La influenza y su manejo alternativo

publicado a la‎(s)‎ 13 jun. 2010 14:14 por BIBLIOTECA BIOAUTISMO

   Fuente: Dr. Guillermo Boldrini

   En términos generales, cuando un microorganismo invade al ser humano es porque éste de alguna manera ha abierto una puerta para que ello ocurra. Se puede decir que si el  microorganismo es un virus, lo habitual es que esta puerta abierta esté en el polo neurosensorial y sus sintomatología siga el trayecto de los nervios; por el contrario, cuando es una bacteria, éstas tienden a entrar por el polo metabólico y su dinámica obedece más a la de la sangre. En el caso de la influenza, el virus que la provoca se introduce por el polo cefálico y la sintomatología clínica, que es una vivencia común, comienza con cefaleas y dolores neurálgicos generalizados, que postran y embotan bruscamente a la persona, reflejo de un compromiso neurosensorial. Luego aparecen síntomas propios de un compromiso rítmico: tos,  palpitaciones, sensación angustiosa, trastornos de la circulación periférica, con zonas frías y otras calientes, alternancia de palidez y enrojecimiento de la piel, etc. En algunos tipos de influenza, como es el caso de la porcina, hay síntomas digestivos como nauseas, vómitos, cólicos, diarrea, etc., que reflejan el descenso del compromiso a la zona metabólica.

   El virus influenza posee dos tipos de antígenos en su cápsula: una hemaglutinina (antígeno H) y una neuroaminidasa (antígeno N). La primera es una glicoproteína con actividad hemaglutinante y que es capaz de unirse al ácido siálico de las membranas celulares de los eritrocitos y mucosa respiratoria alta. Usando esta vía el virus se incorpora a las células epiteliales donde inicia su replicación dentro de 4 a 6 horas y gracias a la neuroaminidasa rompe la célula huésped y sigue esparciéndose. Este proceso de incubación dura de 18 a 72 horas hasta que se inicia la respuesta inmune del huésped. A pesar de que los síntomas de esta enfermedad apuntan a una infección sistémica, el virus rara vez sobrepasa los epitelios respiratorios y no es posible encontrarlo, por ejemplo, en el torrente sanguíneo. Todo el cuadro clínico de la influenza se debe a la actividad inmunológica propia del huésped, especialmente por la actividad del interferón, factor de necrosis tumoral e interleukina 6 que luego involucran al resto del sistema inmune.

     Por consiguiente, uno podría preguntarse por qué en una epidemia de virus influenza algunas personas son tan susceptibles y otras no. Por lo expuesto habría dos aspectos que tomar en consideración. El primero es la facilidad que el virus tiene para incorporarse a las células de la mucosa respiratoria e iniciar su replicación, fenómeno que ocurre sin o con escasos síntomas clínicos. Habría aquí un cierto debilitamiento de las barreras naturales del cuerpo que permiten el ingreso de los virus y sabemos que los límites corporales está dado por la actividad del cuarzo en cuanto a la estructuración anatómica. Pero también hay una funcionalidad protectora dada por mecanismos inmunológicos inespecíficos y el sistema de vigilancia macrofágico en la submucosa. Ello es dependiente de la organización del yo y por ende mediada por el hierro. Por tanto en esta primera fase, donde no hay síntomas clínicos aún, pero se vislumbra una cierta susceptibilidad del huésped, se podrían usar ciertos medicamentos como profilácticos: 

Cuarzo: en aquellas personas que corresponden a esta constitución de fondo, pero también en aquellos que sufren problemas donde las barreras naturales ya están alteradas: riníticos crónicos, fumadores y personas como los santiaguinos que por el humo o smog tienen las mucosa rotas o metaplásicas. Mientras más se acerque la persona a la constitución silícica, se pueden usar dinamizaciones altas (D30), pero si los problemas son más funcionales (riníticos vasomotores con mucha sensibilidad al frío) o meramente anatómicos (atrofias o metaplasias del epitelio respiratorio) se usan potencias más bajas: D20 – 12 en los trastornos funcionales y D3 – 6 en los daños anatómicos.

 Ferrum sidereum D6: refuerza las defensas del sistema respiratorio, activando el sistema inmune dependiente de la organización del yo (BALT) 

Ferrum phosphoricum D30: también pone en alerta las defensas del organismo en relación al aparato respiratorio, en especial en sujetos longilíneos, con tendencia a sufrir resfríos al menor enfriamiento y que comprometen oídos o bajan fácilmente a las vías aéreas bajas.  

Phosphoric acid D30: en personas agotadas, estresadas o que están bajo una fuerte presión emocional, cuyo sistema inmune sufre de cierta anergia. También es un medicamento a prescribir después de la gripe, cuando la persona se encuentra aún muy debilitada y se demora en recuperar. 

   Existe la práctica de usar ciertas “vacunas homeopáticas” como el Influenzinum u Oscillococcinum (Anas barbariae) en potencias C200 Korsakoff. También han aparecido ciertos compuestos que se suponen que mejoran el status inmune del huésped (Engystol). Mi sensación es que sirven en ciertas personas, adultas que ya tienen un sistema inmune maduro y funcionante. El problema de esta homeopatía “alopatizada” es que se proclama como una solución contra una enfermedad específica y ello los pone dentro de las exigencias de una medicina basada en la evidencia, que dudo que puedan salir airosos de dicho escrutinio. Estos productos tienen el desafío de delimitar mejor la población que se vería beneficiada con su uso. El ideal es dar el medicamento constitucional a cada persona, en potencia alta, de modo de alertar su sistema HLA y de vigilancia inmune (organización del yo). Dentro de mi experiencia he usado Barium carbonicum, Calcium carbonicum (Conchae), Nux vomica, Phosphorus, Natrium muriaticum, además de Silicea (Cuarzo) y Ferrum phosphoricum.

  Cuando ya han comenzado los síntomas de la influenza, hay que considerar los medicamentos típicos del genio de esta epidemia, que no son otros que los remedios  de la fiebre y de los síntomas respiratorios o digestivos acompañantes. Al producirse la ruptura de las células epiteliales infectadas y el virus penetra en el tejido subyacente, de inmediato es captado por los macrófagos que los procesan y a través de señales ligadas a los antígenos HLA se pone en marcha una respuesta inmunológica destinada a detener la infección viral. Uno de los primeros eventos es la liberación de interleukina 1, que produce fiebre y con ello se acelera la actividad del sistema inmune hasta 6 veces lo normal. Por otra parte se detiene la replicación viral, ya que el virus influenza no es capaz de multiplicarse a temperaturas corporales sobre los 38ºC. También aparecen tasas altas de interferón, responsable de la cefalea, hipersensibilidad sensorial, dolores osteomusculares y neurálgicos; el factor de necrosis tumoral que produce el cansancio, postración y falta de apetito; más tarde aparece una respuesta humoral con la formación de inmunoglobulinas, alrededor del segundo a tercer día de fiebre, que van a bloquear los antígenos virales H y N y con ello la incorporación y dispersión de nuevos virus dentro del organismo. Todo termina con la activación de los linfocitos T citotóxicos (CTL) que van a destruir las células infectadas con virus apareciendo la fase catarral con coriza, tos, etc. El compromiso digestivo puede ser precoz, lo que evidencia un mecanismo neural reflejo, o tardío, en la fase catarral.

 

            Los medicamentos de uso más frecuente en esta primera fase de compromiso nervioso son:

Gelsemium sempervirens: paciente febril3, se encuentra muy debilitado al punto de casi no poder moverse3, con escalofríos intensos3, temblores y dolores en todo el cuerpo. Se queja de frío, especialmente en la espalda2, cefalea intensa3, que no le permite conectarse lúcidamente con el entorno, desea que lo dejen solo, párpados pesados, no puede abrir los ojos3, tampoco tiene sed3. Antiguamente era el medicamento de primera línea en los casos de compromiso meníngeo. Al comienzo se prescribe en D6, pero si no hay reacción y el cuadro es muy congruente con este medicamento, darlo en D30. 

Baptisia tinctoria: este era el gran remedio de los estados tíficos, con fiebre elevada, embotamiento de conciencia con delirios y deposiciones líquidas pútridas. Si el paciente con influenza está postrado, como indiferente o estuporoso, con dolores musculares generalizados, donde lo tocan le duele, mal olor de todas sus secreciones y síntomas gastrointestinales, y que no ha reaccionado a la prescripción de Gelsemium, hay que pensar en este medicamento.

Eupatorium perfoliatum: lo característico son los dolores en todo el cuerpo, como de magulladuras, que llegan hasta los huesos y lo obligan a permanecer inmóvil en la cama3. Muy sediento3, especialmente durante la fiebre2, con frialdad en la espalda3 y a veces vómitos cuando la fiebre está en su apogeo3. Es muy parecido a Bryonia en sus efectos, y en general todas las fórmulas homeopáticas contra la gripe llevan este medicamento, por su marcado efecto sobre los dolores osteomusculares.

Aconitum napellus: es uno de los grandes remedios para la fiebre, si bien no es para pensar a primera vista en casos de influenza. Lo característico es el compromiso nervioso, con ansiedad, inquietud, dolores de tipo neurálgico y sensación de frío intenso. Es muy sensible al frío y el cuadro clínico seguramente se inició después de un enfriamiento. Está especialmente indicado en niños, que además sienten un profundo temor y sensación de que se van a morir. Combina muy bien con Bryonia.

 Bryonia alba: en esos cuadros gripales, que en una primera etapa corresponden a Aconitum con el compromiso nervioso y su agitación, al aparecer los dolores que inmovilizan al paciente se prescribe Bryonía. Los síntomas que corresponden a este medicamento son cefalea y dolores agudos y punzantes3, que mejoran con el reposo y la presión sobre la zona afectada3, especialmente a la derecha del cuerpo; sed extrema3, deseo de estar solo e inmóvil, porque cualquier movimiento los exaspera y agrava los dolores3, con respiración corta y superficial3, humor rabioso e inquietud anímica, pero físicamente los dolores le impiden moverse. Hay sequedad de mucosas3, especialmente de vías aéreas, con tos seca3, muy dolorosa3.


            En la fase respiratoria, cuando el compromiso broncopulmonar es más importante con la tos y las descargas de secreciones, toman relevancia otros medicamentos, algunos de ellos orientados a tratar las complicaciones de la influenza, tales como neumopatías, sinusitis, otitis, e incluso esos casos severos que ponen en peligro la vida.

Arsenicum album: paciente febril, postrado, con dolores quemantes3, inquieto3, ansioso3, lleno de temores3, con síntomas respiratorios como coriza acuosa, profusa, irritante3, conjuntivitis3, y muy sediento, pero apenas toma el primer sorbo no quiere más3. Cuando aparece la tos, rápidamente se intensifica hasta accesos nocturnos3, que no lo dejan dormir, y que es gatillada por el frío y al beber líquidos3. Inicialmente es tos seca, pero rápidamente comienza a soltar secreciones. Son frecuentes los vómitos, violentos3, también cuando bebe agua o come3, con deposiciones líquidas3. (Hay un remedio llamado Sarcolactic acid, que se usa en aquellos pacientes que correspondiente al cuadro típico de Arsenicum, sin embargo no reaccionan y predominan las vómitos incontrolables y problemas musculares con postración absoluta)

Arsenicum iodatum: es similar al Arsenicum album, pero su sintomatología se concentra más en las vías aéreas superiores3, con secreciones verdes, excoriantes3, en pacientes que ya vienen con cierto desgaste3 y la tendencia a problemas riníticos crónicos, muy sensibles al frío3.

Phosphorus: congestión obstructiva nasal3, con epistaxis3, ronquera3; tos seca3, agotadora2, con la sensación de una opresión en el pecho3. Desgarro con sangre3. Muy débil3, no puede caminar, con temblores en las extremidades2. Todos sus síntomas son bruscos y violentos, con una tendencia descendente hacia los bronquios. Se usa en potencias bajas en el estado agudo. Si hay compromiso de oídos, con dolor, se puede preferir el Ferrum phosphoricum D6. Después de superada la etapa aguda de la gripe, se puede indicar igual que el Phosphoric acid D30 para ayudar en el restablecimiento del ánimo y la debilidad post-influenza. Si el compromiso pulmonar hemorrágico es muy intenso, con tendencia al colapso, pensar en Crotalus horridus.

Rhus toxicodendron: este es un medicamento que se usa mucho en problemas reumáticos, pero también hay que pensar en él en esas gripes que sobrevienen después de estar expuesto a la humedad y que cursan con fiebre elevada3, escalofríos3, delirios nocturnos3 y dolores intensos de todos los huesos3, con mucha inquietud nocturna3, que los lleva a estar constantemente en movimiento ya que con ello mejoran sus dolores3 y también la tos2. Mucosas secas3, con gusto metálico en la boca3, punta de la lengua adolorida3, tos seca2, corta3 cada vez que se destapa3 y se enfría3. Adenopatías cervicales3.

Tartarus stibiatus: pacientes con respiración rápida3, estertorosa3, disneicos3, que presentan tos que se detiene3, con asfixia3 y no logra expectorar3. Corresponden al paciente con una neumonía o bronquitis con tendencia a la formación de atelectasias3. Se aprecian muy debilitados3, con mucho sueño3, aleteo nasal2, incluso cianosis2, incapaces de moverse o sostenerse solos. Nauseas3, especialmente cuando están con fiebre alta.

 

Camphora: corresponde administrarlo bajo dos circunstancias: al inicio para ayudar a que la fiebre ceda y se produzcan los escurrimientos, y en aquellas situaciones graves, con un paciente que se ve sin fuerzas propias suficientes para reaccionar. El cuadro clínico típico está caracterizado por un frío intenso3, tanto subjetivo como objetivo, con postración3, colapso3, palidez facial3, tras una gripe que se ha prolongado y desvitalizado al paciente en forma intensa y aguda3. Cuando comienzan los escurrimientos nasales y desaparece la cefalea y congestión cefálica, hay que pensar en otro remedio.

            Cuando lo que predomina es la congestión cefálica, con descargas mucosas profusas de la nariz, estornudos y congestión intensa, síntomas más propios de un resfrío, pero que muchas veces una influenza no se manifiesta más que de esta manera, además de Phosphorus o Arsenicum iodatum, hay que pensar en:

Sabadilla: ataques de estornudos3 y lagrimeo2 al salir al aire libre2, con escalofríos que suben por la espalda3, acompañados de coriza acuoso2 abundante, que mejora al entrar en un ambiente abrigado2. Raro que tengan fiebre, cefalea en las sienes2, sin sed3 y odinofagia al tragar2, en un paciente ansioso2 y con percepciones anómalas y exageradas de su cuerpo3.

Allium cepa: Coriza abundante3, acuosa3, fluida3 que irrita la nariz3, acompañada de estornudos frecuentes2, tos ronca3 e inflamación ocular3, con ojos rojos3, epífora3, que al contrario de Sabadilla, mejora al aire libre2 y se agrava en habitaciones calefaccionadas3, por el olor de las flores3, frutas3.

Sticta pulmonaria: puede indicarse cuando ya pasó el cuadro agudo de la influenza y la nariz sigue inflamada, con compromiso de senos paranasales. En estos casos la nariz está más bien seca3, obstruida2 con la mucosa erosionada, llena de costras3 que impulsa al paciente a querer sonarse3.

            En esas influenzas con mucho componente digestivo en el cuadro clínico, como nauseas, vómitos, diarrea, dolores abdominales, falta de apetito, pueden corresponder a:

Dulcamara: el cuadro clínico se parece mucho al de Rhus toxicodendrum, pero más centrado en la parte respiratoria alta y digestiva: gripes por exposición al frío y la humedad3, con cefaleas frontales2, fiebre suave2 sin escalofríos, coriza acuosa2 escasa o ausente2, epistaxis2, dolor de garganta2, sed conservada2, apetito disminuido2 que se acompañan de nauseas3 y vómitos2. Eructos2, cólicos abdominales3, antes de evacuar3, con deposiciones líquidas3. Tos seca2, ronca2.  Son pacientes atópicos con la tendencia a presentar erupciones eccematosas3, húmedas3, con formación de costras3 en todo el cuerpo3.

Ipecacuanha: también en esos casos de influenza donde hay síntomas digestivos y respiratorios, caracterizados como espasmos musculares violentos e intensos: tos seca2 en accesos que sofocan3 y tornan cianótica la cara del enfermo3, terminando en nauseas3 y vómitos biliosos3, persistentes3, extenuantes, peor después de la cefalea3, sed escasa2. Es de gran utilidad en neumopatías febriles3 con expectoración difícil3, desgarro hemoptoico3, en niños irritables2, inquietos2, sudorosos3, que además presentan deposiciones líquidas y profusas3.

Veratrum album: son gripes violentas, que llegan rápidamente a la postración3 con pérdida de la vitalidad, sensación de frío intenso en la sangre2, los huesos2, cianosis facial3, acompañados de vómitos violentos3, apenas come3 o bebe3; diarrea3 agotadora con cólicos3 y sudores fríos3, profusos3 en la frente3. Se quejan de sed extrema3, con deseo de líquidos fríos3 y ácidos3. Tos espasmódica2, paroxística3.

 

Carbo vegetabilis: semejante a Camphora y Veratrum album, pero más efectivo que ellos en casos de colapso cardiocirculatorio por infecciones severas. Los antiguos homeópatas lo llamaban el “resucitador de cadáveres”. Pacientes con profusión de sintomatología, donde se han usado todo tipo de medicamentos, aparecen embotados3, con frialdad cadavérica3, falta de reacción vital2. Presentan la piel fría3, con sudores fríos3; sangre en las encías3, abdomen distendido y meteorizado3. En la parte respiratoria hay afonía3, ronquera3, disnea que mejora al ser abanicado3 y eructando3.

            

            Hay ciertos compuestos que combinan varios de los medicamentos mencionados y los presentan en un solo preparado, tales como Aconitum/Bryonía, (Pneumodorón 1: Aconitum napellus, pl.tota D2 / Bryonía, radix D2);  Gelsemium comp. (Gelsemium, rhizoma D4 / Arsénicum album D10 / Belladonna, planta tota D6 / Bryonía, radix D3 / Phosphorus D10); Bryonia/Eupatorium comp., (Infludo: Bryonía, radix D2 / Eupatorium, herba D2 / Aconitum; planta tota D3 / Eucalyptus, folium D2 / Phosphorus D4 / Sabadilla, semen D3); Ferrum phosphoricum comp., (Ferrum phosphóricum D6 / Aconitum, planta tota D1 / Bryonía, radix D1 / Eucalyptus, folium D1 / Eupatorium, herba D1 / Sabadilla, semen D1); etc., que siempre ayudan, en algunos pacientes y casos determinados mucho y en otros poco. En la medida que se conozcan los efectos de cada remedio y se identifique con precisión el proceso que vive el paciente, se podrá llegar a la prescripción individualizada que cambie dramáticamente el curso de la enfermedad. 

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BIBLIOTECA BIOAUTISMO,
13 jun. 2010 14:19
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