Entrevista seminarista

Oscar Díez Gurumeta   
Edad: 37 años
nacido en Guadalajara
Segundo curso del Ciclo Institucional de los estudios de Teología en el Seminario de Guadalajara

¿Por tu edad dirías que la tuya ha sido una vocación tardía?
Sí, exacto. Hace unos cuantos años que empecé a sentir que Dios me llamaba de una manera especial, pero es aproximadamente hace unos 5 o 7 años cuando yo empiezo a ver que Dios me pide que de el paso adelante al sacerdocio. Aunque de más jovencito ya había gente que me había dicho que yo podría ser sacerdote, pues yo no lo veía, yo veía otras cosas para mí en la vida: formar una familia, tener un trabajo vivir como una persona normal., pero en los últimos años fue viendo que Dios me pedía ser sacerdote. 

A qué te dedicabas antes?
Era una persona normal y corriente. Estudié un carrera relacionada con la economía y tenía un trabajo como cualquier persona. 

¿puede cualquiera sentir la llamada de Dios?

Eso es. Dios llama cualquiera. No es lago sólo que uno quiera, sino que yo quiero ser sacerdote porque Dios me lo pide. No es un empeño personal, por pura voluntad uno no llega a ningún sitio, tiene que estar la gracia y la llamada de Dios y a partir de ahí uno tambibén tiene que pone de su parte. para llegar a buen puerto y que la vocación se desarrolle como Dios quiere.

¿Que le dirías a los jóvenes que tengan dudas en su vocación?
Pues igual que yo no me veía, que es cierto que si Dios llama a alguien, El te ha elegido desde toda la eternidad y hay que confiar en la gracia, en el Señor, ponerse en sus manos y tener muy clara una cosa que es tu camino tu vida, que es lo que Dios quiere para mí, que yo quiero amar cada día el sacerdocio,más a la Iglesia,a Dios y a todos los hombres como mis hermanos. 
Les diría que merece la pena entregar la vida por Jesucristo, que no es una pérdida de tiempo, ni una tontería, que no es un invento de los hombres; esto es algo que viene de Dios y cuando Dios te toca el corazón de esta manera tienes que decir que sí, tanto en el sacerdocio como en cualquier otra vocación, vida, religiosa, vida consagrada, matrimonio...
Les diría que merece la pena dar ese paso y decir sí al Señor porque es algo maravilloso, entregar la vida por Dios, merece la pena.



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