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Modelo de Esposas



"Porque tú sola, querida entre las mujeres, has tenido el coraje de liberar a tu marido del Hades, con el precio de tu vida" (Euripides, Alcestis 460)


Alcestis es la hija menor de Pelias, rey de Yolco, y de Anaxibia. Admeto, rey de Feras, se enamoró de la hermosa joven, pero el padre de ésta había decidido casar a su amada hija sólo con el hombre cuyo carro fuera tirado por un león y un jabalí bajo un mismo yugo. Apolo decidió ayudarlo y le proporcionó a éste el carro requerido como condición para obtener la mano de Alcestis y se llevó a cabo la boda. Durante la celebración los novios olvidaron realizar un sacrificio a Artemisa, quien se molestó y llenó la habitación nupcial de serpientes. De nuevo Apolo ayuda a Admeto, al tiempo que obtiene la gracia de los Hados, para que Admeto no muriese el día designado si alguien se ofrecía en su lugar. Llega el día del sacrificio y nadie se sacrifica por el. Así Alcestis, muere en lugar de su marido. Heracles se sorprende y decide descender al Hades, en busca de la joven Alcestis. Luego, la rescata y la devuelve a la tierra entre los vivos, más hermosa y joven que nunca, para que viviera al lado del hombre por el que había sido capaz de morir. Alcestis es un claro ejemplo del modelo ideal de esposa. Sacrificó su vida por la del amor que siente hacía su marido. Como vemos en el texto, Heracles recompensa este hecho y la devuelve a la vida mas hermosa y joven que nunca.

Tras esto podemos plantear dos situaciones:

  • El egoismo de Admeto, al dejar que su esposa muera en señal de su sacrificio.

(Aunque podemos entender que era tal la presión que se ejercía sobre él que no se diera cuenta realmente del hecho de que su esposa hubiera muerto).

  • El amor tan grande que existía de Alcestis hacia Admeto, sacrificando de esa manera su amor y como este hecho es premiado por los dioses y toda la sociedad griega.


(Se ve perfectamente natural, que la vida de una mujer tenga menos valor que la de un hombre). 


"Al cabo de veinte años de trabajo y de extraña aventura, Ulises, hijo de Laertes , vuelve a su Itaca. Con la espada de hierro y con el arco ejecuta la debida venganza. Atónita hasta el miedo, Penélope no se atreve a reconocerlo y alude, para probarlo, a un secreto que comparten los dos, y sólo los dos: el de su tálamo común, que ninguno de los mortales puede mover, porque el olivo con que fue labrado lo ata a la tierra. Tal es la historia que se lee en el libro vigésimo tercero de la Odisea. Homero no ignoraba que las cosas deben decirse de manera indirecta. Tampoco lo ignoraban sus griegos, cuyo lenguaje natural era el mito. La fábula del tálamo que es un árbol es una suerte de metáfora. La reina supo que el desconocido era el rey cuando se vio en sus ojos, cuando sintió en su amor que la encontraba el amor de Ulises".

Jorge Luis Borges, Un escolio, 1899-1986


El mito de la fidelidad femenina sería el de Penélope: esposa de Ulises, rey de Itaca y madre de Telémaco, resistió largo tiempo al  acoso de sus pretendientes, manteniéndose fiel a su marido, que había ido a la guerra de Troya y pasó después diez años tratando de regresar a Ítaca.

Prometió Penélope que elegiría marido entre ellos el día que terminase de tejer un sudario para su suegro, Laertes. Se pasaba el día tejiendo, pero por la noche deshacía el trabajo del día. Durante tres años les entretuvo con esta idea, hasta que una criada la traicionó. A su regreso, tras veinte largos años, Ulises dio muerte a los pretendientes.
Es de destacar la paciencia y la prudencia de Penélope,  su habilidad para manejar a aquella turba de hombres que devastaban su hacienda. El retrato que de ella hace Homero es de una mujer en todo momento majestuosa y digna.

"Marido, tú eras demasiado joven para morir y dejarme viuda en nuestra casa Ah, Hector, has traído la total desolación a tus padres. Pero... ¿quién te llorará como yo te lloraré? Mío es el más amargo dolor, porque no has muerto en tu cama tendiéndome los brazos para musitarme alguna palabra tierna que yo habría atesorado junto a mis lágrimas día y noche." (Andrómaca junto al cuerpo de su marido. Homero, Ilíada 24.725ff.).


Ἀνδρομάχη / Andrómaca, cuyo significado es "Aquella cuyo varón está combatiendo" es, en, la mitología griega, la esposa de Héctor. Simboliza el amor conyugal y filial frente a la crueldad de la guerra.

Andrómaca era hija de Eetión, el rey de Tebas, que pereció, junto con sus siete hijos varones, a manos de Aquiles en el octavo año del sitio de Troya, cuando los griegos hicieron una expedición de castigo contra los tebanos por la ayuda prestada a los sitiados. Además, su madre se suicidó tras perder a su esposo e hijos.

Más tarde, cuando Troya fue conquistada, sufrió el horror de ver morir a su marido y a su pequeño hijo Astianacte, también llamado por su padre Escamandro, que fue despeñado desde lo alto de una torre mientras ella se alejaba cautiva de la ciudad.

Andrómaca no fue una mujer sobresaliente por su belleza, al menos no es tratada así en la épica. Destaca por su modestia: siendo de sangre real no llega nunca a mencionarlo ante su marido. Sabe ganarlo en todo momento con dulzura, y realmente lo consigue, pues Héctor, verdadero pilar de Troya, es quizás el único ejemplo de marido amante y fiel en la literatura griega. Sus cualidades son principalmente la constancia, la lealtad, la sinceridad y la nobleza. "Tú, Héctor, eres un padre, una madre y un hermano para mí, al igual que mi amado esposo" (Homero, Ilíada 6.430)

En la Ilíada no llega Andrómaca a hablar o a pensar en contra de Helena, que en todo aparece también como una víctima de las circunstancias. En la tragedia de Eurípides que lleva su mismo nombre, Andrómaca ve a Helena como la verdadera causante, no solo de la muerte de Héctor y los troyanos, sino también de Aquiles y los héroes aqueos, por su desmedida afición a los hombres.


Para saber más:






Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía* y no se daba cuenta de nada.

Augusto Monterroso





*Referencia al conocido dicho "Aliquando bonus dormitat
Homerus" (También Homero se duerme alguna vez).