Vivo en Santiago y en unos años más iré al liceo. Por ahora me dedico a ser investigador para el alcalde de mi comuna. Me ha llamado esta vez para conversar una misión muy importante y muy secreta. Para cumplirla debo ir a El Parque, un lugar muy alejado de la ciudad para el cual debo tomar el Tren Rápido del Sur. Fui a la estación a tomar el tren y ahí me dí cuenta que había otros dos niños que iban conmigo, sentados al frente. No sé si los otros vagones van vacíos. El tren es bastante rápido. Es tan rápido que no se alcanzan a ver los paisajes de afuera. No podemos saber por dónde vamos! Sólo veo líneas naranjas y verdes pasar veloces por la ventana.

     Hice algunas investigaciones sobre El Parque. Queda al sur de la ciudad y es gigantesco. Se dice de él que está poblado por algunas tribus que no se han inscrito en el registro civil, algunas son realmente salvajes, otras simplemente antisociales, pero dueñas cada una de un conocimiento particular. Alguna vez vivieron en majestuosos edificios, pero ahora deben de estar corroídos por la vegetación. Las edificaciones fueron realizadas hace muchos muchísimos años, en alguna fecha que nadie dejó registrada. Es por esto que ya nadie se atreve a visitar este parque y nadie es capaz de dibujar un mapa del lugar... El último santiaguino que lo visitó, volvió muchos años después, viejo y con Alzheimer, directo a internarse en algún hogar de ancianos... no pude encontrarlo.

     De pronto el tren se detuvo. Por la ventana pude ver una puerta gigantesca. Creo que tiene el porte de dos enormes gigantes, si se parara uno sobre el hombro del otro. En realidad, al mirar hacia arriba, quedé encandilado por el sol antes de reconocer el final de la reja. Las puertas del vagón del tren se abrieron automáticamente y mis dos compañeros y yo nos bajamos en la estación. Al mirar hacia los lados observamos que de los muchos otros vagones del tren se bajaron aún más niños y niñas, todos con caras de sorprendidos, mirando alternativamente hacia el cielo, tratando de alcanzar con la vista el final de la puerta de El Parque, y hacia los lados, descubriendo a los otros niños. Nos miran con cara de desconocidos así como yo los miro a ellos. Creo que ellos son de otras comunas, por lo tanto, quizás, ellos han sido enviados por otros alcaldes con otras misiones tan importantes como la mía.

Todos caminamos juntos, en silencio, atravesamos la puerta y el Parque apareció ante nosotros.   

Ante nuestras vista se extendía en línea recta un camino ancho, rodeado de árboles, tan tan largo, que se perdía a lo lejos, sin dejar ver dónde terminaba. 

A la derecha del camino se levantaba alto y silencioso un edificio blanco. Desde donde estábamos podíamos ver claramente una puerta para entrar. 

A la izquierda vimos  un campo de pasto y tres torres de colores. Probablemente, si caminamos hacia ellas encontremos por el otro lado una puerta para entrar y ver qué hay más allá. 

 Nos juntamos todos, sin preguntarnos ni el nombre comenzamos a discutir qué haríamos... 

- ¿Vamos todos juntos? pregunté. 

- Sí, lo mejor es quedarnos todos juntos para protegernos. Entonces sigamos el camino hacia adentro del parque. 

- Eso es muy peligroso! ¿Quieren estar al descubierto? Mejor entremos al edificio blanco.

- No! yo quiero saber qué hay dentro de esas torres de colores. 

Y se armó la discusión... todos querían seguir por diferentes lados. Decidimos finalmente separarnos en tres grupos y cada uno eligió una opción. Los distintos grupos partimos en busca de nuestros destinos.

 

Para seguir por el camino que se pierde a lo lejos, click acá. 

Para entrar al edificio blanco y alto haz click acá

Para caminar alrededor de las torres de colores, haz click acá.