Bolombolo - Pte Iglesias, por la trocha vieja del ferrocarril

(Por J Edison Henao, enero 23 de 2010):
Hace muchos años, con el grupo de caminantes Los Patianchos, en una de esas legendarias caminatas denominadas por ellos los “Patichalllenge”, que junto al lado de Beatriz y Sandra, Vickytru, Hernán, Román, La Shava, Dora y otros muchos caminantes, atendimos el llamado patiancho y en varias jornadas, en distintos fines de semana, nos dedicamos a explorar la antigüa trocha del ferrocarril entre Camilo C. - Palomos y el trayecto hasta Bolombolo por el cañón de la Sinifaná. Sin embargo quedaba pendiente por explorar el tramo hacia La Pintada.

Fue así como de la mano de un grupo de amigos, nos dimos a la tarea de lanzarnos a enfrentar esta larga trocha, no sin antes, aprovechando el paso por la zona para hacer rutas ciclomontañísticas por Támesis, Titiribí y Bolivar, preguntar a los lugareños y caminar los tramos iniciales de ambos lados (Pte. Iglesias y Bolombolo).

El 20 de julio de 2006, por fin nos metimos a la trocha para recorrer, casi al trote, palmo a palmo sus 27 km, lo que nos tomó unas 6 horas, venciendo pasos en los cuales ya no existía la banca de la trocha férrea, y largos trayectos de pantanos, altos pastizales y rastrojos.  Entonces me saltó la inquietud de hacerla en cicla.

Luego en salidas de ciclomontañismo con Los Patones por los lados de Jericó, Támesis y Tarso, les comenté sobre la maravilla que había al otro lado del rio Cauca y Juan Carlos y yo le coquetiabamos cada que pasábamos por esos lares.

Pasaron 4 años desde ese recorrido a pie, hasta que por fin se dieron las cosas y con la compañía de 4 entrañables amigos y aprovechando el fuerte verano, Machacho nos metió la puyita y nos montamos en esta aventurilla.

Luego de la convocatoria en la semana previa y tal vez por la presencia de 7 cerros (disculpa que nos ofrecieron varios colegas), solo 5 ciclistas fuimos los que nos le apuntamos: Alejandro Puerta (Machacho), Juan Carlos Tamayo, Juan Hernando Cano, Marco Antonio Gomez y yo J. Edison Henao.

A las 6 am en Fureza estábamos montando las ciclas en el tráiler de Machacho, con una mañana fría y nublada. Nos interesaba que el día fuera fresco pero para nada que lloviera.

Luego de trancarnos un desayuno en un estaderito abajo de Cuatro Palos, proseguimos  a buscar Bolombolo, notando que la quebrada Sinifaná estaba totalmente limpia, con sus aguas cristalinas, lo cual nos llamó la tención, pues lo normal es verla con sedimentos. Mientras pasábamos el puente sobre esta quebrada, surgió la discusión de si nos quedábamos en un estadero en Sinifaná para salir desde este sitio o llegar directamente a Bolombolo. Sin Embargo Juancho, nos hizo caer en cuenta que el regreso implicaba más kilómetros y lomas y se nos haría prácticamente de noche el regreso, dependiendo de las dificultades de la trocha.

Una vez en la gasolinera al frente de los estaderos y mecatiaderos que hacen de paraderos de buses y carros con turistas, nos dispusimos a bajar los marcos de las ciclas y a montar las llantas delanteras, revisarlas, no sin antes ser asediados por frijolito y su pandilla, un grupo de niños que buscando algunas monedas nos colaboraron con esta tarea.
GPS´s a cero,  cámaras montadas, morrales al hombro y partimos buscando el puente y justo antes en la curva por una puerta metálica roja tomamos la trocha.
Hace cuatro años cuando hice la trocha a pie, una vez se salía de Bolombolo, la vía férrea era solo un camino por entre los potreros, pero ahora es una carreterita que va a algunas fincas y llega hasta antes de la desembocadura del Rio San Juan a la altura de Peña Lisa.

Como el río estaba mermado por el verano, dejó enormes playas que nos invitaban a explorarlas, y claro no nos agüantamos. La iniciativa la tomó Machacho  y nos tiramos hacia la orilla del río, pero ohhh sorpresa, ese cascajo y esos arenales eran una verdadera trampa, en la cual quedamos atascados, no se podía rodar y rápidamente nos caíamos.

Nos conformamos entonces con hacer un concurso de tirar piedras planas al río, para ver cual daba más rebotes sobre el agua y llegaba más lejos … tomamos las ciclas y buscamos nuevamente la trocha.
Cruzamos al frente de la desembocadura del Rio San Juan y a lo lejos se observaba el puente de Peña Lisa y una planta trituradora de material de playa.

Justo en este sitio, el  rio Cauca da un giro y el paisaje cambia, pues se pasa de un valle con potreros a una estrecha garganta en la cual la cosa se nos puso un poco complicada, pues se transita por todo el bordito del río, y la trocha estaba muy cerrada por la vegetación, la cual en este lugar es muy espinosa y llena de cadillos, además hay algunos derrumbes de piedras que obstaculión el paso montados en la cicla y tocó pasar a pie.

Y fue en este tramo en el cual comenzaron a surgir las dificultades. Mientras nos internábamos por la garganta, de pronto el Juanca pegó un alarido y cayó a tierra, …. un insecto lo picó en la pierna. Al final pudo seguir con la molestia, pero esto le costó una incapacidad laboral por tres días.

Un poco más adelante nos metimos en una maraña y cada vez se cerraba más, siendo un paso traicionero, teniendo en cuenta que el río estaba a escasos metros oculto por esta y con socavones que ha labrado con el transcurso de los años.

El otro incidente ocurrió en uno de estos peligrosos canales. De pronto se cerró la visibilidad y tuvimos que transitar a ratos a pie, a ratos montados por pocos trayectos.
 
Como ven en la foto, transitábamos por un paraje muy cerrado e íbamos montados en la cicla, pero tan lento que más nos impulsábamos con los pies que con los pedales, y de un momento a otro desapareció de mi vista Marco. Camuflada en la maraña había una cárcava y él se fue allá con cicla y todo. Escuchamos el batacazo y nos asomamos y abajo estaba primero un reguero de ramas y chamizas, luego la cicla y debajo Marcos. Dice Él que si esto le hubiera sucediso estando solo, allá estuviera todavía, porque quedó atrancado de una manera tal, que no pudo salirse por sus propios medios.

Por fin salimos de la garganta y nos encontramos de golpe con una carreterita que llega  a mano izquierda y pasa la quebrada El Revenidero, una de las cuatro quebradas que se cruzan en este trayecto y la única que cuenta con un puente en mas o menos buen estado. Salimos a este sector con las ciclas llenas de ramas y con nuestra ropa llena de cadillos y con comezón en las piernas y brazos.

Luego de cruzar el puente, la trocha ferroviaria se aparta de la carretera y nosotros sin saber bien si tomar la carreterita o la trocha, le preguntamos a un par de muchachos que por allí deambulaban, sobre el estado de la trocha, pero para desgracia nuestra, nos mal informaron, diciendo que allí se acababa la trocha y que era “imposible seguir”, y que la carreterita solo avanzaba hasta unas casitas mas arriba.

Esto preocupó mucho a Machacho, pero yo le expresé, que ya había recorrido la trocha años atrás, y que si bien los próximos kilómetros tendrían una dificultad por lo rudo del terreno, por la presencia de pantanos, malezas y un revenidero contra el río; luego en la finca de los naranjales, nos encotrariamos con una carreterrita que en realidad seguía siendo la misma trocha del ferrocarril y que nos llevaría hacia el próximo punto de referencia denominado Estación Tarso. Claro que dentro de mí quedaba la duda, pues cuatro años y la huella de un invierno que hizo estragos en la región podría ser la respuesta a lo que nos decían esas dos personas.

Decidimos seguir por la trocha (más potrero que otra cosa) y la duda antes mencionada se me hizo más aguda, pues llegamos a un profundo zanjón cavado por una poderosa creciente de un pequeño arroyito. Solo quedaban las bases del otrora puente ferroviario. Después de miles de peripecias pasamos al otro lado y para acabar de desanimarnos la trocha se perdía en un yerbal casi imposible de avanzar montados y fue ahí que dí como un pequeño salto y quede pedalenado sin avanzar y me caí ……. Diablos, rompí la cadenilla  …… uffffff.

Gracias a la experiencia de Juanca y Machacho se hizo el remiendo, pero hubo que reinicar el proceso por quedar mal montada la cadena y mientras se trabajaba en el desvare, apareció de entre la maleza y como por arte de magia un campesino muy formal y luego de intercambiar saludos, le indagamos sobre la ruta y nos hizo levantar la moral, al informarnos que ahí al ladito de donde estábamos la trocha la habían arreglado para trasnportar las naranjas de esta finca y que esta seguía y era transitable, al menos hasta un tal planchón, rio arriba de la estación Jonas, que de ahí para adelante el no sabía cómo seguía.

Cuando reiniciamos la marcha por entre el yerbal a pocos metros nos topamos con la tal trochita y se nos abrieron tremendos ojos, … la cosa se ponía mejor.

En mi caso particular me sentí livianito y tranquilo, pues tenia serias reservas sobre los tres kilómetros sobrevinientes luego del puente, pues en el otrora recorrido, fue un paso verdaderamente duro a pesar de ir a pie ……. Como sería entonces con las ciclas al hombro?.

En el trayecto de esta trochita, apenas peinada por la maquinaria, pura tierra pelada y sin ningún afirmado, ocurrieron dos hechos graciosos. El primero fue una extraña cuasi-caida de Marco pues de un momento a otro el resultó corriendo a pie en pura jijuep…… y detrás la bicicleta siguiéndolo, pero sola …. Una cuadrilla de trabajadores que estaba dentro del naranjal, le tocó ver el suceso en primera fila y la risa de todo el mundo retumbó en el valle. Alguien dijo “eh  pero que manera más elegante de bajarse de una bicicletaaaa”

Mas adelantico nos apareció un tractor que venía de la orilla del río y tomo una velocidad tal que nos exigía esfuerzo sobre pasarnos y levantaba un polvareda que prácticamente no se veía. Primero se mandó por el bordito Juanca, luego Machacho y detrás yo, pedaleamos con todo y logramos pasarnos. Pero el tractorista de maldad como que aceleraba y nos exigia más y más …. Y al mirar para atrás, nada de Marco y Juancho, y eso fue así por algo así como un kilómetro, hasta unas partidas donde el tractor tomo otro rumbo, …  como sería el polvero que tragaron esos pobres.

Venia bajando otro tractor y un grupo de trabajadores, y Machacho los abordó para conversar y estos muy gustosos accedieron e incluso el tractorista, paró y apagó la máquina y con acento costeño, nos informó que el camino estaba limpio hasta el transbordador, nos habló de un sitio denominado El Aguila y La Arabia en donde había un paso por el rio para acceder hasta la troncal ……. La cosa se ponía buena.

No tenía conciencia del tiempo ni de las distancias y ya el sol empezó a aparecer, junto con un calor pegajoso, y las cigarras comenzaron su  letárgico y poderoso silbido.  Podríamos estar hacia el medio día y en el kilómetro 14 más o menos, sin embargo las ganas de almorzar, nada que llegaban, solo una inmensa avidez por líquidos.

Y tal como se observa en el video, el recorrido se hizo espectacularmente bello, con un dosel de árboles a lado y lado, con miles de hojas que caían de lo alto, como si estuvieramos en una procesión de semana santa, en la cual  el paso más importante avanza, tal vez el resucitado o el santo sepulcro, y de los balcones le tiran aleluyas. En ciertos lugares, miles de mariposas de todos los colores se posaban en la vía y al nosotros pasar raudos, estas se espantaban y se entremezclaban con las hojas que caían.

Avanzamos cada vez más en esta bella carreterita que cruzaba hermosos caserones, seguramente “mayorías” de grandes y antigüas haciendas, pero mantenidas en óptimas condiciones por sus dueños quienes sí valoran verdaderamente lo que tienen.

Y claro la presencia de varios de estos caserones, era el aviso de que llegábamos a la vieja estación Tarso. Mudos testigos del paso de las vaporinas que de Medellín viajaban a Cali y Buenaventura, moviendo pasajeros, ganados y carga. Esta estación, caso contrario a los caserones está dejada casi al abandono.

 

 
Luego de la estación, seguimos la carreterita que rápidamente nos puso en el tan mencionado por los lugareños "planchón" y el cual no existía cuando hice este trayecto años atrás.

 

 
A la derecha teniamos el río y a lado y lado las montañas que para ese sector son de formas bruscas, como la que se ve al foto. Cabe anotar que la explanación que se observa no es de origen antrópico, sino formada por la creciente del invierno pasado, en el cual el río inundó a La Pintada y a Bolombolo según lo narrado por los lugareños.
Para la época del recorrido previo que hice, esta trocha era un caminito en medio de potreros, pero demarcado por inmensos árboles a lado y lado.
Transitábamos por un carreteable en cascajado que cada vez se nos fue volviendo más y má un camino, hasta llegar a un puente del cual solo quedó la estructura metálica y debajo del cual un charco nos invitaba a sumergirnos.
Unos kilómetros antes, Machacho me dijo que donde podríamos parar para almorzar y le dije que el puente y la quebrada próximos serían el sitio ideal. Pero si bien, el sitio si se prestaba pues había una placa de cemento y a lado y lado unos rebordes que serviría de bancos, mas la sobra y la resca de los árboes, el apetito solo nos dio para comer algunas chucherías como galletas y mecatos.
Y no aguantamos más escuchando el susurro de la corriente invitándonos a sumergirnos, y uno a uno nos fuimos despojando de camisetas y zapatillas y ………. al agua.
Una estampida de una manada de novillos que subía quebrada arriba, nos puso sobre aviso para salvar las cositas y las ciclas, pero en algún sitio estas se desviaron  ufffff.

Habíamos llegado hasta el punto donde los campesinos nos habían dicho que conocían. De ahí para arriba, solo quedaba lo poco que en mis recuerdos retenía: una perdida en un potrero; unas casas que invadían la trocha y había que buscar camino por los potreros aledaños; un tramo en el que el rio Cáuca había socavado la orilla labrando enormes cuevas al frente de cáuca viejo; otra vieja estación; una quebrada y los hermosos potreros antes de llegar a puente Iglesias. Me preguntaba como seguiría en adelante?,

Pues bueno tocaba seguir mientras un pequeño avión de color oscuro volaba muy alto entre las nubes sobre nosotros.

Como por arte de magia la carreterita desapareció y volvimos a un caminito, el cual nos indicaba que era la trocha del ferrocarril, gracias a la hilera de árboles y el jarillón o terraplén que sobresalía sobre el terreno.

Mientras rodábamos impasibles y contemplábamos la desembucadura del río Piedras y una planta generadora de energía, apareció ante nuestros ojos unas antenas y las primeras casas de Cauca Viejo a otra banda. A lo lejos se observava ya esa curva del rio que tanto susto nos hizo dar años atrás, cuando a cada paso que dábamos, el suelo temblaba y era porque el rio Cauca se metía por entre la orilla, en medio de una empalizada del diablo y había socabado una cueva enorme, que solo se sostenía por las recias raíces de enormes zuribios y búcaros. Ya no había tal cueva, solo era un barrancón labrado de perfil por el río y expuesta por las sequía una inmensa playa. El río se había pegado a un cerro y se comió literalmente los potreros,la trocha férrea y sus obras civiles, algo que en otrora me toco conocer.

Bajamos hasta la playa del rio, con algunas dificultades por tener una ladera muy pendiente y llena de plantas espinosas (mimosáceas) y piedras sueltas, y hacía un calor infernal. Avanzar por esta playa era dificil pues esta se resistía a ser recorrida por nuestras ciclas, mermando esto nuestras fuerzas. El rio casi seco había descubierto los daños que hizo, meses atrás.

Luego de deambular por esta playa logramos encontrar un cauce seco, por el cual subimos para tratar de ubicar la trocha. Seguimos entonces un caminito, gracias al cual volvimos a enrutarnos, pero muy pronto encontramos, justo a todo el frente de Cáuca Viejo, una quebrada de la cual yo no tenía recuerdos y me tomó por sorpresa y la cual tuvimos que salvar a saltos entre sus piedras, pues no tenia puente.

Continuamos y una parcela campesina nos cerró el paso, por lo cual tomamos un desvió hacia un cerro, por entre un potrero y fue ahí, mientras mirábamos ese avión que seguía revoloteando como un gallinazo allá entre las nubes, cuando de pronto me quedé sin tracción y sin tiempo de desengancharme caí en la hierba en medio de risas ….hummmmm la cadenilla nuevamente rota.
Fue anecdótico lo que sucedió con este percance, pues Machacho y Juanca se enfrascaron en un debate técnico sobre la manera de hacer el remiendo, el caso fue que luego de un estrepitoso golpe al pin de la cadena entre dos piedras, airosamente Juanca dijo “listo quedó montada”, cuando pronto nos percatamos que esta había quedado metida por entre el cable del tensor, ante lo cual Machacho frunció el seño ……… mientras yo pagaba escondite o burladero a lo que fuera en medio de ese potrero,…….. y el tal avioncito seguía allá arriba revoloteando sobre nosotros.
Vuelve la discusión  las recriminaciones, aunque aclaro que de manera humorística y amigable, y se forman entonces dos posiciones. La de Juanca que era mejor romper nuevamente la cadena para ponerla de la manera correcta y la de Machacho que ante la dificultad de montar el tal pincito, era mejor soltar el cable del tensor ……… un silencio sepulcral y Machacho se manda de una a la cicla e inicia a arreglarla a su manera, pero pronto nuestro buen amigo pasó de la cara simpática a un silencio que me puso los nervios de punta, pues la punta del cable de acero se volvió un pelucero que hacía imposible meterlo por entre el huequito del marco.
Nadie se atrevía a modular palabra, pero como se ve en la foto el Juanca escondía una sonricilla como queriendo decir “hubiera sido mejor mi idea, je je je”, pobre Machacho embalado, tratando de meter pelito por pelito, y yo chiquiticoooo, tratando de pasar lo más inadvertido posible, pues cuando se produjo el incidente, hubo la recriminación respectiva …. “es que en este terreno no se da pedalazos de golpe sino pedaleo redondo, oyó redondo”, y claro de cierta manera me sentí aludido y por ende, culpable. De pronto Machacho notó que una capuchita de plástico negra del tensor podía ser desatornillado, procedió a sacarlo rápidamente y metió el cable y listo, los que se suben y se pierden rapidito. Bajamos por el otro lado del cerro y llegamos nuevamente a la trocha. El calor ya empezaba a aporrearnos.
La trocha para este sector era un camino planito y de un trazado y condiciones tales que permitía movernos a cierta velocidad, lo que hacia agradable el recorrido.

Inesperadamente apareció de entre la arboleda la estación San Jose y luego de un saludo a dos paisanos, Juanhernando les dijo que si vendían frequito, a lo que ellos respondieron que n,o pero con mucho gusto nos ofrecía agua helada ….. y dice Juancho, “agua de que clase, de la vereda?”, y responden, si del pozo pero bien hervidita y congelada”. Nos miramos y dice Machacho …. "ehh que hijuemadre, que pase lo que sea, pero lo que es yo me le apunto” y todos nos tiramos como una jauría de hienas hambrientas sobre los botellones de litro y medio, a tratar de exprimir del hielo, el hilito de agua fría que estos vertían, para llenar el vaso que nos ofrecieron y llenar nuestros termos y camell back.
Este par de parroquianos, era unos personajes agradables y conversadores.  Nos hablaron de crecientes del rio y de trochas y caminos hacia Sevilla, Nazareth, Fredonia, La Arabía y La Mina y apenas le brillaban los ojitos a el tal Machacho. Nos dieron las buenas nuevas de estar ya muy próximos a Puente Iglesias por una trocha en caminito en buen estado y faltando solo una gran quebrada por salvar. “A pie está como a una hora y media, pero uds podrían estar entre unos 30 a 40 minutos”, dijeron. De la emoción, rompí un vaso de cristal ufff que pena con ellos, se los pagué y nos aprestamos a proseguirrrrr . pero gritó Juancho, “no paren, pilas que estoy chuzao” y en efecto la llanta delantera estaba desinflada, pero fue más nuestra sorpresa al revisar las llantas de todas las ciclas y observar pequeñas espinitas clavadas, que al tratar de quitarlas se rompía fácilmente quedando el resto clavado.
Una vez desvarados, arrancamos y justo en la puerta golpe de salida de esta estación no logré desengancharme de los pedales y en vez de caer hacia la derecha donde estaba la hierba suave, caí hacia el zanjón de la derecha clavándome en una mata espinosa y dentro del alambrado, el susto de Marco que estaba detrás de mí fue grande, pues los otros muchachos que estaban más adelante, no se percataron. Este incidente no tuvo consecuencias que lamentar, porque inexplicablemente la pierna se metió justo en medio de la alambrada y no me chuzó o rayó, y lentamente me fui saliendo .......... todo sin novedad. Un poco más adelante el neumático de Juanca comenzó a mostrar síntomas de tener problemas, pero él prefirió no cambiarlo sino ir inflándolo cada cierto trayecto, para cambiarlo en Puente Iglesias.
Luego de retomar la marcha, me adelanté algo para filmar un trayecto sin tener en la mira ciclistas y solo el camino, detrás venía Machacho, pero al llegar a una puerta de golpe, nos percatamos que los muchachos no aparecían y nos tuvimos que devolver y los encontramos desvarando la cicla de Marco que se había pinchado.
El tramo siguiente fue muy bonito y el estado del camino permitía andar a cierta velocidad, y tal vez lo único que nos hizo detenernos fue el haber alcanzado a un minero que salía de las playas del río y luego de los saludos y las indagaciones del caso nos informó estar a 20 minutos de Puente Iglesias. El hombre accedió a que le tomáramos fotos a él y a su producción de oro del día que según él sería de unos $40.000.
Reiniciamos la marcha por un camino lleno de pajonales que invitaban a ir como en piloto automático sin ser consientes de lo que hacíamos y que te llevaban a un estado de contemplación indescriptible.
 

Todos esparcidos a cierta distancia uno de otro, cada uno sumido en sus pensamientos, en un trance del cual salimos cuando al aparecer las primeras casuchas de Puente Iglesias, apareció un grupo grande de policías y Sijín camino abajo y que nos abordaron luego del saludo del caso, preguntando cómo era la trocha hacia abajo, de dónde veníamos y que si habíamos visto movimientos sospechosos. Bueno la verdad nosotros no vimos nada raro. Ellos estaban acompañados de unos motorizados, pero esas motos tan robustas y pesadas les dieron problemas al ingreso a la zona de casas, en la cual no había trocha férrea sino un camino en ladera de una loma y uno de los agentes se clavo con la moto en un cerco de alambre de puas y matas espinosas, de una manera semejante a como me ocurrió a mí kilómetros antes, pero al igual que a mí, no le pasó nada. Les ayudamos a salir de este atoyadero, nos despedimos e ingresamos a la estación Jericó.

  

Nos tomamos las fotos del caso, luego el asenso por la rampa de acceso a la vía a Fredonia, y a cruzar el puente para buscar líquido, un leve reposo y revisar las llantas de las ciclas, mientras Marco y Juanca se ocupaban de sus llantas semidesinfladas.
Una niña muy simpática (María Camila) nos atendió y luego de yo ingerir unas 4 uvas Postobón comer algunas empanadas y dar cuenta entre todos del sanduche de Juan Hernando y decidir que aún no sería el momento de almorzar, pese a ser las 4:00 pm., arrancamos por la troncal hacia Bolombolo, tramo que para mí se convirtió en un martirio, pues luego de los remiendos de la cadenilla, cuando intentaba subir los cambios al plato grande adelante y el piñón 11 atrás, el tensor protestaba con una serie de ruidos amenazantes y me gritan Machacho y Juanca que pilas que la suavizara y bajara más bien rotadito porque o si no me quedaría sin cadena nuevamente. Y fue así como abordé los interminables columpios de esos 29 km restantes de pavimento, me gozaban porque parecía montando en triciclo.

Por otro lado llegó la hora de la venganza de Machacho y el Juanca y con un pasito engañoso, aparentemente suave, pero en una relación dura se nos fueron alejando convirtiendo ese trayecto en un martirio para Marco, Juancho y yo.

Ya con el crepúsculo encima, antecitos de las 6:00 pm, llegamos nuevamente a la gasolinera de Bolombolo, felices por la ruta por fin realizada, luego de años de espera.
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