Poemas musicalizados


Musicalizando poemas

publicado a la‎(s)‎ 28 de dic. de 2011 8:48 por Lourdes castro delgado   [ actualizado el 29 de dic. de 2011 9:46 ]

¿QUÉ VAMOS A ENCONTRAR EN ESTE APARTADO?

En este apartado vamos a ver poemas que posteriormente han sido musicalizados por diferentes artistas. En muchos casos se trata de una creación aislada mientras que, por otro lado, estas creaciones forman parte de un proyecto más amplio. Poco a poco daremos noticia de los poemas con música más interesantes y con tu ayuda iremos analizando los elementos más significativos.


Para comenzar quiero lanzar unas cuestiones para reflexionar y debatir sobre el hecho de poner música a un poema porque ¿por qué musicalizar poemas que están escritos con una finalidad distinta a la de una canción? ¿Un texto de un poema puede convertirse en un texto de una canción?

UN POCO DE TEORÍA QUE HAY QUE TENER EN CUENTA...

Estado del debate:

En las últimas décadas, quizá el vehículo más apropiado a la hora de acercar la poesía a las grandes masas haya sido la música. En España, el ejemplo más claro lo tenemos en el cantautor catalán Joan Manuel Serrat. Gracias a sus discos monográficos dedicados a distintos poetas (Antonio Machado, Miguel Hernández…), la poesía fue sacada de los entornos académicos e intelectuales para ser paladeada por gente de toda condición.

    EN LA DÉCADA DE LOS SETENTA este fenómeno pudo considerarse una tarea propia de los cantautores, pero, hoy en día, contamos con discos que versionan poemas dentro de todos los géneros musicales: pop, rock, flamenco, punk… De esta manera, escucharemos a cantantes como Miguel Bosé, Julieta Venegas, Loquillo o Morente, difundir los versos de los poetas más destacados dentro de la literatura universal. Así se da a conocer una poesía que de otra manera hubiera quedado restringida a un público mucho más minoritario.

PERO... ¿Es positivo para la poesía musicalizarla?

    El músico Gabriel Sopeña cree que la música es una buena manera de trasmitir la poesía: “Sospecho que la canción que transporta poesía hace posible la construcción de marcos de identificación que involucran a personas, acaso de forma más intensa y directa que cualquier otro arte.” [1]

     Artistas de la talla de Kiko Veneno reconocen la importante tarea ejercida por algunos cantantes, que difundieron la poesía hasta un público que, quizá, nunca hubiera tenido la oportunidad de escuchar y conocer a los grandes poetas de la literatura. Paco Ibáñez es una de las figuras que destacan en este tema por haber musicalizado la poesía española de todos los tiempos. De ahí que Kiko Veneno le dedique unas palabras: “Sacar la poesía de los libros de texto y ponerla en voz de la gente y hacerla actual recorriendo los siglos, mostrarnos los orígenes de nuestro idioma y de nuestra poesía popular, tuvo para mí un valor incalculable.”[2] En la misma línea se encuentra Javier Ojeda cuando dice: “No había leído a Gil de Biedma o Altolaguirre hasta que me encargaron musicar algunas de sus piezas.”[3]

     Gabriel Sopeña, interesante para este tema dada su doble actividad como músico y poeta, nos transmite sus pensamientos acerca de la relación entre canción y poesía tras haber musicalizado todo un disco de poetas universales:

“Conservo el respeto de todo profesor por el valor social de la palabra y la música y creo que la canción, como soporte de la poesía, puede transformar estados de conciencia: es un bien. […] Y clamo por la recuperación de la función moral de la canción, esencial ya en un mundo en el que se precisan ámbitos de elucidación personales” (pág.266)[4].

     Según Gabriel Sopeña, estas canciones compuestas con los versos de un poema tienen un fin moral, que hay que comenzar a explotar porque el mundo precisa explicaciones y los poemas transmiten ese conocimiento. Asimismo, añade que “elaborar un poema y poner música sobre él requiere de ideas sólidas y de un meticuloso concepto de código, sea cual fuere, que permitan por encima de cualquier consideración, exhibir un discurso lírico individual y discutible” (pág. 267). Precisamente, el concepto de lo “discutible” es por lo que muchos críticos están en contra de musicalizar poemas. Es decir, el compositor está dando a través de la forma que adapta el poema una lectura subjetiva, rompiendo el carácter intimista y singular del poema. Gabriel Sopeña no ve como un engaño mostrar el punto de vista subjetivo del poema tras haber sido manipulado: “Arañar la música de un poema es un acto de revolución real, arrimar mi subjetividad a la de aquel que escribió antes que yo” (pág.268).

     Pese a ser un acto legítimo, pues vemos cómo el compositor no engaña a nadie y ofrece una lectura personal sin esconderlo, los detractores, además de alegar que la lectura que nos llega del poema está automatizada, añaden que, en la mayoría de los casos, no se respeta la estructura del poema. Y, lejos de mejorarlo, se produce un empeoramiento considerable porque se rompe la estructura original; incluso se altera el orden de unos versos que deberían ser inamovibles. Además, otro problema que aparece es que si el poema es extenso se eliminan estrofas. ¿Con qué criterio se lleva a cabo esa acción? Volvemos al principio, con un criterio subjetivo que no hace otra cosa que darnos una lectura errónea del poema, según piensan ellos.

     Unas líneas más arriba, habíamos dicho que a través de la musicalización de poemas conseguíamos acercar la poesía a un número elevado de personas, que de otra manera no hubieran tenido contacto alguno con la poesía. Este argumento es rebatido alegando que los poemas que se transmiten son poemas escogidos, no llegan todos, y al final, las temáticas de esos poemas seleccionados son tópicas.

       Por último, quiero retomar una idea que me da vueltas en la cabeza, que también es utilizada como argumento en  contra de la musicalización de poemas; me refiero al hecho de que los poemas se escriben para una lectura íntima y no para ser recitados en voz alta. Si los convertimos en textos recitados con acompañamiento musical, estaremos cayendo en una paradoja, pues se estarán transmitiendo de manera oral. Este sector de la crítica piensa que ya pasó la época en la que la poesía era cantada por los juglares.

     Serrat, tras el éxito cosechado en discos que homenajeaban a poetas como Machado, hizo unas declaraciones en un periódico, acerca de los aspectos negativos que conllevaba este tipo de trabajos: “Yo hice el LP por pura gana de hacer un trabajo hermoso sin ningún tipo de pretensión difusora. […] Eso han sido consecuencias, consecuencias todas muy discutibles porque de la misma manera que me puede halagar me puede entristecer que la gente llegue a Machado porque un cantante popular cante sus poemas.”[5]

     Unos años más tarde, en 1977, Serrat añadía en esta misma línea: “Pienso que sí que puede contribuir en cierta medida a una difusión de la obra de Machado pero esto no es contribuir en una difusión de la poesía. La auténtica contribución a la poesía no ha de venir de un cantante popular sino que ha de venir a través de un Ministerio de Educación y Cultura.” [6]

     CONCLUSIONES

Estamos comprobando cómo los márgenes que separan la poesía y la canción son cada vez más difusos, y parece complicado conseguir un equilibrio. La unión perfecta sería conseguir un resultado final en el que el texto siga teniendo la fuerza y el valor literario que tenía como poema pero, que a su vez, tenga un sentido como canción. Que la música no haga desaparecer el poder de los versos, ni la palabra escrita condicione la melodía tanto que la convierta en una pieza sin valor musical. ¿Será posible?

     Hasta el momento hemos estado reflexionando sobre las ventajas e inconvenientes que tiene musicalizar un poema, pero ¿cómo se lleva a cabo la tarea? ¿Todos responden a un mismo esquema?


He establecido cuatro categorías para clasificar las distintas formas de poner música a un poema. La primera categoría encierra los poemas recitados acompañados de un fondo sonoro, la segunda reúne los poemas que llevan música pero ya no recitados sino cantados de principio a fin. Las dos últimas categorías son las más creativas (y las más polémicas) pues la labor del músico es más compleja y comprometida ya que elimina estrofas, crea estribillos o añade elementos propios. Así, la tercera juega con los versos del poema de manera que aparecen nuevas lecturas e interpretaciones y, en la última categoría, además de los versos del poema, aparecen nuevos conviviendo con los originales, es decir, pura creación del compositor.


[1]“Notas (revisadas) desde la fractura”. Revista Litoral. “Rock en español. Poesía e imagen”, nº 249, Págs. 265-268.

[2] Museo Municipal de Málaga en diciembre del año 2000 en la primera edición de La música contada.

[3] Revista Litoral. “Rock en español. Poesía e imagen”, “Chorrito del sur”, nº 249, págs.282-285.

[4] Revista Litoral.“Rock en español. Poesía e imagen”, “Notas (revisadas) desde la fractura”.  nº 249, págs.265-268.

[5]Entrevista en el Diario de Cádiz en 1975.

[6] Entrevista en A fondo de TVE, 1977.

[7] La palabra en el aire  es un disco en el que Pedro Guerra pone música a  veintiséis poemas del poeta Ángel González publicado en 2003. Los poemas están musicalizados de maneras muy distintas, por ello, encontraremos poemas de ese disco en más de una categoría.

[8] Neruda en el corazón es un disco homenaje al poeta Pablo Neruda. Fue producido en 2004 por Víctor Manuel y editado por la discográfica BMG-Ariola.

[9] La vida por delante, Loquillo, EMI-Hispavox, 1994.

[10] Revista Mercurio, citada, pág.9.

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