Luis Cortés


Si quieres saber cómo es una dorada con Parkinson, acercate a una de ellas y susurrale  al oido:

¡Luis está montando las cañas!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Saca un cigarrillo, lo enciende, y mientras conversa contigo no pierde de vista el puntero de sus cañas.

 

 

 

 

 

De pronto, ves cómo se tensa su cuello, se aguza su mirada ... una de las cañas se ha movido.

 

Nadie lo ha visto.

 

Sólo Luis.

 

Sólo el maestro.

 

 

 

 

 

Y de pronto ya no es Luis; es un leopardo que ha visto a su presa y la ha mirado a los ojos.

 

 

 

 

La dorada no lo sabe aún, pero acaba de firmar su sentencia de muerte.

 

 

 

 

 

Luis salta del banco y en menos de un segundo ya tiene la caña en la mano.

 

 

 

 

Con una infinita  y estudiada destreza aguarda ese segundo y casi imperceptible tirón.

 

 

Es una estampa formidable.

 

 

Es el depredador inmóvil y expectante.

 

 

 

Y, por fín. . .  el momento sublime.

 

 

 

 

 

Luis percibe ese sutíl y levísimo tirón que le indican que la presa ha mordido.

 

 

Se desatan los truenos, se despierta  el monstruo, el brazo de Luis es un resorte, una máquina letal.

 

 

 

 

El tirón del maestro, una vez más, ha sido el oportuno.

 

 

Los dientes del  leopardo han llegado al hueso.

 

 

En sus mandíbulas ensangrentadas se dibuja una sonrisa de  triunfo.

 

 

 

 

 

La dorada siente cómo, en una milésima de segundo, la película de su vida le pasa por delante.

 

 

En "Dorada City" tocan a muerto.

 

 

La lucha es breve.

 

 

No hay rival para Luis Cortés.

 

 

 

 

 

 

Los curiosos se arremolinan en torno al maestro.

 

 

 

Los amigos , tan sólo lo miramos, orgullosos,  expectantes...

 

 

Cuando termina de sacar el anzuelo de la boca del animal, con esa sonrisa del vencedor, que en su caso tiene un cierto toque de nobleza, no alardea, no se jacta, no hace más que sentarse y encender otro cigarro.

 

 

 

 

 

 

Los que le conocemos ya sabemos  lo que viene ahora.

 

 

Volvemos a sentarnos, entre envidiosos y admirados, y nos preparamos para escuchar la canción del campeón:

 

 

¡Las gordas pa mi!

¡Las gordas pa mi!

 

 

 

 

 

 

"Luis, eres un tipo formidable."

 

Pedro J. Bueno.

Un bonito ejemplar... y una gran dorada.

 

 

¿Por qué le llamarán "Dorada"?

 

 

¡Anda que no se nota el Photoshop!

Ese gato se vé que está trucado.

 

 

 

Luis, una dorada, y el gato cabrón.

La dorada terminó en el horno.

El gato, no sabemos.

 

 

Con María.

- ¡Este es mi padre! ¡Si señor!

 

 

-Papá, la nevera está llena de pescado.

¿Que hago con estas dos?

 

 

¿Cual es la época buena para pescar dorada?

Siempre que Luis tiene un día libre.

 

 

El hombre del bisturí es el Doctor A. Domínguez.

Sus pacientes, cinco victimas de Luis Cortés.

 

 

Un tirón, una carrera... y ya está.

Otra dorada criando malvas.

 

 

 

¿Suerte? ¿Sabiduría?

NO.

Simplemente . . .  es Luis.

 

 

 

De nuevo nos dejas con la boca abierta, MAESTRO.