CAMPECHANA DE PIRATAS, CEIBAS Y ANTIGUOS ESPLENDORES


Campeche, Mayas, Edzna, baluartes y espadañas

Campeche no es un estado para una sola visita. A su extensión territorial, se suma la riqueza de sus atractivos y las largas distancias entre ellos; lo mejor es definir y dividir el interés del viajero en función del tiempo disponible, porque con seguridad se volverá.

 

El viajero vuelve por su arqueología, por las bellezas naturales o por los sencillos paseos, pero sobre todo por la gente. Los campechanos redescubren al visitante el origen del término campechano: trato amable con voces de sinceridad y alegría. Visitar Campeche es inolvidable.

 

Si viaja por avión, en la nave comienza la aventura: no está de más tener un estómago fuerte, las naves que vuelan a la región son pequeñas y medianas por lo que el despegue y aterrizaje en la ciudad de México es un tanto movido. Pero una vez arriba, nos despiden los volcanes a lo lejos y en poco tiempo la ventanilla nos regala la verde vegetación de la llanura que desciende hacia Nautla, para internarse luego sobre las aguas del Golfo de México. Cuando el clima lo permite, se puede dar un vistazo a las enormes e impresionantes instalaciones petroleras en la sonda de Campeche con sus flamazos y humaredas rompiendo las nubes y el cielo azul en el horizonte. Si viaja por tierra, para llegar a Ciudad del Carmen cruzará el impresionante puente "Zacatal" cerrando la laguna de Términos y visible en las fotos de satélite desde el espacio, no se diga en la nitidez de las imágenes de Google Earth.

 

La ciudad capital Campeche es un puerto con una larga historia unida a las leyendas de los piratas, pero también muestra al visitante lo que fue una de las joyas durante el esplendor del México colonial del siglo XVII y XVIII. Igualmente es un excelente telón de fondo durante la visita para leer la novelita La Hija del Pirata de don Justo Sierra y que retrata la vida cotidiana en la ciudad. La muralla que la rodea ha sobrevivido en buena parte acentuando el carácter de la antigua capital, cobija un excelente museo dedicado a los fundadores de los estudios de la cultura maya, an algunos tramos se puede caminar entre almenas y parapetos y en otro rumbo ofrece por las noches un espectáculo de luz y sonido. A este se debe reconocer la intención más que sus logros. Ojalá se le destinen más recursos para que ese espectáculo aproveche plenamente la espléndida escenografía de las murallas. Visita obligada son los baluartes que defendían la ciudad, particularmente el de San Miguel y si puede, visítelo en e! atardecer ya que es la costa del Golfo de México que permite ver el sol sumergirse en el mar.

 

Ausencia notable dada su riqueza constructiva es un museo con imágenes de la ciudad vieja, sin embargo si visita el Bazar Artesanal sobre el malecón, encontrará  antiguas fotos de cuando el mar llegaba al píe de las murallas. Ese malecón es una belleza en sí: limpio y cuidado ofrece la oportunidad de salir a caminar o correr por mañanas y disfrutar del clima porteño, solo le hace falta una cafetería al aire libre, con buen grano aromático y que abra durante el día. En las cercanías, a cincuenta kilómetros al norte de la ciudad, no deje de visitar la población de Pomuch, lo que digan del pan que se elabora ahí se queda corto.

 

Campeche es también un tesoro escondido en arqueología y en buena parte lo es por la antigua ciudad maya de Edzná. En contraste con los sitios más famosos ubicados en el vecino Yucatán, Campeche posee este lugar poco conocido y de visita obligada: es verdaderamente impresionante. La extensión de su acrópolis, la belleza de la crestería y la simetría de sus edificaciones rodeadas de la espesa vegetación, en donde sobresalen las gigantescas Ceibas, hacen que el visitante pierda la noción del tiempo y del espacio.

 

La entidad posee hermosas playas, aunque da la impresión de ser un recurso poco aprovechado a pesar de un enorme potencia!: una deficiente señalización e información no actualizada en las guías le pueden hacer pasar un mal rato al visitante. En fuerte contraste con las playas que han sido golpeadas por marejadas y se han convertido en pedregales (muy europeo), existe un verdadero oasis llamado Seybaplaya. Si usted entró por tierra a la península, ya pasó por Champotón y lleva horas al volante, tenga por seguro que encontrará un restaurante más que aceptable, una alberca limpia y una hermosa playa que se pierde en el horizonte. Si va en plan de campamento, y recorre esa larga carretera recta con el mar a un lado durante todo el camino, en Punta Xen, encontrará sitios que le ofrecen comida y lugar para su casa de campaña.

 

Como dije al principio, Campeche es muy grande para solamente un viaje. Un recorrido que valdría la pena intentar es el de sus viejos templos cristianos, la hermosa iglesia del Dulce Nombre del Niño Jesús es una pequeña muestra de la riqueza arquitectónica de la región, ahí las espadañas de los pequeños templos carmelitas y franciscanos sobre los promontorios de las pueblos con nombres mestizos, nos recuerda un pasado milenario. Pero antes ya hago los preparativos para visitar la zona sur, con importantes sitios arqueológicos como Becán y la impresionante reserva de Calakmul. Hasta entonces, buen viaje por Campeche.

 

 

 

 

 

El Dulce Nombre del Niño Jesús

 

 

 

Puente El Zacatal

 

 BaluarteS

 

 

 

 

 

Edzná

 

Ceiba en la Hacienda de Uayamon