Caminata San Rafael - San Carlos, por la cuenca de la Rápida

(Por Jedisonhenao)
 
Se trataba de una exploración que llevaba tiempos pensándola, y por años me la pasé indagando con personas de la región, quienes me informaban de la existencia de una ruta carreteable que unía a San Rafael con San Carlos diferente a las extensas carreteras que conectan a San Carlos con San Rafael y Granada. Pero además, fuimos demasiado optimistas e ilusos, diría yo, je je je, al involucrar también la subida a la piedra de El Tabor.

 

Busqué en los mapas del IGAC, pero ese camino no aparecía y desgraciadamente la zona de San Carlos no tiene en Google Earth una aerofotografía que pudiese dar indicios de este camino. Po el otro lado, si bien sobre San Rafael se montó una aerofotografía hay una enorme nube que cubre parte de esta ruta.

 

Un compañero de la oficina que tiene finca unos 2 km arriba del balneario La Tanga, cerca a la Cristalina, me dijo que la carreterita había sido habilitada y ya era seguro ir por allá, y Neider un amigo oriundo de San Carlos, me informó que por Vallejuelo subía una carreterita que pasaba por una fonda que en la zona llamaban la “tienda de Magdalena” y que además brindaba una entrada al camino a la vereda Las Camelias y que era la salida para San Rafael.

 

Subí a través de la herramienta “superposición de imágenes” en Google Earth parte de la plancha número 148 correspondiente a los municipios de San Carlos – San Rafael y traté de coincidir lo mejor posible los principales hitos y accidentes geográficos para poder así mirar desde Google  Earth ríos, veredas, cerros, y posibles caminos, sobre todo para la parte alta de la cuenca de La Rápida por donde se suponía iría el carreteable en cuestión.

 

Decidimos abordar dicho camino el 31 de julio de 2011, aprovechando que Neider estaba disponible y quería también conectar a pie esos dos municipios a través de esta vía. La meta inicial no sería el propio San Carlos, sino que según información de Neider, desde Vallejuelos tomar un atajo que nos conduciría a la Piedra del Tabor, almorzar allí y luego bajar, ahí sí, al pueblo.

 

El Domingo 31 de julio a las 4:25 am salí a recoger a los Hermanos Rogelio y German Hurtado, caminantes “Patianchos” por excelencia, en la iglesia San Jose en el centro de Medellín; luego fuimos a Bello por la veterana caminante Isabel Puerta – La Shaba  y a Neider Torres, hijo ilustre de San Carlos, lo recogimos en Zamora. El viaje rindió porque en cuestión de 2 horas ya estábamos en San Rafael.
 

Amanecer entre Guatapé y San Rafael 
 
La primera sorpresa fue el hermoso amanecer sobre el valle de San Rafael que vimos desde las montañas de Guatapé, lo que obligó a hacer un alto en el camino para las respectivas fotografías y luego proseguir al encuentro de El Bizcocho. Para mi todo era novedoso pues no conocía la zona.
 

 Valle donde esta inmerso entre la niebla San Rafael
 

Hacia las siete y media pasaditas, estábamos en el parque de san Rafael comiendo pandequeso con perico y siendo las 7:53:57 am y a una altura de 1029 msnm, arrancamos buscando la salida al balneario de Las Tangas y tomar la carretera pavimentada que sube bordeando el Rio Arenales. Admiramos la belleza de la quebrada y el rio Guatapé, con sus cristalinas aguas.

 

Parque de San Rafael: De derecha a izquierda: Rogelio, Neider,Germán, Isabel y J Edison
 
Neider, a cuanto parroquiano se encontraba preguntaba por la ruta, y algunos nos miraban incrédulos, y si bien nos informaban que sí existía, nadie se puso de acuerdo en las horas que demoraríamos, que allí nomas a 20 minuticos, que dos horas, que 6 horas, ……
 

El rio Guatapé a su paso por San Rafael
 
La mañana se nos fue diluyendo entre charcos y hermosas finquitas de recreo y balnearios del río Arenales. Cruzamos la desembocadura de La quebrada Arenales con La Rápida y nos internábamos por la carretera destapada pero en buenas condiciones que sigue la quebrada La Rápida. Una vez la Quebrada Arenales se une con la Rápida el rio toma el nombre de Arenales, esto es un poco mas abajo del hermoso charco La Cristalina formado por la quebrada La Rápida, sitio en que además limitan las veredas Macanal, La Estrella y El Arenal.
 
Majestuoso charco en La Rápida
 
Las Aguas pristinas de  la Quebrada Arenales
 
Ya metidos en la vereda La Rápida, mirábamos las montañas al este y sudeste, para tratar de discernir el sitio que serviría de paso hacia el valle de San Carlos, y allá muy arriba se alcanzaban a ver boquerones y lejanos derrumbes que nos daban algunos indicios del camino a seguir.
 

Río Arenales, que a esta altura lleva aguas de las quebradas La Rápida y Arenalea. fondo entre las nubes en algún sitio, por la cuenca de La Rápida, estaba el paso hacia San Carlos
 

Pero solo hasta que alcanzamos un sitio llamado La Esperanza visualizamos parcialmente la posible ruta de la via y como esta daba una enorme herradura hacia la izquierda, por entre la cuenca, averiguamos si había forma de obviar dicha vuelta por algún sendero, pero todos coincidían en decirnos que eran senderos muy complicados, que era mejor seguir la carretera, asi fuera dando esa enorme U.

 

Neider averiguó por la tienda de Magdalena y nos señalaron la montaña diciendo que a 20 minutos a la vuelta de la última curva que se veía de la carretera entrar por un boquerón pequeño.

 

Nos preocupaba la enorme vuelta que hacia la via, siguiendo el contorno de la cuenca, guiándonos por las hileras de casitas, pero había un tramo entre unos derrumbes y la ultima parte visible de la via, en la cual no podíamos discernir por donde iba. Ya a la altura de un sitio denominado "El Puto" visualizamos claramente en la vertiente del frente una línea de carretera y muchos derrumbes, y mientras por el lado nuestro la carretera se nos perdía en infinidad de curvas, no logramos visualizar la conexión de la via que llevábamos con la del frente y fue en este sector donde se nos informó que la vía del frente era la misma que llevábamos pero que bajar hasta la quebrada y subir por el otro lado hasta alcanzar esa vía era complicado, que lo mejor era seguir por dónde íbamos.

 

Nos resignamos a seguir y a esa altura ya las plantas de los pies del grupo se estaban resintiendo por tanta piedra filuda que había en la carretera, algo que pondría en problemas al neumático de la llanta de una cicla de montaña.

 

Cruzamos un puente y pasamos al otro lado en un sitio llamado Villa Sara. Hasta acá yo venía evaluando las posibilidades de en otra oportunidad hacer el recorrido en cicla, y hasta este lugar sería un paseo fenomenal, pero a partir de este sitio la carreterita se empeoró, se volvió muy pedregosa, con muchas rampas empinadas, con piedras sueltas, que una persona término medio en técnica del manejo de ciclas, como yo, nos llevaría a "comer pelo" (caida fija), tal vez todo un reto para mis amigos Juanca Pere y Machacho, pero para mi sería pelada de rodilla fija.

 

No nos explicamos cómo, pero resultamos en la zona de derrumbes que desde mucho más abajo visualizamos y no era precisamente por donde habíamos imaginariamente trazado un posible trayecto. Lo que pasa es que pensábamos cuando veníamos por El Puto que para acceder a la carretera del frente que estaba muchísimo mas alta, manejando la misma pendiente que traíamos, nuestra carretera tendría que dar muchas volteretas por entre la cuenca, pero con la empinada que se puso la via luego de Villa Sara, todo el misterio se resolvió y hasta me alegró porque llegamos más rápido que lo pensado y sin tanta vuelta. Además al llegar cerca del primer derrumbe nos alegramos de no tomar la decisión de meternos por los deshechos pues la falda para subir a la vía era mas de 60 grados de pendiente.

 

A esta altura la via me pareció un poco complicada para la cicla, pues estaba llena de pedruscos grandes y pequeños sueltos, todo un reto y además con rampas.

 

Al llegar al primer barrancón del derrumbe nos dimos cuenta que se trataba en realidad de una serie de deslizamientos, de unos 2,5 km de largo, en ciertos tramos se fue la banca  y en otros había multitud de aludes sobre esta, y en otros había derrumbe sobre derrumbe.

 

Sitio donde se inician los derrumbes que obstruyeron la via, en parte son pérdida de la banca y en otras aludes sobre la via
 
De todas maneras no era complicado el paso a pie, aunque si peligroso porque se notaba que continuamente rodaban piedras sueltas desde arriba. El paso es imposible para un vehículo o muy, muy complicado para una moto y para el caso de las ciclas habría que llevarlas en la mano.
 
 

Una densa vegetación recubre la parte alta de la montaña, curiosamente es una zona muy inestable geologicamente con multitud de derrumbes 

 
Por lo frondoso, el sector era impresionante y yo estaba realmente transportado a una dimensión subliminal, pues era un sector de selva, desde la cual surgían las enormes mariposas Morphidae con sus destellos metálicos azulosos y blancuzcos, el concierto de las cigarras con su dejativo chillar, ese indescriptible olor de monte de tierra caliente y a mano izquierda una maravillosa vista de montañas y montañas hasta el infinito, con un pequeño machoncito blanco junto el final de una cordillera en la parte de abajo …. El ya lejano San Rafael.
 

 

 
Al fondo San Rafael
 

Nos imaginábamos que después del boquerón la vía voltearía e inmediatamente bajaría hacia San Carlos y en esa curva estaría doña Magdalena con frías gaseosas y dulces rollos, pero la sorpresa fue otra. El GPS que llevábamos, a estas alturas no tenia un track que nos guiara, y el mapa topográfico de Colomba instalado en el aparato, en esa zona no mostraba absolutamente nada, solo estaba en función de marcar lo que recorríamos, de resto no mostraba nada, solo un punto a unos 7 km en linea recta que decía San Carlos.

 

Derrumbe sobre el derrumbre
 
Cuando uno se acerca a los boquerones en las montañas, estos se anuncian con fuertes ráfagas de viento, debido a las correintes de aire que se encuentran y esta fue la clave para pensar que estábamos a metros de pasar al otro lado y mirar el valle de San Carlos, pero nos encontramos con la ingrata sorpresa de una serie de cintas amarillas y letreros rojos que decían “Peligro, minas, no entre,  manténgase alejado” …… se nos enfrió todo, pero gracias a Dios, este campo minado se internaba hacia la montaña, selva adentro, dejando paso libre por la carreterita, luego me comentaron que el Ejercito se encuentra en proceso de desminado de este sector.
 
Al llegar al sitio donde la carretera cruza la montaña habia un campo minado

 
 

 
 
La sorpresa también fue grande al no ver del otro lado de la cuchilla el valle donde estaría San Carlos, sino la cuenca de la quebrada Arenales (Veredas El Arenal y La Florida), y además esperábamos comenzar a bajar, pero en lugar de ello, la carretera lo que hizo fue una U completa e invertida a la que traíamos desde El Puto y siguió subiendo pero a sotavento y ahora de norte a sur …. El sol de medio dia nos daba de plomo y el calor era fuerte, pues si bien era una densa selva, la carretera no tenia dosel que nos diera sombra y estábamos a 1.543 msnm, o sea a una altura de tierra medio calientica. Lo único que me pasaba por la mente era una gaseosa, bien fuera un Premio o una Uva Postobón, bien fría, con escarcha…. Ummmm. Al consular el GPS, noté que no íbamos directamente hacia el rumbo este, rumbo correpondiente a San Carlos, diría más bien que nos dirigíamos en un ligero desvío hacia el sur, ahora con el municipio de Granada marcado en el GPS al frente pero a unos 20 km.

 

A estas alturas y siendo aproximadamente las 11:00 am, notaba inquietos a Rogelio y Germán, preguntándole a Neider que si estábamos lejos de la entrada al camino de la Piedra del Tabor, pero en ese momento era territorio desconocido para todos nosotros. Fue ahí donde Isabel se puso a echar cuentas y le preguntó a Neider sobre cómo era la cosa de lo de la piedra del Tabor, y entonces cuestionó la ida hasta allá, pues se nos había venido encima prácticamente el medio día y aún no se visualizaba siquiera el pueblo. Esto hizo que los ojos de Rogelio y su hermano se abrieran e inmediatamente la apoyaran a ella en mejor desistir y entonces mejor buscar un charco por ahí cercano al pueblo para almorzar y luego regresarnos para San Rafael, en donde habíamos dejado el carro.

 
 
….. y suba y suba por el otro lado de la montaña y nada de la tienda de Magdalena, ni la vista de San Carlos, esto nos bajó la moral, hasta que a lo lejos se escuchó el latido de perros y el denso bosque fue rápidamente cediendo para dar paso a potreros, y luego de una curva, la tienda de Magdalena. El Neider estalló en felicidad, pues de ahí en adelante eran su territorio, y me comentó que siempre había tenido el sueño de algún dia explorar el camino desde la tienda hacia san rafa
.

 
Cara de desilución de Neider al no encontrar a Magdalena en su tienda, pues esta estaba cerrada.
 
Ahhh pero que diablos, enorme fue la desilusión cuando vimos que la tienda estaba cerrada y nadie contestaba ante los llamados y silbidos de todos …. "Seguro estan en San Carlos mercando", replico Neider.
 

Al fondo ahora si el tan esperado paso o Boqueron, luego del cual se abre el valle en donde esta San Carlos, a la derecha entrada a la vereda Las Camelias
 

Continuamos la marcha y luego de acabar de dar la vuelta de la curva donde estaba la tiendita, vimos al frente y luego de un vallecito por donde corría una quebradita con aguas cristalinas, un boquerón por el cual cruzaba la vía, y Neider nos explicó que una vez allí, se nos abriría el paisaje hacia el valle donde estaba ubicado San Carlos. Y el semblante de nuestro amigo cambió, desbordaba alegría, hablaba más que secuestrado recién liberado, no se cambiaba por nadie, nos mostraba que la entrada a las Camelias, que debajo de aquel árbol había hecho un sancocho, que qué rico organizar una montada en cicla por Puerto Rico, Palmichal y Calderas y …., en fin, llegamos al alto y una maravilla de valle se nos abrió a la vista, aunque aún no observé el pueblo pues desde ese ángulo lo tapaba un cerro, si observamos un caserío llamado El Poblado, en donde según Neider almorzaríamos en un charco que había en ese sector llamado El Chispero.

 

Vista hacia el sur, Abajo Vereda Vallejuelo, mas al fondo veredas Puerto Rico y Palmichal
 

Ya era las 11 y 37 minutos am y una altura, ahora sí la máxima, de 1.677 msnm, y a bajar se dijooo, y nuestro Neider se puso la camiseta de verdadero guía conocedor del terreno por donde transitábamos, nos comenzó a meter por entre potreros, dizque para evitar las vueltas de la carretera, y uff que descanso para la planta de nuestros pies, pues tanto guijarro y pedrusco en estas casi cuatro horas de estar andando por el carreteable ya esas jijueepp piedras del camino nos tenían sumamente adoloridas las plantas de los pies.

 

Y llegó la zona de alimentación, pues esos potreros tenían por ahí esparcidos unos guayabos a los que no les cabía una fruta más, y fue así como sacié un poco el hambre tan atroz que traía, aunque a voluntad no quise calmarla totalmente pues se acercaba la llegada al almorzadero y no quería perderme esa suculenta ensalada, puré de papa y pollo a la plancha que sabía estaba por ahí en un morral encaletada.

 

Y fue mientras deambulábamos por estos potreros, cuando se nos apareció de un lado de la misma montaña por la que habíamos estado bajando la majestuosa Piedra del Tabor, y la verdad descansé al saber que ese día no subiríamos allá, y creo que ese fue el mismo pensamiento del resto del grupo, pues para llegar allá había que subir por tremenda pendiente por entre el bosque, yo diría tan pendiente aunque no tan larga como la de cerro Tusa.

Al fondo la piedra El Tabor 
 

De cruce en cruce por la carretera que baja haciendo “S” y potreros llegamos a unas casas abandonadas y a los dominios de Neider,. Desde un potrero de esos accedimos a la finca de la prima Miriam, en donde entramos de paso. Luego del saludo, los habitantes de la casa miraron un tanto incrédulos, una vez les dijimos de dónde veníamos. Mientras disfrutábamos un  refresco que amablemente nos brindaron, le empacaron al primo una bolsa plástica con algo que me pareció que era arroz. Isabel preguntó que si allá era donde hacían los quesos ricos que una vez le llevaron a la fábrica y al obtener una respuesta positiva, se le abrieron tremendos ojos y al momentico todos teníamos empacado una enorme bola blanca de esas. Yo tenía mis reservas de llevarla porque esos producto lácteos a la intemperie exudan un liquido con un olor no muy agradable y faltaba mucho terreno por recorrer, pero al final opté por llevarme uno queso de esos (fue una muy buena elección pues luego de irlo consumiendo en los días subsiguientes, resultó ser muy sabroso). Las primas de Neider nos dijeron que de San Carlos salía un bus para San Rafael a las 2:00 pm, aunque yo al menos pensaba que después de llegar hasta por allá, se debería aprovechar para reconocer un poco la región y disfrutar del charco y salir en otro medio de transporte para San Rafa mas tarde.

 

Finca de la prima Miriam
 

Nos despedimos y luego de pasar por el mismitico patio de la casa de una tal señora doña Oliva, volvimos al carreteable que traíamos desde san rafa y un poco mas abajo en un cruce de vías,  Rogelio preguntó que hacia donde seguiríamos, que donde pensábamos almorzar? Y Neider le dijo que iríamos al charco para almorzar, pero Rogelio tenía intensiones era de irse directo al pueblo, porque las plantas de sus pies ya no le daban más, lo mismo nos expresó Germán, mientras Isabel, Neider y yo queríamos era tirar charco, así es que se les explicó a los hermanos cómo llegar a San Carlos y nos despedimos. Seguimos y al momento unos muchachos en moto saludaron a Neider, y el les dijo con orgullo y sacando pecho que veníamos de SAN RAFA, ellos se miraron incrédulos, luego Él les pregunto por El Burro y le dijeron que estaba en el caserio.

 

Escasos 600 m nos separaba las partidas en donde nos despedimos de los hermanos Hurtado y El Poblado, un caserío en cuya entrada había un enorme montaje para fabricar panela. Seguimos por una larga calle y nos encontrarnos con un kiosquito atendido por una sardina llamada Verónica en donde junto con otras jóvenes vendían refrescos, empanadas, y un motón de frituras. Neider volvió a preguntar por El Burro y le dijeron que se había ido para el rio con los demás muchachos y de pronto Él sacó de un plato tapado con un mantelito, una cosa alargada y apanada, una fritura que venden allá por $500, denominado “pescuezo de gallina frito”. Lo vi y me llamó la atención y le dije a Verónica que de subida me comería uno. Ojo, no es el pescuezo de gallina que yo conocía que es relleno con sangre arroz y hogao, si no que ese gañote es frito, así tal cual y apanado. Neider nos ofreció su gañote y le dimos una mordidita y me pareció rico, (je je je je no seamos mal pensados ombe), a Isabel le pareció muy barato, pero no expresó nada por su sabor, pues ella no es tan mantequera como somos Neider o yo.

 

Salimos apresurados, pues ya era la 1 pm, y seguimos por una enorme explanada, un enorme potrero con un césped verde intenso y recortaito, al que los vecinos denominan La Cancha, incluso mi GPS lo tenía registrado de ante mando en el mapa que le tengo montado. Es un sitio muy agradable como para jugar, montar en caballo, carpar, elevar cometas, hacer sancochos, … la atravesamos y nos fuimos metiendo por una depresioncita hasta llegar al borde de un bosque desde el cual se dejaba escuchar el estrépitoso ruido de una quebrada, que seguramente detrás de los arboles discurría, aunque no la había alcanzado ver aún.

 

Justo antes de ingresar al bosque, Neider nos dijo que nos quitáramos los zapatos pues habría que cruzar la quebrada, y luego de hacerlo y con algún recato me metí tras Él e Isabel al bosquesillo y luego apareció ante mí, en medio de enormes piedras, una hermosísima quebrada de frescas aguas de color verdoso y leche bajo el dosel del bosque.

 

Se cruzaba por una laja de piedra a ratos muy lisa por lo que tendríamos que cruzar con cuidado, por eso yo preferí mojarme un poco los pantalones hasta la rodilla por entre el charquito, mientras Isabel hacia malabares, parecía cruzando sobre la cuerda floja del circo je je je.

Entrando al chorro El Chispero 
 

La vista rio abajo era fenomenal, un dosel de inmensos árboles nos daba sombra, las lajas de color blanco y verdoso bajaban suavemente por peldaños escalonadamente, perfectamente pulidas por la acción del agua, tanto así que los niños de la zona bajaban como en un tobogán.

 

Al fondo estaba Neider con un grupo de personas, y la quebrada en ese sitio se fue metiendo como a un enorme hoyo, caía en una hermosa y espumosa cascada a un charco profundísimo de color verde esmeralda, al que se accedía o tirándose unos 8 metros hacia abajo o pegado de un lazo.

 

Charco El Chispero
 

Mientras desempacamos los almuerzos, Neider nos presentó al tal Burro, que resulto ser un amigo suyo y un grupo de muchachos de la zona, una manada de locos que buscando los puntos mas altos accesibles al charco se lanzaban en grandiosos saltos mortales, incluso hubo uno que desde aguas arriba emprendió veloz carrera dando saltos entre las rocas y enormes piedras para luego lanzarse desde una considerable altura al charco.

 

Si el hambre era realmente atroz y se nos salivaba la boca al ver las delicias que Isabel sacaba de su bolso, también eran enormes las ganas de sumergirme en esas refrescantes aguas. Y fue por eso que me atraganté, je je je, comí demasiado apurado, pues el tiempo se nos acababa, porque faltaba todavía un trecho para llegar a San Carlos y no quería por nada perderme la tiraita al charco. Con suma tristeza tuve que dejar parte de ese delicioso puré de papas con pollo y ensalada.

 

Me preparé para ir al charco tras de Neider e Isabel, mientras los muchachos desde una roca muy alta, nos observaban. El Neider no vaciló en llegar a la puntica más extrema de la peña para de ahí lanzarse, pero detrás Isabel y yo prácticamente gatiando, je je je, por el vértigo de la altura, llegamos aesa dichosa punta, ella se paró y suazzz de cabeza se lanzó la muy valiente, pero no clavó suficientemente la cabeza y luego de un enorme splash se hundió en las verdes aguas. Todos en corito dijeron uuuuy que quemada. …. Y ahora mi turno …… intenté pararme para llegar a la punta de la roca, pero que vá, las rodillas me temblaban, eran como gelatinas, agarré el lazo y en una especie de rappel plano y pasito entre pasito me arrimé y me costaba tener el equilibrio, todo me temblaba, la verdad me fue imposible pensar en lanzarme de cabezas, opté por lanzarme parado con toda mi fuerza  lo mas lejos posible de la roca.

 

Cascada El Chispero
 

La caída fue una eternidad, al final el viento zumbaba en mis oídos y sentí unas mariposas en el estómago, una sensación extraña en la cabeza y luego un vacíoooo y cuando menos pensé, todo era burbujas…. busqué la orilla opuesta para reponerme de la conmoción, me sentia como embriagado por la adrenalina je je je, aclaro que esta no era mi primera vez en lanzarme desde lo alto a un charco, incluso en Payuco, por la Pintada en medio de un rafting por el Cauca por la Felisa, nos llevaron a un chorro, tal vez más alto y siguiendo a los guías como unos borreguitos al matadero nos fuimos trepando en pura escalada por entre las rocas hasta que una vez arriba nos dicen “acá no queda otra sino tirarse, pues no hay otra manera de bajar”, ay Dios, hubo quienes se sentaron a un lado a pensarla y pensarla y yo saque valor de donde no pude y me lancé, fue tal el ingreso al agua que al otro día todos y cada uno de mis músculos me dolía.

 

Lo que no nos percatamos Isabel y yo fue de que en el punto a donde fuimos a salir había una especie de remolino vertical, pues el agua espumosa y la turbulencia que venía del chorro principal llegaba a chocar frontalmente con una enorme roca lisa que se sumergía verticalmente y la corriente hacía lo propio siguiendo el contorno de la roca hasta las profundidades. Fue así como cuando intenté salir por ahí, no encontré de donde asirme con las manos, ni los pies y me sentí succionado, a lo que inmediatamente respondí con una fuerte patada de nadado de estilo pecho, que me impulsó hacia arriba y al lado derecho, tomé una enorme bocanada de aire y haciendo golpe de riñón me sumergí, nade bien profundo donde el agua era tranquila, para salir a una playita mas adelante, pero al salir vi que Isabel iba directo al mismo remolino y le grité y le grite que por ahí no, pero ya estaba arrastrada por el espumero blanco que la mandó contra la roca a la cual ella intentó asirse pero era demasiado lisa y no había donde poner los pies pues era vertical y profunda, igual mire como se hundió, sacó la cabeza en un enorme salto y tomó aire, y se sumergió, luego solo sacó los brazos y se volvió a hundir, yo como que no creía lo que veía pues sé que ella es muy guerrera para esas cosas y se levantó dese chiquita toriando nada más y nada menos que el rio Nus por Virginias y San Jose del Nus.

 

Sector del charco donde la corriente nos succionó hacia el fondo.
 

Los muchachos allá arriba se pararon inmediatamente, alistándose para tirarse, mientras yo que estaba más cerca salté lejos de la roca donde se daba la succión y la alcancé tomar de una mano, la halé hacia arriba y me puse trás de ella, para que en su desespero no se me montara encima  y me hundiera a mi también. Al estar al borde del espumero este me botó hacia la playita, ella no opuso resistencia pues me dijo que una vez sintió que el agua la succionó se quedó quieta con las manos estiradas confiada en que yo o los muchachos la sacarían, por eso no salió desesperada, ni tosiendo ni nada, pues aún tenía reserva de aire en sus pulmones, solo exhalo y volvió a retomar aire fresco y nos sentamos a recuperarnos un momento mientras de arriba nos gritaban algo que no entendíamos por la bulla del chorro. Neider saltó se nos arrimo y le preguntó que si estaba bien y nos dijo que arriba se asustaron un poco pues no sabía de la fuerza ni la dirección vertical de esa corriente en ese punto, que era primer vez que pasaba. Neider nos dijo que cuando en esos charcos de por allá y en el rio San Carlos le sucedía eso, Él se hundía con el remolino y bajaba bien profundo hasta que encontrara aguas tranquilas y salía lejos, que lo importante era no luchar contra la succión pues eso era batalla perdida.

 

Luego del susto yo quería aprender de la experiencia y me volví a lanzar repetidas ocasiones en condiciones ya controladas en el mismo sitio y si noté que profundo, bien abajo todo era tranquilo, mirando arriba se veía todo ese despelote y barullo que formaba la cascada al caer sobre el charco.

 

Nos gozamos el charco hasta que hacia las 2 pm pasaitas Neider nos dijo que era hora de arrancar para San Carlos. Para salir de ese hueco había tres maneras, una escalando y metiéndose al monte por la pared del otro lado del charco, dos haciendo barranquismo rio abajo hasta llegar a San Carlos, y tres usando las cuerdas por la pared que llegaba al sitio por donde llegamos y almorzamos y era la más usada por los lugareños. Tome el grueso lazo con mis manos me incliné hacia atrás y como una cucaracha asido a la pared fui subiendo hasta llegar a la cima, lo mismo Isabel y Neider, todo sin problemas.

 

Bueno pues lo del barranquismo o cañoning quedará pendiente para otra ocasión pues es bien interesante, nos hablaron del charco “sapo parao” en donde se tiran desde un bejuco, charco del anillo en donde el rio se mete por un túnel en una enorme roca, charco del ataúd en donde la piedra forma un enorme ataúd, etc, Ya van tres aventuras por hacer, 1 – subir la Piedra del Tabor, 2- Recorrido en cicla de unos 25 km por los sitios El Tabor, Vallejuelos, Palmichal, Puerto Rico, Calderas, Dos Quebradas, San Carlos, 3- barranquismo del Chispero pa abajo.

 

Luego de llegar a El Poblado y tomar una gaseosa, nos despedimos de El Burro, Verónica y los muchachos, unos verdaderos bacanes y partimos para San Carlos, la verdad muy renovados, ese baño y el masaje forzado al penetrar el agua en los saltos y clavados que hicimos en el Chispero removieron la carga láctica de nuestros músculos y ya el cansancio era nivel mínimo.

 

La chiva de las 2 pm de Puerto Rico, Palmichal, Vallejuelo
 

Mientras la chiva de las 2 pm de Puerto Rico, Palmichal, Vallejuelo paró a nuestro lado para descargar a campesinos y mercados, Neider saludaba a cuanto parroquiano veía, contándoles de la aventura. Llegamos al vallecito de la quebrada Tabor y un poco mas abajo el sendero, un verdadero descanso para nuestras plantas de los pies.

 
Serie de saltos en Las Cascadas de la Viejita

 

 
La sorpresa fue enorme al encontrarnos con unas escalas y luego las cascadas cuya agua como chorros de leche bajaba por una roca enorme, la cual en un comienzo pensé era un dique de cemento pero para sorpresa mía, era pura roca pulida, completamente lisa.
 

 
Ya eran las 3:30 pm, pero este hermoso sendero que seguía el curso de la quebrada, y por un hermoso puente con techo tejado, nos fue metiendo en un sector denominado San Antonio, lleno de turistas en kioskos construidos y dotadas para que los veraneantes armen sus sancochos y se protejan del fuerte sol de la región, mientras se disfruta de los charcos.
 
 Charcos en el sector de San Antonio
 

 

 

 

 
 

 
Entramos al pueblo por el lado de La Viejita, y con una cara de satisfacción … llegamos al parque y luego de negociar por $50.000 una mototaxi para que nos condujera hasta San Rafael, nos tomamos cada uno un enorme vasado de refajo.
 

Shaba negociando La Moto taxi

La celebración
 
Ya era las 4:20 minutos cuando nos montamos en el mototaxi y partimos con mucha parsimonia, tan baja era la velocidad que nos pondría en el parque de San Rafael a las 5:56 pm, sin embargo esta situación nos permitió disfrutar con detalle del exótico y paradisíaco paisaje, tanto natural como el antrópico o creado por el hombre, pues grandes obras de la ingeniería civil paisa se encuentran allí, tales como, túneles, canales, embalses, diques, enormes cavernas subterráneas que contienen las turbinas y salas de máquinas de los complejos hidroeléctricos de la zona.
 

 

 
Al llegar al parque de San Rafael, buscamos afanosamente a Rogelio y su hermano Germán que desde varias horas antes habían llegado en el bus que salió a las 2 de San Carlos. Digo afanosamente, porque había una manifestación política enorme con cabalgata, motos y desfile de carros que si nos cogía por allá, nos retrasaría la salida, por eso rápidamente nos subimos al carro y comenzamos a subir a Guatape. El clima todo el día fue divino, pero una vez en San Rafael y ya oscuro comenzó un poderoso aguacero y luego del Peñol una persistente llovizna que nos acompaño hasta Medellín. Posteriormente amigos y familiares me informaron que ese dia en el Valle de Aburrá fue de puras tormentas y negros nubarrones.
 
Y como dice una amiga mia, ”OTRO CAMINO CHULIAO”, para mi un sueño cumplido, y si el órden público no se daña en la región, una ruta para grupos de caminantes, y si las alcaldías o la Gobernación le mete la mano a la trocha, una via para ciclas, cutrimotos y camperos, ….. para aventureros y turistas que quieran explorar esta bella región paisa.
 
 
Ver track del recorrido
 
 
Ver video en Youtube: http://youtu.be/RRRtwOUxA2U
 
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