¿Elegimos nuestros espacios de archivo? ¿Construimos estrategias de memoria e identidad, personal o colectiva, en virtud de los espacios asignados a los archivos? ¿Acumulamos o archivamos? ¿Es preciso ocupar espacio en la nube digital? ¿Se puede comprender el término archivo sin aludir a un espacio, a un lugar físico o lógico que acota una agrupación de información, un espacio público o privado, cargado de múltiples significados, no siempre positivos? ¿Cuáles son las circunstancias, el entorno, los detalles y aún la predisposición para convertir el recuerdo y la memoria personal en un resultado documental que interese por igual, aunque para fines diferentes pero complementarios, a historiadores de la cultura escrita y a profesionales de archivo? Llegar a respuestas satisfactorias requiere haber recorrido un camino prolongado en el tiempo. Un tiempo amplio, en el que las prácticas, los resultados y las formulaciones de la llamada "memoria documentada" por vía de archivo y escritura fueron configurando un contexto de producción, uso y, llegado el caso, eliminación.
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