RODANDO EN EL RECUERDO "FINCA EL PARAISO - DORADAL

Dedicada a mis Tíos Alonso y Marta Luz
Por: Alejandro Puerta - Machacho

 

Si yo hubiera podido elegir alguna salida a rodar en cicla, sin lugar a dudas hubiera elegido realizar esta hace muchos años, desafortunadamente asuntos de seguridad me impedían hacerlo.

Para ambientarles un poco mi relato, debo explicar porqué tanta emoción y deseo de realizar esta aventura y para no sentirme tan viejo, les cuento que todo inició en los años 80’s cuando en nuestras vacaciones del colegio de final de año, nuestras familias confluían en la finca “el Paraíso” en Doradal, allí entre primos, tíos, música y aguardiente nos reuníamos para celebrar la navidad, haciendo de todo un acontecimiento. Fueron momentos que dejaron grabados en el tiempo recuerdos llenos de amor de una muy unida familia que sumado a lo bello de la región dejaron imborrables registros de una pasada época. Por cuestiones que ni valen la pena recordar, la finca “El Paraíso” debió venderse y allí junto con esas tierras se quedó dormido el recuerdo de momentos vividos con mucha intensidad, entre ellos la aventura que inspira mi relato.

Cada año sin falta regresábamos a la finca y por cosas de nuestra juventud, en cada regreso  buscábamos alternativas diferentes para asegurar nuestra diversión, ese año en particular pese a que no habían senderos propios, decidimos llevar nuestras bicicletas de Cross. Ya sabíamos de las limitaciones que padeceríamos, pues el terreno presenta empinadas y técnicas cuestas con mucha piedra suelta y un calor húmedo que para cualquiera estaban lejos de motivar a recorrerlos, pero pese a todo esto insistimos y ahí estábamos con nuestras ciclas en la finca.

Un día como cualquier otro, nos levantamos con muchas ganas de rodar y recordamos el nombre de un Rio que permanecía en nuestras mentes por lo hermoso y cristalino, se trataba del rio la Miel que desciende de los bosques sub andinos del paramo de arboleda cerca a Sonsón en el macizo central antioqueño. Esa mañana, junto con mi hermano (Juan Fdo.) y el primo (Carlos Alberto) decidimos hacer el recorrido épico pero desconocíamos la distancia y mucho menos el terreno, tan solo sabíamos que una de tantas desviaciones que hay por el lugar nos conduciría hasta el dichoso río. Salimos temprano empujando nuestras ciclas con la ilusión de ver de nuevo ese maravilloso rio.

Nos fuimos preguntando y preguntando en cada ranchería por la distancia y el camino. Con tan poca suerte que siempre nos daban mala la información. Nos decían que pronto en nuestras ciclas estaríamos viendo el rio y que tan solo una hora nos faltaba, pero así transcurrió por muchos kilómetros y algunas horas que ya no recuerdo cuantas fueron y seguíamos recorriendo esos interminables potreros en un asfixiante calor donde por momentos el camino se perdía entre la hierba hasta que al fin alcanzamos a ver a lo lejos el tan anhelado rio, aun recuerdo la impresión que me dejó al ver que de aquel lindo y cristalino cause, solo quedaba el recuerdo, pues la deforestación de la zona y la explotación de oro, habían llenado de sedimento sus aguas. Decidimos regresamos por otra vía, porque era una locura regresar por esos parajes tan solos y poco delimitados, así que seguimos hacia Doradal por la finca Dos Bocas (son unos 25 Km) con todo en contra nuestra ya que estábamos deshidratados, sin dinero, sin herramientas y sin  tracción en 2 de las 3 bicicletas (la de mi hermano había reventado la cadena y la mía tenía un problema con el contrapedal y no engranaba la cadena) así que terminamos nuestra jornada pidiendo agua en cada casa y empujando las bicicletas por esos interminables 25 Km impulsándonos con una sola pierna como si fuéramos en patineta. Recorrimos en total casi 60 Km en 11 horas. Todo esto nos marcaría y dejaría un recuerdo imborrable para todos, incluida la familia, porque al ver que no regresábamos de nuestra aventura, la preocupación se apoderó de nuestros padres y decidieron salir a buscarnos en carro. Ellos también fueron víctimas de todos los complicados pasos de ríos, potreros con broches, quiebrapatas, portones y hasta una cadena que les ayudo a abrir un campesino de la zona que decidieron llevar por pura casualidad. También estaban mal preparados, desconocían el camino y adicionalmente los perjudicaba la ansiedad de saber que había pasado con nosotros. Ellos también preguntaban en cada sitio y les decían que habíamos pasado pidiendo agua aumentando en ellos la urgencia de encontrarnos.

Y esas cosas del destino para hacer más emocionante la historia, en un paso de quiebrapatas el carro de mis tíos, rozó por debajo y perdió el tapón del tanque de la gasolina y pronto se dieron cuenta de que perdían gasolina y si no hacían algo urgente, serían ellos los que debían sobrevivir a su propio destino de quedar varados en medio de ese valle de pastos verdes en los que ocasionalmente cruzan los vaqueros del lugar. Para resumir la historia, ya que la idea es contar nuestra pasada vivencia, mis padres lograron tapar -la fuga con un improvisado tapón de madera finamente labrado por mi Tío. Llegaron a San Miguel y debieron regresar también por la misma vía que nosotros y llegaron mucho mas tarde y con la preocupación aun por nuestra suerte. Al ver que si habíamos llegado, no vimos en ellos caras de alegría, a lo que mi hermano preguntó ¿Y porque esa cara? Ups…

Todo esto para explicarles del porque desde hace tiempo tenía la idea de recorrer de nuevo esa historia y revivirla. Estaba mejor preparado y quería dejarme llevar por los sentimientos que después de 20 años esta aventura me haría recordar.

Yo había intentado preparar la ruta con la ayuda satelital, pero en la zona no hay fotos con buena resolución, así que debía hacer caso a mi vago recuerdo y ponerme de nuevo en las manos de los pobladores de la zona que años antes nos habían hecho vivir esa dura pero emotiva experiencia. Elegí madrugar el domingo para hacer el recorrido y regresar el mismo día.  Hable con mis padres y les explique de mis intenciones, revivimos muchas cosas, incluida la angustia en mi madre que preguntaba con quien iría esta vez. Le explique que solo con la linda Dra. U ya que el fiel Pereira no estaría disponible, en ese momento recordé al amigo Tuerca Suelta “Luis Pérez” lo llamé y como siempre con su buena disposición aceptó el reto sin vacilar. Me pareció estupendo porque de paso tendríamos los buenos oficios de orientación de nuestro amigo tuerca. ¿Que mas podíamos esperar para aquella aventura?

Partimos según el plan, muy temprano el día domingo a las 5:00 am ya estaba recogiendo a Tuerca y más tarde a la Dra. U, las ciclas en el carro y partimos por la autopista MDE – BOG, desayunamos en el camino y en 3 horas ya estábamos en la población de Doradal, En la inspección de policía comenté de nuestras intenciones para ver si había alguna recomendación de seguridad ya que es mejor salir sin ese factor que imprime ansiedad y ellos gustosamente nos informaron de cada detalle y hasta terminaron por darnos indicaciones de cómo llegar al poblado de San Miguel.

Partimos desde la estación de servicio antes de ingresar al pueblo y a las 9:00 ya estábamos rodando en la Parcelación California, casi de inmediato, en mi mente se venían recuerdos que se repetían y se repetían por todas las experiencias vividas durante nuestras vacaciones.

Lo primero que reconocí del camino, fue la entrada al que en aquella época, era uno de los atractivos más importantes de la zona, el tobogán de fibra que fue instalado en la montaña y descendía en un largo recorrido de más de 100 metros. Allí tan solo quedan como testigos de lo que fue, algunos tramos que no se llevaron y la obra casi en ruinas de una piscina, la naturaleza reclamó de nuevo su espacio. También reconocí el charco sobre el Rio San Juan que ahora es famoso y visitado por turistas que vienen a disfrutar de sus cristalinas aguas. En nuestra época, este era uno de nuestros programas favoritos y le llamábamos el charco del puente. Hablamos con los residentes, quienes amablemente nos actualizaron de lo sucedido en los últimos años y nos dieron más indicaciones de cómo seguir nuestro camino, en esta ocasión las descripciones si estaban ajustadas a la realidad porque nos advirtieron que sería un largo camino hasta San Miguel.

Luego del puente hay un buen ascenso antes de la entrada a la parcelación la Esperanza, sabía que me acercaba a la finca, recordaba mas y mas escenas que recreaba con cada uno de la familia. Llegamos hasta la finca de “Fabito” que pese al tiempo está muy bien tenida, al lado yace en ruinas una casa que no recuerdo haberla visto, seguimos en ascenso y de ahí en adelante solo fue cuestión de instinto y la orientación de Tuerca que nos llevo hasta un altico donde alcance a reconocer los techos de algunas fincas cercanas como la del tigre y suponía que más abajo debería estar “El Paraíso”. Luis sugirió tomar un desvío y con tan buena suerte que efectivamente era el carretera de acceso que buscábamos. Ya desde lejos la reconocí de inmediato porque está rodeada de arboles de mangos por eso en la zona es conocida como finca “los mangos”. 

Ya para ese momento, me había inmerso tanto en mi recuerdo que olvide tomar fotos, tomar puntos de ubicación con mi GPS, estaba en shock, es increíble todas las emociones que pasaron por mi mente en aquel instante, tal vez transmitir ese sentimiento por escrito es imposible pero puedo decir que olvide todo y sentí que regresaba en el tiempo para vivir de nuevo muchas cosas lindas.

Tome desde lejos varias fotos, descendimos para cruzar un viejo puente de madera sobre el pequeño riachuelo que aguas abajo represábamos para hacer una piscina natural en la que disfrutábamos y nos refrescábamos.

Si bien se nota el paso del tiempo por el abandono, la estructura de la casa se conserva bastante bien, aun se conservan los colores originales verde y blanco que años atrás mis tíos con todo su amor pintaron, subimos por los rieles empedrados para llegar al parqueadero. Revisamos el estado general de la casa, nos percatamos de que los arboles de mangos estaban en cosecha, (Y no son mangos cualesquiera) se tratan de mangos gigantes llamados mangas, tomamos uno y con este hubo suficiente para los tres.

No podíamos quedarnos, tan solo habíamos recorrido 8 Km en 1:30 y sabía que ese era apenas el inicio. El paisaje desde este sector es inmejorable ya que estábamos en la transición de la zona montañosa y el valle del Rio Magdalena, es muy bello este lugar ya que la vista se pierde en el horizonte donde de vez en cuando se alcanza a ver el rio Magdalena como serpentea como un hilo de plata mucho más abajo. Para esta época las lluvias han regresado después de un extenso verano y el verde en los pastos es de una extravagancia desmesurada por lo intenso y casi fosforescente de su tonalidad.

Sin duda, la ganadería ha retornado a la zona y mucha de la selva nativa que existía sigue siendo talada, es una lástima porque esto ha contribuido a que la erosión siga depositando sedimentos en los lechos de los ríos más grandes como el Rio Claro, La Miel y el mismo Magdalena.

El clima hasta allí había sido benigno, los rayos de sol se filtraban tenues entre la nubosidad mientras yo reconocía en algunas curvas o montañas mis pasos con las pesadas bicicletas de Cross que debíamos empujar por la imposibilidad de subirlas montados.

Después de unos 9 Km, llegamos a la finca Santa Elena en donde nos dieron dos opciones a tomar, una por el camino complicado hacia la Hacienda Aranjuez y otra por una carretera directo a San Miguel, decidimos tomar la carretera hacia San Miguel. Aun no sabemos qué sucedió, si por las malas indicaciones de la señora o porque no vimos el desvío, terminamos en el camino complicado, el mismo que tomamos años atrás.

El camino en la medida que avanzábamos, se reducía en tamaño, recorrimos 1 km hasta una ranchería en la que preguntamos y nos indicaron que habíamos tomado el camino complicado y que la vía por la Hacienda Piedras Blancas era por otro lado. Para ese momento el sol había ganado la batalla de abrirse paso entre las nubes y arreciaba el calor aumentado por la evaporación. Y Luis en buen tono dijo -pues ya entrados en gastos, sigamos-. Así que la emprendimos por el lado complicado y no tardamos en descubrir el porqué de su nombre, el camino continua por un hilo que se pierde en una llanura cubierta de pasto, las señas de que aun estábamos sobre el rastro, son los viejos quiebrapatas en madera que dividen esos potreros.

Como era de esperarse perderse allí, es sumamente fácil y nosotros no seríamos la excepción a la regla, casi como por arte de magia el camino había desaparecido y solo nos quedaba como alternativa para nuestra orientación, una quebrada que cruza ese valle y que nos habían señalado que debíamos seguir. Luis con su completo mapa de GPS muy hábilmente tomó la iniciativa y apoyado en el axioma de que la mayoría de los ríos en Colombia fluyen hacia el norte, nos indicó la dirección del río que debíamos seguir y que justo a 600 metros encontraríamos de nuevo una carretera, debimos cruzar por varias ocasiones el riachuelo con algo de desgano por parte de la Dra. U que argumentaba si era totalmente necesario cruzarlo ya que implicaba meterse al agua con zapatos y todo. Yo tome la iniciativa y lo cruce, esperaba que fuera más profundo pero escasamente el agua me llegaba a la rodilla.

Allí permanecimos perdidos en un sofocante calor y sin rumbo por al menos 30 minutos que parecieron horas, yo había empezado a preocuparme por el tiempo, pues en mis ensayos sabía que el recorrido eran aproximadamente 60 Km y tan solo hasta allí habíamos rodado 20 Km en 3:30 horas. El clima se torno algo tenso y desesperadamente buscábamos la señal de algún camino que nos ayudara a salir de aquel valle. Como para alentar el ánimo, le advertí a Luis que en ese mismo sitio nos habíamos perdido nosotros y que no era nada fácil, llegue a insinuarle que si en 100 metros más no encontrábamos el camino, optáramos por regresar a la Hacienda Santa Elena para que nos dieran las indicaciones correctas. Decidí salirme del rio para continuar por el campo cubierto de hierba. Desde allí alcance a ver más adelante justo en la base de una montaña una zona despejada, esta seña nos ayudaría a encontrar de nuevo la senda.

Salimos al fin de este lugar y retomamos de nuevo una carretera destapada y entre subidas y bajadas llegamos después de 27 Km y 5 horas a la Hacienda Aranjuez, de este punto a San Miguel son 5 km mas, decidimos llegar hasta allí para hidratarnos, descansar y esperar a que el sol bajara un poco su intensidad eran las 2:00 pm y el calor con la humedad derriban los ánimos a cualquiera, seguimos el camino hacia San Miguel y del lado izquierdo se abrió la majestuosidad del rio la miel y pensar que años atrás era cristalino, ahora sus aguas corren en color pardo y ocre.

En el corregimiento de San Miguel buscamos un restaurante, el cual existe pero ya no atienden, no sabemos que pasó pero de él, solo queda el nombre, así que decidimos comer lo que llevábamos y eso si pedimos de acompañamiento algo bien frio para la sed, gusto  tomarse algo fresco en semejante calor, todos teníamos la cara roja pese a la cantidad de bloqueador solar que nos habíamos aplicado. Descansamos y hasta charlamos un poco con su gente ahí me enteré de cómo se fundó este pueblo y la verdad me gustó mucho su historia porque es realmente muy joven. Hoy día San Miguel es un corregimiento de Sonsón fundado por pescadores quienes venían de Ibagué y Honda atraídos por la subienda de bocachico, mueluda y dorada decidieron asentarse en ese lugar hasta hoy en día.

El nombre de San Miguel viene de la hacienda que en otra época era la que brindaba sustento a estos pescadores cuando no había época de subienda en actividades del agro como ajonjolí, plátano, maíz, arroz y algodón pero todo eso se hizo historia cuando apareció en los años 80 la fiebre por el oro en donde su población casi se duplico y el dinero en sus calles incrementó la violencia, el licor y el desapego por una vida digna. También sus bosques de cedo y el laurel incluida la madera más preciada de todas, el guayacán amarillo que utilizaban para sus embarcaciones fueron talados.

Fueron muchos los sucesos que han corrido por sus poco años de existencia y que resumo cronológicamente como: pesca, agricultura, minería, violencia, narcotráfico, ganadería hasta el día de hoy que surge como un bálsamo la opción del turismo y una vía alterna hacia la Dorada.

Partimos de nuevo a las 3:00, debíamos recorrer unos 25 km y las horas de luz estaban contadas, ya no hacia tanto calor y más aún porque en este tramo del recorrido se hace a la sombra de los arboles que cubren la vía formando un frondoso túnel que nos refrescó mucho nuestro constante pedaleo. En el pueblo nos habían dicho que en bicicleta podíamos demorar un poco más de dos horas, así que las cuentas eran sencillas, debíamos rodar en promedio a 13 Km por hora para cubrir en 2 horas el trayecto hasta Doradal, así que muy animados recorrimos de nuevo el camino que nos había llevado minutos antes a este maravilloso poblado para cruzar de nuevo la Hacienda Aranjuez. Seguimos rumbo norte por unos 13 Km a una velocidad promedio de 15 Km por hora, hasta encontrarnos con el desvío hacia dos bocas -  Doradal o Puerto Triunfo, veníamos muy bien, aunque el cansancio se reflejaba en nuestras caras ya que habíamos puesto un ritmo fuerte para mantener el promedio y llegar a la hora prevista, tomamos el desvío hacia Doradal y desde allí pese a que bajamos el promedio a 11 Km por hora, realizamos el recorrido hasta la autopista en 1:55 minutos, solo nos quedaba el último tramo que era cruzar el pueblo sobre la autopista Medellín - Bogotá y llegar al punto de partida.

Llegamos y de inmediato llamé a mis padres y Tíos para compartirles lo que había vivido, ellos estoy seguro también recordaron y se llenaron de esa intensa emoción por cada detalle de mi relato. Pedimos autorización para darnos una buena ducha y mientras tanto yo saboreaba la satisfacción de haber alcanzado de nuevo una histórica jornada que hacía mucho tiempo había deseado y planeado en mi mente, una jornada llena de recuerdos y de vivencias pasadas de otras lindas épocas. Lo habíamos logrado y sin quererlo, habíamos hecho el mismo recorrido que años atrás nos llenó de tantas experiencias por haberla realizado en bicicletas de Cross y en las condiciones que nos tocó, fue todo un hecho casi milagroso, digno de nunca olvidar!
Fotos
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

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