Obra

Todo lo que ha nacido del infortunio será eludido por el sistema. La vida ha de sembrarse en otros asentamientos, distantes del lugar en donde conocimos el poder de un mal que no se debe pronunciar. Quieran los dioses que todo se olvide, que nadie desentierre el significado de la destrucción de nuestros antepasados.
Fragmento del proemio de los Escritos de Tierra Estrecha.
 
Tierra Estrecha, una isla que se asemejaba a un rectángulo de contornos irregulares, aparecía posicionada dentro del llamado Mar de las Murallas. Un caudaloso río dividía de forma natural aquel pequeńo continente. Todos lo llamaban Río Claro, por la pureza y transparencia de sus aguas, repletas de una vida que servía de alimento a muchos habitantes del lugar. Nacía en las tenebrosas montańas de Teoldia, la única formación elevada que se desprendía de aquellos terrenos llanos y fértiles. Al este de ese bello hilo acuoso se hallaba el reino de Preito, regido por el rey Boldeo y la reina Aestaliana desde la capital, Adlaremse. Al oeste de Río Claro se encontraba el reino de Ails, gobernado por el rey Breulio y la reina Sibilia desde la ciudad de Ollorf. Fue durante esta época de división entre seres que habían surgido de la misma semilla cuando regresó el poder de las piedras contrapuestas, Orut y Egrat, cuya existencia intentó ser silenciada por los Provectos, aquellos que por primera vez colonizaron la isla.