RODANDO EN GRUPO DE UBATE A CARMEN DE CARUPA

(Por Machacho)

 

Y como despedida no pudimos tener una mejor jornada, en uno de los vuelos del amigo Air- Nan por la Sabana y de regreso de la zona norte hacia Bogotá,  le llamó poderosamente la atención que en todo lo alto de una montaña rocosa había una iglesia destacada por su majestuosidad, muy cerca de Carmen de Carupa.

Aquella noche antes de definir el lugar para nuestra siguiente aventura, le pregunté a Hernán si quería hacer un recorrido corto (por un lado no teníamos mucho tiempo, pues ese mismo día era nuestro vuelo de regreso a Medellín y además sabía que no estaba en forma por sus múltiples ocupaciones y su servicio a la patrulla aérea, lo han dejado sin tiempo para rodar), así que pregunté a donde quería ir y sin vacilar me indicó que quería llegar hasta aquella iglesia y que el recorrido no sería muy exigente si salíamos desde Ubaté.

Haciendo cuentas, Ubaté está a unas 3:00 horas en carro, algo lejos pensé y estaríamos sujetos a los imprevistos que pueden ocurrir en un recorrido como este, nuestro vuelo de regreso sería a las 4:00 PM y debíamos estar en el Aeropuerto una hora antes. En fin, hay que correr riesgos para disfrutar de este ratico llamado vida, así que madrugamos mucho más de lo acostumbrado y a eso de las 6:00 AM ya estábamos rumbo a Ubaté con el cupo completo en el carro: Edgar, Hernán, La Dra. U, el Pulga y este Machacho.

Llegamos a Ubaté a las 8:00 am y sin vacilar paramos a comprar quesos y a deleitarnos con sus delicias de la leche, esta es otra región que se caracteriza por el desarrollo de la industria lechera y es la principal despensa de este vital líquido para la capital. Ya con una buena ración de queso y Yogurt en el estomago como desayuno, ubicamos el carro en un parqueadero para iniciar nuestra aventura. Iniciamos el recorrido a las 8:30 am por la vía pavimentada hacia Carmen de Carupa, Rumbo Sur Occidente con un leve ascenso, por todo el cañón que forma el Rio Carupa. Subimos unos 4 Km para encontramos sobre la vía con un aviso que advertía que más adelante hay un derrumbe y sugería tomáramos un desvío a la derecha hacia el occidente por una vía alterna que asciende a un cerro.

 

Subimos a buen ritmo disfrutando de los lindos paisajes que nos dejan ver mas abajo esas peñas desnudas de las que tanto les hablo que son características del paisaje Sabanero.
 
Ya en el alto se abrió el horizonte hacia el occidente, permitiéndonos ver a lo lejos, la peña que sería nuestro destino. Yo había sido claro con el tiempo que teníamos para hacer el recorrido, había hecho las cuentas del camino de regreso y tenía como límite las 11:00 am, es decir podíamos avanzar hasta que fuera esa hora, todo para que nos diera el tiempo justo para regresar. Los lugareños nos dieron las instrucciones de un descenso que nos llevaría más rápido, sin llegar hasta Carmen de Carupa, así que bajamos de nuevo al valle por una ladera con sembrados de trigo en donde tomamos varias fotos.

Llegamos a la vía pavimentada que unos Km mas abajo dejamos por el famoso derrumbe. Seguimos hacia la derecha hasta llegar a la tienda el Prado, llevábamos ya 12.5 km y 1 Hora 30 minutos de recorrido, marcando las 10:00 am. Desde ahí, iniciamos un ascenso cruzando un hermoso cultivo de Cebada que apenas deja ver la casa que lo custodia y que adorna una pequeña loma. Que gente más trabajadora es la de esta región de Cundinamarca y Boyacá, a esas alturas cultivan para sacarle a la tierra cosechas en condiciones de frio extremas.

Seguimos el ascenso por 2 km, acumulando otros 21 minutos más, hasta llegar al desvío que va hacia Carupa pero nosotros debíamos seguir hacia la izquierda en busca del ascenso hacia la misteriosa Iglesia, unos 700 mt mas adelante, está el desvío hacia la derecha que no lleva hacia ese duro y técnico ascenso hacia la montaña rocosa donde esta la iglesia.

Nos encontramos con unos campesinos que admiraron mucho que entre nosotros venía rodando una mujer, sobre todo le impactó mucho a una matrona que en un tono sarcástico y desafiante le decía a la Dra. U –Uyyy esa loma es muy dura sumerceeee, mejor quédese acá conmigo haciendo el almuerzo– y todos nos reímos por un buen rato.

Esto de intercambiar opiniones y encontrase con gente buena en el camino, le dan un toque más agradable a las salidas y con esta anécdota ya teníamos mucho para gozar en la loma que nos esperaba.

Efectivamente el ascenso es bien exigente, se rueda entre piedras y tierra negra que por su inclinación, hacen el camino más técnico, tal como le gustan al Pulga y a mí. Hay que agregarle como toque adicional, el invierno que ha arreciado por la zona suma a todo ese coctel de factores que limitan el rodar. El día estaba radiante, eran las 10:30 am. Por el camino destilaba el agua como muestra de las lluvias que habían caído la noche anterior.

Sin mucho esfuerzo, el Pulga y el Edgar salieron adelante al encuentro del reto de subir sin poner pie en tierra y yo un poco más atrás los seguía asfixiado y resbalando en cada piedra, más abajo veía a la Dra U batallando con su cicla y las rocas del camino, venía a muy buen ritmo y haciendo un esfuerzo digno de reconocer y más abajo el Hernán seguía su paso tranquilo y pausado pero firme también. Yo los perdí de vista un poco más arriba porque intentaba infructuosamente alcanzar a Edgar y Pulga.

 

Ascendí dos lomas dignas de recordar por lo técnicas y por el grado de inclinación de las mismas. En poco tiempo había ganado 150 metros de altura y solo me detuve para admirar a lo lejos el lindo pueblo de Carmen que se veía al fondo como un pequeño grupo de casas en medio de un valle muy bonito.

 

Hice la pausa justo al lado de una casita para tomar aire y seguir el duro ascenso que se veía más arriba, el camino se perdía entre curvas y más curvas sin cambiar la inclinación. Tomé de nuevo aire y seguí subiendo sin ver rastro de los amigos que salieron adelante, miré el reloj y faltaban 10 minutos para las 11. Se había llegado la hora del regreso en el punto de no retorno, subí unos 100 metros mas y ahí me encontré con Edgar y Pulga que disfrutaban del paisaje y también coincidieron afortunadamente con mi diagnostico de que el tiempo se agotaba y debíamos regresar sin alcanzar nuestro objetivo, alcanzamos en 1,6 km de camino a subir 230 metros y por lo que veía, no llegamos ni a un cuarto del total del recorrido, nos hacía falta muuuucho camino alcanzar la iglesia que desafortunadamente nos quedamos sin conocer.

 

 

Según nos informaron, la ruta que tomamos no es el acceso principal de la iglesia, al parecer hay otra vía que asciende desde Carmen de Carupa pero es más larga, pero menos inclinada y técnica, como quien dice, nos mandaron por el “atajo”.  

En el breve instante que permanecimos ahí, yo estaba feliz identificando cada Laguna del paisaje, durante mis años en BOG, me dediqué a investigar y a recorrer las lagunas que en su mayoría son los vestigios de la era glaciar creándose en ellas por el paso del tiempo y la evolución, vegetación y fauna endémica lo que las hace aun más interesantes. Al fondo reconocí la Laguna del Hato y más lejos la Laguna de Cucunubá al fondo de ese interminable valle.

 

 

Descendimos para encontrarnos con la Dra. U y Hernán que reposaban en una de tantas lomas. Regresábamos por el mismo camino debatiéndonos por cual camino llegar a Ubaté, podíamos retomar la misma vía, pero los que amamos las aventuras y caminos nuevos, el regreso por la misma vía, no es una opción muy atractiva y teníamos la otra opción de intentar cruzar por el derrumbe, pensábamos que nosotros en bicicleta, era imposible que no pudiéramos cruzarlo. Así que descendimos hasta la vía pavimentada decididos a pasar por el derrumbe. Nos detuvimos en una pequeña tienda al lado de un colegio para hidratamos y recargar agua. Preguntamos por el derrumbe y la señora que atendía, nos dijo que no sabía nada, pero que hasta ahora nadie lo había cruzado. Yo me adelanté presuroso para ver que el estado de la vía y miren lo que me encontré.

 

 

El paso está completamente tapado por piedras que cubren toda la calle y al lado izquierdo hay un abismo que puede superar los 100 metros de altura. Ante esta situación, intenté escalar por las rocas pero el riesgo era muy grande, no había más remedio que buscar una salida alterna.

La Dra. U aprovechó para preguntar mientras yo buscaba alternativas con un conductor de un camión recolector de leche que me informaba que podíamos buscar una vía alterna por la Laguna del Hato pero debíamos subir hasta un páramo.

Cuando regresé a dar las malas noticias, ya todos habían salido por una pequeña cuesta que partía desde la vía y se adentraba a una finca, cruzamos el portón en madera con algo de temor por estar en una propiedad privada, al parecer La Dra. U avisó a Pulga que un señor sabía de un camino que cruzaba por todo lo alto, por el mismo que subíamos en ese momento. Son unos empinados rieles para llegar a todo lo alto de una pequeña cuesta, hacia la izquierda hay un camino que desciende de nuevo a la vía pavimentada justo al otro lado del derrumbe.

Una vez al otro lado, celebramos el logro alcanzado y emprendimos el descenso de unos 10 km por la vía pavimentada que nos llevaría hasta Ubaté. A la llegada no pudimos evitar la necesidad de visitar la hermosísima iglesia que adorna el parque principal de esta población de ubatenses.

Ubaté que viene de la lengua indígena Ebaté que se dice significa, tierra ensangrentada o sangre derramada y cuyo nombre completo es "Villa de San Diego de Ubaté" en honor a su fundador. Posee como muchas más poblaciones de nuestra geografía, sus orígenes en asentamientos indígenas que poblaban estas tierras antes de la colonia y que por razones cristianas y de dominio, los españoles siguiendo el mandato de los reyes de evangelizaran a la población, decidían colonizar la tierra, construyendo una iglesia en el lugar para que sirviera de epicentro a todas las actividades de la población.

La bellísima basílica de la que hablo, recibe el nombre de: Iglesia del Divino Salvador de Ubaté, es relativamente nueva, se terminó en 1920, posee un estilo gótico Francés con influencia de arquitectura Holandesa que le dan un toque más sutil a los arcos que se doblen en el domo y fueron delicadamente decorados con laminilla dorada. La iglesia original, fue remodelada pero por falta de tiempo no pude indagar por su ubicación y estado actual.

Presurosos regresamos al parqueadero donde nos esperaba Hernán en el carro, alcance a ver presurosamente antes de apagar el GPS que habíamos recorrido 34 km en 4 horas de recorrido total, empacamos como pudimos las 5 bicicletas y emprendimos el regreso a Bogotá, el amigo Hernán no solo se precia de ser un excelente piloto sino también es un habilidoso al volante de su vehículo y en poco menos de 2 horas y 30 minutos estábamos en su casa, con tan buen tiempo, que hasta pudimos bañarnos y cambiarnos de ropa sin inconvenientes para tomar el vuelo de regreso a Medellín.

Que inolvidable fin de semana, que buenos amigos, que buenos recuerdos, por eso no puedo evitar sentir esa mezcla de nostalgia y alegría por saber que así pase el tiempo los amigos de la rueda perduran en la distancia, seguimos unidos por todas las aventuras a bordo de nuestras bicicletas y no perdemos oportunidad de vivir para recordar o recordar para revivir.

Un caluroso saludo para todos y en especial para mis buenos amigos de Bogotá, mil gracias por todo, volvimos a sumar otra inolvidable jornada que nos servirá para unirnos más adelante, les queda como tarea culminar y conquistar esa montaña, me mandan las fotos y me averiguan el nombre de la dichosa iglesia.

Un abrazo, Machacho

Volver a VIVIR PARA RECORDAR O RECORDAR PARA REVIVIR

 

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