Comparación de Síndromes

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Comparación Con Síndrome De Medea

La necesidad de venganza alcanza sus extremos
 en el Síndrome Medea (4, 5). "Las Medeas modernas no desean matar a sus hijos, pero sí quieren venganza de sus ex esposas o esposos y lo logran destruyendo la relación entre el otro progenitor y el niño... El síndrome Medea se inicia con el matrimonio en crisis y la separación subsiguiente, cuando los padres pierden, en ocasiones, de vista el hecho de que sus hijos tienen necesidades distintas a las propias y comienzan a pensar en el niño como una extensión del propio yo... Un niño puede ser utilizado como agente de venganza contra el otro progenitor... o la rabia puede conducir incluso al robo del niño" (5) Los "amargamente caóticos" progenitores descritos con anterioridad por Wallerstein y Kelly pueden incluso caer en la categoría de los vengativos (2). Estos progenitores liberan su intensa ira de manera desorganizada pero crónicamente disruptiva, que bombardea a los niños, más que les protege, con la cruda amargura y el caos de los sentimientos de dichos progenitores para con el ex-cónyuge y con el divorcio mismo.

Síndrome de la Madre Maliciosa Respecto al Divorcio.

Turkat hubiera debido llamar a esta perturbación "Síndrome del progenitor Malicioso", pero dejándolo así, esta perturbación describe una clase especial de progenitores alienadores, que emprenden una campaña multifacética y despiadada de agresiones y engaños contra el ex-cónyuge, como medio de castigarle por el divorcio (6, 30). En contra de la opinión de Turkat, la autora ha localizado varios casos en los que el padre era el progenitor malicioso, como ilustra el caso descrito al final de esta sección. Cuando hace mención al PAS, Turkat lo clasifica como una forma moderada de interferencias en las visitas en comparación con el Síndrome de la madre maliciosa en relación con el divorcio. El progenitor que sufre de este último emplea toda una gama de tácticas, incluyendo la litigación excesiva, la alienación del niño respecto del padre objeto y la involucración del niño y de terceras personas en acciones maliciosas en contra del ex-cónyuge. La mentira y el fraude se utilizan rutinariamente. Un progenitor malicioso podría hacer que su esposo fuera investigado por uso de drogas ilegales en el trabajo, o denunciar a su nueva parea. Los progenitores maliciosos suelen utilizar con éxito la ley para castigar y acosar al ex-cónyuge, a veces en violación de la propia ley, pero saliéndose eventualmente con la suya. Sus esfuerzos para interferir con el régimen de visitas del padre objeto son persistentes y omnipresentes, incluyendo los intentos de bloquear al padre objeto en la regularidad y continuidad de su régimen de visitas con el niño, y de mantener el contacto telefónico con ellos, así como intentando bloquear al padre objeto de la participación en la vida escolar y las actividades del niño.

Las suspicacias y los ataques verbales del Sr. C. Contra su esposa finalmente la condujeron a solicitar el divorcio. Como en ocasiones anteriores, el Sr. C. amenazó con que, de no se reconciliaban, él obtendría la custodia de su hija de cuatro años y se aseguraría de que la madre no la volvería a ver. En el pasado, la Sra. C. había cedido, temiendo que el Sr. C. cumpliera sus amenazas, pero esta vez no lo hizo. El Sr. C solicitó la custodia única basándose en la falsa acusación de la falta de idoneidad de la madre. Cuando estas alegaciones no se pudieron sostener, el padre formuló otras nuevas. Un año después de la demanda, la Sra. C. se comprometió con otro hombre. El Sr. C. se las arregló para romper el compromiso acusando al novio de abusar sexualmente de la niña. Hizo que la policía arrestara al novio en casa de la madre. Cuando los servicios de protección infantil informaron a la madre de que se llevaría a la hija ante su fracaso en protegerla, la madre canceló su compromiso, aterrorizada de que el r. C. cumpliera su amenaza de llevase a su hija. Cuando la policía y los servicios de protección infantil investigaron las acusaciones de abuso sexual y comprobaron que tal abuso nunca existió, la Sra. C. prosiguió con sus planes de boda. El padre lanzó acusaciones de abuso sexual contra el nuevo esposo de la Sra. C. en los juzgados de familia, y logró de manera temporal obtener la custodia. Cuando la evaluación ordenada por el juzgado determinó que las acusaciones no tenían fundamento y que el padre estaba emocionalmente perturbado y presionaba al hijo a reportar abusos, se le devolvió la custodia primaria a la madre. Durante su tiempo de visita, el padre y un amigo continuaron interrogando a la niña sobre abusos de su padrastro, y a medida que el tiempo transcurrió, ella se fue sintiendo crecientemente presionada para darles la razón. Lejos de la influencia paterna, no obstante, la niña disfrutaba su familia, con su madre y padrastro. Ella declaró a diferentes terapeutas que ella sólo había acusado a su padrastro de abuso sexual para complacer a su padre y al amigo de este.

Entretanto, el Sr. C. y su amigo continuaron reportando abusos contra el padrastro, creando un considerable trastorno a la Sra. C y a su nuevo esposo y a la hija. Finalmente, cuando la niña tenía diez años, el padre logró que el tribunal de menores adquiriera jurisdicción y le diera la custodia, pese a que los exámenes médicos de la niña no apoyaban las crecientemente graves acusaciones. A la Sra. C. no se le permitía ver a la hija. Cuando ella intentó contactar con el terapeuta que ahora estaba tratando a la niña por abusos sexuales realizados por el nuevo esposo de la Sra. C, el terapeuta fue arisco y rehusó hablar con ella. La madre fue torturada por los informes de de una serie de asistentes sociales del cuerpo de protección de la infancia que indicaron que la niña actuaba de manera extraña y a menudo auto destructivas. Con doce años, fue detenida por la policía por ejercer la prostitución y tuvo que ser internada en un psiquiátrico. Varios profesionales que habían estado involucrados en el caso cuando la madre tenía la custodia se preguntaron si el Sr. C. estaba deliberadamente destruyendo a su hija como venganza contra la madre. El Sr. C. pudo retener la custodia, no obstante, concentrando la atención de las autoridades en las acusaciones de abuso sexual contra el padrastro.

Tiempo

Mucho an
tes de que Turkat identificase el Síndrome de la Madre Maliciosa en Relación al Divorcio, un psicólogo cuya ex esposa padecía ostentosamente el trastorno, escribió un libro en torno a esta ordalía (31). Acusándole de abusar sexualmente de su hija, la madre logró que la policía le detuviera a él en su oficina, en presencia de sus clientes y sus empleados. También logró que estuvieran presentes unos reporteros de prensa, para que las fotos del sorprendido psicólogo siendo esposado y conducido a la cárcel tuvieran amplia difusión. El padre plantó cara y eventualmente obtuvo la custodia conjunta cuando el tribunal decidió que los extremados esfuerzos de la madre para amputar la relación del padre con su hija resultaban en detrimento de la misma, despojándola de la custodia única.

Características personales de los progenitores que realizan falsas acusaciones de abuso sexual en las disputas del divorcio.

Wakefield y Underwager emprendieron una revisión sistemática de los casos de archivo sobre divorcio y custodia a fin de examinar y comparar las características de 72 acusadores en falso, 103 padres acusados falsamente y un grupo de control de 67 progenitores que habían disputado por la custodia pero sin realizar acusaciones de abuso (28).

Los criterios para determinar si un progenitor había acusado en falso incluían el pronunciamiento judicial de que el abuso no había existido. De los tres grupos, el de progenitores que acusaban en falso tenía muchas más probabilidades de haber sido diagnosticado por un profesional como aquejado de un trastorno de la personalidad, incluyendo confusión, falta de especificidad, histrionismo, enajenación, pasividad/agresividad o paranoia. Sólo en torno a la cuarta parte de los falsos acusadores no mostraban patologías graves, mientras que la mayoría de los padres que estaban disputando la custodia sin acusaciones de abuso fueron consideradas como normales. Algunos de los falsos acusadores estaban tan obsesionadas con la rabia hacia sus ex-cónyuges que esto devino lo más importante de sus vidas. Continuaban obsesionados con el abuso a pesar de las conclusiones negativas por parte de los profesionales de la salud mental y de los tribunales, de manera similar a la obsesión padecida en casos de trastornos alucinatorios y el Síndrome de Muchhausen por terceras partes. La relación de los progenitores acusadores en falso con sus hijos se caracterizan a menudo por ser extremadamente controladoras y simbióticas. Dos de ellas recibieron un diagnóstico formal de locura a dos entre progenitor e hijo. Varios exhibieron trastornos extremadamente graves, tales como comportamiento imprevisiblemente raro, la creencia de que poseían poderes sobrenaturales y delirios de grandeza. Estos autores hallaron más similitudes que diferencias entre las madres y padres que acusaban en falso, de las cuales la inmensa mayoría eran madres.

Síndrome SAID.

Blush y Ross han aportado tres perfiles psicológicos para madres que acusan en falso, y un perfil típico de padre acusador (3, 26, 27). Las madres tienden a presentarse como "víctimas atemorizadas", "vindicadoras con justificación" o, hasta cierto punto, psicóticas. La presentación como "víctima atemorizada" implica la manipulación de la imagen social en torno a un tema específico al cual los demás responden con comprensión y apoyo, tal como un abuso a un niño o a una esposa. Las "vindicadoras con justificación" inicialmente se presentan como organizadas intelectualmente, con una programación consciente, incluso pseudo científica, similar a lo que Clawar y Rivlin reportaron cuando contemplaron la motivación del "yo tengo la razón" como un factor importante en algunos progenitores programadores. Las mujeres del tercer grupo presentan una combinación de confusión y características histriónicas, que interactuaban con el stress del divorcio para deterioraban la percepción de la realidad de la madre interfiriendo significativamente con su desempeño, a veces hasta el punto de alcanzar una manifestación psicótica o casi psicótica. DE manera similar a los hallazgos de Wakefield y Underwager (28), las madres de las tres categorías tendían al histrionismo en sus manifestaciones, tan emocionalmente convencidas de los "hechos" que ninguna cantidad de información, incluyendo la procedente de profesionales neutrales, podía disuadirla de sus percepciones. De acuerdo con Blush y Ross, el típico perfil de los padres acusadores es de rigidez intelectual y de una necesidad de ser "correctos", posiblemente contrapartidas masculinas de las madres "vindicadoras con justificación". Por su historial, estos hombres eran hipercríticos con sus esposas cuando el matrimonio estaba aún intacto, rápidos para sospechar de su negligencia y de acusarlas de ser malas madres. El trabajo de Gardner está referenciado en los artículos que tratan del segundo y tercer síndrome SAID de estos autores (26, 27).

Diadas Acusador y Acusado.

Se puede obtener información importante sobre un padre programador que emplea falsas acusaciones de abuso en el modo particular de acusar. El estudio realizado por Thoennes y Tjaden muestra que la batalla va más allá del madres contra padres y viceversa (12). Los progenitores no sólo se acusaban los unos a los otros, sino mutuamente a las respectivas nuevas parejas o parientes tales como abuelos o al hijo adolescente de la nueva pareja. Un progenitor que acusa a la nueva pareja de su ex-cónyuge puede buscar el logro de varios objetivos simultáneamente, expresando sentimientos de celos, venganza y tratando de evitar que el hijo forme un vínculo positivo con la nueva figura paterna. Las acusaciones contra los parientes del padre objeto pueden contener una combinación de venganza, acusaciones que no son fáciles de contrarrestar por parte del ex-cónyuge en tanto que no se han formulado directamente contra él, y un medio de excluir a los parientes del contacto en la vida del hijo tras el divorcio. El acusador puede desatar un conflicto devastador para el padre objeto, acusando a su hijo adolescente de un matrimonio anterior o al hijo adolescente de la nueva pareja de su ex-cónyuge. Esto tiene el efecto de forzar al padre objeto a "escoger" entre su hijo involucrado en la acusación formulada y otro niño al que ama y del que es responsable. Esto refuerza la habilidad del padre alienador para convencer al niño de que su papá no se preocupa de él.

El progenitor delirante .

Rogers cita el PAS en su informe sobre cinco casos de divorcio / custodia en los que el progenitor acusador, todas madres en esta muestra, sufrían de trastornos de delirio (32). Los niños eran sumidos bajo indebida influencia para hacer que aceptaran la acusación psicótica de la madre y el rechazo concomitante del padre en un escenario de PAS grave. Cuando el niño sucumbía, también podía verificarse una diagnosis de trastorno paranoico compartido, también conocido por locura a dos. De acuerdo con Rogers, las primeras fases del trastorno delirante de la madre se presentaron en alguna medida durante el matrimonio y los exacerbados conflictos entre los padres anteriores a la separación. Sin embargo, estos sutiles síntomas no se identificaban de inmediato como enfermedad psiquiátrica, y sólo reconocían en retrospectiva, a medida que los síntomas de la madre empeoraban en el curso del divorcio y de las disputas surgidas en el interim. Uno de los casos de PAS grave reportados por Dunne y Hedrick era un ejemplo de madre que desarrollaba un trastorno de delirio. Los "síntomas sutiles" se expresaban como sospechas durante el embarazo de que el padre iba a abusar del niño, similares al caso que este autor trató en el que las sospechas albergadas por la madre incluso antes del nacimiento del niño la impulsaron a su abducción unos meses más tarde. Según Rogers, las madres que entran en delirio eran normalmente las principales cuidadoras del niño. En los dos casos recibieron la custodia desde la primera fase del proceso por la custodia, tras lo cual se evidenció la naturaleza insoluble de su enfermedad mental y el juzgado dio la custodia al padre en cuatro de los cinco casos.

Síndrome Munchausen por terceras partes.

En algunos casos de PAS, en especial aquellas con falsas acusaciones de abuso, pueden existir características importantes en común con el Síndrome Munchausen por terceras parets (MSP), en el cual los progenitores cubren sus necesidades vicariamente, presentando a su hijo como un enfermo (23). En los casos de MSP clásico, los progenitores llevan repetidamente a los niños al doctor para pruebas y tratamientas innecesarias, a menudo dolorosas, que el médico se inclina a realizar basándose en la narración distorsionada del progenitor. El MSP "de tipo contemporáneo" se da cuando un progenitor fabrica un escenario de abuso para un niño y accede de buen grado o busca activamente reiterados exámenes policiales del niño en relación con el abuso, o de asistentes sociales o terapeutas (23). El concepto de MSP de tipo contemporáneo se elabora sobre la idea avanzada por Sinanan y Houghton de que los nuevos tipos de comportamiento MSP evolucionarán en paralelo con los nuevos servicios solciales o médicos, por ejemplo, el nuevo sistema de protección a la infancia (33). Los padres con MSP pueden cambiar o inventar nuevos síntomas en el niño para obtener más fácilmente la respuesta deseada por parte de un organismo o institución que ofrezca servicios especializados. Por tanto, el mismo niño puede estar recibiendo atención simultáneamente por síntomas físicos inventados de proveedores médicos severos y por abusos sexuales inventados de terapeutas o agencias públicas especializadas en los abusos. Una evaluación cuidadosa y minuciosa sobre las acusaciones de abusos sexuales puede darla por cuestionable o falsa, lo que a menudo llama la atención de las autoridades sobre un progenitor que está practicando tanto el "clásico" como el "contemporáneo" MSP.

Igual que sucede con el PAS, el MSP es mayoritariamente practicado por las madres, aunque los padres y otros cuidadores pueden también adoptar estos comportamientos. Los progenitores con MSP mantienen su equilibrio físico a través del control y de la manipulación de fuentes externas de gratificación social, incluyendo al niño y a las personas que le atienden. A los médicos y otros proveedores de servicios de salud se les llama a veces "participantes por terceras partes" en el MSP, por su importancia en contribuir a los fines de los progenitores, incluyendo las falsas acusaciones de abusos. Hay al menos cuatro manifestaciones tipo en las que el MSP y el PAS se solapan: 1) Una madre MSP puede, durante el matrimonio, añadir falsas acusaciones de abuso a los síntomas imaginados del niño, precipitando así el divorcio. 2) En los casos en los que el progenitor MSP se siente rabioso o rechazado en el divorcio, manipular la atención médica del niño e involucrarle en falsas acusaciones de abuso puede cumplir múltiples funciones, incluyendo la venganza, el mantenimiento del lazo simbiótico con el niño y la preservación de la libertad para proseguir con su comportamiento MSP. 3) Un progenitor enfrentado a las pérdidas y el stress del divorcio puede responder con un comportamiento tipo MSP para obtener apoyo social de parte del niño y quienes atienden a la salud de este. 4) Un progenitor alienador puede exhibir un comportamiento MSP manipulado a los cuidadores médicos del niño con el propósito primario de dilatar su programa de alienación (35).

En el PAS con características de MSP, el progenitor alienador puede ganar autoridad legal para controlar y determinar a quién ve al niño y qué tratamiento se le ha de administrar. El niño puede ser llevado al doctor tras las visitas paternas para detectar síntomas prefabricados o inducidos atribuidos al abuso o negligencia del padre. El niño estará posiblemente presente en el momento en el que el progenitor alienador hace esta presentación negativa del otro progenitor al doctor, quien inadvertidamente presta su apoyo al relato denigrante mientras lo escucha, formulando preguntas y examinando al niño. El padre objeto puede verse incapaz de parar este ciclo a causa de que los proveedores médicos engañados por el progenitor alienador, y aquellos que creen sus afirmaciones sin cuestionarlas a menudo rehúsan hablar con el padre objeto o permitirle acceso a los historiales médicos. El resultado para el niño es lo que Rand llama el abuso tipo MSP. Rand expande la formulación de Meadows del MSP como una forma compleja de abuso emocional aplicando los cinco tipos de mal trato psicológico de Garbarino. La investigación sobre el MSP muestra que a veces se solapa con otras formas de abuso o negligencia (36).

Progenitores Abductores de Niños.

Según Huntington, el robo por parte de un progenitor de un niño tras el divorcio ha ido en aumento desde mediados de los años setenta, paralelamente a la tasa de divorcios y al boom de los litigios sobre la custodia de los niños (18). Un progenitor abductor percibe las necesidades del niño como secundarias en relación con sus propósitos que consisten en provocar, agitar, controlar, atacar o torturar psicológicamente al otro progenitor. No debe extrañarnos, pues, que la abducción tras el divorcio sea considerada como una forma grave de abuso al niño. El maltrato psicológico puede predominar, o verse acompañado por el abuso y la negligencia físicos. Los progenitores abductores tienen la idea de que el niño estaría mejor sin el otro progenitor. Clawar y Rivlin descubrieron que los posibles abductores se sentían a menudo frustrados en sus esfuerzos por ganar acceso a sus hijos a través del sistema legal y se sienten "forzados" a abducir al niño (7). A veces están tan convencidos del terrible escenario que describían sobre el padre objeto que se sienten "sin otra alternativa" más que huir con el niño y ocultarse. Para obtener la cooperación de un niño en el mantenimiento del secreto, el abductor debe proseguir lavando el cerebro 
del niño con miedo al padre objeto y lo que sucedería si este pudiera encontrarles.

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