Domingo28/02/20126



Seguimos en tiempo de Cuaresma y el Señor sigue insistiendonos este Domingo en la Conversión. De las tres cosas en que la Iglesia nos pide en Cuaresma (oración, sacrificio y Caridad-obras de misericordia) hoy nos hemos detenido en el sacrificio. "Algo que no está tan de moda, pero que es imprescindible para tener una vida interior profunda, sólida y fuerte", nos ha dicho nuestro párroco, D.Jesús Mercado, insistiendo en que es necesario entender el sentido del sacrificio cristiano.

Nosotros NO somos masoquistas, sino que el sacrificio cristiano tiene un por qué. El principal motivo es unir nuestro sacrificio al de Jesús y así participar del misterio de la Salvación. "Cargad con vuestra cruz y seguidme", nos dijo Jesús. 

El segundo motivo del sacrificio es crecer en virtudes. Puede parecer una paradoja, pero el sacrificio nos ayuda a ser libres. El no apegarnos a las cosas, saber dominarse, hace a esa persona dueña de sí misma.  "Al amor se le da brillo con el sacrificio", como ocurre muchas veces en el matrimonio y como debemos hacer también en nuestra relación con los demás.

Por último, el sacrificio cristiano tiene también un sentido reparador. Con el sacrificio reparamos lo que hemos hecho mal.

Pero todo ello, siendo siempre un sacrificio alegre, no triste.  El sacrificio cristiano tiene un espíritu deportivo; es como el del atleta que se sacrifica mucho para ganar una medalla. Por tanto, no le tengamos miedo al sacrificio, porque cuando uno lo vive, es fuente de gozo, de alegría y de paz.  Además no es un sacrificio áspero o antipático, sino real, en el día a día, en las cosas pequeñas... como decía Santa Teresa de Jesús: "cuando perdices, perdices y cuando rosario, rosario"

Para concretar todo esto, cada uno debe decidir sus sacrificios, que pueden ser los que provienen del cumplimiento del deber, y en este caso el sacrificio es  hacerlo lo mejor posible y por Jesús; los que nos impone la vida: enfermedades, disgustos, y los que nos dé la gana, que son los que nos queramos imponer.

Pidamos a la Virgen María  que nos ayude a cargar con nuestra cruz  uniéndonos a la cruz del Señor y a hacerlo con alegría.

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