3. Aprender a hacer.

Con la capacidad de aplicar los conocimientos para el progreso de los pueblos. Se refiere a aspectos como:

 

♦ La capacidad de comunicarse y de trabajar con los demás, en un espíritu de equipo

♦ De afrontar y solucionar conflictos, individuales, familiares y comunitarios

♦ El aprendizaje tendiente a fortalecer procesos de desarrollo en economías locales

♦ El conocimiento que dinamiza la producción y utilización adecuada de los recursos

♦ El aprendizaje que enseña a comportarnos eficazmente en tiempos de crisis

 

 

El aprender hacer no es solo el fin de adquirir una calificación profesional sino más generalmente una competencia que capacite al individuo para hacer un gran número de situación y trabajar en equipo es decir no darle mayor importancia a un número que indique o limite la capacidad del alumno.          

Aprender a conocer y aprender a hacer es, en gran medida, indisociable. Pero lo segundo está más estrechamente vinculado a la cuestión de la formación profesional: ¿cómo enseñar al alumno a poner en práctica sus conocimientos y, al mismo tiempo, cómo adaptar la enseñanza al futuro mercado de trabajo, cuya evolución no es totalmente previsible? por  ello le corresponde establecer una diferencia entre la economía de los  industriales, en las que predomina el trabajo asalariado, y las demás, en las que subsiste todavía de manera generalizada el trabajo independiente o ajeno al sector estructurado de la economía.

 

El  futuro de esas economías está supeditado a su capacidad de transformar el progreso de los conocimientos en innovaciones generadores de nuevos empleos y empresas. Así pues, ya no puede darse a la expresión «aprender a hacer» el significado simple que tenía cuando se trataba de preparar a alguien para una tarea material bien definida, para que participase en la fabricación de algo. Los aprendizajes deben, así pues, evolucionar y ya no pueden considerarse mera transmisión de prácticas más o menos rutinarias, aunque éstas conserven un valor formativo que no debemos desestimar.

 

De la noción de calificación a la de competencia       

El dominio de las dimensiones cognitiva e informativa en los sistemas de producción industrial vuelve algo caduca la noción de calificación profesional, entre otros en el caso de los operarios y los técnicos, y tiende a privilegiar la de competencia personal. En efecto, el progreso técnico modifica de manera ineluctable las calificaciones que requieren los nuevos procesos de producción. A las tareas puramente físicas suceden tareas de producción más intelectuales, más cerebrales –como el mando de máquinas, su mantenimiento y supervisión- y tareas de diseño, estudio y organización, a medida que las propias máquinas se vuelven más «inteligentes» y que el trabajo se «desmaterializa».            

Este incremento general de los niveles de calificación exigidos tiene varios orígenes. Con respecto a los operarios, la yuxtaposición de las tareas obligadas y del trabajo fragmentado cede ante una organización en «colectivos de trabajo» o «grupos de proyecto», siguiendo las prácticas de las empresas japonesas: una especie de taylorismo al revés. Los empleados dejan de ser intercambiables y las tareas se personalizan. Cada vez con más frecuencia, los empleadores ya no exigen una calificación determinada, que consideran demasiado unida todavía a la idea de pericia material, y piden, en cambio, un conjunto de competencias específicas a cada persona, que combina la calificación propiamente dicha, adquirida mediante la formación técnica y profesional, el comportamiento social, la aptitud para trabajar en equipo, la capacidad de iniciativa y la de asumir riesgos.

 

Si a estas nuevas exigencias añadimos la de un empeño personal del trabajador, considerado como agente del cambio, resulta claro que ciertas cualidades muy subjetivas, innatas o adquiridas.--que los empresarios denominan a menudo «saber ser»- se combinan con los conocimientos teóricos y prácticos para componer las competencias solicitadas; esta situación ilustra de manera elocuente, como ha destacado la Comisión, el vinculo que la educación debe mantener entre los diversos aspectos del aprendizaje. Entre esas cualidades, cobra cada vez mayor importancia la capacidad de comunicarse y de trabajar con los demás, de afrontar y solucionar conflictos. El desarrollo de las actividades de servicios tiende a acentuar esta tendencia.

La «desmaterialización» del trabajo y las actividades de servicios en el sector asalariado

 

Las repercusiones de la «desmaterialización» de las economías avanzadas en el aprendizaje se ponen de manifiesto inmediatamente al observar la evolución cuantitativa y cualitativa de los servicios, categoría muy diversificada que se define, sobre todo por exclusión, como aquella que agrupa actividades que no son ni industriales ni agrícolas y que, a pesar de su diversidad, tienen en común el hecho de no producir ningún bien material.

 

Por último, es concebible que en las sociedades ultra tecnificadas del futuro la deficiente interacción entre los individuos pueda provocar graves disfunciones, para superar las cuales hagan falta nuevas calificaciones, basadas más en el comportamiento que en el bagaje intelectual, lo que quizá ofrezca posibilidades a las personas con pocos o sin estudios escolares, pues la intuición, el discernimiento, la capacidad de prever el futuro y de crear un espíritu de equipo no son cualidades reservadas forzosamente a los más diplomados. ¿Cómo y dónde enseñar estas cualidades en cierto sentido innatas? El problema se plantea también a propósito de la formación profesional en los países en desarrollo.    

 

El trabajo en la economía no estructurado       

En las economías en desarrollo en que la actividad asalariada no predomina, el trabajo es de naturaleza muy distinta. En muchos países del África Subsahariana y en algunos de América Latina y Asia sólo un pequeño segmento de la población trabaja en régimen asalariado y la inmensa mayoría participa en la economía tradicional de subsistencia. Hablando con propiedad, no existe ninguna función referencias laborales: los conocimientos técnicos suelen ser de tipo tradicional. Además, la función del aprendizaje no se limita al traba o, sino que debe satisfacer el objetivo más amplio de una participación en el desarrollo dentro de los sectores estructurado o no estructurado de la economía. A menudo se trata de adquirir a la vez una calificación social y una formación profesional.

 

En ambos casos, de los numerosos estudios realizados en países en desarrollo se desprende que éstos consideran que su futuro estará estrechamente vinculado a la adquisición de la cultura científica que les permitirá acceder a la tecnología moderna, sin descuidar por ello las capacidades concretas de innovación y creación inherentes al contexto local.  

Se plantea entonces una pregunta común a los países desarrollados y en desarrollo: ¿cómo aprender a comportarse eficazmente en una situación de incertidumbre?, cómo. ¿Participar en la creación del futuro?, pero el aprender a hacer esta dirigido fundamental y principalmente a la formación profesional de la noción de calificación de una competencia.

 

El dominio de las dimensiones cognitiva e informativa en los sistemas de producción industrial vuelve caduca la noción de calificación profesional, entre operarios y técnicos y tiende a realizar la competencia personal; el progreso técnico modifica de gran manera las calificaciones que requieren los requieren los nuevos procesos de producción. Además si a estas exigencias le añadimos la de un pequeño personal del trabajador, considerado como agente de cambio resulta claro que ciertas cualidades muy subjetivas, innatas o adquiridas se combinan con los conocimientos teóricos y prácticos, para componer las competencias solicitadas, esta actitud ilustra el vínculo que la educación debe mantener entre los diversos aspectos de aprendizaje.

 

La desmaterialización del trabajo y las actividades de servicio en el sector asalariado las repercusiones de la economía avanzadas en el aprendizaje ponen de manifiesto inmediatamente al observar la evolución cuantitativa y cualitativa de los servicio.     Muchos servicios se definen principalmente en función de la relación interpersonal que generan.    

 

El desarrollo de los servicios obliga a cultivar cualidades humanas que las formaciones tradicionales no siempre inculcan o fundamentan y que corresponde a la capacidad de establecer la relación estable y eficaz entre personas además de esto el problema se plantea también de la formación profesional en los países subdesarrollados o en vía de desarrollo

 

Todo esto quiere decir que si bien este pilar en gran parte subsiste con el aprender a conocer este pilar se centra más en la formación profesional y el saber como  aplicarla en las funciones que le corresponda al individuo.




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