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Alquimia de Aldrete a Bordoy (1680-1782). Entre polémicas y plagios.

   

1. Medicina universal y oro potable.

2. Aldrete: Polémica. Textos inéditos (selección).

3. Zalduendo. Introducción.  

    Textos plagiados:  Dorn 1. Fabre.   Dorn 2.    Bracesco.   Tauladanus

4. Texeda.          5. Feijoo

 
  6. Torres: Biblioteca del ermitaño.   Segundo plagio.   Primer plagio             

 
 7. Lulistas y Lull alquimista.  Panorama cronológico Debate Fornés-Bordoy

 

   1. Elementos contextuales sobre el fármaco universal.  

   Nuestro objetivo en este capítulo inicial es recoger datos que puedan ser de utilidad para formar una visión general de las dos medicinas que consideramos más genuinamente alquímicas, es decir, las presentadas como panaceas en sentido etimológico: la medicina universal y el oro potable.

 

   1.1 Alquimia medicinal y oro potable.

   La alquimia árabe que se tradujo en Europa tuvo dos focos temáticos teóricos: la naturaleza mineral y la transmutación. El Libro de Hermes de alquimia, Morieno, Siete tratados de Hermes, Turba, Avicena-Aristóteles, Rasis, Yabir, Umayl, Calid, etc., remiten a obras que tienen que ver más o menos con especulaciones sobre filosofía mineral y con elaboración de preparados, minerales u orgánicos, con finalidad transmutatoria o de sola purificación. Pero la finalidad médica estaba ausente.

   El interés de Europa por los conocimientos de los árabes se inició a mediados del siglo XII. Un siglo más tarde escribió Vicente de Beauvais sus Espejos, en dos de los cuales expuso sus ideas sobre la alquimia. En el Speculum doctrinale, el libro 11 (o 12 en algún incunable) está dedicado a las artes mecánicas, entre las cuales situó la alquimia, a la que dedicó los capítulos 105-1331. 

  [Cap. 105] Ipsa [alchimia] competenter inter mechanicas numerari potest, & ad quasdam aliarum non parum vtilis est, vt ad fabrilem & ad medicinam. Ad fabrilem quidem propter metallorum examinationem, commixtionem, disgregationem, transmutationem. Ad medicinam itidem, propter substantiarum vel qualitatum salubrium a noxiis, quae frequenter etiam in medicinis simplicibus permixtae sunt, separationem.

   Ex Doctrina alchimiae: “Alchimia proprie est ars transmutandi corpora mineralia a propriis speciebus ad alias”, vt sunt metalla & huiusmodi. Haec descendit ab illa parte naturalis philosophiae que est de mineris, sicut agricultura ab illa parte que est de vegetabilibus.

 

   En su aspecto mecánico, la alquimia podía ser un oficio, una actividad consistente en modificar sustancias naturales para dotarlas de unas cualidades determinadas, sirviéndose de unos procedimientos propios de esta disciplina. Según Vicente, la alquimia no tenía como objetivo fabricar fármacos, pero sus procedimientos eran útiles a la medicina en la medida que podían mejorar los medicamentos. Fue, por tanto, un concepto afín al que le damos hoy a la química.

   Entre las sustancias que necesitaban una preparación adecuada para actuar como fármaco, el oro estaba llamado a ocupar un lugar privilegiado. Desde antiguo se le había especulado con sus propiedades medicinales especiales; el problema de su uso estribaba en que el cuerpo no lo asimila en su estado metálico natural. A mediados del siglo XIII, Roger Bacon señaló un par de aplicaciones médicas e indicó que se tomaba reducido a polvo y disuelto en un líquido, como leche, o incorporado a un alimento:

   Item qui vtuntur auro debent tundere tenuissime et puluerizare subtilissime, et, si scirent, facere liquari et incorporare in lacte vel alio nutritiuo. Item auri folia fiant tenuissima, et subtilissime terantur, [...] et fiat puluis tenuissimus et incorporetur cum lacte vel alio dulci vel aliquo tali liquido, et sumatur contra pusillanimitatem et tremorem cordis et huiusmodi passiones, et contra auaritiam, vnde non possunt alias curari nisi auaritia tollatur2.

 

   Por esa misma época aparecieron dos tratados que trataban maneras de retardar la aparición de los síntomas de la vejez y alargar la vida3. La causa de la vejez, dicen ambos textos, radica en la debilitación del calor natural, que se produce por dos causas: 1) por “disolución” (disminución) de su combustible, el “húmedo natural”, que es la humedad residente en el corazón4; 2) por aumento de una “humedad extraña”, que lo “extingue”.  Ambas pueden sobrevenir de múltiples maneras, pero hay algunas sustancias    

   quarum vsus predictum defectum suplet et defendit naturalem humiditatem dissolui et extraneam augmentari, ante tempus consistendi; et post tempus illud defendit earum dissolutionem et augmentationem accelerari, ex quibus incomodis calor naturalis debilitatur, ex cuius debilitatione senectus et eius accidentia habent peruenire5.

    De estas sustancias, algunas necesitan ser preparadas, otras elegidas, porque todo lo que tiene virtud medicinal  tiene también algo nocivo, como el oro.  

   Sed supradicte res quedam indigent preparatione, quedam electione. Nam in quacunque re altissimus Deus posuit proprietatem et iuuamentum magnum, ibi posuit nocumentum in contrarium pro custodia, ut in tiro et elleboro et auro, ut nullus ex hiis operationem nobilem et sublimem consequi possit, nisi vir in speculatione sapiens et discretus in operatione longo tempore sit expertus6.

   El valor de la experiencia fue puesto de relieve insistentemente por R. Bacon.  En una de sus obras7 explicó tres métodos descubiertos por los “experimentadores” para retardar la vejez y alargar la vida. El primero competía a los astrólogos, quienes con instrumentos adecuados concentraban las virtudes estelares y, por reflexión, “estelificaban” alimentos, bebidas o medicamentos, que corregirían los defectos de la naturaleza. El segundo era la preparación del oro para ser asimilado como cualquier otro alimento o bebida, preparación que competía al alquimista:

   Sed vlterius experimentator iubet alkimie preparare ei aurum calcinando et soluendo, ut possit vti eo in cibis et potibus quatinus possit conuerti in naturam humanam, sicut alius cibus et potus. Sic enim preparatum mirabilem effectum habet contra omnem infirmitatem, et ut sanitatem faciat continuam et ut vitam prolonget miro modo, precipue si in radiis solis et stellarum preparetur et eorum virtutem receperit, ut oportet. Diuites homines multotiens vtuntur auro contra lepram et multas graues infirmitates, sed quia non preparatur modo dicto, ideo non incorporatur humane nature, sed tamen propter eius virtutem mirabilem solo tactu suo operatur magnifice licet integrum transeat per secessum.


[1]  Las fuentes que usó Vicente están estudiadas por S. Moreau, “Les sources alchimique de Vincent de Beauvais”, en Spicae. Cahiers de l’Atelier Vincent de Beauvais, 2 (2012), pp. 5-118.

   Las obras que cita estaban ya todas traducidas al latín: Rasis, De aluminibus et salibus; Avicena, De anima (in alchimia);  Aristóteles [Avicena] Addita lib. 4º Meteorum; Avicena, Epistola ad Hasen. 

Desconocida para nosotros es una Doctrina alchimiae, citada también como Alchimista.

[2]  De erroribus medicorum, editado en Opera hactenus inedita Rogeri Baconi, fasc. 9 (1928); aquí p. 176. 

[3]  Seguramente ambos son del mismo autor. Una parte de la transmisión los atribuyó a Bacon, pero hoy se consideran seudepígrafos. Un tratado es De retardatione accidentium senectutis; el otro De conservatione iuventutis; los dos están editados en Opera hactenus inedita Rogeri Baconi. Fasc. 9 (1928).  

[4]  Algunos médicos añaden otras humedades, como la de las arterias.

[5]  De retardat. senect., ed. cit., cap. 1, p. 14.

[6]  De retardat. senect., ed. cit., cap. 1, p. 16.

[7]  Texto conservado fragmentario: Liber sex scientiarum, editado en Opera hactenus inedita, ob. cit. La cita que sigue está en p. 183.

   La autoría de Bacon  de esta obra no parece estar cuestionada (cf. C. Crisciani, “Destino di morte e progetti di prolongevità nel medioevo”, n. 30, en Rivista per le Medical Humanities (2013).



   1.2. De elixir transmutatorio a medicina universal.

   Roger Bacon dio un paso más en la integración de alquimia y medicina, dotando al elixir transmutatorio de poderes medicinales extraordinarios, capaces de prolongar la vida durante siglos:

   Aristoteles dixit ad Alexandrum: ‘Volo ostendere secretum maximum’; et vere est secretum maximum. Nam non solum procuraret bonum reipublicae & omnibus desideratum propter auri sufficientiam, sed quod plus est in infinitum, daret prolongationem vitae. Nam illa medicina, quae tolleret omnes immunditias & corruptiones metalli vilioris, ut fieret argentum & aurum purissimum, aestimatur a sapientibus posse tollere corruptiones corporis humani in tantum, ut vitam per multa saecula prolongaret8.

    Estas dos ideas, (a) que las técnicas alquímicas eran útiles para la producción de fármacos mejores y (b) que el elixir también era un potente fármaco para la salud y longevidad humana, iniciaron así un largo camino en Europa. Alrededor de 1300 apareció un texto que seguía estas directrices. Se trata del De sanguine atribuido a Arnaldo, del cual hay una versión titulada Secretum secretorum naturae atribuida a Roger Bacon8. Este texto explica las cualidades medicinales de los elementos extraídos de una sustancia, que en un texto es la sangre, en el otro una hierba. Sobre el elemento agua escriben ambos:

   “Arnaldo”, De sanguine, pp. 170-171.

   Accipiatis ergo hoc secretum, scilicet, sanguinem humanum [...] & extrahatis quatuor elementa prout nouistis bene in alchymia, & obturetis bene quodlibet elementum per se, ne aer subintret.

   Aqua enim valet in omnibus aegritudiibus, tam calidis quam frigidis, eo quod occultae est naturae. Etiam complexionem lapsam reducit ad temperamentum & maxime valet patientibus vitium in spiritualibus, & venenum depellit a corde, arterias etiam ipsas habet humectare & dilatare. Et dico pro constanti quod phlaegma crassum in pulmone contentum sine molestia dissoluit & ipsum vlceratum non obstante commotione purgat & ea purgata praeseruat a putrefactione & corruptione sanguinis, etiam vltra omnem nostram medicinam mundificat.

 

  “Bacon”, Secretum secretorum, pp. 286-287.

   In dei ergo nomine recipe istud donum coeleste9 & extrahe ab eo elementa vt scis, & custodi bene quodlibet elementum ab aere.

   Nam aqua ista valet omnibus aegritudinibus, tam calidis quam frigidis generaliter, eo quod est accultae naturae, maxime patientibus vicium in spiritualibus. Venenum declinat a corde, arterias humectat  & dilatat, contenta in pulmone sine violentia dissoluit & ipsum vlceratum non obstante commotione consolidat, sanguinem mundificat, contenta in spiritualibus purgat ab omni corruptione.



[8]  R. Bacon, Opus maius, cap. 12, sección “De secunda praerrogativa scientiae experimentalis, Exemplum 3

[9]  Arnaldo-ps, Epistola ad Iacobum de Toleto de sanguine humano, en Rupescissa, De consideratione quintae essentiae (1561).

   R. Bacon-ps, Secretum secretorum naturae de laude lapidis philosophorum, en Sanioris medicinae (1603).

   Cf. M. Pereira, “Teorie dell’elixir nell’alchimia latina medievale”, en Micrologus, 3 (1995), pp. 103-148; aquí pp. 121-124.

[10] Anteriormente había escrito: «Istud secretum est coeleste donum nobis indignis in vegetabilibus destinatum.»

   Pero la atribución al elixir de poderes curativos a la par que transmutatorios apareció algo después, en el Rosario arnaldista, quien le adjudicó las propiedades medicinales del agua expuestas en el De sanguine, con un añadido importante que lo acercaba al oro: la recuperación de la juventud.

 Et hoc quidem est rosarius philosophorum ferens odoriferas rosas tam rubeas quam albas [...] in infinitum perficiendum in solificum et lunificum verum secundum quod elixir fuerit preparatum.

   Sic etiam habet virtutem efficacem super omnes alias medicorum medicinas omnes sanandi infirmitates tam in calidis quam in frigidis egritudinibus eo quod est occulte et subtilis nature. Conseruat sanitatem, roborat firmitatem, virtutem et de sene facit iuuenem et omnem eorum expellit egritudinem. Venenum declinat a corde, arterias humectat, contenta in pulmone dissoluit et vlceratum consolidat, sanguinem mundificat, contenta in spiritualibus purgat et ea munda conseruat.

   Et si egritudo fuerit vnius mensis sanat vna die, si vnius anni in duodecim diebus, si vero fuerit antiqua ex longo tempore sanat in vno mense et non inmediate.

   Hec medicina super omnes alias medicinas et mundi diuitias est opido perquirenda quia qui habet ipsam habet incomparabilem thesaurum. (Rosarius, 2, 31)11.

    Con la irrupción del concepto de quinta esencia en el siglo XIV, surgió en el entorno de los franciscanos una influyente literatura de alquimia medicinal, iniciada con Rupescissa y continuada en los corpus arnaldista y lulista. Fue una medicina alternativa voluntariosa, ya que la universidad no la tuvo en cuenta y no parece que los médicos recetaran basándose en ella. Sin embargo actuó como inspiración de la segunda oleada de medicina alquímica, divulgada y defendida por  los médicos paracelsistas a partir de la segunda mitad del siglo XVI. Al ser médicos titulados los que proponían esta, la farmacopea química chocó de frente con la medicina oficial galénica y se generó un enfrentamiento que, más o menos larvado y con esporádicos brotes, duró dos siglos largos. La polémica de la medicina universal forma parte de él.



[11]   El Testamentum lulista cita este pasaje  (2, 31 en ed. antiguas, 2,30 en la ed. Pereira & Spagiari) algo parafraseado.  Cf. M. Pereira, “Teorie dell’elixir”, art. cit., p. 143;  L’achimista come medico pefetto nel Testamentum pseudolulliano”, en Alchimia  e medicina nel Medioevo (2003), pp. 77-108; aquí pp. 79 y 82-83.

 

   Si el concepto de panacea alquímica está en el origen de la alquimia europea, la designación de medicina universal parece divulgarse entre los paracelsistas. Aparece, por ejemplo, en el título de una obra de Dorn: Lapis metaphysicus aut philosophicus, qui universalis medicina uera fuit patrum antiquorum ad omnes indifferentes morbos, etiam eos quos incurabiles uocarunt illi qui curare non potuerunt. Et ad metallorum tollendam lepram, fabricandos lapides preciosos, &c. (1570).

    J. W. Dienheim, médico, es conocido por su relato del encuentro con un adepto poseedor de la piedra al que llamó Alexander Seton, identificado luego con el Cosmopólita, seudónimo para Sendivogio en las traducciones al francés. Su obra sobre la medicina universal tiene un título extenso y explícito:  Medicina universalis seu De generali morborum omnium remedio liber, quo veritas facilitasque medicinae ciuiusdam catholicae, omnes omnino morbos curantis ostenditur, ad eamque adipiscendam aditus aperitur (1610).

   Dienheim identificaba esta medicina con la quinta esencia, aunque entendía esta como una sustancia homogénea procedente de los elementos.

   Medicina universalis est quatuor elementorum seu primordiourm mundi quinta essentia quam suapte natura sempiterna veteres οὐσίαν nominaverunt. Sive: Est ipsa elementa quintum aliquod homogeneum & inseparabile facta. [...] Ubi certe non qualificatas sive elementatas ullas alias res, sed ipsa elementa proprie, naturaliter, genuine sumpta, ab omnibus heterogeneis depurata, intelligo. Ex his enim solis medicina universalis fieri debet. (Cap. 2).

    La manera de actuar es algo peculiar: disponiendo los humores para no obstaculizar la acción de los medicamentos al uso. 

   Quid autem in re medica universale nostrum efficiat accipe. Renitentes, obluctantes, depravatos & incurabiles humanorum corporum humores, cuiuscumque tandem qualitatis aut malignitatis sint, aut quocumque nomine applentur, ita disponti uti medicinis iis, quae de iure ac communiter adhibentur, non solum nullo modo resistant, verum etiam iisdem ad effectus suos  certo consequendos streneu opitulentur, non obstantibus impedimentis quibuscumque, nisi ab expressa creatoris voluntate prohibeantur. (Cap. 2)12.

     La materia con la que se fabrica esta medicina es la misma que aquella con la que los alquimistas hacen su piedra filosófica. Dienheim no se interesaba por la transmutación, pero para identificar su materia  debía recurrirse a las descripciones de los autores alquimistas más aprobados.

    Ante omnia scitu necessarium est antiquissimos quosque, imo & neotericos & omnium omnino aetatum philosophos, materiam huius medicinae catholicae unam eandemque numero esse existimasse cum ea ex qua alchymistae decantatum illum lapidem philosophicum fabricare conantur. [...]

   Materiam & lapidis & medicinae catholicae philosophi aiunt esse debere informem, chaoticam, indefinitam, omnium formarum capabilem, hoc est, dispositam uti ex illa aeque bene animal quam planta, minerale aliquod imperfectum, quam metallum generatur. (Cap. 3).

 

   David de Planis Campy, “medecin spageric”, escribió una obra en la que presentó la medicina universal con argumentos cabalísticos y químicos, identificandola con el “verdadero” oro potable: Traicté de la vraye, unique, grande et universelle medecine des anciens, dite des recens or potable (1633). Para este autor, la medicina universal también era la quinta esencia, pero entendida como un “esprit de feu”, dispensador de la vida:

    les quatre elemens [...], par le moyen de lanatur ompsenttous les autres corps mixtes en leur donnant vigueur, vie & mouuement para un esprit de feu par vne quintessence épurée & etherée, que les anciens ont appellée medecine vniverselle. (p. 10).

    La medicina universal –nos dice- ha sido llamada diversamente: espíritu universal, alma del mundo, azoth, cielo de los filósofos y oro potable. Este último nombre se le aplica porque el oro es símbolo del espíritu:

    L’esprit vniuersel est appelllé or potable, tant a raison de sa pureté que de son vniuersalité. [...] D’où appert que ceux qui font prendre l’or commun dissoult dans telles qu’elles eaux corrosiues et mortiferes n’eurent jamais la connoissance du vrai or potable des sages.


[12]  Así, la manera de actuar de esta medicina universal está próxima a la quinta esencia de Rupescissa. En los capítulos 16-22 Dienheim dio un listado de todas las enfermedades fundamentales (según él) y de sus remedios galénicos, en general plantas; el cap. 23 está dedicado a las dosis.

    J. Gerhard emprendió la defensa de la medicina universal desde los dos campos enfrentados de la medicina, en Panaceae hermeticae, seu Medicinae universalis assertio ac defensio galeno-chymica (1640). Ya en el primer capítulo afirmó  que, frente a la finalidad transmutatoria, el “praecipuum finem alchymiae esse medicinam vniversalem”. En apoyo de esta hipótesis, la autoridad más antigua que cita es la definición de medicina de tercer orden (o sea, el elixir) que da la Summa, pero un poco modificada para dotarla de un valor médico que el original no tiene: 

 

   Cita de Gerhard, p. 4.

   Haec tertii ordinis medicina corporibus administrata omnem morbum et corruptionem cum administratione sua tollit, & cum omnis complementi differentia in perfectam sanitatem perficit. Haec es vna sola, per quam excusamur ab omnibus aliis medicinarum laboribus.

 

   Géber, Summa, 2, 1913.

   Tertii vero ordinis medicinam apello omnem praeparationem quae quando corporibus aduenit omnem corruptionem cum proiectione sua tollit & cum omnis complementi differentia perficit. Haec autem est vnica sola & ideo per illam excusamur a laboribus inuentionis decem medicinarum secundi ordinis.

 

[13] Hay diferentes divisiones de libros y capítulos, según las ediciones. En la edición de W. R. Newman es el cap. <72>, “De triplici medicinarum differentia”. 


   Buscando un punto de encuentro de la medicina química con la metódica, Gerhard argumentó que Hipócrates y Galeno fueron de la opinión de que la medicina universal era “no sólo posible, sino también necesaria”.

   Como para Dienheim, la materia de la medicina universal era la misma que la de la piedra, “sub nomine sulphuris & argenti vivi indigitata”, sustancia que no se encuentra con la debida pureza en ningún compuesto natural: separarla de su terrestreidad y crasitud era competencia del arte.

     Glauber, en la Operis mineralis pars prima (1651), describió la preparación y aplicaciones de un fármaco que llamó (en la portada) “Panacea sive medicina universalis antimonialis”. Para Glauber, como para tantos otros antes, la única medicina en verdad universal era la “piedra filosófica”, pero en ausencia de esta, la suya era la más universal. Se trataba, por tanto, de un uso del término “universal” con el sentido de extenso pero limitado. 

   [...] nunc etiam docebitur antimonium residuum usurpandum sit tam in perfectione metallorum quam in medicina, pro sanitate hominis tam praeservanda quam morbis curandis.

   Facta vero mentione medicinae alicuius universalis conficiendae ex antimonio praedicto modo usurpato, nolim tibi persuadeas eam esse talem quae omnes in universum absque discrimine tollere possit affectus, quae virtus soli adscribitur lapidi philosophici, minime vero per me huic medicinae, cui non plus atribuo quam didici per experientiam. 

   Hoc autem de ea affirmare audeo in rerum veritate: huic vix aliam praeter lapidem esse comparabilem; non enim solum  ea praeservatur corpus humanum a variis morbis, sed etiam felicissime liberatu a praesentibus, ita ut merito universalis dici mereatur.

    Posteriormente Glauber escribió un opúsculo cuyo título largo dice así: Munus exhibitum omnibus magnatibus conservandae valetudinis & vitae longae acquirenda studiosis, nimirum, Medicina universalis sive aurum potabile verum (1658). Aquí Glauber decidió que, para calificar de universal un medicamento, convenía definir antes el correcto significado de este término: Para ser universal, una medicina debía socorrer a los tres reinos, no solo los dos considerados normalmente (metales y humanos) y debía poderse hacer a partir de cada reino y con poco gasto.

   Medicamentum quod universalis medicinae titulo honoratur, ita comparatum sic oportet ut universaliter in tria regna, vegetabile puta, animale & minerale, vires suas exercendo unicuique, ut summa medicina, sucurrere possit. Quodcumque vero tanta efficatia non pollet, eidem tanto nomine indigno etiam falso idem titulus conceditur.  [...] etiam necessarium est ut ex omnibus illis tribus regnis [...] & quidem unoquoque sigillatim absque ullius peregrinae rei additione, ac sine magno labore, in pauperum aeque ac divitum utilitatem & commodum parari possit.  [pp. 9-10].

 

   Esta medicina universal “auténtica” es, sin duda, el mismo menstruo-alkaest del que había tratado largamente en la obra anterior14. Sobre su materia sigue a Sendivogio: la llama nitro y ha de cumplir estar en todas partes, al alcance de todos y ser vital para todos.

   [...] nitrum in omnibus totius mundi rebus, atque ita non solum in omnibus vegetabilibus, animalibus & mineralibus, sed in ipsis etiam elementis, terra nimirum, aqua, aere & igne reperiatur, eaque de causa universalis materia iure ac merito appellari possit ac debeat15

   Aunque se había decidido a escribir sobre ella, Glauber aún no la había llevado a la suma perfección y seguía experimentando. Por ejemplo:

   Non est cur quisquam putet, cum medicinam hanc meam universalem appellem, quod eiusdem ope metalla imperfecta in aurum tranmutari & magnorum thesaurorum copia corradi queat, id quod philosophi medicinae universali attribuunt. Talem enim transmutationem hactenus ignoro, nec scire cupio, nec eidem inhio. [pp. 13-14].

    Los asnos que escupen veneno por sus bocas le preguntarán por qué la llama medicina universal, si no socorre a los metales y tan solo sirve para las enfermedades. La respuesta ya había sido expuesta: porque todavía no había conseguido llevarla a su total perfección y fijación. Pero aún en su imperfección, esta “agua de vida” tenía acción sobre los tres reinos, según explicaba en el resto del opúsculo.

   Glauber retomó el tema una vez más en el Libellus dialogorum sive colloquia nonnullorum hermeticae medicinae ac tincturae universalis studiosorum (1663). La obra se compone de tres diálogos entre dos “estudiosos de la medicina química”,  uno fracasado y desalentado, el otro con éxitos (el propio Glauber), dispuesto a mostrar la “vía recta y regia”, sin arrastrar a seducciones, sino revelando literalmente tan sólo lo que él mismo ha realizado con sus manos.

   Al inicio del primer diálogo explica que hay diversas materias con la que puede confeccionarse el “medicamento universal”, diferentes en lo exterior, pero similares en su constitución interna (“interioribus suis partibus non dissimiles”). Los metales conforman entre todos una especie de planta: si se los quiere multiplicar hay que  recurrir a la semilla o la raíz, que son el oro y el plomo, aunque no los vulgares, sino aquellos en los que hay oculto un oro inmaduro e invisible16.  Para extraer de saturno el “auri primum ens”, debe ser lavado cuidadosamente (“probe lavetur”)17; para extraerlo del oro vulgar o “maduro”, hay que pudrirlo y destruirlo, de manera que sea imposible que el cuerpo resultante pueda ser reducido de nuevo a oro.

   Tuum est illud unicum accurato & indesinenti studio meditari quo pacto aurum destruas, occidas ac per putrefactionem cogas ut internum & invisibilem suum colorem in apertum producat, atque e contrario, suam externam & visibilem flavedinem intro vertat. Nam aurum ipsum nihil aliud est nisi mera tinctura, ad quam acquirendam nulla alia re opus est nisi vera clavi quae aurum reseret, invertat eiusque invisibilem colorem visibilem reddat. [p. 16].

   El proceso de preparación se inicia con el negro, pasa a cola de pavo real,  luego a sangre espesa (“crassus sanguis”) y finalmente a sangre de dragón o sangre del oro, que es ya el oro irreductible, con tantas propiedades medicinales que “puede ser” el oro potable de los antiguos.

   El segundo diálogo trata “de universali medicamento ex nigra, venenata, & volatili magnesia saturnina parando”. Desarrolla, por tanto, el proceso con el “saturno-plomo no vulgar” aludido en el diálogo anterio18, o sea, la estibnita, de la que dice aquí  ser la “verdadera materia de la que se prepara la piedra de los filósofos”19. Esta sustancia, llevada de su negro original al rojo, puede ser tomada por medicamento20 universal (“pro universali medicamento habenda est”, p. 51), aunque, si se quiere aplicar a la transmutación, debe continuarse con la elaboración.


[14] Operis mineralis, ob. cit, pp. 36 ss.

[15]  Estamos quizás ante un compuesto del nitrógeno, ya que más adelante escribió: «Cum igitur aurum meum potabile etiam sit sal sulphureus, sed longe fortior & efficatior illo qui in fimeto pecorum & pecudum vulgari latitat, utpote qui omnium vegetabilium accretionem & multiplicationem mire promovet [...]».

[16]  Entendemos que llamó vulgares a los que no han recibido el tratamiento adecuado para manifestar ese oro inmaduro, mediante las operaciones que señala después.  

[17]  De ello tratará en el segundo diálogo.

[18]  Y tratado en la ya citada Panacea sive medicina universalis antimonialis.

[19]  Al recibir a su amigo, Glauber le muestra un trozo del mineral, diciéndole: «En tibi hic frustrum venenatae nostrae magnesiae saturninae, quae vera est materia ex qua lapis philosophorum paratur». Glauber la llama también “minera saturnina”, pero nunca antimonio. Como hemos visto, la considera raíz del árbol metálico cuya flor es el oro vulgar, y, por eso mismo, la mejor tierra para este (p. 61). 

[20]  Glauber llamó a este preparado medicamento universal, tal vez para distinguirlo de la auténtica medicina universal, la piedra filosofal.

  

   Claude de Comiers, canónigo y presbote, escribió un opúsculo21 en el que trataba sobre una medicina universal, similar a la medicina antimonial de Glauber.

   Según Comiers, esta medicina, con acción sobre los tres reinos, fue conocida de Galeno, quien gracias a ella vivió 140 años libre de enfermedades. La Biblia narra los casos más divulgados de gran longevidad, pero también se encuentran en la historia profana: uno de los ejemplos es Séneca, que tenía 140 años cuando Nerón le dio a elegir el modo de suicidarse; Olaus Magnus cuenta que un obispo llamado David vivió setecientos años; Apolonio de Tiana tenía un porte juvenil con cien años; Artajerjes murió con cien años, asesinado por una conspiración de cincuenta de sus 115 hijos. Un ejemplo reciente de longevidad era el de un tal Louis Galdo22, que llevaba vivo cuatrocientos años, según se aseguraba en la Gazette de Hollande de abril de ese mismo año de 1687.

   Naturalmente no todos los casos se debían a la medicina universal: la longevidad moderada, la salud y un cierto vigor juvenil, se consiguen también con una vida sobria según los adagios: “Vesci citra saturitatem, imprigrum esse ad laborem, vitale semen conservare: tria ad producendum vitam saluberrimam”, o “Pour vivre longuement, vis sobre et chastement”, o “Plures gula occidit quam gladius”. Algunos consejos útiles son: no mezclar carnes en la misma comida; masticar bien; en cada comida alternar alimentos húmedos, grasos, agrios y calientes con secos, magros, dulces y fríos; si se ha bebido exceso de vino se puede corregir con una bebida ácida, como el zumo de limón; tomar bebidas alcohólicas sólo como digestivo, si se ha comido mucho; fuera de eso acortan la vida; el vino se puede usar, pero con moderación. Comiers se extendió a continuación en consejos de todo tipo acerca de costumbres a observar en una vida sana, como hacer ejercicio, pero sin sudar: “Ad ruborem, non ad sudorem”, o beber vino en lugar de agua cuando se está acalorado, etc. 

   En la tercera parte trató del efecto seguramente más llamativo de la medicina universal: el rejuvenecimiento23. De nuevo se encuentran ejemplos en la historia, como el de un noble indio que rejuveneció tres veces en los 340 años que vivió. Comiers dio como referencia de esta anécdota la obra del jesuita portugués Francisco de Mendoça, Viridarium sacrae ac profanae eruditionis; Mendoça la había tomado de otro jesuita, G. P. Maffei, Historiarum Indicarum libri XVI, pero la reprodujo adornándola un poco. Estos son los dos pasajes:  

  

   Maffei (ed. 1752, pág. 237).

   Lib. 11.

   [...] Quidam e Gangaridum gente, quam hodie Bengalam vocant, ad praetorem adiit, natus, ut ferebatur, annos 335, neque mendacii suspicio suberat, nam et seniores qui tum erant, se de hoc eodem grandaevo aiebant a maioribus accepisse, et ipse filium habebat nonagenarium, et cum litteram nosset nullam, quae referebantur ab eo de veterum gestis rebus, ad fidem annalium optime congruebant. Huic aliquoties iam deciderant dentes, aliis continuo subnascentibus, et barba ubi prorsus incanuisset, in atrum denuo colorem, idque paulatim, semet ipsum vertebat

 

   Mendoça (ed. 1632, pág. 85).

   Lib. lib. 4, Problema 17. An viribus naturae possit iuventa senibus redire.

   [...] Nostrae Lusitaniae annalibus scriptores, inter quos est Petrus Maphaeus, Historiae Indicae, lib. 11, testantur cuidam indo nobili annorum, quibus vixit, 340 spatio iuuentae florem ter exaruisse et ter refloruisse. Nec desunt qui in eodem orbe quandam insulam repertam testentur, Bonicam nomine, in qua fons scaturiat, cuius aqua vino pretiosior epota senium cum iuuenta commutet. Et quidem de illo homine ter reflorescente vera est fides: enimuero illum agnouerunt et alloquuti sunt nostrae Societatis patres qui animorum salutem apud Indos ardenti studio procurant, vt a iuratissimis ipsorum litteris accepimus.

   

[21] La medecine universelle ou l’art de se conserver en santé et de prolonger sa vie (1687; reed. 1688).

   El Dictionnaire historique de Moreri dedica a Comiers una extensa entrada. Según informa, las tres partes de que consta fueron publicadas inicialmente en la revista Le mercure, en meses sucesivos (junio-agosto) del mismo año.

[22]  El nombre Louis fue un error de la Gazette; de origen alemán, su nombre italianizado era Federico Gualdi. 

[23]   Inspirada en estos casos reunidos por Comiers, hay una obra posterior exclusivamente dedicada a casos de longevidad y rejuvenecimiento: Harcouet de Longeville, Histoire des persones qui ont vécu plusiers siècles et qui ont rajeuni. Avec le secret du rajeunissement tiré d’Arnauld de Villeneuve (1716).


   1.3 Los oros potables.

   Mientras el poder curativo del elixir filosofal avanzaba, hasta desplazar al transmutatorio entre los alquimistas médicos y teólogos, el uso médico del oro, cuyas propiedades iniciales eran las de retardar el envejecimiento alargando la vida,  hacía su propio recorrido para constituirse también en fármaco universal.

      El De conservatione iuventutis de “Roger Bacon”, ya citado, fue refundido24, circulando a nombre de Arnau de Vilanova25 con el título De conservanda iuventute et retardanda senectute26. La versión impresa consta de tres capítulos; el tercero (”De his quae iuventutem inducunt”) se inspira en el último capítulo de “Bacon” (“De refectione et hilaritate animae”) al comienzo, pero luego se desliga de él.

    Como ejemplo de la manera de seleccionar y ampliar los datos de su modelo, damos a continuación los pasajes comparados sobre el uso de un “agua de oro” en el tratamiento del cutis.

 

  “R. Bacon”, De conservatione iuventutis.

   Cap. De innovatione et confortatione cutis et virtutum.

   [1] Cutis innovatur ex assidua commestione serpentum, nam cutis excoriatur et confortatur. Innovatur vero ex potatione aque solis purissimi, si auide recipiatur in potu; et non solum hoc facit, sed allopiciam et tyriam curat, et transmutat corpus humanum et sincerat et innouat ipsum, ut alibi dicam. Sed vipere nisi preparentur ut expedit, non valent.

   [2] Habet enim proprietatem subueniendi stomacho defecto; timorosos et cardiacos confortat; valet contra melancoliam, allopiciam atque tyriam; calorem naturalem temperat.

    [3] Et virtus eius in sua manifestatur substantia: quia in eo est claritas, ideo clarificat; et in eo est puritas, ideo purificat; et in eo est magna temperantia, ideo multum temperat; eius temperamentum transit supra omnem rem; et in eo est perhennitas, ideo conseruat corpus humanum.

     [4a] Et in eo est assimilatio humane complexioni, ideo incorporatur. Sed preparetur velut oportet, et in eius preparatione est totum secretum, quam sapientes occultauerunt.

   [4b] Et est ut recipiatur illud quod est de 10 gradibus, et comburatur illud in furno combustionis; deinde lauetur ipsum bene et teratur, donec sit puluis, ut apparet in radio solis. Deinde soluetur in aquam cum re que ipsum soluit, et congelatur cum eadem; postea per se soluitur sub fimo calido positum. Hac aqua utere ut scis.

 

   “Arnau de Vilanova”, De conservanda iuventute.

    Cap. 2. De retardatione senectutis et reiuuenescentia acquirenda. 

    [1] [...] Et est sciendum quod innouatio & confortatio cutis fit cum potatione aque auri purissimi. Proprie ipsa namque allopiciam curat & tyriam, & transmutat corpus humanum, sincerat & innouat ipsum.

    [3] Et virtus multarum rerum approximat huic operationi, sed ipsa est que predictum miraculum facit. Et que non corrumpitur & complexioni humane est conueniens: & neque calefacit, neque infrigidat, neque humectat neque dessicat, immo, omni est temperamento temperata omnemque rem excedentem in temperantia & peremnitate quam habet.

   [2] Etiam subuenit stomaco frigido, timorosos facit audaces, cardiacos confortat, valet contra melancoliam et alopitiam, & calorem naturalem confortat & temperat, in quibus non est res aliqua que stare possit loco eius. Et virtus eius in sua manifestat substantia: quare est in ea caliditas, calrificat; et in ea est magna temperantia, ideo magnum temperamentum efficit super omnem rem; et ideo est peremnitas, ideo conservat corpus humanum.

    [4a] Et in ea est assimiliatio complexioni humane, ideo incorporatur, si preparetur vt decet. Et in eius preparatione est totum secretum, quod sapientes propter inuidiam occultauerunt.

   [5] Confirmat autem et sincerat cordis substantiam & sue puritatis impressionem; omnem deiicit impuritatem ab eo, et tuetur illud; et clarificat spirituum substantiam; et mouet sanguinem ad cutim et inducitt pulchritudinem iuuenilem et abstergit abstesione leui.

  


[24]  Esta refundición tiene un estilo cuidado a nivel de lengua y de exposición, lo que parece indicar una fecha tardía respecto al original. El autor la presentó como como una abreviación comentada; sigue al original con fidelidad las menos de las veces, aunque con redactado siempre diferente, otras lo resume, elimina algunas partes, otras las amplía y añade temas nuevos.

[25]  Sobre la autoría, cf.: A. Paravicini Bagliani, Il corpo del Papa (1994. The Pope’s body, 2000), cap. 9, n. 13; S. Giralt, “La qüestió arnaldiana: autenticità i falsa autoria en el corpus atribuït a Arnau de Vilanova”, en Gimbernat, 38 (2002), pp. 185-198 (aquí p. 192).

[26]  Impreso en las Opera (1505), con varias reediciones durante el siglo XVI. Otra versión, también atribuida a Arnaldo, es De vita philosophorum (ed. en  Chrysopoeia, 4).   


   Como se ve, la receta de preparación del oro no fue incluida en en la versión arnaldista. Al final de la obra, (según la versión impresa en 1505 y reediciones) el autor refirió que algunas recetas nombradas en el texto “canónico”, vulgarmente llamadas medicinas reales (medicine regales), remitían a extensos capítulos en muchos volúmenes. Para facilitar la consulta, reunió aquí una selección de esas recetas, las más comunes y de acción probada (familiariores compositionis et operationis nobiliores), organizadas en “sermones”. Un “sermo” trata del agua de oro, pero no hay receta, solo un comentario en el que explica que no encontró la receta, pero que no cree que sea realmente de oro, debido a la necesidad de usar sustancias corrosivas, cosa que no le vendría a la mente ni a los médicos fatuos. Supuso que tal vez el nombre proviniera de su color y que en realidad estuviera hecha de plantas disueltas en alcohol.

   Sermo super aqua auri. Non legi huiusmodi aque proprietates in libris famose auctoritatis, sed presumendum est quod si est ita, sublime opus est, quoniam modum preparationis occultauerunt ipsius et ipsam etiam nominare subticuerunt, auri tamen nominauerunt et annumerauerunt ipsam inter medicinas cordiales et posuerunt sub temperamento et in confortatione cordis et palliatione lepre et aliis pluribus laudauerunt. Et possibile, sicut tota die contigit aliquam rem per magnam diuersitatem transubstantiari et acquirere rei transumpte aliam et aliam operationem, vt quod de vino fit aqua vite multum diuersa a vino in colore & substantia & effectibus & operatione.

   Verum illud facit dubitare super ea, non quod non possit fieri, sed quo magisterio & cum quibus.

   Porro omnium metallorum corpora in aqua posse reduci aliquo ingenio modo experimentum eorum qui sectatores sunt secretorum sicut naturalis non habet dubitationem, verum operatio & natura rerum illarum cum quibus ad hoc peruenitur non attinet etiam fatui medici considerationem, quoniam sunt res corrosiue, maligne & destruentes.

   Relinquatur igitur via illa & estimetur transumptiue verbum illorum accipi forsitan, vt dicatur auri aqua ratione nobilitatis & coloris, & sit forsitan aqua vite que species aut tantum flores roris marini aut his rebus similes bullite seu mollificate fuerint. Quoniam tunc contrahit aqua illa colorem auri27 & dicatur in consideratione bonitatis magnifice operationis eius proprietates & virtutes rerum.

 

   A mediados del siglo XIV Rupescissa (De quinta essentia) describió un uso del oro basado en analogías astrológicas (oro-sol, quinta esencia-cielo) consistente en fijar o imprimir sus virtudes (influjos) en el agua ardiente, primero,  luego en la quinta esencia. Rupescissa dio tres recetas, dos más costosas, ya que el oro se diluye, pero una de muy poco coste, dirigida a los “varones evangélicos”, en la que no se pierde nada del oro y usa vino en lugar de alcohol. 

 

Scientia qualiter fiat sine omni expensa, vt possint habere quasi pro nihilo influxus huius solis euangelici viri. Cap. 15.

   Viri euangelici qui dicunt cum Petro, aurum & argentum non est mihi, cum indigebunt virtute nostri optimi solis, habebunt necesse rogare amicum diuitem vt mutuo tradat ei duos bonos florenos, vel saltem vnum bonum, et florenum ignient sicut est, & si habent aquam ardentem quinquaginta vicibus in eam ipsum extinguant. Et si aquam non habent in bono vino albo nec nimis claro nec nimis spisso, sed optimo delectabili, odorifero, saporoso & gratioso, quoniam vinum habet naturam recipiendi in se influentias & proprietates auri.

   Et postquam perfeceris opus tuum ad placitum, sctito pro certo quod floreni boni sunt sicut prius, & nobiles & pulchri, aequi ponderis vel quasi.

   Vtere ergo vino aurato vel aqua aurea vt laetus & sanus viuas, & etiam vt iuuenescas.



[27]  Quizás el autor esté describiendo una práctica de su tiempo, o quizás diera la idea a algunos; en todo caso Glauber dejó constancia de que a mediados del siglo XVII  se hacía algo similar:

   Non igitur ignoratur dolus destillatorum vini aliarumque aquarum vegetabilium, vendentium aurum potabile, non verentium quamvis aquam coloratam colore flavo vel rubro, ignaro magno vendere pretio. (De auri tinctura sive auro potabili vero, 1651, p. 15). 


   Rupescissa dio a este procedimiento el nombre de “dorado” del agua ardiente o del vino, ya que estos adquirían no solo sus influjos y propiedades, sino su color. Un siglo después el nombre de “oro potable” estaba ya vulgarizado. Las recetas debieron ser innumerables, apenas hay manuscrito u obra de autor misceláneos que no incluyan alguna.

 

   Entre las obras impresas, ya en fecha relativamente temprana, Ulstad (1526) recogió 19 recetas (capítulos 23-42). Para Ulstad, el oro potable es la quinta esencia, secreto en el que trabajaron los antiguos, pero que ocultaron:

   Est etenim secretum ab ipsa quinta essentia extractum, in quo philosophi antiqui maximum habentes laborem, tamen nobis occultarunt, ex ratione quia habet virtutem occultatam (quam diuina prouidentia ei indidit) per quam iuventus ipsa venustatem et robustsatem amissam potest rcuperare; per quam etiam tota senectus abigitur, non tamen  ex eo gradu in quo est, sed repraesentat hominem antiquum esse iuuenem si de eo utatur.

       El tema tópico de la medicina alquímica es la prolongación de la vida; la pretensión a la inmortalidad parece ajena, pues a nivel de literatura no hay rastros de ella, por razones religiosas seguramente (“Dios puso un término a la vida”). Ulstad, sin embargo, testifica que el oro potable tenía esta virtud a los ojos de algunos.

  Censeoque quia plures in hoc laborasse vt aeternaliter viverent, qui scripserunt ipsam quintam essentiam esse adeo perfectam et incorruptibilem vt nihil desit. Hoc quidem est falsissimum. Nam si esset adeo perfecta vt nihil ei deesset, faceret nos aeternales, quod est contra voluntatem Dei. [...] Possumus tamen inuenire viam et artem prolongandi vitam nostram vsque ad terminum nobis praescriptum.

    En un orden cronológico de publicaciones impresas, apareció aquí la obra de R. Vallensis, cuyo título largo identifica polvo de transmutación, medicina de los filósofos (¿universal?) y oro potable: De veritate et antiquitate artis chemiae & pulueris siue medicinae philosophorum, siue auri potabilis materia & compositione, illiusque mira vi in tria rerum genera, animale, vegetale & minerale, testimonia & theoremata (1561).  

    La obra lulista Experimenta, reúne, en la versión impresa28, una colección orgánica de recetas antiguas, pero revisadas. El “Experimentum XXV quod, dicitur magnum”, explica la fabricación de un “menstruum maius”,  «admirabile, quod corpora cuncta dissoluit cum conseruatione formae vegetativae & permutativae», «in se tantum odoris & fragrantiae continens, vt nihil conferre possit», «quod innumeris pene nominibus appellarunt sapientes; acetum acerrimum quod aurum convertit in spiritum; haec est aqua sicca, aqua solis & aqua vitae».

   Con este menstruo mayor se disuelve el oro y se recoge finalmente un precipitado  «gummi quoddam ad similitudinem carbunculi», «quae erit fluens ac tingens, & dissoluetur in omni aqua.»

   Hoc est verum aurum potabile, quod in hominibus radicale humidum conseruat, remouet canitiem, nigros facit crines, omnes morbos curat praeter phthysicos, hydropicos, leprosos, si tantum quantum granum milii dissolveris in coelo & aegrotanti ieiuno stomacho propinaueris.

    Si la piedra filosofal puede curar, en algunas recetas el oro potable puede también transmutar. Esta es una de ellas.

   Non tamen existimes carere illud vi transmutandi omnai metalla. Quin potius, si ex eo vnam partem super bis centum partes argenti proiecieris, totum convertet in aurum. Item si cum vna parte eiusdem medicinae coniunxeris septingentas partes mercurii in aliqua pila super cineres, spatio quindecim dierum totum transmutabitur in aurum, melius minerali.

   Posset etiam fieri proiectio huius in alia metalla, sed maluimus vt haec medicina subueniat aegrotantibus. Memento pauperum, ne des tyrannis & impiis.

    Como todo lo relativo a la química, aunque no fuera transmutatoria, el oro potable generó algo de polémica. Erasto, famoso médico anti paracelsista, dedicó un opúsculo a analizar la acción de los fármacos metálicos, de los cuales el más celebrado era el oro potable29. Erasto no atacó la inutilidad de los procedimientos químicos para potabilizar el oro, sino parte de la especulación medica, según la cual el oro, por su pureza e incorruptibilidad, tenía la cualidad médica de suprimir la corrupción. La argumentación de Erasto  en contra fue: o bien el oro es inasimilable, en cuyo caso no cura; o bien se asimila, perdiendo entonces su incorruptibilidad, que era la premisa de base para curar.

   Non poterit igitur corruptionis causam tollere aurum nisi alat nos. At si alit, vertitur in rem nutritam. Corrumpitur ergo & desinit esse aurum ut sit caro humana.


   Por otra parte, los metales, y con más motivo el oro, mantienen su naturaleza aún disueltos.

   Possunt igitur chemici metalla emollire, solvere, corrumpere, in cineres redigere, purificare, oleum aut humorem ex eis elicere: metallica naturam ab eis auferre non ante possunt quam in elementa redegerint. Nam in calce ac cineribus eorum vis metallica superest.


[28]   En Libelli aliquot chemici (1572). Es probable que su composición no diste mucho de esta fecha.

[29]   T. Erastus, Disputatio de auro potabili (1578).

 

   En su obra dedicada a medicamentos químicos, Penot30 trató del oro potable e  hizo una breve apología de las propiedades medicinales del oro. La única autoridad antigua citada fue Avicena, porque, afirmó, con esta opinión concordaban casi todos los médicos:

   Variae sunt opiniones de auro potabili; nonnulli id magnifaciunt , alii contemnunt. Hoc tamen commodius fiet si primo consideramus vires et proprietates quas docti & expertes vivi in suis libri auro tribuunt. [...]

   Avicenna in suo tractatu de auro31 dicit quod sit temperatum natura; et si lima comminuatur vtiliter misceri medicamenis contra lepram, profluuium capillorum, melancholia, confortare cor & impedire tremorem eius, corroborare oculum si in tenuissimum puluerem redigatur. In hoc fere omnes medici qui vires medicamentorm simplicium describunt, consentiunt.

   Si igitur tantas vires attribuerunt limaturae auri, quid fiet si redigatur in formam liquidam & potabilem?

    Tras Erasto escribió contra el oro G. F. Pico, De auro libri tres (1586). Al comienzo del tercer libro dio un sumario del contenido:

   Egimus primo libro de auri aestimatione, monstrantes nullam causam inueniri quae sit efficax ad persuadendum tantum fieri debere aurum, vt res vniuersas metiatur.

   Secundo variis allatis opinionibus diuersae subinde probauimus ex principiis philosophiae, theologis etiam adstipulantibus, arte posse aurum fieri.

   Tertio [...] et antiqua et recentiora experimenta pertractantes et factum fuisse et fieri etiam identidem conuincemus. [...] Certissimum porro constantissimum est et consensu publico firmatum fuisse aliquando effectum aurum et arte et industria hominum.

    Uno de los argumentos negativos, en el primer libro, es su valor medicinal: “Quod aestimatio precellens auri non pendeat ex medicina. Cap. 3”.  El oro no alimenta y no tiene buen olor; Dioscórides no lo usó ni lo mencionó Galeno. No se trata de negar al oro toda virtud medicinal, sino de darle su justo valor:

   Sed ego tamen non abnuerim aurum medicam vim obtinere; sed quantula, quaeso, portio reperietur, si conferamus id innumerabilibus rebus quibus inest potestas medendi abigendi venena?

    El siguiente capítulo trata específicamente del oro potable. Aquí Pico no dio opiniones ajenas, sino las suyas propias, que eran favorables a admitir el oro potable, aunque este no está formado propiamente de oro, sino de su esencia.

   Haec ego non decernendo, sed disputando perstrinxerim, quando et potabili auro dicuntur uti quidam ad omnes tollendas aegritudines et sanitatem tuendam atque ad uitam quantum per uires naturales licet prorrogandam.

    La razón de su defensa de este fármaco reside en que conoció un caso de curación con él:

   Ego causam eorum qui aurum potabile uellent dispendere, quod ego quidem colligere maluerim et optarim egregie posse ad nostri corporis aliorumque salubritatem, praecipue cum satis constet Antonius chirurgum nostrum superioribus annis matronam ex foro Cornelii, pthisi morientem paucis diebus ab ipsa tabe liberam sanitati pristianae restituisse solo potabili auro.


[30]    Penot, Tractatus varii de vera praeparatione et usu medicamentorum chymicorum (1594), Tract. 2, parte “De viribus auro potabilis eiusque praeparatione”. 

[31]    Avicenna, Canon medicinae.

 

   En general, quienes en esta época escribían sobre una medicina universal sin fines transmutatorios, o sobre un oro potable con pretensiones de medicina universal, eran fabricantes de alguna panacea que se defendían de la acusación de charlatanes, aa la vez que se publicitaban. Este fue el caso del médico londinense Franciscus Antonius, quien publicó primero una Medicinae chymicae, et veri potabilis auri assertio (1610), reeditada años después junto con una Apologia pro auro potabili (1618). En el Praefatio a la primera escribió en tono amargo:

   Post multos & ineffabiles labores, vigilias, sumptus, praeparationum fideli exercitatione continua, quaesita ego omnia, ad optandum tandem  perduxi finem auspicante Deo. Interea nihil sinistri praesagiente animo, debitam mercedem expectans, frustraneos deploro laborem. Ego triticum seminavi; inimicus lolia in terram nostram impersit. Ita rei bene gestae comitem esse tristitiam cerno.

   Hanc igitur apologeticam querelam in lucem emisi, iustam (ut spero) et honestam. Primum ut me vindicem ab imposturae crimine. Dein ut industria, perfectio, veritas atque experientia nostra certa manifestentur omnibus.

    En el primer capítulo, dedicado a argumentar la posibilidad, Antonio dio citas y opiniones de muchos autores que alababan sus propiedades: Lulio, Arnaldo, Matthiolus, Quercetanus, Ficino, Fernelio, Penot, Cardano, Hyeronimus Rubeus, Wecker, Julius Palmarius, Croll, Gesner, Rulandus. Como opuestos al oro citó y rebatió a Pico y Erasto.

   Utque unico dicatur verbo, asserunt aurum potabile cum aqua ardenti, nobilem inducere effectum in humano corpore omnesque fere pellere morbos.

    El cuarto capítulo está dedicado  a resolver el “Mysterium auri solvendi & per alambicum elevandi”.  La solidez del cuerpo del oro exige que primero se lo calcine , lo que no debe hacerse por sustancias corrosivas, como las aguas fuertes fabricadas con vitriolo, alumbre, salitre y similares.

   Ablutiones enim licet vigesies repetantur, veneatas impressiones aquarum fortium auferre nequeunt,

   In vera ac philosophica calcinatione, nulla recidivae fiunt criditates aut venenatae impuritates, vomitionum, resolutionum, palpitationum cordis procreatrices.

    Antonio no explicó qué sustancias u operaciones realizan tal calcinación, limitándose a decir que se hacía “spagyrico ritu”. Por contra, la operación de la disolución está  muy detallada: usa el «aqua coelica, raymundina dicta”, cuya composición tampoco dio aquí32.

   Ista enim solutio est sub conservatione suae specie, & est solemnis ac vere philosophica, non corrosio illa sophistica & vulgaris. Praeterea suum humidum primigenium conservatur integrum, quia nostrum hoc agens auro ipso contemperatum in natura est, non contra naturam, ut sunt aquae fortes, quae non omnino sunt de intentione philosophorum.  

    El resultado final es que una “materia auri soluta subsidet in vitri fundo, mellis instar, solubilis in quocumque licore». Esta sustancia aurífica ha perdido su naturaleza metálica, ni es irreductible a metal, ni el fuego puede convertirla en cenizas, y, como la miel, se disuelve sin dificultad en cualquier licor, constituyendo una forma del oro potable. Por destilación de esta sustancia melífica, el cuerpo del oro se separa de su alma, tintura o esencia, que también se prepara en forma potable. Antonio ha obtenido ambas sustancias.

   Illa mellea substantia cuius prius memini, quae continet in se spiritum simul ac corpus auri, que nondum per alembicum transiit, potabile aurum nuncupatur a philosopho, eo quod redigitur in substantiam quae bibi potest, una cum aliis spiritibus et liquoribus.

   Nulla igitur nobis imposturae natam inurere debetis (o viri laureati), si eodem nos utamur titulo, qui utrmaq1ue possidemus, primam scilicet solutionem auri in mellis formam redactam, solubilem in quocumque liquore veluti mel ipsum, & re vera potabilem uti solutum mel, atque tincturam, animam sive essentiam ipsam auri, separatam a suo corpore atque in altiori praeparationis gradu existentem, & potabilem etiam.

       A la objeción de algunos de que el verdadero oro potable es tanto medicinal como transmutatorio, Antonio respondió que él solo se ocupaba de alquimia medicinal, es decir, de hacer que el oro fuera asimilable por el cuerpo humano. De la potencia curativa de su oro potable debían dar cuenta las curaciones.

   Nostrum autem magisterium ex auro [...] quantas et quales sustineat vires in profligandis morbis & atrocioribus affectibus contemperandis, probatione non indiget ulteriori quam oculari experimento & quotidiano. Non desunt ubique locupletissimi teste in auula regia, in civitate hac celeberrima, denique per universam Britanniae nostra insulae.

    La obra acaba con varias cartas de agradecimiento por curas.  

    El alegato de Anthony dio lugar a dos respuestas publicadas. Una, por Th. Rawlin, “utriusque medicinae professor”, titulada Admonitio pseudo-chymicis seu alphabetarium philosophicum [1610 o 1611], “in quo D. D. Antonii aurum potabile obiter refutatur & genuina veri auri potabilis (in omnibus creatis delitescentis) praeparatio proponitur”.  Rawlin, muy versado en literatura alquímica, apuntaló su exposición con múltiples referencias bibliográficas marginales, una media de 20 por página. En primer lugar refutó la realidad del disolvente de Anthony; su argumento fue que el verdadero disolvente de una sustancia se hace uno con esta y por tanto ya no son separables33.

   Vanum itaque & explodendum est illud D. Antonii nugamentum Raymundinum dictum & imaginativum, quod post subiecti corruptionem, distillatione separatur & non remanet in perpetuum. Cum nullum sit verum & genuinum alicuius medicamenti menstruum, nisi naturale proprium maternum, quod cum corpori miscetur, continetur & vnum fit cum eo, & vertit ipsum in spiritum & sic fit permanens (quia posse ab ipso esse nihil differt in perpetuis) in aeternum.

   Et irridenda, quia fatua, est illius aqua instrumentalis ficta, quia instrumentum mere fictitium & non cum humido radicali participans verum [...].

    En conjunto, la Admonitio no es más que otra obra de alquimia tópica en lenguaje alquímico (figurado y/o impreciso) y la “preparación que propone” sigue esa pauta. Así presentó su oro potable:

  [p. 35 s.] Sileant igitur agrestes, fumivenduli, pseudo-chymici & impostores omnes, qui titulis gloriosis, videlicet, Raymundini menstrui, auri vitae, auri potabilis, liquore+is aurei, tinctura solis, mercurii vitae, & huiusmodi imperitum vulgus decipiunt.

   Cum nullum sit verum Raymundinum menstruum, praeter [...]

   Nullum aurum vitae verum, praeter [...]

   Nullum aurum potabile praeter illud solum naturae venerabile, cum succo lunariae ex vino philosophorum confecto, factum & in profundo albi mundi combusti, seu corporis dealbati, magnesiae videlicet, in colore margaritarum translucentium, subtilis, foliatae & fusibilis (vbi spiritus tantummodo vniuntur) absconditum; carum & instar oculorum piscium lumine chrystalina serenitate clarum & vt marmor coruscans; initium operis & fundamentum.

   Non est aurum specificatum mortuum per menstruum Raymundinum a D. Antonio dictum vel fictum, destructum; sed est ipsum solum verum Raymundi vegetabile menstruum [...].

   En 1611 se publicó otra crítica por M. Gwynn, “philiatrus” miembro del College of Physicians34, de título Aurum non aurum, sive In assertorem chymicae sed verae medicinae dessertorem. Gwinne realizó una detallada refutación capítulo a capítulo y casi párrafo a párrafo, pero siguiendo un método argumentativo basado en disgresiones literarias especulativas, y ni rozó la cuestión de la efectividad médica del preparado de Anthony35.  En su crítica al disolvente, negó que lo hubiera no corrosivo, ya que multitud de autores, el principal Paracelso, negaban que el oro pudiera disolverse sin corrosivos.

   De corrodentibus, Libauius e Paracelso impossibile affirmat aurum solui, nisi aqua corrosiua. Ex huius Lullio, e Gebro, e Rosario & alis ostendit aquas corrodentes in hunc finem plures. Quin, Crollius e centum auri potabilis descriptionibus, cum vnam praefert, nec illam comprobatam, tum recipit in illa non modo aquae fortis libram semis, sed in hac soluit salis armoniaci vnciam vnam, vt hinc sit aqua regis qua tantum solues auri quantum libueris.

    Esta respuesta de Gwinne fue la única mencionada por Antonio en su Apologia pro auro potabili36, obra  que apenas ofrece  nada nuevo, fuera de más testimonios.

   Antonio no había ocultado, muy al contrario, que el disolvente de su oro era un menstruo de “Lulio”. Ahora declara que también lo era el procedimiento. Su fuente lulista fue el De medicinis secretissimis37, que trata de extracciones de quintas esencias. La primera extracción explicada es la quinta esencia del oro, cuyo proceso tiene dos partes: en la primera se extrae  la quinta esencia del oro mediante la “quinta esencia del vino”38; en la segunda se separan ambas.

   Quinta essentia auri remanebit in fundo vasis purissima & separata, spissa ad modum mellis sive gummi coloratissimi & unctuosissimi, valens mirabilter ad omnem humanam scilicet & alchymisticam medicinam.

    Como esta quinta esencia de “Lulio” tiene propiedades transmutatorias (alchimistica) y medicinales, Antonio aclaró, de nuevo, que la suya, no tan exaltada, era solo medicinal:

   Haec autem nostra [medicina] non tam sublimem in gradum est exaltata, sed saltem humanorum corporum curationi est destinata.



[32]    «Nec est sub coelo modus alius dissolvendi philosophice corpus solis, quam per universale menstruum mercuriale totius naturae secretissimum.

   En la Apologia pro auro potabili, pars 2, escribió: «Nihil celavi praeter mestrualem illam aquam. In aqua est totum scire & secretum (ut loquitur Lullius).»

[33]   Es el argumento que Bernado de Treves dio al médico Tomás de Bolonia (mediados siglo XIV), respondiendo a una comunicación que este le hizo sobre una medicina suya hecha de “sustancia de oro”.

   Fatui ex minoribus mineralibus faciunt & extrahunt aquas corrosivas, in quas proiiciunt species metallorum & eas corrodunt. Putant enim propterea illas solutas esse solutione naturali, quae quidem solutio requirit permanentiam simul, scilicet solventis & soluti, ut ex utroque, nempe masuclino & foeminino semine nava species resultet.

   Sobre la carta de Tomás, no impresa, y su medicina, v. C. Crisciani, “Il farmaco d’oro. Alcuni testi tra i secoli XIV e XV”, en Alchimia e medicina nel Medioevo (2003),

[34]   Cf. A. G. Debus, The chemical philosophy (1977), pp. 184-85.  Debus señaló que en Londres, a diferencia de París, la corporación médica no estaba sistemáticamente en contra de la química, sino de los charlatanes.

[35]    «[...] censuram Collegii Medici Londinensis, quam de Dn. Antonii auro potabili scripserunt, aliud aurum rationale & in natura non existentis fingentes, [nos] nihili facientes. Nam, quid illa ad nos, cum ipsi rei effectus sufficiens nobis veritatis testimonium perhibeant?» J. Rhenanus, Solis e puteo emergentis (1613), lib. 3, pág. 23-24. La edición en Opera chymiatrica (1635), p. 176, tiene algunas correciones que facilitan la lectura, pero no las hemos seguido.

[36]   Publicada con algunos epigramas de Maier, que se había interesado por ese oro potable.

[37]  Impresa en Libelli aliquot (1572) y reediciones.

[38]   El lulista lo aguza con sal amoniacal, “quia aliter non dissolveret aurum”, lo que convierte al disolvente en corrosivo.

 

   Daniel Mylius publicó en 1618 una obra omnibus titulada Opus medico-chymicum, compuesto de tres tratados o “basílicas”: médica, química y filosófica. La Basilica chymica consta de siete libros que abarcan metales, minerales, gemas, vegetales y animales. El primero de ellos, con el título “Anatomia auri”, es una coleción de recetas que enseñan diferentes operaciones y preparaciones del oro. En el capítulo 9, reunió 26 recetas sobre la “Solutio auri”, todas ellas oros potables con diferentes aplicaciones medicinales.

   Diez años más tarde publicó independiente una refundición muy ampliada de esta parte con un título similar: Anatomia auri sive Tyrocinium medico-chymicum (1628). El capítulo segundo recoge recetas en las que el oro entraba como ingrediente; el tercero  trata “de auri potabilis praeparatione, tam vulgari quam philosophica”;  el cuarto las aplicaciones medicas de este, enfermedades y dosis, capítulo este muy dependiente de la obra de F. Antonio.

   En el capítulo segundo Mylius distinguió dos maneras de preparar el oro potable, una “simple”, otro “filosófica”. La manera simple es la ya vista con las 26 recetas a las que añadió algunas más. La manera filosófica la explicó en una sección titulada “Auri potabilis praeparatio vera, physica ac philosophica, demonstrata etiam cum authoritatibus antiquorum, tam ex theoria & praxi quam historica fide allegata”, donde reunió 333 referencias, en secuencia no cronológica, algunas con citas, otras sólo nombres, que, en lenguaje alegórico o figurado, hacían referencia a la disolución en la elaboración de la piedra filosofal.

     La obra de Angelo Sala, Processus de auro potabili (1630) reúne varias recetas de oro potable, unas anónimas, otras de autores como Quercetanus o Basilio Valentín. Entre ellas está la del “Aurum potabile πολυθύλλητον, seu famosissimum angli illius Francisci Antonii”. A pesar del cuidado que tuvo Antonio en aclarar que su menstruo no tenía elementos corrosivos, el disolvente que le atribuyó Sala es un agua regia compuesta de agua fuerte y sal amoniacal.

   Otra receta le sería tribuida en Collectanea chymica (1684)39. Aquí el “menstruo” está fabricado con estaño y vinagre.

    Vincentius de Carellis, De auri essentia40 (1646) es una apología banal, basada en tópicos, de las virtudes medicinales de la “esencia”del oro. La obra, de la que están ausentes los aspectos prácticos, no explica en qué consiste ni cómo obtener esa esencia; sólo por alusiones se puede deducir que la identificaba con un elixir basado en el oro, más que en una disolución potable.



[39]    The receit of Dr. Fr. Antonie, shewing his way and method, how he made and prepared that most excellent medicine for the body of man.

[40]    De auri essentia et eius facultate in medendis ac sanandis morbis compendium.