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La variedad estándar

 

Junto a la koineización destaca otro proceso de convergencia entre variedades lingüísticamente próximas, de importancia capital dentro del mundo neolatino: la estandarización, el proceso por el cual una comunidad lingüística desarrolla una variedad estándar.

La variedad estándar (también llamada lengua o registro estándar) es una variedad lingüística de prestigio usada en una comunidad lingüística como medio de comunicación supradialectal y unificado. Puede ser utilizada en los ámbitos oficiales y la administración, la enseñanza (incluída la enseñanza de la lengua a estrangeros), los medios de comunicación de masas, etc.

            […] the standard variety may be used trans-regionally for all purposes, and it is obligatory in performing official activities, while dialects are used in small regions only, i.e. not transregionally, and for activities that are inofficial and family-, neighbour-, and generally, ingroup-related. (BARTSCH, pág. 207)

A menudo, especialmente en los países occidentales modernos, la variedad estándar está codificada (en gramáticas y diccionarios) y dispone de una forma escrita. Pero también existen en otras sociedades estándares que no disponen de una codificación escrita y que están asociados al habla de un grupo social prestigioso muy concreto (como los líderes religiosos, por ejemplo).

 

5.3.1. Los estándares latinos

 

El modelo de lengua que los antiguos romanos usaron en los ámbitos de prestigio, por encima de las variedades geográficas habladas, constituyó una variedad estándar, que se orientaba en la literatura clásica. Tras la desintegración del Imperio Romano ese modelo de lengua mantuvo durante unos siglos su función de variedad estándar para los dialectos latinos. Pero estos no dejaron de evolucionar y llegado el siglo VIII la variedad estándar había quedado anticuada, al orientarse en un modelo de lengua establecido mil años antes.

La reforma carolingia del siglo IX hubiese podido modernizar el estándar latino, acercándolo a la lengua hablada. Así, por ejemplo, se hubiese podido simplificar el sistema de casos según el uso de la época, aceptar el nuevo vocabulario, etc. No obstante dado que el Imperio Carolingio pretendía recuperar el esplendor de la antigua Roma, en el ámbito de la lengua esto supuso una imitación estricta de la lengua de los romanos y un rechazo a las modernizaciones que se habían ido introduciendo en la lengua escrita.

Ese latín estándar, alejado de la lengua hablada, y visto ya como una lengua distinta, la lengua de cultura, dominó los ámbitos de prestigio aun durante mucho tiempo y no sólo en el mundo latino, sino en toda la Europa occidental, al ser la lengua de la Iglesia Católica. Pero acabaría siendo sustituida por nuevos estándares basados en las lenguas habladas por los pueblos europeos. El proceso de sustitución empezó (en el área neolatina) en el siglo XIII (con poesías, documentos comerciales y legales escritos en romance para mejor entendimiento de la aristocracia y la incipiente burguesía que no sabía latín literario) y se puede decir que acabó en el XX con el Concilio Vaticano II, cuando el estándar clásico dejó de ser utilizado en las misas católicas[1].

El proceso de estandarización de la mayoría de lenguas europeas se inició, por tanto, ante la necesidad de disponer de una variedad propia que sustituyese al latín en los ámbitos de prestigio (o al eslavo eclesiástico, en el caso del rumano y de otras lenguas de la Europa ortodoxa). La falta de unidad política y la pérdida de conciencia lingüística unitaria de los hablantes neolatinos (así como la falta de conciencia de filiación respecto al latín) impidieron la modernización del antiguo estándar clásico de manera coordinada y conjunta. En su lugar se produjeron procesos independientes de estandarización en cada región, basados en sus respectivas variedades, que dividieron el mundo latino en distintas lenguas.

En una primera fase las variedades neolatinas se escribieron de manera muy vacilante, con distintos intentos de representar los nuevos sonidos neolatinos con las pautas gráficas del latín. El primer estándar neolatino en establecerse surgió en el sur de la actual Francia con la poesía trovadoresca tardomedieval.

[…] las primeras codificaciones con intención de fijar una norma lingüística son las occitanas […]. El vulgar del sur de Francia había alcanzado, gracias a los trovadores, un enorme prestigio literario, que había propiciado su difusión fuera de sus fronteras lingüísticas, hasta el punto de que tanto en el norte de Francia como en Cataluña y en el norte de Italia se adopta inicialmente esa lengua para la lírica. (BREA, pág. 141)

Tras el estándar occitano se establecieron otros, como el catalán, el toscano en la Península Italiana, el francés, el castellano y el portugués. La lengua rumana, que no contó con testimonios escritos hasta el siglo XVI, fue estandarizada en el siglo XIX, y el estándar catalán, que fue paulatinamente sustituido por el castellano durante la Edad Moderna, fue desarrollado de nuevo a principios del siglo XX.

Otras estandarizaciones de ámbito geográfico más restringido (algunas de las cuales aún no han sido completadas, bien en su codificación bien en lo tocante a su aceptación por la sociedad) se iniciaron en las últimas décadas o años. Se trata de los estándares gallego, asturiano, aragonés, occitano moderno, sardo, romanche, ladino y friulano[2].

 

5.3.2. Modelos de estandarización

 

            Dado que la variedad estándar es supradialectal, no tiene cabida en ella toda la variación (con todos los dialectos y sociolectos, etc.) que se da en la lengua. Por ello, durante el proceso de estandarización tiene lugar una selección, que puede realizarse siguiendo distintos criterios. Los principales modelos de estandarización, según el grado de participación de las variedades geográficas en la configuración de la variedad estándar, son los siguientes:


● Modelo unitarista: La estandarización se basa en una variedad geográfica concreta y prescinde de las otras. Las causas pueden ser políticas, como en el caso del estándar francés, que se basa en la variedad de la Île de France, donde se encuentra la capital París, sede antiguamente de la corte; o causas culturales, como en el caso del estándar italiano, basado en el dialecto toscano hablado en Florencia, ciudad que fue centro cultural y literario y que dio a toda Italia un modelo de lengua a través de las obras de Dante, Petrarca y Bocaccio. No obstante, la variedad estándar basada en un dialecto concreto no se identifica completamente con éste, ya que la estandarización incluye también una selección de las formas presentes en dicho dialecto, así como una elaboración y enriquecimiento (cultivo literario, creación de neologismos y términos técnicos, etc.).


● Modelo composicional: El estándar no se basa sólo en una variedad geográfica de la lengua, sino que incluye aportaciones de todas las variedades, si bien una puede tener más peso que las otras. Es el modelo seguido en la estandarización romanche en Suiza, o ladina en el Tirol italiano, así como en la lengua basca. Cuando la distancia lingüística entre las variedades geográficas es grande, el modelo de lengua resultante de una estandarización composicional puede resultar artificioso, ya que no es la variedad nativa de nadie, y ello puede dificultar su aceptación por parte de la sociedad.


● Modelo policéntrico: No existe un único estándar, sino varios. Esta situación se da especialmente en lenguas habladas en espacios geográficos extensos o fragmentados político-administrativamente. Es el caso de los estándares castellanos (el español, el argentino, etc.), portugueses (estándar europeo, estándar brasileño), catalanes (estándar catalán, valenciano, balear, alguerés), occitanos (lenguadociano, gascón, aranés, provenzal, lemosín, etc.), así como alemanes (estándar austríaco, suizo, alemán). Los estándares policéntricos, a pesar de sus particularidades (que pueden ser tanto fonéticas y léxicas como ortográficas, morfológicas, etc.), están coordinados en cierta medida y comparten unas bases comunes. Si un estándar policéntrico consigue socializarse, sus hablantes, generalmente comparten una conciencia lingüística común (ver el subcapítulo 5.3.4).

[…] standard languages which are based on a single dialectal source (monocentric selection) are rare, and most standard language histories have been shaped by dialect levelling and koinézation […]. The majority of standard languages are thus composite varieties characterized by multiple selections; that is, the complex recombination of features from various dialects and varieties […]. In other words, standard languages have ‘multiple ancestors’ and their history is shaped by various types of language contact […]. (DEUMERT, pág. 2)

 

5.3.3. Agentes estandarizadores

 

            En el proceso de estandarización pueden intervenir distintos tipos de agentes con distintas motivaciones. Puede tratarse de personas concretas (gramáticos, lexicógrafos, escritores, religiosos, etc.), de instituciones (academias de la lengua, gobiernos, iglesias, editoriales, etc.) o avances tecnológicos (imprenta, radio, televisión). El efecto estandarizador puede ser deliberado (como en el caso de los gramáticos, lexicógrafos o las academias de la lengua, etc.), o bien ser sólo consecuencia de una acción que tenía otros objetivos (evangelización, administración, literatura, venta de libros, etc.). Cuando el efecto no es deliberado, la imitación que otros hacen del modelo de lengua utilizado es lo que lleva a la estandarización.

            Así, por ejemplo, han tenido un efecto estandarizador hombres de religión como San Cirilo (s. IX), que para la traducción de la Biblia al antiguo eslavo sentó las bases del alfabeto cirílico, utilizado hoy en distintas lenguas eslavas; escritores como Dante, Bocaccio y Petrarca (Toscana, s.XIV), cuyo modelo de lengua fue imitado en toda Italia debido al prestigio de sus obras; gramáticos como Antonio de Nebrija, que elaboró la Gramática de la lengua castellana (1492) y las Reglas de ortografía castellana (1517), o Fernao de Oliveira, con su Gramática da linguagem portuguesa (1536); instituciones codificadoras como la Académie Française, fundada en 1634, o la Academia Española de la Lengua en 1714; instituciones de gobierno como la Cancillería Real de la Corona de Aragón (a partir del siglo XIII), órgano administrativo que elaboró un modelo de lengua unificado que fue imitado; gobiernos, como el austríaco, el alemán y el suizo, que dictan la normativa lingüística a partir de propuestas de comisiones de expertos, o como el gobierno de Moldavia, que sustituyó el alfabeto latino por el cirílico durante su etapa socialista. En cuanto a los avances tecnológicos, la imprenta ha impulsado la estandarización escrita, y la radio y la televisión la estandarización de una variedad oral.

            Por otra parte, no hay que olvidar el papel de los usuarios del estándar:

            Language standardization, understood as a process of variant reduction, does not only include deliberate intervention by regulating authorities (such as language societies and academies, individual dictionary and grammar writers and also government institutions; i.e. the imposition of uniformity through authoritative acts), but also processes of cumulative micro-accommodation, levelling and dialect convergence, which are the outcome of the everyday linguistic activities of individuals. (DEUMERT, pág. 3)

           

5.3.4. Socialización del estándar

 

            Una variedad lingüística se considera un estándar sólo cuando, además de estar bien codificada (definida, habitualmente en diccionarios y gramáticas), es aceptada y usada por los hablantes en los ámbitos propios de la variedad estándar.

            Prescription of a norm, whether via published grammars and dictionaries or whether via the pronouncements of editors, teachers, critics, writers, or other language guardians, does not constitute standardization. Codification and pronouncements may be ignored or rejected. The norm must be “widely accepted” and “felt to be appropriate”. (COOPER, pág. 134)

            Lo que conocemos por francés, italiano, castellano, portugués y rumano son variedades codificadas y socializadas, y por tanto estándares. Han sido extendidas a toda la población de sus Estados a través de la escuela, los medios de comunicación, etc. En cambio, la normativa para el valenciano desarrollada por la Real Academia de Cultura Valenciana hace más de 25 años, que cuenta con gramáticas, diccionarios, material informático y producción literaria, está codificada pero no ha conseguido socializarse por falta de apoyo oficial y es usada tan sólo por un círculo reducido de asociaciones y seguidores[3]. Entre aquellos y este caso se encuentran aquellas codificaciones neolatinas que están en vías de socializarse, principalmente el catalán y el gallego, que son oficiales en Cataluña y Galicia, aunque compiten con dificultad con el estándar castellano que había sido impulsado por España (ver subcap. 7.2.3).

 

5.3.4.1. El factor político.

La socialización de una codificación se da, en general, sólo con el apoyo del poder político. La razón es que los Estados modernos habitualmente sienten la necesidad de disponer de un modelo de lengua común para todos sus ciudadanos y por ello promueven la estandarización de una variedad concreta, la de los poderosos, en detrimento de las otras variedades que puedan hablarse en el país y que pueden incluso haber tenido en el pasado su propia tradición escrita[4]. La variedad favorecida tiende así mismo a convertirse en un símbolo nacional y a adoptar el nombre del país.

La reciente reforma de la ortografía alemana (die neue Rechtschreibung), por ejemplo, ha sido un éxito gracias al apoyo de los gobiernos de los países germanófonos. También lo fue el cambio del alfabeto cirílico al latino impulsado en 1860 por el gobierno rumano[5]. Contrariamente, las codificaciones que carecen de ese apoyo oficial no tienen los medios (la escuela, por ejemplo) para extenderse e implantarse en la sociedad o chocan directamente con la oposición del poder. Es el caso de la codificación valenciana que hemos mencionado o de las propuestas de reforma de la escritura inglesa y francesa que han elaborado ciertos autores y que no han conseguido hasta la fecha extenderse en la sociedad[6]. La falta de un apoyo político firme está ralentizando también la socialización de otras codificaciones romances como la asturiana, aragonesa, romanche, ladina, friulana, etc.

[…] si la comunidad que habla la lengua en vías de estandarización no tiene suficiente poder político para impulsar satisfactoriamente la instalación completa de la variedad codificada en los ámbitos formales, podremos hablar de una lengua codificada o proyecto de estándar ─y en algunos casos más de uno─, pero no de un estándar con éxito. (BABILONI, pág. 36)

 

5.3.4.2. La convergencia hacia el estándar.

La socialización de una variedad codificada en zonas donde se hablan otras variedades de la misma familia lingüística tiene como consecuencia una convergencia dialectal hacia el estándar. Con la socialización de la variedad estándar a través del sistema educativo y los medios de comunicación de masas, los hablantes, especialmente de las capas de población más instruidas y de zonas urbanas, tienden a abandonar ciertos usos lingüísticos de su variedad y a adoptar las correspondientes formas de la variedad estandarizada, que cuenta con más prestigio.

El grado de este acercamiento al estándar depende, además, de la situación comunicativa. En situaciones (orales) más formales el acercamiento será mayor que en las informales, de manera que entre la variedad estándar y la variedad propia del hablante (originalmente distintas y separadas) se crea todo un continuo dentro del cual cada hablante instruido puede moverse ajustando su manera de hablar al contexto. Ello, que se observa magníficamente en el alemán de Austria, se suele dar en las variedades más emparentadas con el estándar. En cambio los hablantes de variedades más distantes, como es el caso del bajo alemán (Plattdeutsch) respecto al alemán estándar[7], no pueden crear tan fácilmente ese continuo, y por ello tienden a cambiar (casi) por completo de variedad dependiendo de la situación, cosa que con el tiempo favorece el abandono de la variedad original[8].

La convergencia hacia el estándar, en cualquier caso, nunca es total ya que al intentar usar la variedad estándar los hablantes suelen conservar ciertas características de su variedad original (pronunciación, léxico, etc.). Aun así, las variedades resultantes (versiones regionales del estándar) son mucho más próximas entre sí que las variedades originales.

El grado de convergencia de las variedades geográficas habladas con la variedad estándar no ha sido igual en todas las lenguas. Es elevado en Italia y en Francia, donde el uso de las hablas tradicionales ha disminuido drásticamente a lo largo del siglo XX, sustituidos casi por completo por la variedad estándar (ver el apartado 6.2.1.1.). Tampoco es igual en todas las variedades geográficas que comparten un estándar. En Suiza, por ejemplo, las variedades del alemán han convergido poco (en lo oral) con el estándar en comparación con las variedades del norte de Alemania, diferencia que podría ser un reflejo de la distinta situación política.

 



[1] Esto no quiere decir que el latín haya dejado de usarse por completo. La Iglesia Católica lo mantiene en ciertos ámbitos (como por ejemplo en las encíclicas) y el latín continúa siendo la lengua oficial del Estado de El Vaticano. Además, el actual papa Benedicto XVI pretende potenciar su uso.

[2] Para una descripción detallada de los procesos de estandarización de las lenguas romances vease METZELTIN, Miguel: “Del Renacimiento a la actualidad (I). Procesos de codificación de las lenguas románicas” en “Manual de lingüística románica”, Gargallo y Reina (coords.).

[3] Esta codificación, basada en las variedades romances de Valencia, es rechazada por el stablishment intelectual valenciano, influyente políticamente, que prefiere una codificación basada en el habla de Barcelona que ha sido oficializada.

[4] Es el caso de otras variedades de oïl distintas de la parisina, o de otras variedades italianas distintas de la toscana.

[5] Muestra del peso de estas decisiones oficiales es que a pesar de que el alfabeto cirílico estaba asociado a la tradición religiosa del país, la iglesia rumana ortodoxa adoptó la nueva grafía latina al poco tiempo, en 1880.

[6] En francés ese tipo de propuestas cuentan, además, con la oposición de la arcaizante Académie Française, que tiene la potestad legal sobre la normativa y es la única que podría realizar con éxito reformas.

[7] Otros casos similares son los del occitano y el franco-provenzal (respecto al francés), del italiano septentrional (italiano) o del navarro-aragonés y el astur-leonés (castellano).

[8] Un proceso similar de sustitución suele producirse en las lenguas no emparentadas con la lengua del Estado. Este es el caso del esloveno de Carintia, que pierde hablantes frente al alemán de Austria, o del alemán de las minorías germanófonas en Hungría respecto al húngaro. Se trata de una convergencia lingüística “nacional”, normalmente forzada por el Estado (ver el apartado 6.2.1.).

 

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