Interculturalidad como un espacio posible de construir

Ariel Antillanca 

Existen en este país variadas experiencias donde se ha puesto en práctica la interculturalidad, las que más conocemos están en el ámbito de la educación y de la medicina intercultural, las que han sido implementadas desde el Estado como una respuesta frente a las demandas de los pueblos originarios. Pero la interculturalidad no se puede reducir exclusivamente a estos dos aspectos de nuestra vida social, menos estar supeditada ni girar en torno a lo que el Estado nos pueda otorgar. 

Creemos que es posible plantear el tema de la interculturalidad en el conjunto de la sociedad chilena como una práctica que cruce sus diferentes organizaciones e instituciones de lo que se llama la sociedad civil. Con la cual pretendemos abrir espacios donde se materialicen las relaciones interculturales a través de un diálogo abierto, el que propicie acciones que fortalezcan la convivencia entre la cultura mapuche y la chilena. Ello marcaría una presencia nuestra en espacios donde no la tenemos.

La interculturalidad se presenta así, como el fundamento que sustenta y articula al sujeto mapuche en su relación con los no mapuches en los diferentes ámbitos de la vida social, pues es ahí, en la vida social, donde se dan las relaciones entre culturas. Por lo tanto, concebimos la interculturalidad como un espacio de comunicación social, donde los distintos sujetos se interrelacionan, se comunican a través del diálogo y construyen los conocimiento necesarios y las mediaciones, para articular mundos de vida que son diferentes, pero que conviven en un espacio y un tiempo determinado. 

Así pues, planteamos la interculturalidad en la perspectiva de rescatar, valorar y proyectar la cultura mapuche, haciendo presente la diversidad cultural existente en este país.  El pueblo mapuche como diversidad cultural ha logrado sobrevivir y reivindica espacios donde pueda desarrollarse y proyectarse como individuos que piensan y construyen un destino común. 

Creemos que es posible pensar este país a partir de las relaciones entre culturas, es decir, a partir de la interculturalidad, a pesar de los esfuerzos que se hacen y se realizan actualmente por construir una unidad nacional monolítica y monocultural con el fin de uniformar a los sujetos que forman parte de ella.  Históricamente la cultura nacional se ha empeñado en desarrollar una política de asimilación de las diferencia de aquellos sujetos y pueblos a los cuales les ha negado su proyecto propio. Así pues, la asimilación se ha transformado en dominación y esta lleva consigo la marginación. La que ha significado para el pueblo mapuche la exclusión de los espacios políticos, económicos y sociales, lo que ha implicado muchas veces que deleguemos en otros la representación y reivindicaciones que son propia de nosotros. 

Frente a esta realidad adversa que vivimos queremos realizar los esfuerzos para contribuir a la construcción de nuestro ser histórico, el que requiere del aporte individual y colectivo de quienes forman parte de él.  Para que en conjunto podamos comunicar nuestro ser, nuestro sentir, que supere los intentos de asimilación que apuntaban a una aculturación del sujeto mapuche. Es decir, los mapuche como sujeto colectivo, tenemos el derecho de imaginarnos e idearnos nuestras propias utopías que reflejen las aspiraciones de construcción de un destino común, al cual podemos contribuir a partir de los distintos ámbitos donde nos desarrollamos como subjetividades. 

Nuestra contribución a la construcción y desarrollo de este ser histórico pretendemos realizarlo junto a otros que desarrollan la misma labor dentro de esta sociedad, para hacer realidad la práctica intercultural, donde hablemos y nos escuchemos, donde establezcamos diálogos que profundicen las confianzas mutuas, donde podamos debatir y defender nuestra ideas y pensamientos, donde podamos pensar un país distinto y poner en práctica la democracia como un ejercicio cotidiano. 

Cuando planteamos la interculturalidad lo hacemos realizando un llamado “… a asumir una actitud ética para acoger la diversidad cultural existente…” en este país, pero lo hacemos desde abajo para ponerla en práctica en una sociedad donde existe solamente en el discurso político oficial. 

Queremos desafiar y desafiarnos a poner en práctica esta idea de la interculturalidad a partir de un hecho contingente de carácter sindical que ocurre en este país. Con este “llamado a la provocación” pretendemos abrir espacios de diálogos en el ámbito sindical, como una manera de vivir en relación, para que quienes somos mapuche salgamos de nuestra invisibilidad, anonimato y silencio y nos reconozcamos en este ámbito de nuestra vida, la laboral. En ella nos encontramos con muchos otros “espíritus” inquietos que guardan o almacenas sueños y aspiraciones no veladas o truncadas, quienes muchas veces manifiestan una gran sensibilidad hacia nuestra causa como pueblo. 

Planteamos la posibilidad de pensar el sindicalismo desde la interculturalidad, lo que significa tomarnos la palabra del principio democrático que debe regirlo, a saber: delegar la representación o representar a sus pares, asumiendo el desafío de conquistar la conducción de este. Esto debería llevarnos a asumir una conducta de ruptura con lo que ha sido nuestra incidencia en el ámbito sindical hasta ahora, es decir, dejar de ser sujetos pasivo para transformarnos en sujetos activos, lo que implicaría: ”No más intérpretes ni intermediarios que hablen por nosotros o a quienes les deleguemos nuestra representación”. Queremos ser nosotros mismos junto a otros, en esta práctica intercultural, los que asumamos la posibilidad de la representación sindical. 

Sin lugar a dudas que si decidimos asumir este desafío, dejaríamos de ser sujetos ausente en el mundo sindical para hacernos oír desde nuestra diversidad, sabiendo que la representación sindical no puede ser estática ni rígida ni tampoco responder como ha sido tradicional, a lo que la burocracia sindical decida.

Pensamos que al plantear la posibilidad de la interculturalidad en el mundo sindical, lo hacemos para abrir este espacio cerrado de representación sindical, reducido a pequeños grupos que deciden y nos presentan a sus candidatos cada cierto tiempo, a los cuales legitimamos con nuestros votos. Creemos que es posible en las actuales circunstancias, plantear las ideas de la alternancia democrática y la pluralidad de representación en la organización sindical de los profesores, toda vez que tenemos conciencia de relación y de pertenencia a ella, lo que nos da el derecho de ejercitar, practicar y exigir la democracia sindical.