Segunda Reflexión

No hay nadie que merezca nuestra adoración excepto Allah (Enaltecido y exaltado sea) ya que solo Él posee cualidades perfectas que se asocian con la bondad, la divinidad y la omnipotencia.

El espíritu y el secreto de esta frase monoteísta es el de lograr que Allah (Enaltecido y exaltado sea) sea el único destinatario de nuestro amor, veneración, esperanza y glorificación. También nuestra dependencia y arrepentimiento. Por eso nuestro amor no es puro para nadie excepto para Él, y todos los demás son amados como el resultado secundario de ese amor o como un medio para aumentar nuestro amor por Él.

Por lo tanto, sólo debemos temer a Allah (Enaltecido y exaltado sea) y depender de Él; sólo en Él debemos depositar nuestras esperanzas y frente a Él atemorizarnos. Jurarnos sólo en Su nombre y ante Él nos arrepentimos. Le rendimos obediencia absoluta. En tiempos de dificultad, sólo podemos invocar Su nombre y buscar refugio en Él y nos postramos ante a El.

Todo eso se puede resumir en una frase: No existe nadie que merezca nuestra adoración excepto Allah (Enaltecido y exaltado sea). Esta frase comprende a todas las formas de adoración 

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