LAS MILICIAS REPUBLICANAS DE CHILE

Por Juan Bragassi H
 
La Milicia Republicana, fue un cuerpo civil uniformado, militarizado y armado cuyos miembros provenían de las más diversas tiendas políticas y clases sociales.

Ella fue fundada el 24 de julio de 1932, en la terraza de la Escuela de Ingeniería (próxima a los arsenales de guerra del regimiento de artillería Arica y la Escuela Militar), ante la presencia de 54 hombres comandados por el ingeniero Eulogio Sánchez Errázuriz.
 
Sin embargo, su origen lo encontramos en una organización secreta llamada "La Una" o "La Una Tricolor", creada entre el período previo a la caída del primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo y de la denominada "República Socialista", que derribó el gobierno del Presidente Juan Esteban Montero.

 

La milicia declaraba, en sus principios, el haber nacido como consecuencia espontánea en contra de la seguidilla de golpes militares "auspiciados, favorecidos y amparados por distintos grupos de civiles."


Expresaba Fernando Altamirano, quien fuera el primer general comandante provincial de Santiago de la Milicia Republicana y que además era hijo del general Luis Altamirano (quien presidió la junta de gobierno después de la caída del primer gobierno de Arturo Alessandri en 1924): "Cuando se redactaron los principios no se tuvo otro fin que complementar en esa carta de ideales, todo lo que habíamos construido en enseñanzas cívicas entre nosotros mismos, ya que jefes y milicianos éramos todos solo un grupo lleno de confianza y de fraternal iniciativa."


(Testimonio de Fernando Altamirano; Mayorga, Wilfredo; "La Historia que falta"; tomo 9; Editorial Ercilla S.A.)


El miliciano, juraba por su honor el "dar la vida, si fuera necesario, por imponer en Chile el sistema de gobierno Republicano democrático."

 

Sus cuadros poseían un uniforme compuesto por un overol y gorro azul oscuro, un distintivo (parche y piocha) donde

se destacaba la sigla "MR", un cinturón con terciado de cuero y botas de montar de color café. Su emblema, era una bandera de color azul. Poseían además, como medio impreso de propaganda, la Revista "El Republicano", la que se publicó hasta mediados de 1936 y de la que quedó un abundante material fotográfico.


Al poco tiempo de su creación, la milicia contaba con 20 mil miembros, fuertemente armados, que se distribuían en 23 regimientos con cuerpos motorizados, con cuarteles, aviones, comunicaciones radiales y telefónicas.


La milicia, debió luchar en algunas ocasiones por el dominio de la calle, con los demás grupos de choque creados al alero de los entonces jóvenes partidos como el comunista, socialista y nacional socialista.


Los milicianos recibían instrucción, en largas veladas, donde además de hacer gimnasia y movimientos de formación, se les enseñaba conocimiento y manejo de armas de fuego, para lo cual se les instó a incorporarse a los clubes de tiro.

 

Allí, las milicias pudieron tener acceso a los arsenales con fusiles y municiones, y tiempo después – en el Gobierno de Arturo Alessandri Palma-, les fue permitido la importación de armas nuevas, alguna de ellas automáticas.

 

Este grupo paramilitar, contó con la colaboración de militares en retiro, que actuaban generalmente como instructores, más algunos veteranos de la guerra del pacífico - como es el caso del almirante Arturo Wilson Navarrete, sobreviviente del combate naval de Iquique -, que generalmente encabezaban los desfiles como abanderados.


Pese a ello, la Milicia Republicana no fue vista con buenos ojos por las fuerzas armadas, en especial por el Ejército. Esta situación finalmente generó un conflicto con el ejecutivo, lo que derivó en la remoción en la comandancia del ejército, del destacado general Pedro Vignola en marzo de 1933. "Héroe cívico" de la Junta Ejecutiva Civil Constitucionalista, nacida de la revolución de Antofagasta en 1932.


El día 7 de mayo de ese año, la Milicia Republicana realizó una sorpresiva y multitudinaria concentración en la ciudad de Santiago. Prueba de fuerza, que se inició en el Club Hípico de Santiago y que derivó en un gran desfile frente al Palacio de La Moneda. Esta actividad fue presenciada por un complacido Presidente Arturo Alessandri, quien se encontraba acompañado entre otros, por el presidente del Senado, Alberto Cabero; el de la cámara de Diputados, Gabriel González Videla; el ministro de relaciones, Ismael Cruchaga y el de hacienda, Gustavo Ross Santa María.


Al finalizar el desfile, el presidente afirmó ante la muchedumbre "El gobierno no ve en la Milicia Republicana ningún peligro y, por el contrario, ve en ella una base de seguridad institucional; autoriza su existencia y le presta amparo."


Las críticas respecto a la legalidad de la existencia de la milicia, fue encabezada en el parlamento, a través de la presentación de tres proyectos encabezados por Carlos Vicuña Fuentes, Juan Antonio Ríos y Andrés Escobar.

 

Dichos proyectos fueron rechazados, al igual que la querella presentada por un grupo de abogados en Talca, cuyo fallo fue confirmado por la Corte de Apelaciones de Talca y de Santiago.


Con el tiempo, la presencia de la Milicia Republicana fue volviéndose molesta para el ejecutivo, quien experimentó rápidamente la pérdida del apoyo de las masas.

 

Por otro lado, la milicia tenía detractores, tanto en el gobierno y la derecha, lo que finalmente fue mermando su espíritu, decidiéndose finalmente su disolución a mediados de 1936.


En esa misma época, anotaba el escritor Joaquín Edwards Bello: "(…) En el fondo, la milicia es intachable por lo que respecta a su origen y sus móviles. La impopularidad reside en su composición de personas pudientes en sus dos terceras partes, lo cual, en tiempos de populachería, parece defecto imperdonable (…) Los milicianos no discuten ni inventan programas nuevos; son un curioso ejemplo de buenas intenciones, falta de brillo y vitalidad inerte. El fervor de los primeros días de su creación se apagó, junto con ese no sé qué de viril, deportivo y juvenil que caracterizó su fundamento."


(Edwards Bello, Joaquín; En: "Nacionalismo Continental"; editorial Zig zag; 1968, pp192).


Respecto a la disolución de la Milicia Republicana, expresaba Fernando Altamirano: "Recibimos tantas palabras de aliento como de ataque. Se nos dijo que defendíamos intereses de grandes empresas y de la derecha política. Falso. Absolutamente falso. Eso lo hicieron las tristemente famosas Guardias Blancas, que se formaron a la caída de Ibáñez y a la de Montero y Blanche (…) En nuestras filas no entró jamás la política y la llamada derecha chilena fue la que menos ayudó a nuestra existencia…, y para muestra, allí está el discurso de nuestro presidente del estado Mayor General, doctor Julio Schwarzenberg, cuando disolvió la Milicia, donde ataca firmemente la insensibilidad y el egoísmo de la derecha política de Chile."

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