CONSECUENCIAS DE REPRIMIR LA SEXUALIDAD

Con base a estudios realizados por diferentes autores han ayudado a crear esta forma de ver la sexualidad por lo cual decidimos que era de mucha importancia el poder recalcarlo en esta revista.
Se cree que la raíz de muchos de los males que aquejan la sociedad contemporánea es la negación de la sexualidad natural. Cuando esa sexualidad natural es reprimida, negada o vilificada, los deseos e impulsos naturales del individuo quedan atrapados en una zona intermedia del subconsciente, rebotando de un lado a otro, afectando adversamente la formación del carácter, creando tensión, alimentando fantasías, degenerándose poco a poco hasta qué, cuando finalmente emergen al exterior, emergen como impulsos degenerados, destructivos, en búsqueda de una reivindicación, de una libertad, de una salvación enfermiza y degenerada.

En casos específicos, sin embargo, la represión sexual consigue neutralizar y ocultar la sexualidad natural al punto de que los impulsos sexuales naturales no llegan a la plena conciencia, sino que son reprimidos y transformados por la barrera intermedia en lo opuesto de lo que eran. De ahí surgen identidades sexuales secundarias y opuestas a la identidad sexual natural del individuo.  Cuando los impulsos sexuales de una personas son reprimidos totalmente esto causa el surgimiento de una identidad contraria a la naturaleza sexual original del individuo.

Comienzan a ver la mujer como un objeto sexual con quien liberar momentáneamente una tensión sexual, disfrutando atacarlas, denigrarlas y humillarlas.

En el caso del heterosexual cuya sexualidad natural ha sido negada; aquí tenemos el caso típico del niño que fue abusado y sometido por un enfermo sexual y que de adulto se ve y se siente obligado a actuar y pensar como hombre. El bisexual es más flexible. Puede adaptarse más fácilmente a cualquier situación que se le presente. Pero ante la represión sexual, esa misma flexibilidad, esa misma capacidad de adaptación lo llevará a evitar asumir posiciones firmes, ambivalencia, infidelidad, incapacidad para fijar un curso de acción, estos son los efectos negativos que la represión sexual tiene sobre las personas asexuales.

El asexual también es afectado por la represión sexual pero no en forma directa. Sus impulsos sexuales o no son grandes o no son una prioridad formativa de su vida y su conducta. Sus relaciones afectivas se basan en otras formas de atracción e interacción que la sociedad no percibe como dañinas o peligrosas. El aspecto fisiológico de la sexualidad no es para el asexual una fuerza dominante que lo obliga a actuar de esta o aquella forma, sino una característica del cuerpo físico que estudia, evalúa y busca controlar con un cierto espíritu de curiosidad e interés intelectual. Esta actitud lo inmuniza contra los efectos psicológicos de la represión sexual, pero no así contra la incomprensión y las falsas expectativas de la sociedad.

Obsérvese sin embargo, que en cada una de las cuatro orientaciones fundamentales: heterosexual, bisexual, homosexual y asexual; la persona puede desarrollarse aceptando su naturaleza sexual y desarrollándola en forma responsable y afirmativa, o puede, por el contrario, desarrollarse negando su propia naturaleza sexual y asumiendo como propia la naturaleza opuesta. De esta forma el heterosexual desarrolla una identidad homosexual que va en contra de sus verdaderos impulsos naturales y el homosexual desarrolla una identidad heterosexual que va en contra de sus verdaderos impulsos naturales. El bisexual, por su parte, niega su bisexualidad, y termina desarrollando una sexualidad descontrolada y corrompida que continuamente trata de reprimir; mientras que el asexual se esfuerza por mostrar interés por el sexo, casarse, formar un hogar, etc. etc., aun cuando sus verdaderos intereses vitales están en otros temas y otros asuntos.

La reacción de la comunidad heterosexual es distinta. Los demás grupos sexuales son minoría y reciben a todo aquel que los apoya. La comunidad heterosexual es mayoría, no se siente perseguida y piensa que lo normal es que todo el mundo sea heterosexual.

La represión sexual nos afecta a todos, no importa cuál sea la orientación sexual natural de cada cual. Su efecto, en la mayoría de los casos, consiste en crear un área intermedia en el carácter de la persona que altera los impulsos sexuales naturales y positivos que emergen del núcleo psicológico y emocional del individuo y los transforma en impulsos secundarios, dañinos y corrompidos. Cuando la represión sexual es extrema, los impulsos originales son tan reprimidos que no llegan al nivel de la conciencia sino que son transformados en impulsos opuestos a sí mismos, generando así una identidad sexual opuesta a los impulsos sexuales originales. Los más afectados por esto son los homosexuales cuya sexualidad es prohibida, perseguida y criminalizada por la mayoría heterosexual. Como resultado muchos homosexuales desarrollan identidades heterosexuales falsas, enfermizas y corrompidas mediante las cuales se hacen un gran daño tanto a sí mismos como a toda la sociedad.

Alpízar Lara, Oscar 

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