HACIA EL CAMINO DEL SINAÍ EN FACATATIVA

(Por Alejandro Puerta Machacho)
 

El buen amigo Edgar se había tomado la molestia de tenernos para la Dra. U y para mi listas las mejores bicicletas, que buen detalle. Al día siguiente de nuestra llegada, como para no desaprovechar la oportunidad de rodar, viajamos rumbo sur occidente hacia Facatativá para encontrarnos con este bello municipio donde sus pobladores llevan como gentilicio: Facatativeños y donde por su topografía y privilegiada ubicación posee un sin número de rutas para nuestras bicicletas de montaña entre caminos prehispánicos, cerros y poblaciones aledañas como Bojaca, Alban, Anolaima, Cachipay, el Vino y muchas más.

Ese día, decidimos salir rumbo occidente hacia el Sinaí, una montaña que esta justo al borde de la meseta. Para quienes no han tenido la fortuna de rodar por ahí, considero prudente aclarar que el mal llamado altiplano Cundiboyacense está lejos de ser una plana sabana, más bien diría yo, que toda esta región está llena de montañas que pueden sobrepasar en algunos sitios los 4000 msnm. Majestuosas cumbres de páramos con vegetaciones que escasamente vemos en nuestras tierras Antioqueñas como: frailejones, encenillos, achupallas, juncos, bromelias y orquídeas de paramo.

Qué lindo contraste de todo este juego de formas y colores que se conjugan en ese paisaje donde por efectos del frío extremo y la aridez, la roca se deja ver desnuda, enseñando cada una de sus capas geológicas que se rompen hacia el cielo como si algo por dentro se hubiera roto por efecto de un movimiento incesante de una inquieta tierra que ejerce presión por salir y mostrarse viva a través del tiempo.

Aquel dia agrupados por los buenos oficios de Edgar que invitó al “pulga” que pese a su tamaño me aclaró que “pulga” no se trata de un apodo sino de su apellido, no le digo… upps

A nuestro encuentro en “Faca”, nos vino a saludar y darnos la bienvenida a su tierra su mejor representante, un guerrero en  esto de dar biela, se trata de Oscar Cañón, titán de la cicla que ha recorrido de extremo a extremo todas las Américas en su bicicleta de montaña. Qué buena energía y honor verlo allí, vino a saludarnos lamentando que no podía acompañarnos en nuestra aventura.

Salimos a rodar con algo de sol por la vía pavimentada hacia Albán y más adelante tomamos un desvío hacia la derecha por una carretera alterna que sirve de ingreso a enormes cultivos de flores y granjas avícolas. Es un ascenso leve que se va incrementando justo antes de llegar al borde de la meseta, al igual las condiciones climáticas venían desmejorando con el paso de las horas. Hasta allí el GPS indicaba que llevábamos un poco mas de 10 km y habíamos alcanzado el filo a casi 2900 msnm, desafortunadamente para quienes amamos ver a lo lejos los paisajes desde lo alto, en este sitio no es común ver el paisaje despejado ya que las corrientes de aire caliente que ascienden rápidamente del valle de Villeta y Sasaima forman grandes bancos de niebla que se instalan justo en ese lugar formando los típicos bosques andinos que se dan desde los 2000 hasta los 3000 msnm.

El día ya estaba oscuro, con mucha neblina, húmedo y las lluvias recientes habían puesto liso todo, complicando el rodar por este antiguo camino real que fue construido en la época de la colonia para unir a Bogotá con el valle del Magdalena como una alternativa a la ruta tradicional del camino de Honda, ésta linda trocha de no mas de 6 metros de ancho aun conserva tramos en piedra plana apilada de forma ordenada que facilitaron el paso de personas y caballos que transitaron con mercancía y correo por sus empedradas curvas.

Tal vez lo que más impacta de este sitio, es que buena parte del camino esta labrado sobre la peña, adherido a la roca, semejando a un enorme balcón donde puede haber acantilados rocosos de 40 metros de altura. El día seguía con mucha niebla pero pese a esto, alcancé a ver en una colina un Benchmark (marca dejada por topógrafos, geólogos o cartógrafos) la placa reseñaba que se trata de Peñas del Aserradero a 2.870 msnm.

 

En vista del clima y de las dificultades del terreno por el acentuado invierno, decidimos regresar por la misma vía para completar una jornada de 22 km en poco menos de 4 horas justo antes de una leve lluvia que cayó después de estar en el carro.

    
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