldesarrollo más completo posible de las capacidades individuales de cada persona en cada etapa de su vida, unido a la prontitud para continuar este desarrollo, a lo largo de la vida, y la motivación para emplear al servicio de los demás las cualidades desarrolladas. 

    (110)  Una intención tradicional de la educación de la Compañía ha sido formar "líderes": hombres y mujeres que asumen posiciones responsables en la sociedad, por medio de las cuales ejercen un influjo positivo en otros. Este objetivo ha conducido, a veces, a excesos que deben ser corregidos. Cualquiera que pueda haber sido el significado de esta idea en el pasado, la meta de la educación de la Compañía en la comprensión actual de la visión ignaciana del mundo no consiste en preparar una elite socio-económica, sino más bien en educar líderes en el servicio. Los centros educativos de la Compañía, por consiguiente, ayudarán a sus estudiantes a desarrollar las cualidades mentales y efectivas que les capaciten --en cualquier posición que asuman en la vida-- para trabajar con otros por el bien de todos al servicio del Reino de Dios. 

    (111)  El servicio está fundamentado en un compromiso de fe en Dios; para los cristianos esto se expresa en términos de seguimiento de Cristo. La decisión de seguir a Cristo, tomada por amor, conduce a un deseo de hacer cada vez "más", capacitándonos para convertirnos en agentes multiplicadores.59 A su vez, este deseo se convierte en la preparación personal necesaria por la que un estudiante se dedica al estudio, a la formación personal, y en último término a la acción. 

    (112)  La "Ratio Studiorum" recomienda la emulación --normalmente entre grupos más bien que entre individuos-- como un estímulo efectivo para el crecimiento académico. La educación jesuítica se enfrenta hoy a una realidad diferente: un mundo de excesiva competitividad, que se refleja en el individualismo, el consumismo y el afán de éxito a toda costa. Aunque la escuela jesuítica valora el estimulo de los ejercicios de competición, pide a sus estudiantes que se distingan por su capacidad de trabajar unidos, que sean sensibles unos a otros y se comprometan al servicio de los demás, expresado en la ayuda mutua. "Ese deseo de testimonio cristiano ... no se desarrolla con la emulación académica y la superioridad de cualidades personales, respecto a los demás, sino con el aprendizaje de la disponibilidad y la servicialidad".60 
     
     

      7.2 Testimonio de excelencia. 

    (113)  Las líneas de acción de la escuela serán tales que creen un ambiente o "clima" que promueva la excelencia. Esas lineas de acción incluyen una evaluación continua de las metas, programas, servicios y métodos de enseñanza, en un esfuerzo por dar a la educación de la Compañía una mayor eficacia en el logro de sus finalidades. 

    (114)  Los miembros adultos de la comunidad educativa dan testimonio de excelencia, uniendo el crecimiento en competencia profesional a su progreso en dedicación. 

    (115)  Los profesores y directores de una escuela jesuítica cooperan con las demás escuelas y organismos educativos en el descubrimiento de políticas institucionales más eficaces, de procedimientos educativos y de métodos pedagógicos.61 

      (116) 8. Cuando Ignacio llegó a conocer el amor de Dios revelado en Jesucristo y comenzó a responder entregándose a sí mismo al servicio del Reino de Dios, hizo partícipes de su experiencia y atrajo a otros compañeros que se hicieron "amigos en el Señor"62para el servicio de los demás. La fuerza del trabajo de una comunidad en el servicio del Reino es mayor que la de un solo individuo o la de un grupo de individuos. 

(117)

            La educación de la Compañía: - acentúa la colaboración entre jesuitas y laicos.

                    - se basa en un espiritu de comunidad entre:

 
                                                el equipo de profesores y los directivos; la         comunidad de jesuitas;

                                                los consejos de gobierno;

                                                los padres;

                                                los estudiantes;

                                                los antiguos alumnos;

                                                los bienhechores.

             
                    - se realiza dentro de una estructura, que promueve comunidad.

 
 
 

      8.1 Colaboración entre jesuitas y seglares. 

    (118)  La colaboración entre jesuitas y seglares es un objetivo que los centros educativos de la Compañía han de realizar en respuesta al Concilio Vaticano II63 y a las recientes Congregaciones Generales.64 Como esta idea de una misión común es todavía nueva, es necesario crecer en su comprensión y en una cuidadosa puesta en práctica de la misma. 

    (119)  En una escuela jesuítica hay una predisposición positiva de parte de los seglares y de los jesuitas, para asumir las responsabilidades apropiadas: para trabajar juntos en la dirección y en el servicio. Todos se esfuerzan para conseguir una verdadera unión de mentes y corazones y para trabajar juntos como un cuerpo apostólico unido65 en la formación de los estudiantes. Hay, pues, una participación de una misma visión, un mismo propósito y un mismo esfuerzo apostólico. 

    (120)  La estructura legal de la escuela permite la colaboración más completa posible en la dirección de la misma. 

    (121)  Los jesuitas promueven activamente la colaboración con los laicos en la escuela. "Consideren los jesuitas la importancia que tiene para la misma Compañía tal colaboración con los laicos, pues ellos siempre serán para nosotros los intérpretes naturales del mundo de hoy y así nos prestarán una ayuda eficaz y constante en este apostolado".67 "Debemos estar prontos a trabajar con los demás... prontos a desempeñar un papel subordinado, de apoyo, anónimo. Prontos a aprender a servir de aquellos mismos a quienes servimos".68 Una de las responsabilidades del Superior religioso es promover esta apertura en la obra apostólica. 
     
     
     
     

      8.2 Equipo de profesores y directivos: 

    (122)  En cuanto sea posible, las personas escogidas para incorporarse a la comunidad educativa en un centro educativo de la Compañía deberán ser hombres y mujeres capaces de comprender la naturaleza distintiva de aquél y de contribuir a la realización de las características resultantes de la visión ignaciana. 

    (123)  Con el fin de promover un sentimiento común de sus intenciones aplicadas a las circunstancias concretas de la vida de la escuela, profesores, directivos y personal auxiliar, jesuitas y laicos, fomentan la comunicación mutua de modo regular, a nivel personal, profesional y religioso. Y están dispuestos a intercambiar sobre su visión y sus esperanzas, sus aspiraciones y experiencias, sus éxitos y fracasos. 
     
     

      8.3 La comunidad de jesuitas: 

    (124)  Los jesuitas que trabajan en la escuela deben constituir "un grupo de hombres de clara identidad, que viven del mismo carisma ignaciano, íntimamente ligado ad intra por la unión y amor mutuo, y ad extra por la gozosa participación en una misión común... La misma comunidad debe servir de inspiración y estímulo a los demás componentes de la comunidad educativa...  El testiminio de nuestra vida es necesario.69 

    (125)  Los jesuitas serán más eficaces en su servicio e inspiración de la comunidad educativa total, si realizan este mismo servicio e inspiración entre sí mismos, formando una verdadera comunidad de oraci6n y de vida. Este testimonio vivo es un medio de hacer de su trabajo en la escuela un apostolado "corporativo" y servirá para ayudar a toda la comunidad escolar a estar más unida efectiva y efectivamente. 

    (126)  Al menos en algunas ocasiones especiales, los demás miembros de la comunidad educativa son invitados a participar de alguna comida, de alguna función litúrgico o acto social en la comunidad jesuítica. Un empleo informal del tiempo juntos, es una ayuda para formar comunidad; los seglares podrán llegar a una mejor comprensión de la vida de los jesuitas, si tienen oportunidades de tomar parte en ella. 

    (127)  Juntamente con sus responsabilidades profesionales en la escuela, como profesores, directivos o encargados de la pastoral, los jesuitas están dispuestos a proporcionar diversas oportunidades --como discusiones, grupos de trabajo y retiros-- que puedan proporcionar a los de-más miembros de la comunidad escolar un mejor conocimiento y aprecio de la visión igna-ciana del mundo. 

    (128)  La educación --el trabajo de un profesor o un directivo o un miembro del equipo auxiliar-- es en sí misma una tarea apostólica. Sin embargo, de acuerdo con la naturaleza de la escuela como instrumento apostólico de la Iglesia, los jesuitas sacerdotes actúan también más directamente en la acción sacerdotal, mediante la celebración de la Eucaristía y su disponibilidad para la administración del sacramento de la reconciliación, etc. 

    (129)  Los estatutos de la escuela determinan las responsabilidades del director y la autoridad de la Compañía de Jesús (ver 8.9 más abajo). De acuerdo con las circunstancias de cada lugar, los jesuitas, como individuos y como comunidad, no tienen en el proceso de las decisiones en la escuela jesuítica más poder que el que esté descrito en estos estatutos. 
     
     

      8.4 Consejos de gobierno: 

    (130)  La Congregación General 31 de la Compañia de Jesús recomendó el estudio de la conveniencia de formar en algunos centros de estudios superiores una comisión de gobierno compuesta por jesuitas y por seglares.70 Estas comisiones o consejos son nuevos medios de compartir responsabilidades entre seglares y jesuitas y promover así la colaboración entre ellos, beneficiándose además de las competencias profesionales de diferentes tipos de personas. Los miembros de estos consejos o comisiones, jesuitas y seglares, deben estar familiarizados con las finalidades de una escuela de la Compañía y la visión de Ignacio, en que esas finalidades se fundamentan. 
     
     

      8.5 Los padres: 

    (131)  Los profesores y los directores en un centro educativo de la Compañía cooperan estrechamente con los padres de los alumnos, que son también miembros de la comunidad educativa. Hay una comunicación frecuente y un diálogo permanente entre el hogar familiar y la escuela. Se informa a los padres sobre las actividades escolares y se les anima a encontrarse con los profesores para examinar el progreso de sus hijos. Se les ofrece apoyo y oportunidades para su crecimiento en el ejercicio de su función como padres y para participar en los consejos asesores de la escuela. Así se ayuda a los padres a ejercer su derecho y su responsabilidad como educadores en la casa y en la familia. Ellos, por su parte, contribuyen a la tarea de la educación que se desarrolla en la escuela.71 

    (132)  En cuanto es posible, los padres comprenden, valoran y aceptan la visión ignaciana del mundo que caracteriza las escuelas de la Compañia. La comunidad escolar, teniendo en cuenta las diferentes situaciones de cada país, pone a disposición de los padres diversos medios para poder familiarizarse más con esta visión del mundo y con sus aplicaciones a la educación. 

    (133)  Es necesaria la coherencia entre los valores promovidos en la escuela y los que se promueven en casa. En el momento en que sus hijos se inscriben por primera vez en la escuela, los padres son informados sobre el compromiso de la educación de la Compañía respecto de la fe que realiza la justicia. Para que puedan comprender mejor esta orientación y se robustezcan en su propio compromiso con ella, se les ofrecen programas de formación permanente apropiados. 
     
     

      8.6 Los alumnos: 

    (134)  Los alumnos forman una comunidad de comprensión y apoyo mutuo, que viene reforzada por procedimientos informales y también por medio de estructuras tales como el gobierno y los consejos de estudiantes. Más aún, de acuerdo con su edad y capacidad, laparticipación de los estudiantes en el conjunto de la comunidad escolar es estimulada, por medio de la pertenencia a los consejos de asesoramiento y a otras comisiones de la escuela. 
     
     

      8.7 Antiguos alumnos: 

    (135)  Los antiguos alumnos son miembros de "la comunidad que trabaja en servicio del Reino" y una escuela jesuí tica tiene especial responsabilidad respecto de ellos. En cuanto lo permitan los recursos, la escuela ofrecerá orientación y formación permanente, de modo que aquellos que recibieron su formación básica en ella puedan poner más eficazmente en práctica esta formación en su vida de adultos y puedan continuar profundizando en su dedicación al servicio de los demás.72 Entre los centros educativos de la Compañía y las asociaciones de Antiguos Alumnos existen lazos estrechos de amistad y de apoyo mutuo.73 
     
     

      8.8 Los bienhechores. 

    (136)  De modo semejante, la escuela jesultica tiene una especial responsabilidad respecto de sus bienhechores y les ofrecerá el apoyo y la orientación que ellos puedan necesitar. En particular, los bienhechores tienen oportunidades para ampliar su conocimiento de la naturaleza distintiva de una escuela de la Compañía, de la visión ignaciana en que está fundada, y de las finalidades de la misma, a las que ellos contribuyen. 
     
     

      8.9 La estructura de la escuela: 

    (137)  En los últimos años se ha desarrollado un mayor grado de responsabilidad participada. De manera progresiva, las decisiones se toman después de haber recibido parecer, a través de consultas informales, comisiones formales y otros procedimientos; y todos los miembros de la comunidad educativa reciben habitualmente información acerca de las decisiones y de los acontecimientos importantes de la vida de la escuela. Para ser verdaderamente eficaz, una participación en la responsabilidad debe estar fundada en una visión común o en un común sentido de propósito, según se han descrito anteriormente. 

    (138)  En el pasado el Rector de la comunidad jesuítica, nombrado por el Superior General de la Compañía de Jesús, era responsable de la dirección de la escuela e informaba regularmente al Provincial. Hoy, en muchas partes el Rector de la comunidad no es el "Director de la obra"; en algunos casos un consejo de gobierno actúa en colaboración con la Compañía en el nombramiento del director, que cada vez más frecuentemente viene siendo un seglar. Sea cual sea la situación particular y el modo de nombramiento, la responsabilidad confiada al director de una escuela jesuítica incluye siempre una misión que procede últimamente de la Compañía de Jesús. Esta misión, por su relación con el carácter propio de la escuela, está sujeta a evaluaciones periódicas por parte de la Compañía (normalmente, por medio del Provincial o su Delegado). 

    (139)  El papel del director es el propio de un líder apostólico. Este papel es vital para comunicar inspiración, para fomentar el desarrollo de una visión común y para preservar la unidad dentro de la comunidad educativa. Puesto que la concepción ignaciana del mundo es la base sobre la que descansa la visión común de la escuela, el director se deja guiar por aquella concepción y es el responsable de asegurar que se den las debidas oportunidades, por medio de las cuales los demás miembros de la comunidad puedan llegar a una mayor comprensión de aquella concepción y de sus aplicaciones a la educación. Además de esta función de inspiración, el director tiene la responsabilidad última sobre la ejecución de las líneas educativas básicas de la escuela y sobre la naturaleza específicamente jesuíticade esta educación. La naturaleza exacta de esta responsabilidad se describe en los estatutos de cada centro. 

    (14O)  En no pocos casos, la responsabilidad sobre los centros educativos de la Compañía es compartida por diversas personas con funciones distintas (Rector, Director, Presidente, etc.); la responsabilidad final sobre las lineas de accíón y su práctica está frecuentemente encomendada a los Consejos de gobierno. Todas estas personas que participan de la responsabilidad de la escuela jesuítica forman un equipo directivo, conocedor de la visión ignaciana, tal como ésta es aplicada a la educación, y abierto a ella. Esas personas son capaces de trabajar en común, apoyándose y respetándose mutuamente y haciendo uso de los talentos de cada una. Este tipo de estructura en equipo, que es una aplicación del principio de subsidiariedad, tiene la ventaja de hacer concurrir las capacidades de más personas al liderazgo de la escuela; y además asegura una mayor estabilidad en el desarrollo de las líneas de acción que dan cumplimiento a la orientación básica de la misma. 

    (141)  Si la escuela es "jesuítica", la Compañía de Jesús debe tener en sus manos suficiente autoridad y control para poder responder a la exigencia de la Iglesia, por medio de sus instituciones, y asegurar que la escuela mantiene su fidelidad a las propias tradiciones. Asegurado este punto, la autoridad efectiva en la escuela puede ser ejercitada por cualquiera, jesuita o seglar, que, teniendo el necesario conocimiento de las características de la educación de la Compañia, simpatiza y se identifica comprometidamente con ellas. 

    (142)  Las estructuras de la escuela garantizan los derechos de los estudiantes, directores, profesores y equipo auxiliar, y reclaman la responsabilidad individual de cada uno de ellos. Todos los miembros de la comunidad trabajan conjuntamente para crear y mantener las condiciones más favorables para que cada uno crezca en el ejercicio responsable de su libertad. Todo miembro de la comunidad es invitado a comprometerse activamente en el crecimiento de la comunidad entera. La estructura de la escuela es un reflejo de la nueva sociedad, que aquélla trata de construir por medio de la educación. 

      (143) 9. Ignacio y sus compañeros tomaban sus decisiones sobre la base de un proceso permanente de discernimiento personal y en común, realizado siempre en un contexto de oración. Mediante la reflexión sobre los resultados de sus actividades, hecha en oración, los compañeros revisaban las decisiones anteriores e introducían adaptaciones en sus métodos, en una búsqueda constante del mayor servicio de Dios ("magis"). 

(144)

            La educación de la Compañía: - adapta medios y métodos en orden a lograr sus finalidades con la mayor eficacia.

              - es un "sistema" de escuelas con una visión y unas finalidades comunes.

              - ayuda a la preparación profesional y a la formación permanente necesaria, especialmente de los profesores.

 
 

      9.1 Adaptación para lograr las finalidades de la educación de la Compañía: 

    (145)  La comunidad educativa de un centro de la Compañía estudia las necesidades de la sociedad actual y reflexiona sobre las líneas de acción de la escuela, las estructuras, los métodos, la pedagogía y todos los demás elementos del entorno escolar, para descubrir losmedios que realicen mejor las finalidades de la escuela y la puesta en práctica de su filosofía educativa. Sobre la base de estas reflexiones se introducen los cambios, considerados como necesarios o útiles, en la estructura de la escuela, en los métodos, en el plan de estudios, etc. Un educador según la tradición jesuítica es alentado a desplegar una gran libertad e imaginación en la elección de las técnicas de enseñanza, métodos pedagógicos, etc. Las líneas básicas de acción y la vida de la escuela estimulan la reflexión y la evaluación y facilitan todo cambio necesario. 

    (146)  Aunque las normas generales deben ser aplicadas a las circunstancias concretas, los principios, sobre los que se basa esta reflexión, se pueden encontrar en los documentos actuales de la Iglesia y de la Compañía de Jesús.75 Además, las Constituciones de la Compañía proporcionan criterios para orientar el discernimiento en orden a conseguir el "magis": el bien más universal, la necesidad más urgente, los valores más duraderos, el trabajo no atendido por otros, etc.76 

    (147)  Las "circunstancias de personas y lugares" exigen que los programas de estudios, los procesos educativos, los estilos de enseñanza, y toda la vida escolar se adapten para adecuarse a las específicas necesidades del lugar, en que la escuela está situada, y de las personas a las que sirven. 
     
     

      9.2 El "sistema" de escuelas jesuíticas: 

    (148)  Los jesuitas en los primeros colegios de la Compañía intercambiaron ideas y los frutos de su experiencia, buscando los principios y métodos que fueran "más" eficaces para realizar las finalidades de su trabajo educativo. Cada institución aplicaba estos principios y métodos a su situación peculiar; la fuerza del "sistema" jesuítico nació de este intercambio. Las escuelas jesuíticas constituyen todavía hoy una red, cohesionada no por la unidad de administración o por la uniformidad de programas, sino por una visión y unas finalidades comunes; los profesores y los directivos de las escuelas de la Compañía intercambian nuevamente ideas y experiencias, con el fin de descubrir los principios y los métodos que aseguren la mayor eficacia en la puesta en práctica de esta visión común. 

    (149)  Este intercambio de ideas será más eficaz, si cada escuela se inserta en la realidad concreta de su región y se compromete en unpermanente intercambio de ideas y experiencias con otras escuelas y obras educativas de la Iglesia local y del país. Cuanto más amplio sea el intercambio a nivel regional, más fructuoso será también a nivel internacional entre los centros educativos de la Compañía. 

    (150)  Para ayudar a promover este intercambio de ideas y de experiencias se impulsa, donde quiera que sea posible, un intercambio de profesores y estudiantes. 

    (151)  Por todas partes está actualmente en marcha una amplia variedad de experimentos para descubrir procedimientos más eficaces para hacer de "la fe que realiza la justicia" una dimensión de la actividad educativa. Por las dificultades de este reto y de su consecución, estos experimentos necesitan ser evaluados y sus resultados deben ser compartidos con otros, de modo que las experiencias positivas puedan ser incorporadas a las lineas de acción, a la vida real y a la comunidad de cada escuela en particular. La necesidad de un intercambio de ideas y experiencias en este campo es especialmente acuciante, no solamente para cada escuela, sino también para el apostolado de la educación en cuanto tal. 
     
     

      9.3 Preparación profesional y formación permanente: 

    (152)  El mundo moderno se caracteriza por la rapidez de los cambios. Para poder mantener la eficacia como educadores y para "discernir" la respuesta más concreta a la llamada de Dios, todos los miembros adultos de la comunidad educativa necesitan aprovechar las oportunidades de educación continuada y de desarrollo personal permanente, especialmente en la competencia profesional, en las técnicas pedagógicas y en la formación espiritual. Los centros educativos de la Compañía promueven esto, ofreciendo programas adecuados en cada uno y, en cuanto es posible, también el tiempo y la ayuda económica necesaria para una preparación y formación más amplia. 

    (153)  Para lograr una genuina colaboración y participación en la responsabilidad, los seglares necesitan conocer la espiritualidad ignaciana, la historia educativa, las tradiciones y la vida de la Compañía. Los jesuitas por su parte necesitan comprender la experiencia viva, los desafíos, y los diversos modos con que el Espiritu de Dios hace caminar también a los seglares, además de las aportaciones de éstos a la Iglesia y a los centros educativos de la Compañía. Estos proporcionan especiales programas de orientación a sus nuevos colaboradores, además de otros programas y procesos permanentes, que estimulan una toma de conciencia y una comprensión progresivas de los propósitos de la educación de la Compañía, y dan también a los jesuitas una oportunidad de aprender de los miembros seglares de la comunidad. Alli donde es posible, se desarrollan programas especiales de preparación profesional y espiritual para ayudar a los seglares a capacitarse para asumir en los puestos directivos en los centros educativos de la Compañia. 

 

 10. ALGUNAS CARACTERISTICAS DE LA PEDAGOGIA JESUITICA 
 

    (154)  Ignacio insistía en que los colegios de la Compañía debían adoptar los métodos de la Universidad de París ("modus Parisiensis"), porque consideraba que éstos eran los más eficaces para lograr las finalidades que él pensaba para aquéllos. Tales métodos fueron probados y adaptados por los educadores jesuitas, de acuerdo con su experiencia religiosa en los Ejercicios Espirituales y su creciente experiencia práctica en la educación. Muchos de estos principios y métodos son todavía hoy típicos de la educación jesuítica, porque conservan su eficacia para llevar a la práctica las características descritas en las secciones anteriores. En esta sección final se exponen, por vía de ejemplo, algunos de esos principios más conocidos.   

      A. A partir de la experiencia de los Ejercicios Espirituales:77 
 

      (155) 1. Aunque son obvias las diferencias entre las dos situaciones, la naturaleza de la relación entre el que da los Ejercicios Espirituales y la persona que los hace es el modelo de la relación entre el profesor y el estudiante. Del mismo modo que el que da los Ejercicios, el profesor está al servicio de los estudiantes, atento a descubrir las especiales cualidades o dificultades, interesado personalmente y prestando su ayuda al desarrollo del potencial interior de cada alumno en particular. 

      (156) 2. El papel activo de la persona que hace los Ejercicios es el modelo del papel, igualmente activo, del estudiante en su estudio personal, sus personales descubrimientos y su creatividad. 

      (157) 3. El progreso en los Ejercicios es una fuente de la actitud práctica y disciplinada de adecuar "los medios a los fines", que es característica de la educación de la Compañía.78 

      (158) 4. El "Presupuesto" de los Ejercicios79 es la norma para establecer unas relaciones personales sanas entre profesores y alumnos, entre profesores y directores del centro, en el ámbito propio de los profesores y de los estudiantes y en todos los sectores de la comunidad educativa. 

      (159) 5. Muchas de las "anotaciones" o "sugerencias para el que da los Ejercicios" son, con las adaptaciones apropiadas, sugerencias válidas para los profesores en un centro educativo de la Compañía. 

      (160) 6. Hay ciertas analogías entre los métodos de los Ejercicios y los métodos de la pedagogía jesuítica tradicional, muchos de los cuales pasaron a la Ratio Studiorum: 

      a. Los "preámbulos" y los "puntos" para la oración tienen su paralelo en la prelección de la materia, que debe ser enseñada; 

      b. La "repetición" de la oración se asemeja al dominio de la materia, por medio de una frecuente y cuidadosa repetición del trabajo de clase; 

      c. La "aplicación de sentidos" ("sentir" para Ignacio se refleja en el acento puesto en lo creativo y lo imaginativo, en la experiencia, la motivación, el deseo y el gozo por aprender. 

      B. Algunos ejemplos de las directrices procedentes de las Constituciones y Ratio Studiorum: (véase en el Apéndice I una descripción más amplia de los contenidos de estos dos documentos.) 

      (161) 1. El plan de estudios debe ser estructurado cuidadosamente: en el orden del trabajo diario, en el modo en que los diversos cursos se fundamentan sobre la materia de los precedentes y en la relación mutua de unos cursos con otros. El plan debe ser integrado de tal manera en su conjunto, que cada curso particular contribuya a la consecución de la finalidad global de la escuela. 

      (162) 2. La pedagogía debe incluir el análisis, la repetición, la reflexión activa y la síntesis; y debe combinar las ideas teóricas con sus aplicaciones prácticas. 

      (163) 3. No es la cantidad de materia aprendida lo más importante, sino más bien una formación sólida profunda y básica. ("Non multa, sed multum.") 
       

      * * *

 

 Conclusión 
 

    (164)   La introducción de este documento hace referencia a un encuentro celebrado en Roma en 1980 y a la alocución que el P. Pedro Arrupe pronunció en la conclusión del mismo. Aquella alocución fue publicada posteriormente bajo el titulo "Nuestros Colegios: Hoy y Mañana" y ha sido citada repetidas veces en el cuerpo de este documento y en las notas. 

    (165)   En aquella alocución el P. Arrupe describia la finalidad de un centro educativo de la Compañía. Esa finalidad es, decía él, ayudar a la formación de 

      "Hombres Nuevos; transformados por el mensaje de Cristo, cuya muerte y resurrección ellos deben testimoniar con su propia vida. Quienes salgan de nuestros colegios deben haber adquirido, en la medida proporcionada a su edad y a su madurez, una forma de vida que sea por sí misma proclamación de la caridad de Cristo, de la fe que nace de Él y a Él lleva, y de la justicia que Él proclamó."80 

    (166)   Más recientemente el actual General de la Compañía de Jesús, P. Peter-Hans Kolvenbach, expresaba el mismo propósito con palabras muy semejantes: 

      "Nuestro ideal es la persona armónicamente formada, que es intelectualmente competente, abierta al crecimiento, religiosa, movida por el amor, y comprometida a realizar la justicia en un servicio generoso al Pueblo de Dios".81 

    (167)   La finalidad de la educación de la Compañía no ha sido nunca únicamente la adquisición de un conjunto de información y de técnicas o la preparación para una carrera, aunque todas estas cosas sean en sí mismas importantes y útiles para futuros líderes cristianos. El fin último de la educación secundaria de la Compañia es, más bien, el crecimiento completo de la persona, que conduce a la acción, una acción empapada del espíritu y la presencia de Jesucristo, el Hombre para los demás. 

    (168)   La Comisión Internacional para el Apostolado de la Educación de la Compañía de Jesús ha intentado describir las características de la educación jesuítica, en orden a ayudar a que sus centros educativos consigan más eficazmente esta finalidad. El material no es nuevo; el documento no es completo; el trabajo de renovación no termina nunca. Una descripción de las características de la educación de la Compañía no puede ser nunca perfecta ni puede considerarse como definitiva. Sin embargo una comprensión progresiva de la herencia de estas escuelas, la visión ignaciana aplicada a la educación, puede dar el impulso renovado para la dedicación a esta tarea y una voluntad nueva de poner los medios que la hagan más eficaz. 

      * * *

 

APENDICE I 

IGNACIO, LOS PRIMEROS COLEGIOS DE LA COMPAÑIA 

Y LA "RATIO STUDIORUM" 
 
 

      A. El camino espiritual de Ignacio de Loyola: 1491-1540 

            (Esta narración de la vida de Ignacio se basa en la "Autobiografía",82 un escrito dictado por el mismo Ignacio a un compañero, tres años antes de su muerte. Al hablar, Ignacio se refiere siempre a sí mismo en tercera persona.) 

De Loyola a Montserrat 

(169)   Ignacio era un hidalgo, nacido en 1491 en la Casa solar de Loyola, en el País Vasco y fue educado como un caballero en la corte de España. En su autobiografía, resume sus primeros veintiséis años en una sola frase: "fue hombre dado a las vanidades del mundo, y principalmente se deleitaba en el ejercicio de armas, con un grande y vano deseo de ganar honra".83 El deseo de ganar honra, llevó a Ignacio a Pamplona para defender esta ciudad fronteriza, atacada por los franceses. La defensa era desesperada, cuando, el 20 de Mayo de 1521, Ignacio fue herido por una bala de cañón que le quebró totalmente una pierna, dejándole la otra malherido. Pamplona, e Ignacio con ella, cayeron en manos de los franceses. 

(170)   Los médicos franceses cuidaron a Ignacio malherido y lo enviaron a Loyola donde pasó por una larga convalecencia. En este período de forzada inactividad pidió libros para leer, y por puro aburrimiento, aceptó los únicos que se encontraban en la casa: un libro de la Vida de los Santos y una Vita Christi. Entre lectura y lectura, el romántico caballero soñaba, unas veces en imitar los hechos de San Francisco o Santo Domingo, y otras en lances caballerescos en servicio de "una Señora de no vulgar nobleza".84 Transcurrido un tiempo, cayó en la cuenta de que "había todavía esta diferencia: que cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ... hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aun después de dejado, quedaba contento y alegre ... Se le abrieron un poco los ojos y empezó a maravillarse desta diversidad, y a hacer reflexión sobre ella ... poco a poco viniendo a conocer la diversidad de los espíritus que se agitaban".85 Ignacio iba descubriendo la acción de Dios en su vida, y su deseo de honra se iba transformando en un deseo de entregarse completamente a Dios, aunque estaba muy poco seguro de lo que esto podría significar: "Mas todo lo que deseaba hacer, luego como sanase, era la ¡da de Jerusalén ... con tantas disciplinas y tantas abstinencias, cuantas un ánimo generoso, encendido de Dios, suele desear hacer".86 

(171)   Ignacio comenzó su viaje a Jerusalén tan pronto como terminó su convalecencia. La primera parada fue el famoso Monasterio de Montserrat. El 24 de Marzo de 1522, ofreció la espada y el puñal "delante el altar de Nuestra Señora de Monserrate, adonde tenía determinado dejar sus vestidos y vestirse las armas de Cristo".87 Pasó toda la noche en vela, con su bordón en la mano. Desde Montserrat bajó a una ciudad llamada Manresa, donde pensaba permanecer unos días. Estuvo casi un año. 

Manresa 

(172)   Ignacio vivió como un peregrino, mendigando para satisfacer sus necesidades fundamentales, y gastando casi todo su tiempo en la oración. Al principio, los días pasaban llenos de gran consolación y alegría; pero pronto la oración se convirtió en un tormento y solamente experimentaba fuertes tentaciones, escrúpulos, y tan gran desolación que le venían pensamientos, "con gran impetu, para echarse de un agujero grande que aquella su cámara tenía".88 Finalmente, volvió la paz. Ignacio reflexionaba en la oración sobre "el buen y el mal espíritu"89 que estaban detrás de experiencias como ésta, y comenzó a reconocer que su libertad para responder a Dios era influenciada por estos sentimientos de "consolación" y "desolación". "En este tiempo le trataba Dios de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño, enseñándole".90 

(173)   El peregrino era cada vez más sensible a los movimientos interiores de su corazón y a las influencias exteriores del mundo que le rodeaba. Reconocia a Dios revelándole su amor e invitándole a una respuesta, pero también sabía que su libertad para responder a ese amor podía ser ayudada o dificultada, según fuera la forma cómo viviera esas influencias. Aprendió a responder en libertad al amor de Dios luchando para remover los obstáculos de esa misma libertad. Pero "el amor se debe poner más en las obras".91 La plenitud de libertad llevaba inevitablemente a una total fidelidad; la respuesta libre de Ignacio al amor de Dios tomaba la forma de un servicio por amor, una total dedicación al servicio de Cristo que, para el hidalgo Ignacio, era su "Rey". Puesto que era una respuesta de amor, al amor de Dios, nunca podría decir basta; la lógica del amor pedía una respuesta siempre mayor ("magis"). 

(174)   Su conversión al servicio de Dios, por amor, se confirmó en una experiencia que tuvo lugar un día mientras descansaba a orillas del río Cardoner. "Y estando allí sentado, se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas ... Recibió una grande claridad en el entendimiento; de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto como de aquella vez sola".92 

(175)   Ignacio anotaba sus experiencias en un pequeño libro; era ésta una práctica que había comenzado ya en su convalecencia en Loyola. Al principio, estas notas eran solamente para su uso personal, pero poco a poco vió la posibilidad de que pudieran tener una aplicación más amplia. "Algunas cosas que observaba en su alma y las encontraba útiles, le parecía que podrían ser útiles también a otros, y asi las ponía por escrito".93 Había descubierto a Dios y consiguientemente el sentido de la vida; y aprovechaba cualquier oportunidad para llevar a otros a experimentar el mismo descubrimiento. Conforme pasaba el tiempo, sus notas fueron tomando forma más estructurada y llegaron a ser la base de un pequeño libro llamado Ejercicios Espirituales,94 publicado para ayudar a otros a conducir a hombres y mujeres a través d euna experiencia de libertad interior que lleva a un fiel servicio a los demás en servicio de Dios. 

(176) 
 

De Jerusalén a Paris 

(177)   Ignacio abandonó Manresa en 1123 para continuar su largo camino a Jerusalén. Las experiencias de los meses pasados en Manresa coronaron la ruptura con su vida anterior y le confirmaron en su deseo de entregarse completamente al servicio de Dios, aunque este deseo no tenía todavía un objetivo bien definido. Queria permanecer en Jerusalén, visitando los Santos Lugares y sirviendo a las almas, pero no le fue permitido, dado el estado de inseguridad de la ciudad. "Después que el dicho peregrino entendió que era voluntad de Dios que no estuviese en Jerusalén, siempre vino consigo pensando qué haría, y al final se inclinaba más a estudiar algún tiempo para poder ayudar a las ánimas, y se determinaba ir a Barcelona".95 Aunque tenía ya treinta años, fue a la escuela, y se sentó junto a los niños de la ciudad que estudiaban la gramática; dos años más tarde se trasladaría a estudiar a la Universidad de Alcalá. En las horas en que no estudiaba, enseñaba a otros los caminos de Dios y les daba sus Ejercicios Espirituales. Pero la Inquisición no se mostraba dispuesta a tolerar que hablase de cosas espirituales sin la debida preparación teológica. En vez de guardar silencio sobre la única cosa que realmente le importaba, y convencido de que Dios le iba llevando, Ignacio dejó Alcalá y se fue a Salamanca. Las fuerzas de la Inquisición continuaron persiguiéndolo hasta que, finalmente, dejó España, en 1528, y marchó a Francia, a la Universidad de París. 

(178)   Ignacio permaneció en París durante siete años. Aunque su predicación y dirección espiritual en Barcelona, Alcalá y Salamanca le habían atraído compañeros que permanecieron con él algún tiempo, fue en la Universidad de París donde se formó un grupo más duradero de "amigos en el Señor".96 Compartía el cuarto con Pedro Fabro y Francisco Javier "a los cuales después ganó para el servicio de Dios por medio de los Ejercicios".97 Atraídos por el mismo ideal, pronto se le juntaron otros cuatro más. Cada uno de estos hombres había experimentado personalmente el amor de Dios, y su deseo de responder fue tan profundo que sus vidas cambiaron radicalmente. Como cada uno había compartido esta experiencia con los demás, constituyeron un grupo compacto que habría de durar a lo largo de la vida de todos ellos. 
 

De París a Roma 

(179)   Este pequeño grupo de siete compañeros se fue junto, en 1534, a una pequeña capilla de un monasterio en Montmartre, en las afueras de París, y el único sacerdote entre ellos --Pedro Fabro-- celebró una misa en la que todos ellos consagraron sus vidas a Dios mediante los votos de pobreza y castidad. Durante aquellos días "habían decidido todos lo que tenían que hácer, esto es: ir a Venecia y Jerusalén, y gastar su vida en provecho de las almas".98 En Venecia los otros seis compañeros, Ignacio entre ellos, fueron ordenados sacerdotes. Peró su decisión de ir a Jerusalén no llegó a realizarse. 

(180)   Las continuas guerras entre cristianos y musulmanes hicieron imposible el viaje a Jerusalén. Mientras esperaban que se suavizase la situación y las peregrinaciones pudieran reanudarse, los compañeros dedicaron su tiempo a predicar, dar Ejercicios, y trabajar con los pobres en los hospitales. Finalmente, cuando había pasado un año y el viaje a Jerusalén seguía siendo imposible, decidieron "volver a Roma y presentarse al Vicario de Cristo, para que los emplease en lo que juzgase ser de mayor gloria de Dios y utilidad de las almas".99   

(181)   Su resolución de ponerse al servicio del Santo Padre significaba que podían ser enviados a cualquier parte del mundo donde el Papa los necesitase; los "amigos en el Señor" podrían ser dispersados. Sólo entonces decidieron crear un vínculo permanente entre ellos que los mantuviera unidos aunque estuvieran físicamente separados. Añadirían el voto de obediencia y quedarían así constituidos en una Orden Religiosa. 

(182)   Hacia el fin de su viaje a Roma en una pequeña capilla, a la vera del camino, en el pueblo de La Storta, Ignacio "fue muy especialmente visitado del Señor... Y estando un día, algunas millas antes de llegar a Roma, en una iglesia, y haciendo oración, sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre le ponía con Cristo su Hijo, que no tendría ánimo para dudar de esto, sino que Dios Padre le ponía con su Hijo".100 Los compañeros se convirtieron en Compañeros de Jesús, para asociarse íntimamente al trabajo redentor de Cristo resucitado, en y por la Iglesia, que actúa en el mundo. El servicio de Dios en Cristo Jesús se hizo servicio en la Iglesia y de la Iglesia en su misión redentora. 

(183)   En 1539 los Compañeros, diez ya, fueron benignamente recibidos por el Papa Paulo III, y la Compañía de Jesús fue formalmente aprobada en 1540; unos pocos meses después, Ignacio fue elegido su primer Prepósito General. 

      B. La Compañía de Jesús asume el apostolado de la Educación: 1540-1556. 

(184)   Aunque todos los primeros compañeros de Ignacio eran graduados por la Universidad de Paris, las instituciones educativas no entraban dentro de los propósitos originales de la Compañía de Jesús. Como se describe en la "Fórmula" presentada a Paulo III para su aprobación, la Compañía de Jesús fue fundada "para dedicarse principalmente al provecho de las almas en la vida y doctrina cristiana y para la propagación de la fe mediante lecciones públicas y el servicio de la Palabra de Dios, los Ejercicios Espirituales y obras de caridad, y concretamente por medio de la instrucción de los niños y de los ignorantes en el cristianismo, y para espiritual consolación de los fieles oyendo sus cónfesiones".101 Ignacio quería que los jesuitas se mantuvieran libres para poder desplazarse de un lugar a otro donde la necesidad fuera mayor; y estaba convencido de que las instituciones les fijarían en un lugar e impedirían su movilidad. Pero los compañeros tenían sólo un propósito: "servir y amar a su Divina Majestad en todas las cosas";102 estaban dispuestos a adoptar cualquier medio que pudiera mejor ayudar a cumplir este amor y servicio de Dios, en el servicio a los demás. 

(185)   Pronto aparecieron claros los resultados que podrían obtenerse de la educación de la juventud, y no pasó mucho tiempo sin que los jesuitas se dedicasen a este trabajo. Francisco Javier, escribiendo desde Goa, India, en 1542, se mostraba entusiasta de los resultados que los jesuitas que enseñaban en el Colegio de San Pablo, estaban obteniendo; Ignacio respondió animándoles en su labor. Un Colegio habla sido fundado en Gandía, España, para la educación de los que se disponían a entrar en la Compañía de Jesús; en 1546 comenzaron a admitirse otros jóvenes de la ciudad, ante la insistente petición de sus padres. El primer "Colegio de la Compañía", en el sentido de una institución primariamente destinada a seglares, fue fundado en Messina, Italia, solamente dos años después. Y cuando se vio claro que la educación era, no solamente un medio apto para el desarrollo humano y espiritual, sino también un instrumento eficaz para la defensa de la fe atacada por los reformadores, el número de colegios de la Compañía comenzó a crecer muy rápidamente: antes de su muerte en 1546, Ignacio había aprobado personalmente la fundación de 40 colegios. Durante siglos, las congregaciones religiosas habían contribuido al desarrollo de la educación en filosofía y teología. Para los miembros de esta nueva Orden el extender su trabajo educativo a las humanidades e incluso llevar colegios, era algo nuevo en la vida de la Iglesia, que necesitaba una aprobación formal, mediante un decreto del Papa. 

(186)   Ignacio, entre tanto, se quedó en Roma y dedicó los últimos años de su vida a escribir las Constituciones1O3 de la nueva Orden Religiosa. 

(187) 

(188)   En su correspondencia, Ignacio prometió un desarrollo ulterior de las Reglas, o principios básicos, que habrían de regir en todos los Colegios. Pero insistía en que no podría elaborar estas reglas hasta que pudiera deducirlas a partir de la experiencia concreta de quienes estaban de hecho empeñados en la labor educativa. Antes de haber podido cumplir esta promesa, en la madrugada del 31 de Julio de 1556, Ignacio murió. 

      C. La "Ratio Studiorum" y la historia más reciente. 

(189)   En los años siguientes a la muerte de Ignacio, no todos los jesuitas estaban de acuerdo en que el trabajo en los colegios era una actividad propia de la Compañía de Jesús; la disputa duró hasta bien entrado el siglo XVII. Sin embargo, el compromiso de los jesuitas en la enseñanza siguió creciendo a ritmo rápido. De los cuarenta colegios que Ignacio había aprobado personalmente, treinta y cinco estaban funcionando cuando él murió, aun cuando el número total de miembros de la Compañía de Jesús no había llegado todavía a los mil. En el espacio de cuarenta años, el número de Colegios alcanzó los 245. El desarrollo prometido de un documento que resumiera los principios comunes a todos los Colegios jesuíticos era ya una necesidad práctica. 

(190)   Los sucesivos Superiores de la Compañía promovieron un intercambio de ideas basadas en experiencias concretas, en forma tal que, sin faltar al principio de Ignacio de atender las "circunstancias de lugares y personas", se pudieran desarrollar un curriculum básico, y unos principios pedagógicos generales que provinieran de esta experiencia y fueran comunes a todos los Colegios de la Compañía. Hubo, pues, un período de intenso intercambio entre todos los Colegios. 

(191)   Los primeros borradores de un documento común se basaban, como Ignacio había deseado, en las "Reglas del Colegio Romano". El Prepósito General Rodolfo Aquaviva nombró una comisión internacional formada por seis jesuitas; se reunieron en Roma para adaptar y modificar estos borradores provisionales, partiendo de la experiencia de las diversas partes del mundo. En 1586 y, de nuevo, en 1591, este grupo publicó borradores más completos que fueron ampliamente difundidos para su comentario y corrección. Sucesivo intercambio, reuniones de la comisión, y trabajo de redacción llevaron finalmente a la publicación de la Ratio Studiorum,114 el 8 de Enero de 1599. 

(192) 

(193)   El proceso que llevó a la redacción y publicación de la Ratio produjo un "sistema" de colegios, cuya fuerza e influencia radicaba en el espíritu común, que se había desarrollado en principios pedagógicos comunes, basados en la experiencia y corregidos y adaptados por medio de un constante intercambio. Fue el primer sistema educacional de este tipo, que el mundo había conocido. 

(194)   El sistema se desarrolló y enriqueció durante más de doscientos años, pero tuvo un brusco y trágico final. Cuando la Compañía de Jesús fue suprimida por una Bula Pontificia en 1773, fue prácticamente destruida una red de 845 instituciones educativas extendidas por toda Europa, las Américas, Asia y Africa. Solamente unos pocos colegios de jesuitas quedaron en territorio ruso, donde la supresión nunca llegó a tener efecto. 

(195)   Cuando Pio VII decidió restaurar la Compañia de Jesús en 1814, una de las razones que dio para su determinación fue que "la Iglesia Católica pueda gozar, de nuevo, del beneficio de su experiencia educativa".115 El trabajo educativo, de hecho, comenzó casi inmediatamente, y poco después, en 1832, se publicó una edición experimental revisada de la Ratio Studiorum. Pero nunca fue definitivamente aprobada. Las turbulencias de la Europa del siglo XIX, marcada por revoluciones y frecuentes expulsiones de los jesuitas de varios países --y, consiguientemente, de sus colegios-- impidieron una renovación de la filosofía y pedagogía de la educación jesuítica. Con bastante frecuencia la Compañía estaba dividida y sus instituciones educativas eran utilizadas como apoyo ideológico de una u otra parte de las naciones en guerra. A pesar de todo, en medio de situaciones difíciles, los colegios de la Compañía comenzaron nuevamene a florecer, de manera especial en las naciones, que entonces se desarrollaban, de las Américas, India, y Asia Oriental. 

(196)   El siglo XX, especialmente en los años posteriores a la segunda guerra mundial, trajo un espectacular aumento en el tamaño y número de las instituciones educativas de la Compañía. Los decretos de las diversas Congregaciones Generales, particularmente las aplicaciones del Concilio Vaticano II incorporadas al decreto 28 de la Congregación General 31, esparcieron las semillas de un espiritu renovado. Hoy día, el apostolado educativo de la Compañía se extiende a más de 2.000 instituciones de una increíble variedad de tipos y niveles. 10.000 jesuitas trabajan en estrecha colaboración con casi 100.000 seglares para educar a 1.500.000 jóvenes y adultos en 56 países en todo el mundo. 

(197)   La educación de la Compañía hoy no constituye ni puede constituir el "sistema" unificado del siglo XVII; y, aunque no pocos principios de la Ratio original conservan actualmente su validez, el curriculum y la estructura uniformes, impuestos a todos los centros educativos del mundo, han sido sustituidos por las distintas necesidades de las diferentes culturas y confesiones religiosas y por el perfeccionamiento de los métodos pedagógicos, que varían de una cultura a otra. 

(198)   Esto no significa que el "sistema" educativo de la Compañía no sea ya una real posibilidad. El espíritu común y la visión de Ignacio fueron los que hicieron posible que los colegios de los jesuitas del siglo XVI desarrollaran unos principios y unos métodos comunes; pero fue el espíritu común, unido a una finalidad también común, lo que creó el "sistema" escolar jesuítico del siglo XVII, tanto o más que los principios y métodos más concretos recogidos en la Ratio. Este mismo espíritu común, juntamente con las finalidades básicas, los objetivos y las lineas de acción que se derivan de él, pueden ser una realidad en todas las escuelas de la Compañía hoy, en todos los países del mundo, aun cuando las aplicaciones más concretas sean muy diferentes y muchos de los detalles de la vida escolar vengan determinados por factores culturales diversos y por otras instancias exteriores. 

 

APENDICE II: 

PRESENTACIÓN ESQUEMÁTICA DEL DOCUMENTO 
 

(Ofrecemos aquí una presentación esquemática de la relación entre la visión espiritual de Ignacio y las características de la educación de la Compañía. Los nueve puntos de la columna de la izquierda repiten las líneas substanciales de la visión ignaciana, tal como se habían formulado en las primeras nueve secciones del cuerpo del documento; las notas a pie de página, por su parte, relacionan estas mismas ideas con los escritos de Ignacio --primariamente los Ejercicios Espirituales y las Constituciones-- y con los párrafos del resumen histórico contenido en el Apéndice I. Las 28 características básicas de la educación de la Compañía vienen repetidas en la columna de la derecha, ordenadas de modo que se pueda percibir su fundamentación en la visión ignaciana del mundo. No se pretende mostrar un paralelo exacto: más que una aplicación directa de la espiritualidad ignaciana se debe pensar en las características como derivadas de la visión espiritual de Ignacio o radicadas en ella.) 

La visión ignaciana del mundo 

La educación de la Compañía ...

1.  Para Ignacio, Dios es Creador y Señor, Suprema Bondad, la única Realidad que es absoluta;116 

      Todas las demás realidades proceden de Dios y tienen valor únicamente en cuanto nos conducen a Dios.117 

-es un instrumento apostólico.

                  Este Dios está presente en nuestras vidas, "trabajando por nosotros" en todas las cosas; 

-incluye una dimensión religiosa que impregna la educación entera.

                        Puede ser descubierto, por medio de la fe en todos los acontecimientos naturales y humanos,

                        en la historia en su conjunto,

-afirma la realidad del mundo. 

-promueve el díalogo entre la fe y la cultura.

                        y muy especialmente en lo íntimo de la experiencia vivida por cada persona individual.118  

-ayuda a la formación total de cada persona dentro de la comunidad humana.2. Cada hombre o mujer es conocido y amado personalmente por Dios. Este amor invita a una respuesta que, para ser auténticamente humana, debe ser expresión de una libertad radical.119 Por eso, en orden a responder al amor de Dios, toda persona es llamada a ser: 

            - libre para dar de sí misma, aceptando la responsabilidad y las consecuencias de las propias acciones: libre para ser fiel;

            - libre para trabajar en fe en pro de la felicidad verdadera, que es el fin de la vida humana: libre para trabajar con otros en el servicio de] Reino de Dios para la redención de la creación.120 

-insiste en el cuidado e interés individual por cada persona. 

-estimula la apertura al crecimiento, a lo largo de toda la vida. 

-da gran importancia a la actividad de parte del alumno. 

3. A causa del pecado y de sus efectos, la libertad para responder al amor de Dios no es automática. Ayudados y robustecidos por el amor redentor de Dios, estamos comprometidos en una lucha permanente por reconocer y trabajar contra los obstáculos que bloquean la libertad --incluidos los efectos del pecado--, al mismo tiempo que desarrollamos las capacidades necesarias para el ejercicio de la verdadera libertad.121 

            a. Esta libertad requiere un verdadero conocimiento, amor y aceptación de uno mismo, unidos a una determinación de liberarnos de cualquier excesivo apego: a la riqueza, a la fama, a la salud, al poder, o a cualquier otra cosa, aun a la misma vida.122

            b. La verdadera libertad requiere también un conocimiento realístico de las diversas fuerzas presentes en el mundo que nos rodea, e incluye libertad de las percepciones distorsionadas de la realidad, de los valores deformados, de las actitudes rígidas y de la sumisión a ideologías estrechas.123

            c. Para caminar hacia esa verdadera libertad es preciso aprender a reconocer y tratar las diversas influencias que pueden promover o limitar la libertad: los movimientos dentro del propio corazón; experiencias pasadas de todo tipo; interacciones con otras personas; la dinámica de la historia, de las estructuras sociales y de la cultura.124 

-estimula un conocimiento, amor y aceptación realistas de uno mismo. 

-proporciona un conocimiento realista del mundo en que vivimos. 

-está orientada hacia los valores.

4. La visión que Ignacio tiene del mundo está centrada en la persona histórica de Jesucristo.125

            Él es el modelo de toda vida humana, a causa de su respuesta total al amor del Padre, en servicio de los demás.

            Él comparte nuestra condición humana y nos invita a seguirle bajo la bandera de la cruz, en respuesta de amor al Padre.126

            Él está vivo en medio de nosotros y sigue siendo el Hombre para los demás en el servicio de Dios. 

-propone a Cristo como el modelo de la vida humana. 

-proporciona una atención pastoral adecuada. 

-celebra la fe en la oración personal y comunitaria, en otras formas de culto y en el servicio.5. Una respuesta de amor y una respuesta libre al amor de Dios no puede ser simplemente especulativa o teórica. Por mucho que cueste, los principios especulativos deben conducir a una acción decisiva: "el amor se muestra en las obras".127

                  Ignacio pide un compromiso total y activo de los hombres y mujeres que, "por imitar y parecer más actualmente a Cristo Nuestro Señor", pondrán en práctica sus ideales en el mundo real de la familia, de los negocios, de los movimientos sociales, de las estructuras políticas y legales y de las actividades religiosas.128 

-es una preparación para un compromiso en la vida activa. 

-sirve a la fe que realiza la justicia. 

-pretende formar "hombres y mujeres para los demás".

-manifiesta una preocupación particular por los pobres.

6. Para Ignacio, la respuesta a la llamada de Cristo se realiza en y por medio de la Iglesia Católica, el instrumento a través del cual Cristo está sacramentalmente presente en el mundo.129 María, la Madre de Jesús, es el modelo de esta respuesta.130

                  Ignacio y sus primeros compañeros fueron todos sacerdotes y pusieron la Compañía de Jesús al servicio del Vicario de Cristo, para ir a "dondequiera que él juzgase ser conveniente para mayor gloria divina y bien de las almas".131

-es un instrumento apostólico, al servicio de la Iglesia, sirviendo a la sociedad humana. 

-prepara a los estudiantes para una participación activa en la Iglesia y en la comunidad  local y para el servicio a los demás. 

7. Ignacio insistía repetidas veces en el "magis", el más. Su constante preocupación fue el mayor servicio de Dios por medio del más estrecho seguimiento de Cristo y aquella preocupación pasó a toda la acción apostólica de los primeros compañeros. La respuesta concreta a Dios debe ser "de mayor estima y momento".132

-persigue la excelencia en su acción formativa. 

-da testimonio de excelencia.

8. Cuando Ignacio llegó a conocer el amor de Dios revelado en Jesucristo y comenzó a responder entregándose a sí mismo al servicio del Reino de Dios hizo partícipes de su experiencia y atrajo a otros compañeros que se hicieron "amigos en el Señor", para el servicio de los demás.133

                  La fuerza del trabajo de una comunidad en el servicio del Reino es mayor que la de un solo individuo o la de un grupo de individuos. 

-acentúa la colaboración. 

-se basa en un espíritu de comunidad entre el equipo de profesores y directivos, la comunidad de jesuitas, los consejos de gobierno, los padres, los estudiantes, los antiguos alumnos y los bienhechores.

-se realiza dentro de una estructura que pro-mueve comunidad. 

9. Ignacio y sus compañeros tomaban sus decisiones sobre la base de un proceso permanente de discernimiento personal y en común, realizado siempre en un contexto de oración. Mediante la reflexión sobre los resultados de sus actividades, hecha en oración, los compañeros revisaban las decisiones anteriores e introducían adaptaciones en sus métodos, en una búsqueda constante del mayor servicio de Dios ("magis").134

-adapta medios y métodos, en orden a lograr sus finalidades con la mayor eficacia. 

-es un "sistema" de escuela con una visión y unas finalidades comunes. 

-ayuda a la preparación profesional y a la formación permanente necesaria, especialmente de los profesores. 

 

Comments