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Colección de la Real Fábrica de Loza y Porcelana de l'Alcora




La Cerámica de l’Alcora. Es el tronco principal de los fondos del Museo y sin lugar a dudas la colección más conocida de nuestra institución. Comprende la producción de la Real Fábrica de Loza y Porcelana del Conde de Aranda y de los talleres y ceramistas que surgieron a su sombra y que han continuado la tradición cerámica de l’Alcora hasta nuestros días. Esta colección contiene actualmente más de 350 obras, pertenecientes a los diferentes estilos decorativos que se desarrollaron durante 300 años en la factoria alcorina.
Destacan por su belleza las esculturas de la Comedia del Arte y las típicas manerinas para tomar chocolate.
la exposición permanente de loza se completa con dibujos originales de la Academia de aprendices , reproducciones de documentación antigua, estarcidos y otros elementos que ayudan a comprender el funcionamiento de la fábrica, la evolución estilística y la tecnología de fabricación.
 
 
 

Cerámica l'Alcora. Chinerías y Berain

En los primeros años de funcionamiento, la Real Fábrica del Conde de Aranda elaboró piezas siguiendo los modelos del Sur de Francia

 (Moustiers y Marsella fundamentalmente), de donde provienen los primeros directores artísticos. Formas y decoraciones se ajustan así a los gustos de la aristocracia y la burguesía europeas, principal mercado al que iba dirigida la producción de l'Alcora. Estilos como Berain (con puntillas, arabescos, bustos, esfinges..., generalmente en claroscuro azul, pero también con suaves toques de policromía) o las Chinerías (con prolífica vegetación y figuras orientales o grotescas) muestran la exquisita delicadeza y perfección que los pintores de la Real Fábrica lograron ya desde el principio. Mostramos en esta misma página dos excepcionales obras de la colección de nuestro Museo: la tapa de un aguamanil con decoración Berain, firmada por Francisco Grangel, y una fuente circular con decoración chinesca de reflejo metálico, técnica decorativa poco empleada en l'Alcora, que da un brillo de color cobrizo de gran belleza.


Cerámica l'Alcora. Placas ornamentales

Si hay un apartado de la producción que define la excelente calidad artística de la Real Fábrica, este es sin duda el de las placas ornamentales. De diferentes formas y formatos (ovaladas, rectangulares, achaflanadas, lobuladas...; rodeadas de rocallas, mascarones o peinetas, o sin ningún tipo de ornamentación externa), las láminas (cómo se denominan también en la documentación de la época) son verdaderas joyas pictóricas sobre cerámica, a la altura de los lienzos o las tablas de temática religiosa coetáneos.

En el Museo, además de algunas pequeñas placas ornamentales, tenemos la suerte de exponer las únicas 4 estaciones del Vía Crucis original del Calvario de l'Alcora que se conservan en la actualidad, datado hacia 1775 y propiedad de la Parroquia de la Asunción. Dibujos basados en los grabados de F. Dubercelle realizados en París durante la primera mitad del siglo XVIII, a los que los pintores de la Real Fábrica añaden una apropiada policromía y el toque personal de la pincelada maestra.

Cerámica l'Alcora. Fauna-engaño

Los llamados platos de engaño o de chasco son piezas decorativas destinadas a producir la sorpresa y la ilusión óptica, estratégicamente colocados a los escaparates o las mesas y siguiendo la moda francesa del trompe d’oeil. Sobre el plato se reproducen con gran precisión frutos, hortalizas, otros alimentos y animales en tres dimensiones, dando una sensación de realismo prodigioso. Se atribuye a Julián López (uno de los mejores escultores de la historia de la Real Fábrica) la creación de buena parte de los modelos de los platos de engaño.

Emparentada en cierto modo con los platos de engaño está la serie de la llamada “fauna de l'Alcora”: toda una serie de pequeñas figuras de animales con los más variados usos. Así, encontramos soperas, salseras, pisapapeles, mancerinas, joyeros, vinajeras... que adquieren forma de perro, rana, lagarto, pollo y gallina, cisne, paloma, carnero, perdiz, etc. Es especialmente significativo el caso de las salseras en forma de perdiz, que gozaron de gran popularidad elaborándose hasta principios del siglo XX y convirtiéndose en una de las piezas más significativas de la producción de la Real Fábrica.

Cerámica l'Alcora. La rocalla i els estils coetanis

Tras las primeras décadas de funcionamiento de la Real Fábrica, muy centradas en los estilos decorativos de influencia francesa, a partir de 1750-1755 se va produciendo una mayor diversificación ornamental y la creación de estilos propios, en parte debido al acceso a los cargos de responsabilidad artística del personal formado en la Academia de Aprendices. Los listados de producción de estos años así lo demuestran. Aparecen numerosos diseños de decoraciones florales (unas más naturalistas, otras estilizadas), composiciones con motivos dispuestos por la superficie de las piezas de manera armónica como por ejemplo bustos femeninos (madamita), barcos (navíos), árboles frutales con una fuente manando a su lado (chaparro), perros, jaulas, trofeos militares e instrumentos musicales (fanfarre), etc.

También es esta la época de la proliferación de las rocallas, símbolo por excelencia del Rococó: motivos asimétricos generalmente pintados en claroscuro amarillo, que a veces acompañan a los elementos citados antes, pero que sobre todo van asociados a arquitecturas más o menos complejas con torres, puentes, banderas, motivos acuáticos y, a veces, un solo radiante con rasgos faciales humanos. Es el estilo denominado popularmente “Álvaro” (por uno de sus principales impulsores, Vicente Álvaro Ferrando) y citado a la documentación de la Real Fábrica como Andrómica fina, con adornos de talla [rocalla] con sus casalicios y surtimientos de fuentes con algunas flores y árboles.

Cerámica l'Alcora. Series populares

La esquematización de la decoración floral dará lugar a una de las series más prolíficas de l'Alcora, también muy imitada en otros centros como Onda, Ribesalbes, Manises, etc, llamada “Ramito” y caracterizada por una pequeña flor polícroma que generalmente combina los colores azul, amarillo y ocre. En las piezas más sencillas, esta flor aparece aislada, pero también es habitual que se complemente con hojas de un solo trazo, con ramos más complejos formados por hojas bicromas o con pequeños frutas muy sencillas que se asemejan a manzanas y peras.

El Ramito también proporcionó magníficos ejemplares como el aguamanil de gran formato de nuestra colección, decorado en claroscuro azul, con un gran motivo central en el cuerpo del recipiente, reproducido de manera rítmica a su alrededor y también en la tapa y el pie.

Las piezas pertenecientes a este estilo eran comercializadas por los arrieros en mercados ambulantes, y han sido inmortalizadas en un lienzo de Goya titulado “El Cacharrero”, en el que se ve a un grupo de vendedores ofreciendo a los ocupantes de una carroza platos y otros objetos de l'Alcora decorados con este popular motivo. Se suele denominar así (“Cacharrero”) la decoración que combina el rameado estilizado y las pequeñas frutas antes descritas.

Cerámica l'Alcora. Porcelana

Una de las obsesiones de los condes de Aranda (el IX, D.Buenaventura, fundador de la manufactura, y el X, D.Pedro Pablo, propietario entre 1742 y 1798) fue conseguir elaborar porcelana en su fábrica. Por ello contrataron varios maestros extranjeros, como por ejemplo François Haly (1751), Johann Knipffer (1761), François Martin (1774) o Pierre Cloostermans (1787). Poco antes (1786) también fueron enviados a París 2 operarios alcorinos, Cristóbal Pastor y Vicente Álvaro, para instruirse en la fabricación de la porcelana.

Todos estos esfuerzos dieron resultado, y desde finales del siglo XVIII l'Alcora fabricó porcelana de gran calidad, que se decoró con nuevos estilos representativos del neoclasicismo imperante en este tiempo. Entre ellos cabe destacar el reflejo dorado (con un color amarillo muy vivo), el estilo Sèvres (que combina decoración pintada, óxidos metálicos y pequeñas escenas estampadas), y las flores alemanas, pequeño ramito polícromo del que destaca una gran rosa encarnada. Con estas ornamentaciones se decoraron platos y otras piezas de pequeño formato, como por ejemplo juegos de café o té, bebidas que a finales de la centuria desplazaron al chocolate como bebida de moda entre la aristocracia y la burguesía.

Cerámica l'Alcora. Escultura

La Real Fábrica elaboró a lo largo de su historia un amplio repertorio de pequeñas figuras y grupos escultóricos de temática muy variada: religiosos, mitológicos, históricos, alegóricos, costrumbristas... Se elaboraron también bustos de algunos propietarios de la manufactura (el X Conde de Aranda y el Duque de Híjar), animales y otros objetos de para decoración de jardines e interiores, como por ejemplo centros de mesa en forma de pirámide, jarrones ornamentales, candelabros sostenidos por lacayos negros, etc.

A pesar de ser menos conocida que la producción de vajilla o las placas pintadas, la escultura siempre tuvo una gran importancia a la Real Fábrica, y por eso la responsabilidad de este departamento estuvo en manso de artistas tan destacados como Josep Ochando (desde 1727), Julián López (desde 1745), Joaquín Ferrer Miñana (finales del siglo XVIII) y su hijo José Ferrer Pardo (principios del siglo XIX).


De entre toda esta producción escultórica destacan las series constituidas por 4 piezas, como los cuatro elementos, las cuatro partes del mundo o las cuatro estaciones. También son muy representativos de l'Alcora los grupos escultóricos del Toro Farnesio o Neptuno. Y un conjunto realmente excepcional lo constituyen las figurillas de actores y bailarines de la Commedia dell’Arte, policromades y de pequeñas dimensiones (20 cm de alto), de las que se conservan algunos ejemplares en una colección privada de l'Alcora, en el Museo Nacional de Cerámica de Valencia y en el Museo de Porcelana de Limoges.

Cerámica de l'Alcora: siglos XIX y XX

El siglo XIX se inicia en l'Alcora con el paso de la Real Fábrica a manos de los duques de Híjar, familiares y herederos del último conde de Aranda, D.Pedro Pablo. Después de unas décadas de cierta continuidad en la producción y numerosas convulsiones sociales (Revolta dels Caragols en 1801, Guerra de la Independencia en 1808-1814, Trienio Liberal en 1820-1823), la fábrica entra en cierta decadencia hasta que es arrendada (1851) y posteriormente comprada (1858) por los hermanos Matías y Ramón Girona, que generalizarán la estampación calcográfica, una técnica de decoración cerámica de carácter industrial, que permite el abaratamiento de los costes. La estampación ocupó la segunda mitad del siglo XIX en l'Alcora, compartiendo espacio con la producción de vajillas blancas o discretamente perfiladas y con series ornamentales heredadas del esplendoroso pasado.
En 1895 la Fàbrica Gran (como era conocida entonces) pasa a manos de Cristóbal Aicart, su último propietario. Piezas como los botijos en forma de concha o las botellas globulares con cuello de tulipán son las aportaciones de esta etapa a la historia de una manufactura que se mantuvo en activo más de 2 siglos.

 

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