ESCRITORES

Escritores Salvadoreños

La literatura en El Salvador se vive mucho, grandes y chicos disfrutan mucho de ellas, poemas, cuento, novelas y más.

En nuestro país hay escritores reconocidos por su gran trabajo como Claudia Lars, Roque Dalton, David Escobar Galindo, Salarrué, Arturo Ambrogi, Álvaro Menéndez Leal, Hugo Lindo, José María Méndez, Ramón Gonzalez Montalvo, Manlio Argueta, José Rutilio Quezada. Pero, ¿ Qué es un escritor? Se domina escritor, en sentido amplio, a quien escribe o es autor de cualquier obra escrita o empresa; en sentido estricto, el término designa a los profesionales del arte literario.


SALARRUÉ



Salvador Salazar Arrué mejor conocido como " Salarrué "  es un escritor y pintor salvadoreño.  Nació en Sonsonate el 22 de Octubre de 1899 y murió en los Planes de Renderos ( San Salvador) el 27 de noviembre de 1975. Estudió en la Corcoran School of Arts de Washintong D.C.  entre 1916 y 1919, fecha en que regreso a El Salvador.
En 1922 se casó con la pintora salvadoreña Zélie Lardé, con quen pocreó tres hijas, que también se dedicaron a las artes plásticas: Olga, Aída y Maya. A finales de los años veite trabajó como jefe de redacción en el periódico Patria del escritor y filósofo Alberto Masferrer. En ese periódico comenzó a publicar unas de sus obras más queridas e importantes en El Salvador: Cuentos de Cipotes como "relleno" para las páginas en las que quedaba espacios en blanco; sólo se publicarían en forma de libro más de treita años después, en 1961, a instancias del poeta, historiador y editor Italo López Vallecillos. Su casa recuperada en 2003 por el Consejo Nacional para la cultura y las Artes del El Salvador (CONCULTURA) actualmente alberga La Casa del Escritor, un proyecto de formación de escritores jóvenes.
Algunas de sus obras:
- Cuentos de barro. (1934)
- Cuentos de Cipotes.(1961)
- Eso y más. (1940)

El Negro  (cuentos de barro) por Salarrué:


El negro Nayo había llegado a la costa dende muy lejos. Sus veinte años morados y murushos, reiban siempre con jacha fresca de jícama pelada. Tenía un no sé qué que agradaba, un don de dar lástima; se sentía uno como dueño de él. A ratos su piel tenía tornasombras azules, de aun azulón empavonado de revólver. Blanco y sorprendido el ojo; desteñidas las palmas de las manos; gachero el hombro izquierdo, en gesto bonachón, el sombrero de palma dorada le servía para humillarse en saludos, más que para el sol, que no le jincaba el diente. Se reiba cascabelero, echándose la cabeza a la espalda, como alforja de regocijo, descupiendose toduel y con gárgaras de oes enjotadas.
        El negro Nayo era de porái.....: de un porái dudoso, mescla de Honduras y Berlice, Chiquimula y Blufiles de la Costelnorte. De indio tenía el pie achatado, caitudo, raizoso y sin uñas -pie de jenjibre-; y un poco la color bronceada de la piel, que no alcanzaba a velar su estructura grosera, amasada con brea y no con barro. Le habían tomado en la hacienda como tercer corralero. No podía negársele trabajo a este muchacho, de voz enternecida por su propio destino. Nada podía negársele al negro Nayo: así pidiera un tuco e dulce, como un puro o un guacal de chicha. Pero, al mismo tiempo era -pese a su negrura- blanco de todas las burlas y jugarretas del blanquío; y más de alguna vez lo dejaron sollozante sobre las mangas, curtidas con el barro del cántaro y la grasa de los baldes. Su resentimiento era pasajero, porque la bondad le chorreaba del corazón, como el suero que escurre la bolsa de la matequilla. Se enojaba con un "no miablés".....y terminaba al día siguiente el enojo, con una palmada en la paletiya y su consiguiente: "¡veyan qué chero éste!".... y la tajada de sonrisa, blanca y temblorosa como la cuajada.
        Chabelo "boteya", el primer corralero, era muy hábil. Tenía partido entre las cipotas del caserío, por arriscado y finito de cara; por miguelero y regalón; pero, sobre todo, porque acompañaba las guitarras con una su flauta de bambú que se había hecho, y que sonaba dulce y tristosa, al gusto del sentir campesino. Nadie sabía cuál era el secreto de aquel carrizo llorón. Bía de tener una telita de araña por dentro, o una rendija falsa, o un chflán carculado...... La Fama del pitero Chabelo, se había cundido de jlores como un campaniyal. Lo llamaban los domingos y ya cobraba la vesita, juera de juerga o de velorio, de bautizo o de simple pasar. Un día el negro Nayo se arrimó tantito a Chabelo "boteya", cuando éste ensayaba su flauta, sentado en el cerco de piedras del corral. Le sonrió amoroso y le estuvo escuchando, como perro que mueve el rabo. 
       - ¡Oyí negró, querés que tenseñe a tocar?....Por la cara pelotera del negrito, pasó un relámpago de felicidad. 
       - Mire, chero, y yo le vuá a pagar el sábado, pero no me vaya a tirar...

       Después de las primeras lecciones. Chabelo el pitero, le arquiló la flauta al negro para unos días. El negro se desvelaba, domando el carrizo; y lo domó a tal punto, que los vecinos más vecinos que estaban a las tres cuadras, paraban la oreja y decían:
        - ¡Oiga, puero ese Chabelo! es meramente un zinzonte el infeliz.....
        - Mesmamente; diayer paroy, le arranca el alma al cristiano como nunca. 
        Callaban.....y embarcaban sus silencio en el cayuco bogante de aquella flauta apasionada, que los hundía en la dulzura de un recordar sin recuerdos, de un retornar sin retorno. En poco tiempo, el negro Nayo sobrepasó la fama de Chabelo. Llegaban gente de lejos para oírlo; y su sencillez y humildad de siempre se coloreaban de austeridad y poderío, mientras su labio cárdeno soplaba el agujero milagroso. El propio Chabelo, que creyó, todos los secretos del carrizo, se quedaba pasmado, escuchando -con un sí es, no es, de despecho- el fluir maravilloso de un sentimiento espeso que se cogái con las manos.
       Una tarde dioro en que el negro estaba curando una ternera trincada, con una pluma de pollo untada de creolina, Chabelo se decidió por fin; y un tanto encogido, se acercó y le dijo: 
       -Mirá, negro, te pago dos bambas si me decis el secreto de la flauta. Vos le bís hallado algo que le pone esa malicia... seya chero y me lo dice...

       El negro se enderezó, desgreñado, blanca la boca de dientes amigos y franca la mirada de niño. Tenía abiertos los brazos como alas rotas, sosteniendo en una mano la pluma y en la otra el bote.......miró luego al suelo empedrado y meditó muy duro. Luego. como satisfecho de pensada, dijo al pitero:
       -No me creya egóishto, compañero, la flauta no tiene nada: soy yo mismo, mi tristura...., la color....


ARTURO AMBROGI


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Arturo Ambrogi (San Salvador, El Salvador 1874 - id. 1936) fue un escritor y periodista salvadoreño, considerado uno de los fundadores de la literatura salvadoreña, junto con Francisco Gavidia y Alberto Masferrer y uno de los representantes del costumbrismo en Centroamérica.
Era hijo de un General italiano. A los 16 años de edad, conoció al poeta nicaragüense Rubén Darío. Trabajando como periodista, viajó en su juventud por Europa, Suramérica y el Lejano Oriente; en sus viajes por el Cono Sur conoció al escritor uruguayo José Ingenieros. Su padre creó las condiciones económicas para que él tuviera una formación elitista y que adquiriera una gran cultura cosmopolita al punto que se afirmaba de él que era el salvadoreño de su época más informado, no tuvo descendencia porque nunca se casó, pero un hermano llamado Constantino Ambrogi Acosta se radicó en Nicaragua donde procreó con Rosa Medal tres hijos: Vicente Julián, Constantino y Cristina. Siendo los hijos de éstos los descendientes más cercanos a este escritor. 
Cuentos de Arturo Ambrogi:
  • Cuentos y Fantasías (1895)
  • Máscaras, Manchas y Sensaciones (1901)


LA SIGUANABA

A Punto de salir del pueblo y embocar el camino que llevaba al rancherío del Sitio, comenzó a sopiar un viento de lluvia. Cargado de nubarrones estaba el cielo, circunstancia que hacía que la obscuridad fuese más intensa, más impenetrable. El tío Hilario regresaba a su vivienda, más tomado, esta vez, de lo que le era habitual. Iba caballero, desmadejado en su macho retinto. Para no caerse, como en esos trances le acontecía, habíase agarrado fuertemente con ambas manos a la manzana de la montura, y a ella misma había anudado las riendas, como medida de precaución. El macho se sabía, de memoria, la costumbre. Al no más sentir flojas las riendas e inseguro al jinete, no se detenía. Seguía caminando, al paso, cauteloso, procurando llevarle a pulso, evitando que su amo, al menor movimiento brusco, pudiera caerse. Además, la querencia le atraía. El macho conocía bien a su amo. No en balde habíale acompañado luengos años. Estaba acostumbrado ya a "su modo". Diríase que ambos se comprendían, completándose. Sabía el macho que, en ciertas circunstancias, el tío Hilarlo no le abandonaba..y veía y cuidaba de él. Entendía que si bien, con bastante frecuencia, la espera resultaba prolongada y fastidiosa. atado corto a la argolla de hierro clavada a un poste de madera. sembrado frente a la puerta del estanco la peche Chabela, o en el trascorral de la cervecería billar de la dama del Comandante Local, el amo no 1e olvidaba nunca. Le zafaba el freno. Le aflojaba la cincha. Y luego de picarle cogollo de caña en un cajoncito de candelas, le pagaba a un cipote para que fuese a la pila pública a traerle un balde de agua y se quedara ahí a su cuidado. Cuando la cosa era mayor, cuando asistía a algún "rezo", a alguna atolada, a algún velorio, los cuidados para con el macho eran más extremosos. El propio tío lo desensillaba, lo conducía al potrero, y lo apersogaba en el mejor sitio. Todos esos cuidados habían hecho que entre el patrón y el macho se anudase un especial afecto.
sa noche, pues, el percibirse de que el tío Hilarlo, se había quedado dormido a horcajadas en sus lomos amenguó el paso que llevara, y, con la mayor cautela, fue, entré la obscuridad cerrada de la noche que apenas aclaraban de vez en cuando los fogonazos de los relámpagos, sorteando los peligros del camino, lleno de las zanjas y los hoyancos ocasionados por las lluvia torrenciales. Por entre lo espeso de los zacatales y lo malezales tupidos, se encendían y se apagaban los chispazos efímeros de las luciérnagas. En los rancho escalonados a lo largo del camino, toda luz se había extinguido. Comenzó a escucharse, todavía débil, el rumo de la quebrada que al llegar a ese lugar se despeñaba en cascada entre el amontonamiento de unos talpetates, y formaba ancha poza bajo un chilamatal.

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Álvaro Menéndez Leal

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Álvaro Menéndez Leal nació en la ciudad de Santa Ana, el 13 de marzo de 1931. Ingresó a la Escuela Militar “General Gerardo Barrios”, de la cual fue expulsado cuando cursaba el tercer curso (1952), debido a un poema "subversivo" que publicó en La Prensa Gráfica.
Ingresó a la redacción de El Diario de Hoy (enero de 1953), rotativo en el que colaboraba desde 1950. En agosto de 1953, fue detenido y fichado en el cuartel central de la Policía Nacional, acusado de conspirar contra el régimen del teniente coronel Óscar Osorio.
Realizó una gira como boxeador peso mosca por las arenas de Guatemala y las del México provincial, hasta que llegó a debutar en la Arena Metropolitana del distrito federal. De su primera estancia en este país emanó un poemario existencialista, titulado El extraño habitante (México, 3AM), iniciado en marzo de ese mismo año y publicado en San Salvador, diez años después..
El 7 de septiembre de 1956 fundó Tele-Periódico, el primer noticiario televisivo de El Salvador, transmitido al mediodía y en horario nocturno por YSEB canal 6. Durante sus meses iniciales, bajo el patrocinio de la casa comercial Freund, este espacio televisivo contó con un Suplemento cultural o sección dominical de promoción para las artes y las letras, así como con un periódico anexo, impreso en la ciudad de México mediante la técnica del rotograbado.
Después, Menéndez Leal creó Tele-Reloj, un espacio noticioso que fue transmitido por YSEB canal 6 y YSDR canal 8, en sus horarios del mediodía mientras que Teleperiódico ocupaba las transmisiones nocturnas. En mayo de 1957, retomó la dirección de las páginas literarias dominicales de El Diario de Hoy. En 1961 se inscribió como estudiante en la carrera de Sociología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de El Salvador (UES).
Cuentos de Álvaro menendez Leal:
  • La llave (1962)
  • Cuentos Breves y Maravillosos (1962)
ARCO IRIS


Hamaca de siete paños
en que se mece la brisa.

Listón que han puesto las nubes
colgando en la lejanía.

Banderola de señales;
semáforo sin esquinas.

Alada cuerda de seda
donde los pájaros brincan.
                                 
Alfabeto del color
con que se escriben los días.

Cartelón de propaganda
en que se anuncia anilina.

Viudo párpado del cielo
y divorciada pupila.

Iris, polícroma flor
sin aroma y sin espinas.

¡Siete lazos con que Dios
ata las Siete Cabritas!



Hugo Lindo

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Hugo Lindo Olivares fue un poeta, novelista, diplomático, político y abogado salvadoreño nacido en el Puerto de La Unión (El Salvador), el13 de octubre de 1917, dentro de una familia de clase media trabajadora.
Estudio en la Universidad de El Salvador, donde obtuvo el título de Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales. En 1947 hizo un viaje como diplomático a Corea. Fue embajador de El Salvador ante la República de Chile (1952-1959) y ante la República de Colombia (1959-1960). Fue Ministro de Educación en 1961 y volvió al servicio diplomático como embajador de El Salvador en España (1969-1972). Participó en la fundación de la Universidad "Dr. José Matías Delgado" y se desempeñó como Decano de la Facultad de Bellas Artes de dicha Universidad (1979-1985). Murió en San Salvador, el 9 de septiembre de 1985, a la edad de 68 años. En 2005, la VII Semana de la Lectura de El Salvador estuvo dedicada a su memoria.
Como jurista, obtuvo la Medalla de Oro a su tesis doctoral El divorcio en El Salvador; y posteriormente a la desaparición de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), publicó unas reflexiones sobre la misma, en La Integración Centroamericana ante el Derecho Internacional (1971)
Cuentos de Hugo Lindo :
  • El Anzuelo de Dios (1956)
  • Yo soy la Memoria (1983)

                        ¿NO ÉS ÉSTO?

                      
  No és ésto
                        lo que quiero decir.

                        Ni ésta otra cosa.
                        Y cada vez que pienso una palabra

                        digo no es ésto,
                        no.

                        Cubre una red sonora
                        un extenso vacío.

                        Quiero cantarlo todo
                        desde el centro

                        de su más pura realidad,
                        desde el milagro

                        que vibra en tierra
                        y vuelva el sentido y aire y fuego y agua,

                        desde la elemental
                        y dormida sustancia de la arena
                       
                        hasta el metal dorado
                        que hace brotar las lámparas del día.

                        No és ésto,
                        no.
                        Todavía no es ésto.

                        Mejor borremos una a una, todas
                        las palabras escritas.

                        No.
                        Todas, no.

                        Bien pudiera haber una,
                        quizá solamente una,
                        que lo diga.



José María Méndez

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Este escritor, natural de Santa Ana (El Salvador), estudió Derecho en la Facultad de El Salvador, doctorándose en 1941 con el trabajo “La confesión en materia penal”. Fue profesor de Introducción al estudio del Derecho en la Facultad de Jurisprudencia y de Ciencias Sociales y de Códico de Instrucción Criminal y de Derecho Político. También dirigió el Diario “Patria Nueva” y fue colaborador y articulista para “Diario de Hoy” y “La Prensa Gráfica”.
Dentro del campo literario, destaca su labor como cuentista, siendo considerado como uno de los maestros del relato con cuentos como “Ajedrez”, por ejemplo.

De su primera obra, Disparatario (publicada por el Ministerio de Cultura de El Salvador en 1957), en la que queda patente su gusto por la obra periodística de Eça de Queiroz, se dice en nuestra edición que “las saetas que de las páginas de este libro son disparadas casi siempre pegan en el blanco. Disparatario está escrito en un estilo ágil, picante, de períodos cortos cualidades que lo hacen que cautive al lector”.


El límite son las estrellas



No puedo resistir el atractivo de las ferias. Con placer infantil, gozo el algodón azucarado, las manzanas cubiertas de miel, los terrones de anís. Gasto tres, cuatro horas jugando a la lotería de cartones. Casi nunca gano, pero lo excitante es la expectativa. El corazón casi se me va volando cuando amarro, es decir, cuando me falta un número para ganar. Un cinco de agosto gané una gorda de doscientos pesos. Recuerdo que las tres últimas figuras llegaron en carrera, según las fui llamando mentalmente. La muerte flaca y su gancho. El cantarito del agua helada. La mano que tienta y tienta lo que le tiene cuenta.

Entro a la carpa de la mujer serpiente, a los circos de malos payasos, a los toldos de las gitanas que predicen siempre viajes por barco, romances con mujeres celosas y traiciones de amigos íntimos. Me subo al gusano, a los carros locos, a la rueda de chicago. Me subiría también a los caballitos, pero la verdad es que temo las travesuras de los chiquillos y las burlas de los mayores.

Me conformo con verlos girar durante largo rato. En eso estaba cuando vi cabalgando en uno de los corceles del carrusel a una mujer vestida a la moda del siglo pasado: traje largo, estrecho en la cintura, sombrero de paja de anchas alas, ramo de violetas en la mano. Al principio supuse que la había imaginado, pero una vez y otra vez para borrarme las dudas. En una de las vueltas, su imperceptible sonrisa iba dirigida hacia mí. Esta vez, en lugar de un ramo de violetas llevaba un pañuelo que ondeaba discretamente, como si quisiera formular un mensaje. Cuando el carrusel se detuvo, no la vi bajar. Fue inútil buscarla. Se la había tragado la feria"


Claudia Lars
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(Carmen Margarita Brannon Vega, Armenia, 1899 - San Salvador, 1974) Poeta salvadoreña, una de las voces más sobresalientes de  centroamericana del siglo XX. Hija de Peter Patrick Brannon, ingeniero norteamericano, y de la salvadoreña Carmen Vega Zelayandía, estudió en el colegio La Asunción de la ciudad de Santa Ana, donde la joven Claudia se decantó por los estudios humanísticos. Religión y poesía se vincularon en su casa para acrecentar su sensibilidad natural. Desde muy pronto recibió la influencia de los clásicos antiguos y españoles (Góngora, Quevedo, Fray Luis de León), así como la de los románticos ingleses y de Rubén Darío. También coincidió con algunos de sus paisanos, como el cuentista salvadoreño Salarrué.
Poetisa precoz, con diecisiete años publicó un breve poemario que pasó inadvertido: Tristes mirajes, que vio la luz gracias al mecenazgo del general y poeta Juan José Cañas, uno de sus primeros mentores. Por esa época Claudia Lars mantenía relaciones sentimentales con el poeta Salomón de la Selva. Pero en 1919, cuando habían ya formalizado su compromiso de matrimonio, el padre de Claudia decidió romper el vínculo y enviar a su hija a los Estados Unidos, a casa de unos familiares afincados en Pennsylvania. Allí conoció a Le Roy Beers, con quien se caso tras un breve período de noviazgo.
El premio que gano fu el premio de  la orden nacional José Matías delgado
Ella murió en San Salvador en el año 1974.
Algunas de sus poesías:
Estrellas en el Pozo, (1934).
Romances de Norte y Sur, (1946).


Sueño
Fui por el aire, tras la luz caída,
pisando signos y colores planos
y llevaba, desnuda, entre las manos,
la flor de ayer, alzando nueva vida.
      
Una paloma leve y abstraída
buscó la espiga de celestes granos
y en caminos profundos y lejanos
quedó mi propia forma detenida.
      
Derribadas murallas, botadura
de un nuevo corazón a la dulzura
y el miedo y el amor cruzando espadas .
      
A la deriva un ¡ay!... de no sé dónde,
y la muerte, impasible, que se esconde
en reflejo de caras olvidadas.

Mercedes Durand

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Mercedes Durand ( nació San Salvador, 9 de agosto de 1933 - murió Ciudad de México, 7 de julio de 1999), fue una poeta y periodista salvadoreña.
Entre 1952 y 1958 curso estudios de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, becada por el gobierno salvadoreño del coronel Óscar Osorio. A lo largo de su vida dirigió y presentó programas de televisión y radio; dirigió y colaboró en numerosas revistas literarias de México y El Salvador como las revistas salvadoreñas "Hoja" y "Semana". También fue catedrática entre 1960 y 1970 de la Universidad de El Salvador en la Facultad de Humanidades.
Estuvo casada con el poeta salvadoreño Mauricio de la Selva, con quien tuvo a su único hijo.
Los premios que ella ganó fueron:
Primer premio en los Juegos Florales de Usulután, 1960
Segundo premio en los Juegos Florales de Nueva San Salvador, 1960
Mención de honor en el Certamen Nacional de Cultura 1967, galardón entregado por los escritores Ernesto Cardenal, Fernando Alegría y Carlos Pellicer por la obra Las manos en el fuego
Mención de honor en el Certamen Literario de la Comunidad Latinoamericana de Escritores y la revista "Ecuador", 1970, por la obra Las manos y los siglos, también, Poemas del hombre y del alba, 1961.

EL AIRE

El aire se alistó de marinero
con boina de muchacho vagabundo,
un barco lo condujo por el mundo
soplándole el blancor de su velero.

El aire se cansó de aventurero
y quizo cococer el mar fecundo,
un buzo le enseño de lo profundo
corales encendidos al viajero.

El aire se compró boina dorada
y fué por los jardines de la infancia
       soltando su frescura oxigenada.

El aire, del jugar hizo bandera,
un juego alimentado en la fragancia
del yodo y la campiña volandera.

Oswaldo Escobar

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(Santa Ana, 1919 - 1961) Poeta salvadoreño. La primera etapa de su producción siguió los cauces del romanticismo, pero posteriormente desarrolló una obra más realista, comprometida y social.

En el campo de la política, formó parte del "grupo de los seis", que luchó contra el dictador Maximiliano H. Martínez. Vivió desterrado en Guatemala entre 1944 y 1945, y más tarde en Costa Rica. Abogó por la unión de Centroamérica en una sola entidad. En los últimos años de su vida, sufrió un cáncer en la lengua que le obligó a trasladarse en varias ocasiones a Texas, donde las intervenciones quirúrgicas no lograron sanarle.

Su poesía es un equilibrio de belleza lírica y compromiso con su tiempo histórico. Debatiéndose siempre entre el posmodernismo vanguardista, el romanticismo y el compromiso social y político, su lírica resulta difícil de ubicar. Entre sus libros destacan Poemas con los ojos cerrados (1943), Diez sonetos para mil y más obreros (1950), Volcán en el tiempo (1955), Árbol de lucha y esperanza (1951), Cristoamérica (1958), Cubamérica (1960), Antología Poética (1967) y Patria exacta y otros poemas (1978).

CRISTOAMERICA

Venid a ver conmigo
este mapa de mi tierra sulfurosa y volcánica.
Venid a ver este dolor que estalla
aprisionado entre sus dos océanos.

El mapa aquí lo tengo.
Fijaos bien en esta mano simple que señala.
En esta mano de hombre sin anillos papales.
Voy a tocar a un Cristo.
Sí , sí, aquí está.
Su cabeza herida en la llanura de México,
su corona de espinas formada
con los niños héroes
de la bandera tricolor
del águila, la luna y la serpiente.

Venid a ver mi mapa desgarrado.
Ved el cuerpo del Cristo y sus venas azules.
El Suchiate le ofrece una esponja con agua
y una mano le quita la bondad de ese gesto
tan fluvial y tan alto.

De CRISTOAMERICA, San Salvador, 1959.

David Escobar Galindo

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Es un abogado, poeta, novelista y jurista salvadoreño nacido en Santa Ana, El Salvador. Es Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales, graduado de la Universidad de El Salvador, Fundador y Rector de la Universidad "Dr. José Matías Delgado", y columnista habitual del diario La Prensa Gráfica. Entre 1990 y 1992 participó en la Comisión gubernamental negociadora del proceso de paz que puso fin a la Guerra Civil de El Salvador.
Es miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua y Director de la misma desde el año 2006; ganador de los Juegos Florales de Quezaltenango, Guatemala en la rama de Poesía en 1980,1981 y 1983; y ha sido nombrado Hijo Meritísimo de la Ciudad de Santa Ana. Algunas de sus obras:
Los poemarios Cornamusa (1975) y El Libro de Lilian (1976).

Las ramas del ciprés

        Las ramas del ciprés
se ven mejor en el estanque quieto.
Es como si el reflejo definiera
más hondamente su naturaleza.
Y cuando hay un temblor
en las aguas tocadas por la brisa,
es aún más flagrante aquel reflejo.
Acaso igual nos pasará a nosotros:
nos veremos mejor cuando asomemos
al estanque irisado
por el sutil asombro de la muerte.




Roque Dalton


Roque Dalton nace el 14 de mayo de 1935 en San Salvador, El Salvador. Estudia derecho y antropología en las Universidades de El Salvador, Chile y México.
Desde muy joven se dedica al periodismo y a la literatura, obteniendo diversos galardones en certámenes nacionales y centroamericanos. Publica sus primeros poemas en la revista Hoja (Amigos de la Cultura, San Salvador, 1956) y en Diario Latino de la misma ciudad.la misma ciudad.
Por su militancia política, sufre cárceles y destierros. Vive emigrado en Guatemala, México, Cuba, Checoslovaquia, Corea, Vietnam del Norte y otros países. Muere asesinado por sus propios compañeros el 10 de mayo de 1975.
Roque publicó una vasta obra poética: Mía junto a los pájaros (San Salvador, 1957), ...La Ventana en el rostro (México, 1961), El Mar (La Habana, 1962), El turno del ofendido (La Habana, 1962) Los Testimonios (La Habana 1964), Poemas (Antología, San Salvador, 1968), Taberna y otros lugares (Premio Casa de las Américas, Cuba) (La Habana 1969), Los pequeños Infiernos (Barcelona 1970).
Entre sus ensayos se encuentran César Vallejo (La Habana 1963), El intelectual y la sociedad (1969), ¿Revolución en la revolución? y la crítica de la derecha (La Habana 1970). Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador (1972) y Las historias prohibidas del pulgarcito

Ejemplo de un poema de este escritor

COMO TÚ

Yo, como tú,
amo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.
Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.

Manlio Argueta

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 Manlio Argueta Nació en la ciudad de San Miguel, El Salvador , el 24 de noviembre de 1935, es un poeta y novelista salvadoreño. Perteneció a la autodenominada Generación comprometida, grupo literario creado por Italo López Vallecillos (1932-1986), junto con Roque Dalton (1935-1975), Álvaro Menen Desleal (1931-2000), Waldo Chávez Velasco (1932), Irma Lanzas (1933), Orlando Fresedo (1932), Mercedes Durand (1932-1998), Ricardo Bogrand (1930), Mauricio de la Selva y otros.
OBRA NARRATIVA. NOVELAS.
1. El Valle de las Hamacas, 1969, Premio Único Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), Costa Rica, obra que fue publicada en Buenos Aires por Editorial Sudamericana, 1970. Otras ediciones en Editorial Nueva Nicaragua, La Habana, Cuba, Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA) y UCA, Editores.

ODA PARA UNA MADRE...

Este día renazco y como siempre
hacia mi van tus ojos como si fuese el pan,
a la esperanza o a tus manos de azucena golpeada.

Soy amigo de tu alma y de tu vigilancia
porque tú me has guardado
como si hubiese sido el niño de un cordero
o el último minuto de la vida,
porque tú me has negado la penumbra,
me has dado el sol, la tierra, la frescura del ángelus.
Y algo más es tu aporte de tu sangre a mi sangre:
tu gran dedicación a la ternura,
tu obstinada tutela,
tu sigilosa marcha a despertarme,
tu levantarte con los pájaros y el alba.




José Rutilio Quezada


José Rutilio Quezada nació en Quezaltepeque, departamento de La Libertad, El Salvador, el 30 de septiembre de 1930. El pequeño pueblo de aquellos años - donde vivió bajo la tutela de su padre, don Luís Bernardo Quezada, y de su madre, doña María Antonia Escobar- le aportó   sensaciones y experiencias que iban a formar un espíritu inquisitivo. Muchos de los sucesos de esa época han quedado sólidamente   registrados en la memoria del autor. 
La escuela primaria la hizo en el Grupo Escolar ‘‘José Dolores Larreynaga’’, de Quezaltepeque. El plan básico y el bachillerato, que así se llamaban en aquella época, los curso en el Instituto General Francisco Menéndez, el INFRAMEN, de San Salvador. Se graduó como Bachiller en Ciencias y Letras, en 1949.
Entre 1950 y 1951 estudio en la Escuela Normal Alberto Masferrer, donde obtuvo el grado de Profesor Normalista, Clase A. Siguió luego estudios especializados en la enseñanza de la Biología y la Química, y en 1955 obtuvo el título de profesor de estas especialidades, en la Escuela Normal Superior, institución de sólido prestigio académico en esos años.
Posteriormente, entre los años1965 y 1969, siguió estudios de Maestría en   Ciencias, en la Universidad de California, Riverside. En la misma institución hizo su doctorado en Ciencias y Filosofía con especialización en el control biológico de insectos. En 1979, laUniversidad de El Salvador le otorgo la incorporación con el titulo de Doctor en Biología. 
Entre 1976 y 1977 fue asesor de investigaciones del ‘‘Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria’’ del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Entre 1984 y 1986 trabajo como etimólogo en el Centro Agronómico Tropical de Investigaciones y Enseñanza, CATIE, en Costa Rica.
Actualmente reside en Estados Unidos en compañía de su esposa doña Martha Melba Cortes y sus tres hijas. Ejerce su consultoria en su especialidad y escribe.  
Algunas de sus obras fueron: “La última guinda” es la más famosa. En el 2010 publicó en El Salvador su última novela “Mientras viva esta orquídea”.

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