Domingo 25 de Enero

Si en nuestra vida tiene prioridad el amor a nosotros mismos (mis cosas, mi trabajo, mi dinero, mi tiempo...) es que no cabe el amor de Dios. 
Por eso convertirse es poner en el eje de nuestra vida a Dios. 
Pero esta decisión es difícil de tomar y es dolorosa, ha explicado nuestro párroco, porque nuestro yo está muy arraigado, nuestra soberbia es difícil de quitar y además no nos acabamos de creer que Dios es quién nos da la alegría y la felicidad.
Tomar esta decisión supone "cambiar el chip" y cuesta muchísimo trabajo. Luego podremos ser débiles y caer, pero si tenemos esta decisión tomada, en seguida nos levantaremos. 
El Cristianismo no es una religión de mediocres. Cuando queremos estar entre dos aguas, lo que hacemos es una caricatura del cristianismo y a veces,esa es la imagen que damos los cristianos, porque no tomamos una opción clara. 
En el cristianismo NO VALEN mediocridades, pero SI VALEN debilidades.
Cuesta, pero cuando uno toma la decisión de poner a Dios en el centro de su vida, se da cuenta de que su vida tiene sentido!!

Después viene la segunda parte, que es la más fácil: cuando se toma esta decisión, uno se da a los demás y se hace pescador de hombres.

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