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Compartir el pan, los condimentos, el agua,..., siempre ha sido en las distintas etapas de la Historia de la Humanidad un signo de hospitalidad, respeto y aprecio hacia otros. Estar sentado a la mesa representa la disposición del anfitrión y del invitado para entablar una conversación e intercambiar opiniones, una oportunidad para conocer al otro e, incluso, asumir como propios los valores de la persona que está sentada al lado.

Son muchos los ejemplos que en la Biblia nos muestran cómo los distintos personajes comparten mesa o alimentos, se encuentran y charlan sentados cerca de un pozo, caminan juntos a lo largo del camino o se dirigen acompañados por otros a un lugar concreto.

Este espacio es el fruto del trabajo dialogado, muchas veces lento, otras más vivo, de mis alumnos y alumnas de ESO en la clase de Religión Católica, con el objetivo de conocer la historia de hombres y mujeres que nos han precedido en la fe y son referente religioso y moral para el mundo contemporáneo.