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Monseñor Romero

OSCAR ARNULFO ROMERO GALDAMEZ

El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: “en nombre de Dios y de este pueblo sufrido... les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, CESE LA REPRESION”.

 

Biografia


El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: “en nombre de Dios y de este pueblo sufrido... les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, CESE LA REPRESION”.

Ese 24 de marzo de 1980 Monseñor OSCAR ARNULFO ROMERO GALDAMEZ fue asesinado de un certero disparo, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, exactamente al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús. Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad, algunas familias adineradas que también lo querían, estaban frente a la catedral para darle el último adiós, prometiéndole que nunca lo iban a olvidar. Raramente el pueblo se reúne para darle el adiós a alguien, pero él era su padre, quien los cuidaba, quien los quería, todos querían verlo por última vez.

Tres años de fructífera labor arzobispal habían terminado, pero una eternidad de fe, fortaleza y confianza en un hombre bueno como lo fue Mons. Romero habían comenzado, el símbolo de la unidad de los pobres y la defensa de la vida en medio de una situación de dolor había nacido.Oscar Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, el 15 de agosto de 1917, día de la Asunción de la Virgen María. Su familia era humilde y con un tipo modesto de vida. Desde pequeño, Oscar fue conocido por su carácter tímido y reservado, su amor a lo sencillo y su interés por las comunicaciones. A muy temprana edad sufrió una grave enfermedad que le afectó notablemente en su salud.

En el transcurso de su infancia, en ocasión de una ordenación sacerdotal a la que asistió, Oscar habló con el padre que acompañaba al recién ordenado y le manifestó sus grandes deseos de hacerse sacerdote. Su deseo se convirtió en una realidad, ingresó al Seminario Menor de San Miguel y a pesar de las desaveniencias económicas que pasaba la familia para mantenerlo en el seminario, Oscar avanzó en su idea de entregar su vida al servicio de Dios y del pueblo.

Estudió con los padres Claretianos en el Seminario Menor de San Miguel desde 1931 y posteriormente con los padres Jesuitas en el Seminario San José de la Montaña hasta 1937. En el tiempo que estalló la II Guerra Mundial, fue elegido para ir a estudiar a Roma y completar su formación sacerdotal y seguramente su elección se debió a la integridad espiritual e inteligencia académica manifestada en el seminario.

Fue ordenado sacerdote a la edad de 25 años en Roma, el 4 de abril de 1942. Continuó estudiando en Roma para completar su tesis de Teología sobre los temas de ascética y mística, pero debido a la guerra, tuvo que regresar a El Salvador y abandonar la tesis que estaba a punto de concluir.
Regresó al país en agosto de 1943. Su primera parroquia fue Anamorós en el departamento de La Unión. Pero poco tiempo después fue llamado a San Miguel donde realizó su labor pastoral durante aproximadamente veinte años.

El padre Romero era un sacerdote sumamente caritativo y entregado. No aceptaba obsequios que no necesitara para su vida personal. Ejemplo de ello fue la cómoda cama que un grupo de señoras le regaló en una ocasión, la cual regaló y continuó ocupando la sencilla cama que tenía.
Dada su amplia labor sacerdotal fue elegido Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador y ocupó el mismo cargo en el Secretariado Episcopal de América Central.

El 25 de abril de 1970, la Iglesia lo llamó a proseguir su camino pastoral elevándolo al ministerio episcopal como Obispo Auxiliar de San Salvador, que tenía al ilustre Mons. Luis Chávez y González como Arzobispo y como Auxiliar a Mons. Arturo Rivera Damas. Con ellos compartiría su desafío pastoral y en el día de su ordenación episcopal dejaba claro el lema de toda su vida: “Sentir con la Iglesia”.
Esos años como Auxiliar fueron muy difíciles para Monseñor Romero. No se adaptaba a algunas líneas pastorales que se impulsaban en la Arquidiócesis y además lo aturdía el difícil ambiente que se respiraba en la capital. También fue nombrado director del semanario Orientación, y le dio al periódico un giro notablemente clerical. Este “giro” le fue muy criticado por algunos sectores dentro de la misma Iglesia, considerándolo un “periódico sin opinión”.
En El Salvador la situación de violencia avanzaba, con ello la Iglesia se edificaba en contra de esa situación de dolor, por tal motivo la persecución a la Iglesia en todos sus sentidos comenzó a cobrar vida.

Luego de muchos conflictos en la Arquidiócesis, la sede vacante de la Diócesis de Santiago de María fue su nuevo camino. El 15 de octubre de 1974 fue nombrado obispo de esa Diócesis y el 14 de diciembre tomó posesión de la misma. Monseñor Romero se hizo cargo de la Diócesis más joven de El Salvador en ese tiempo.

En junio de 1975 se produjo el suceso de “Las Tres Calles”, donde un grupo de campesinos que regresaban de un acto litúrgico fue asesinado sin compasión alguna, incluso a criaturas inocentes.

El informe oficial hablaba de supuestos subversivos que estaban armados; las ‘armas’ no eran más que las biblias que los campesinos portaban bajos sus brazos. En ese momento, los sacerdotes de la Diócesis, sobre todos los jóvenes, pidieron a Monseñor Romero que hiciera una denuncia pública sobre el hecho y que acusara a las autoridades militares del siniestro, Mons. Romero no había comprendido que detrás de las autoridades civiles y militares, detrás del mismo Presidente de la República, Arturo Armando Molina que era su amigo personal, había una estructura de terror, que eliminaba de su paso a todo lo que pareciera atentar los intereses de “la patria” que no eran más que los intereses de los sectores pudientes de la nación. Mons. Romero creía ilusamente en el Gobierno, éste era su grave error. Poco a poco comenzó a enfrentarse a la dura realidad de la injusticia social.

Los amigos ricos que tenía eran los mismos que negaban un salario justo a los campesinos; esto le empezó a incomodar, la situación de miseria estaba llegando muy lejos como para quedarse esperando a una solución de los demás. La situación se agudizó y las relaciones entre el pueblo y el gobierno se fueron agrietando.

En medio de ese ambiente de injusticia, violencia y temor, Mons. Romero fue nombrado Arzobispo de San Salvador el 3 de febrero de 1977 y tomó posesión el 22 del mismo mes, en una ceremonia muy sencilla. Tenía 59 años de edad y su nombramiento fue para muchos una gran sorpresa, el seguro candidato a la Arquidiócesis era el auxiliar por más de dieciocho años en la misma, Mons. Arturo Rivera Damas: “la lógica de Dios desconcierta a los hombres”.

El 12 de marzo de 1977, se dió la triste noticia del asesinato del padre Rutilio Grande, un sacerdote amplio, consciente, activo y sobre todo comprometido con la fe de su pueblo. La muerte de un amigo duele, Rutilio fue un buen amigo para Monseñor Romero y su muerte le dolió mucho: “un mártir dió vida a otro mártir”.

Su opción comenzó a dar frutos en la Arquidiócesis, el clero se unió en torno al Arzobispo, los fieles sintieron el llamado y la protección de una Iglesia que les pertenecía, la “fe” de los hombres se volvió en el arma que desafiaría las cobardes armas del terror. La situación se complicó cada vez más. Un nuevo fraude electoral impuso al general Carlos Humberto Romero para la Presidencia. Una protesta generalizada se dejó escuchar en todo el ambiente.

En el transcurso de su ministerio Arzobispal, Mons. Romero se convirtió en un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desposeídos; esto lo llevaba a emprender una actitud de denuncia contra la violencia, y sobre todo a enfrentar cara a cara a los regímenes del mal.

Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo. Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror.
Los primeros conflictos de Monseñor Romero surgieron a raíz de las marcadas oposiciones que su pastoral encontraba en los sectores económicamente poderosos del país y unido a ellos, toda la estructura gubernamental que alimentaba esa institucionalidad de la violencia en la sociedad salvadoreña, sumado a ello, el descontento de las nacientes organizaciones político-militares de izquierda, quienes fueron duramente criticados por Mons. Romero en varias ocasiones por sus actitudes de idolatrización y su empeño en conducir al país hacia una revolución.

A raíz de su actitud de denuncia, Mons. Romero comenzó a sufrir una campaña extremadamente agobiante contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, cotidianamente eran publicados en los periódicos más importante, editoriales, campos pagados, anónimos, etc., donde se insultaba, calumniaba, y más seriamente se amenazaba la integridad física de Mons. Romero. La “Iglesia Perseguida en El Salvador” se convirtió en signo de vida y martirio en el pueblo de Dios.

Este calvario que recorría la Iglesia ya había dejado rasgos en la misma, luego del asesinato del padre Rutilio Grande, se sucedieron otros asesinatos más. Fueron asesinados los sacerdotes Alfonso Navarro y su amiguito Luisito Torres, luego fue asesinado el padre Ernesto Barrera, posteriormente fue asesinado, en un centro de retiros, el padre Octavio Ortiz y cuatro jóvenes más. Por último fueron asesinados los padres Rafael Palacios y Alirio Napoleón Macias. La Iglesia sintió en carne propia el odio irascible de la violencia que se había desatado en el país.

Resultaba difícil entender en el ambiente salvadoreño que un hombre tan sencillo y tan tímido como Mons. Romero se convirtiera en un “implacable” defensor de la dignidad humana y que su imagen traspasara las fronteras nacionales por el hecho de ser: “voz de los sin voz”. Muchas de los sectores poderosos y algunos obispos y sacerdotes se encargaron de manchar su nombre, incluso llegando hasta los oídos de las autoridades de Roma. Mons. Romero sufrió mucho esta situación, le dolía la indiferencia o la traición de alguna persona en contra de él. Ya a finales de 1979 Monseñor Romero sabía el inminente peligro que acechaba contra su vida y en muchas ocasiones hizo referencia de ello consciente del temor humano, pero más consciente del temor a Dios a no obedecer la voz que suplicaba interceder por aquellos que no tenían nada más que su fe en Dios: los pobres.

Uno de los hechos que comprobó el inminente peligro que acechaba sobre la vida de Mons. Romero fue el frustrado atentado dinamitero en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en febrero de 1980, el cual hubiera acabado con la vida de Monseñor Romero y de muchos fieles que se encontraban en el recinto de dicha Basílica.

El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: “en nombre de Dios y de este pueblo sufrido... les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, CESE LA REPRESION”.

Ese 24 de marzo de 1980 Monseñor OSCAR ARNULFO ROMERO GALDAMEZ fue asesinado de un certero disparo, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, exactamente al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús. Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad, algunas familias adineradas que también lo querían, estaban frente a la catedral para darle el último adiós, prometiéndole que nunca lo iban a olvidar. Raramente el pueblo se reúne para darle el adiós a alguien, pero él era su padre, quien los cuidaba, quien los quería, todos querían verlo por última vez.

Tres años de fructífera labor arzobispal habían terminado, pero una eternidad de fe, fortaleza y confianza en un hombre bueno como lo fue Mons. Romero habían comenzado, el símbolo de la unidad de los pobres y la defensa de la vida en medio de una situación de dolor había nacido.


Proceso de Canonización


 

Etapa Diocesana
Tras la conmemoración del X Aniversario de la muerte martirial de Mons. Oscar Arnulfo Romero, IV Arzobispo de San Salvador, el V Arzobispo de San Salvador, Mons. Arturo Rivera y Damas (QDDG), anunció formalmente que a partir de esa fecha (24 de marzo de 1990 ) dadas las valoraciones sobre las características de su vida y muerte, quedaba abierto el espacio pertinente y se procediera a Introducir la Causa de Canonización de Monseñor Romero y para tal empeño fue nombrado Postulador de la Causa el Pbro. Rafael Urrutia.

Para tener un mártir en sentido jurídico es necesario que se verifiquen dos cosas:

  1. Ante todo un acontecimiento histórico donde los autores son:
    1. un perseguidor que inflinge, por odio a la fe (doctrina) y/o otra virtud
      cristiana (moral).
    2. la muerte a un cristiano que acepta voluntariamente la muerte y soporta pacientemente la misma muerte por amor a Cristo y por serle fiel y además;

    la obra de reconocimiento de la Iglesia que, acepta en el fuero externo el evento martirial como expresión de fortaleza heroica, fundada sobre la caridad y que proponga con solemne declaración la imitación y veneración de los fieles.
    Todos los elementos señalados en el literal A se encuentran con especial claridad en el marco histórico de la vida y muerte de Mons. Romero, por ello la Iglesia Arquidiocesana se siente llamada a poner en acto su obra de reconocimiento ya que la Iglesia desde el inicio de su historia ha tenido grande honor por sus mártires y ha reconocido su eminente santidad. Precisamente la convicción, por parte de los fieles, de la unión íntima de Cristo y de los mártires fue lo que indujo a los cristianos perseguidos a invocarlos para que orasen por ellos e intercedieran ante Dios a fin de obtener la gracia de imitarlos en la profesión integra de la fe.

    La Canonización de Mons. Oscar Arnulfo Romero Galdámez

    1. Contribuirá a la renovación de la fe de muchos cristianos en el mundo enriqueciendola con la más intensa espiritualidad del pobre de Nazareth, con su misma convicción, entrega y esperanza;
    2. Será un permanente llamado a volvernos definitivamente a Dios del cual le provenía toda su fuerza y vitalidad.
    3. Descubrir en su ejemplo la integridad del ser cristiano y vivir verdaderamente la voluntad de Dios desde la perspectiva de quien se sabe hijo y lo entiende en referencia a sus hermanos, especialmente los pobres y palpar en ellos al Señor Resucitado.
    4. Será de mucho bien para la Iglesia Local y Universal reconocer oficialmente y dar a conocer el testimonio del Siervo de Dios Mons. Romero, como la eterna experiencia de un hombre Santo, que en la cotidianeidad de la vida de un país remoto de nuestra época ha sido radicalmente fiel a Dios en medio de una historia de dolor. Una vida que nos invita, a pesar de los obstáculos y tentaciones, a vivir en nuestros días el Evangelio tal como lo hicieron los primeros ejemplares cristianos.
    5. Contribuirá a rescatarlo para la vida de la Iglesia e iluminar el ministerio pastoral y la opción preferencial por los pobres y los pecadores, ya que su recuerdo sigue siendo también interpelación, denuncia, desenmascaramiento y exigencia de conversión, y estaríamos reivindicando, en el justo sentido del término, la persona y vida de Mons. Romero: muchos lo criticaron, lo desprestigiaron, lo condenaron, aplaudieron su crimen. Muchos que se decían católicos. Otros han querido manipularlo con fines no precisamente evangélicos. Pero es innegable que es un mártir salvadoreño, un cristiano contemporáneo "a carta cabal". Es parte de nuestra Historia de Salvación en El Salvador. Es nuestro MONSEÑOR, ejemplo y modelo para toda la humanidad que busca, en un mundo materializado y egoísta, darle sentido de la vida


     

    1. Devolverá a los hombres de buena voluntad el legítimo derecho a enarbolar un ideal profundamente cristiano, como es el amor a los otros hasta el extremo. Y para los cristianos-católicos, lo hayamos conocido o no, será la expresión personificada del creyente que, con la coherencia de su testimonio y los principios fundamentales de su fe, entendió e hizo suya, con plena conciencia , la opción incondicional por la vida.

    En que consta la etapa Diocesana: consta especialmente de actividades de investigación y de un PROCESICULO DIOCESANO, recabando la siguiente información:

    A) Hemos recopilado todos los escritos editados de Mons. Romero, fundamentalmente artículos que se publicaron en diarios y periódicos, los cuales están contenidos en 4 tomos:

    1. Semanario " El Chaparrastique " vocero oficial de la Diócesis de San Miguel y el que significó su puerta de entrada al mundo de las comunicaciones y una de sus primeras responsabilidades dentro de su sacerdocio.
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      ( Tomo I - 1944-1967)
    2. El Diario de Oriente semanario de la Ciudad de San Miguel (Tomo II - 1968-1976)
    3. La Prensa Gráfica rotativo capitalino de circulación nacional (Tomo II - 1969-1979)
    4. Semanario El Apóstol de la Diócesis de Santiago de María y del cual fuera su fundador (Tomo III - 1975-1977 )
    5. Semanario Orientación de la Arquidiócesis de San Salvador del cual fue Director ( Tomo III y IV - 1971-1980)

    Además hemos recopilado:

    • La Biografía de Mons. Oscar A. Romero escrita por el sacerdote Jesús Delgado editada en 1990
    • El Diario de Mons. Romero editado en 1990
    • Sus Cartas Pastorales y Discursos
    • Mons. Oscar A. Romero. Su Pensamiento (Homilías) Tomo I-VIII

    Actividades realizadas durante proceso Diocesano:

    • 24 de Marzo de 1993, día en el que nuestra Iglesia Arquidiocesana recordó el XIII Aniversario de su muerte martirial se presentó el 12 de mayo la Solicitud de Introducción de La Causa de Canonización de Mons. Oscar A. Romero Galdámez al Excelentísimo Señor Arzobispo Metropolitano Mons. Arturo Rivera y Damas (de Grata Recordación), presentándole toda la Documentación arriba citada.
    • Fue nombrada una comisión de Censores formada por los sacerdotes Jesús Delgado y Luis Coto para que estudiaran los escritos de Monseñor Romero y poder determinar si hay algo en ellos en contra de la fe y de las costumbres, a lo cual ya hemos obtenido una respuesta afirmativa de los censores.
    • El 12 de mayo de 1994, cuando el Sr. Arzobispo, Mons. Rivera Damas con Decreto fechado el 24 de marzo de 1994, en solemne ceremonia instaló el Tribunal Eclesiástico que instruiría el Proceso Informativo sobre la vida, martirio y fama de martirio del Siervo de Dios, Mons. Oscar A. Romero. El Tribunal quedó constituido por Mons. Ricardo Urioste, como Juez Delegado, Rvdo. Efraín Villalobos, Promotor de Justicia, Rvdo. Mariano Brito y Sra. Josefína de Fortín, Notarios Actuarios y el Sr. Guillermo Gómez, Notario Adjunto. A partir de entonces han prestado testimonio 33 testigos entre obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos. Acto seguido a la constitución del Tribunal Eclesiástico, fue nombrada una Comisión de Peritos en Historia conformada por los sacerdotes; Jesús Delgado, Presidente y Rodolfo Cardenal, S.J., y Oscar Alvarez como miembros. Dicha comisión entregó la Prueba Documental y un extenso y valioso escrito conteniendo el marco social, político, económico y eclesial de El Salvador durante el ministerio Arzobispal de Mons. Romero. Dicho informe fue entregado el 9 de octubre de 1994 en una Sesión extraordinaria del Tribunal Eclesiástico según lo pide el Derecho.
    • Posteriormente la Postulación realizó la proclamación del Decreto sobre la observancia de los Decretos de Urbano VIII sobre el NO CULTO PUBLICO al Siervo de Dios, el cual es la afirmación de parte del Juez de la Causa de que no existe en el país manera de Culto alguno a la persona de Mons. Romero.
    • Además se hizo la PUBLICACION DE LAS ACTAS, acto procesual por el cual el Juez Delegado permite que el Promotor de Justicia y el Postulador de la Causa lean las actas levantadas durante el Proceso, en un tiempo determinado, y puedan solicitar testimonios complementarios de quienes ya han declarado, presentar nuevos testigos que puedan considerarse indispensables o manifestar su conformidad con lo realizado por el Tribunal.

      Una vez realizado este acto, un Copista que fue el último nombramiento para la Causa que realizó el Arzobispo Rivera Damas, en colaboración del Postulador, transcribió con fidelidad todas las actas del Proceso, preparando así el llamado "Trasunto" o Copia y así destinar toda la información a un Postulador en Roma para que este la ocupe como "copia pública" y acciones ante el Dicasterio Romano como representante de la Causa. Una de las copias queda en los Archivos de la Curia Romana, además del Original, siendo inaccesibles a cualquier persona.

      • El 1º de noviembre de 1996 se hizo la ceremonia de clausura del Proceso Diocesano en el cual se presentó y selló todo el material que se envió a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos. Terminada esta actividad se consideró finito el Proceso Diocesano y pasó a Roma a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, ante la cual se presentó como Postulador a Mons. Vincenzo Paglia para que representara al Proceso ante dicha Congregación. Mons. Paglia y un grupo de personas se encargan de llevar adelante el proceso en Roma en una oficina especial del Proceso.
      • Posteriormente de Roma se recibió el 4 de julio de 1997 el decreto por medio del cual se aceptaba la Causa como válida, debido a que todos los pasos dados en el Proceso Diocesano están hechos de acuerdo a las normas establecidas por lo cual solo queda el estudio de la misma en la Sagrada Congregación.
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      • En 1998 se entregó a la Sagrada Congregación el Summarium, el cual resume todo el Proceso Diocesano para que sea estudiado por dicha Congregación. Esta es una etapa avanzada del Proceso y puede considerarse la más aguda.

      • Finalmente se entregó en ese mismo año la Positio Super Martyrio en ese mismo año.
      • Actualmente el Proceso se estudia en Roma y se ha enviado toda la información adicional que han requerido a la espera de un dictamen definitivo sobre la canonización.
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