Domingo 10 de Mayo

El Evangelio de hoy nos ha recordado al del Domingo pasado, el repetirse el discurso de despedida de Jesús a sus discípulos antes de marcharse al cielo.

Jesús les descubre cosas íntimas de su corazón, porque les amaba con locura y quería dejarles un fundamento para ser felices y eficaces en el apostolado. Y ese fundamento es el amor a Dios y al prójimo, "porque sin amor, la vida es estéril y vacía y nuestro egoísmo nos vuelve tristes y viciosos". Leer más.
Por eso antes de morir, el Señor les da sus discípulos el mandamiento nuevo y se lo repite ahora, porque sabía que la historia del mundo iba a depender de esto: del amor.

Cuando amamos a Dios de verdad, Dios mora en nosotros y nos oye y nos habla desde dentro de cada uno de nosotros. La mayoría de los problemas nacen de la falta de amor.

El amor auténtico a Dios es necesario  para tener la vida de gracia. Sin eso  Dios no mora en nosotros y nuestra alma está en tinieblas.

"El creyente que ama a Dios nunca esta sólo"- ha dicho hoy D. Pedro- aunque tenga muchas penas, dolores y contrariedades. Entonces comprendemos que somos santuario de Dios y que el Señor no es algo lejano.

En este mes de Mayo, pidamos a la Virgen María que nos enseña a vivir el misterio de la inhabitación ( el amor de Dios dentro del alma que está en gracia de Dios), que es lo más grande del cristianismo.


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