De la Salada por El Cardal hacia La Tolva en Caldas (Antioquia)

Por J Edison Henao
La convocatoria fue realizada por Monseñor Jorge Mario A. y casi toda la vieja guardia en pleno se presentó en el punto de encuentro, con la excepción de Leito, Verito, Claudia T, la Chava, Rumberto Qué Alegría Ceboya, J C. Arcila, J D Duque, C Adrian, Ramón  y Osmarqueting.

Los primeros en llegar al sitio de encuentro
Llegaron los que llegaron y pasaditas las 7 am arrancamos rumbo a Suramerica a encontrarnos con Machacho y & y Juan Carlos Pereira y &, y sígale  pa´ Caldas. Nos alcanzó Toño antecitos del desvío que nos pone en la U. de La Salle y coninuamos por la vieja trocha ferroviaria que luego de conducirnos a La Locería y por entre barrios desconocidos para mí de Caldas, nos llevó hasta Primavera, en donde retomamos la Troncal sur hasta el sito El Reposo. La señal del viejo Monse es una cabina telefónica roja, y pa´entroooo.
Sitio de Acceso a la trocha
Desde el mismo comienzo de la trocha se advierte que es sencillamente espectacular, pues es un hermoso valle rodeado de pineras y manchas de bosque, es una trochita en medio del verde, con esos olores y sonidos que invitan a disfrutarlos, a saborearlos, a usar todos y cada uno de nuestros sentidos y esto se da gracias a que la loma no es tan exigente, es completamente  llevadera con rampas no tan prolongadas y con tramos menos pendientes que permiten tomar aire para la rampa siguiente.

Las recomendaciones de Monse y Machacho para los adelantados, al mando de Alextremo y el viejo Garavito (Julian) eran ir “siempre a la derecha”, algo cabalmente cumplido, incluso hasta para ir “al baño” (ver foto).
Mienras Jey Esteban y Alextremo miran quien sabe que cosa en "Mi Black Berry",
Julian viene con disimulo del bosque, arreglándose el vestido, .. hum ... que etaba haciendo?
Cada cierto trayecto la vanguardia se detenía para reunir nuevamente el grupo, chiste va y viene .........
....  y nuevamente cada quien a su propio ritmo y ya fuera en cicla con “vetilador” a fondo o a pie, afrontaba cada sección de la trocha.
 
Luego y en medio de la niebla que no permitía tener la más mínima referencia para orientarse y solo confiando en la tecnología para ello, dejamos la carreterita y nos metimos por un senderito en el cual los de espíritu downhillero podían desafiar, sin embargo este tramo remataba en un zanjón lleno de agua de cierta profundidad que puso en dificultades a más de uno.
Toño bajando por el senderito
Ahora estábamos ya no entre pineras, sino en un canaloncito metido en puro bosque nativo, y el cual acababa en un señor pantanero que obligaba a echarse la cicla al hombro, aunque el trayecto era en verdad corto. Pese a ello, de repente aparecia un portoncito y un césped y luego una mágica casita campesina. Al preguntar a sus habitantes nos informaron que el sector se llamaba “El Cardal”. Lástima la neblina que nos rodeaba, porque de lo contrario, el paisaje sería sin lugar a dudas majestuoso con el gran cerro Bravo imponente al fondo.
Julian atrapdo en un pantanero
En la casa de campo se reunió nuevamente el grupo y se compartieron bocadillos, quesito y lenguas que vendían en la casa, además muchos aprovecharon para sacarle el pantano de las ciclas ante el muy gentil ofrecimiento del dueño de casa, quien conectó una manguerita.
Casa en el sector de El Cardal

Quién quiere lenguaaa? 

Nosotroooosssss

 

 

Mientras la presión del chorro al parecer tiene en apuros a Machoncha, El viejo Pereir... goza con la refregada
 Ya con muy poca loma que afrontar y con un pequeño descenso final llegamos a la carretera La Tolva Piedra – Verde.
El portón metlico rojo es el aviso de llegada a la carretera La Tolva

Luego de esperar a todos los compañeros(as), los que tenían afán salieron apresuradamente, mientras el resto bajamos de lochita hacia la Tolva, sobre la via a Amagá, no sin antes desvarar a Julian a quien se le estalló primero el neumático trasero y luego el delantero y en mi caso el neumático delantero quien me pegó una revolcadaaaa, luego del cambio seguimos pero con el rin delantero un poco tulureto, con extrañas vibraciones y movimientos que me llenaron de desconfianza , por lo que el resto del recorrido lo hice con mucho tacto.

En el rancherito nos reunimos y mientras los mas hambreados consumían diferentes alimentos, lo de más afán definitivamente se despidieron y marcharon rumbo a sus casas.

Salida de 52,4 km para mi caso que vivo en Envigado, de fácil acceso, con mucho verdor, mucho oxígeno, con loma moderada, pequeños caminos algo técnicos, pero salvables, mejor dicho todos expresaron su deseo de volver a repetirla cuantas veces fuese posible.
 
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