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Mujer VIRGO Hombre LIBRA

publicado a la‎(s)‎ 9/9/2011 9:12 por sol peralta ramos   [ actualizado el 16/1/2012 5:52 ]

La relación VIRGO/LIBRA


os hombres y las mujeres Libra son tan regocijantemente inteligentes y, al mismo tiempo, son tan agradablemente optimistas, que a la mayoría de las personas les encanta, sencillamente, estar en su compañía. Basta que sonrían para que un salón de baile sórdido se torne rutilant. Son sacapuntas mentales, que estimulan vuestras ideas y hacen trotar briosamente vuestros pensamientos en el aire fresco de su lógica. Pueden conferir apariencia de cristales a las gotas de lluvia y transmutar las vulgares burbujas de jabón de la bañera o la ducha en un prodigioso montaje de quiméricos globos rosados.

Pero... hablando de globos, ¿alguna vez intentasteis aporrear a uno de ellos? Es absolutamente inútil. El globo se limita a evadirse, tantas veces como lo machaquéis y golpeéis... siempre hinchado y refulgente y etéreo, siempre flotante. La frustración es tremenda. La única forma de causarle alguna impresión a un globo —si deseáis desinflarlo al pobrecillo, por alguna razón infame y siniestra— consiste en armaros de una aguja o un alfiler aguzado y puntiagudo.

Aunque los Virgo son afables y corteses por naturaleza, están por cierto bien armados con paquetes íntegros de agujas y alfileres aguzados y puntiagudos... y nada puede desinflar en forma más rápida y certera la rotunda
alegría y las benévolas burbujas de un Libra que los diminutos alfileres y agujas de las críticas correctivas de Virgo. ¡Pop! Entonces lo único que queda es un pequeño jirón de goma rosada, sin todo el aire que lo hacía tan redondo y ligero y feliz. En semejante estado no sirve para casi nada. Así como los Libra no sirven para casi nada, durante un largo lapso, después de estar sujetos a una andanada especialmente penetrante del realismo de Virgo.

Como Libra es un signo cardinal (líder) y Virgo es un signo mutable (comunicador), el o la Virgo aceptará durante mucho tiempo la lógica, las largas discusiones y el jubiloso optimismo de Libra, antes de esgrimir los alfileres y las agujas. El Virgo típico es un alma mansa, pacífica, que se abre y florece deliciosamente bajo el suave resplandor de Venus, el planeta regente de Libra. Durante un período, su convivencia será apacible, serena y mutuamente satisfactoria. No será sensacional, quizá, pero por otro lado tampoco será turbadora o desquiciante. Sólo un hermoso equilibrio de personalidades, motivaciones y objetivos, y una pulcra y limpia armonía de intenciones. A Libra le gusta que todo sea equilibrado y bello, a Virgo le gusta lo mismo.

Deambularán juntos por la oficina, el hogar, el aula o la sala de conciertos, beatíficamente, y eludirán, en general, a todos los fumadores y bromistas, a todas las personas bulliciosas y groseras. Ordenarán recíprocamente sus cajones de calcetines, desempolvarán recíprocamente sus empates, lustrarán recíprocamente sus esperanzas, se alisarán el pelo el uno al otro... intercambiarán regalos que consistirán en cepillos de dientes y relojes despertadores... y se canjearán libros. Los marcos de sus retratos colgarán en posición simétrica, no levantarán la voz ni gritarán... y todo será melodioso y maravillosamente mundano. Gradualmente, Libra empezará a depender de Virgo para conservar los platillos de su Balanza correctamente equilibrados, y empezará a confiar cada vez más en el espíritu servicial de Virgo.

Como el Virgo medio no disfruta realmente de las fiestas muy concurridas ni de las ceremonias públicas en las que estás obligado a sonreír y a entablar conversaciones triviales cuando no tienes ninguna gana de lo uno ni de lo otro, y .como por lo general a Libra sí le gustan esos festejos, es posible que el Libra se acostumbre  insensiblemente a acaparar las diversiones y a pretender que Virgo asuma la responsabilidad de las rutinas monótonas y los deberes aburridos dentro de su asociación, ya se trate de hacer coincidir el debe y el haber de la cuenta bancaria... de lavar la vajilla... de entretener a la tía Mildred y al tío Casper... de cuidar los niños... de cortar el césped... de seleccionar el alpiste, de clavar el linóleo, de reparar la lavadora (la mayoría de los Virgo tienen dedos mágicos y son prodigiosos en la mecánica), de regar el jardín del frente... de lustrar el auto... de colocar la alambrada del gallinero... de sacar a pasear el caballo... de cepillar el perro ovejero... de afinar el órgano... y de ejecutar todas esas faenas alegres y sublimes que no cautivan el gusto exigente del Libra.

Antes de que pase mucho tiempo, se oirán rumores ominosos bajo tierra (Virgo es un signo de Tierra). Nada cataclísmico, sino sólo unos pocos temblores. Virgo empezará por explicar paciente y afablemente al Libra que él (o ella) no ha sido forjado en el molde de un felpudo, sino en el de un ser humano perfectamente normal. Luego, Virgo intentará transmitirle (siempre cortésmente) al sonriente globo rubicundo con hoyuelos y orejas rosadas que el sueño que acaricia desde la infancia no es realmente el de convertirse en valet, criada, chófer o mayordomo... ni el de triunfar en una carrera aunque sólo sea remotamente afín a estas otras. Virgo tiene ambiciones más variadas que la de ser deshollinador o casero.

Libra escuchará paciente y respetuosamente la Declaración de Derechos del Virgo, y después de sopesar los pros y contras durante un lapso razonable, decidirá que las quejas de su interlocutor son justas, y que él (o ella) no ha estado tratando correctamente al Virgen. Entonces Libra ofrecerá generosamente asumir por lo menos la mitad de los deberes y responsabilidades, dejándole al Virgo abundante tiempo extra durante el cual él o la Virgen podrá mantenerse ocupado y ajetreado como más le plazca. Ésta parece ser la solución perfecta, la transacción ideal. Al principio.

Después el Virgo empezará a entablar discusiones bizantinas y a criticar los esfuerzos del Libra, que sencillamente no estarán a la altura de la perfección que el Virgo aportaba previamente a esas faenas. Todos saben que a un perro ovejero no se lo cepilla hacia adelante, sino hacia atrás, para conferir más vitalidad a su pelambre. No se riega demasiado el césped, para no ahogarlo... y si no se le echa suficiente agua, se secará. En el coche lustrado quedaron tres manchas nítidas sobre el capó, para no mencionar el raspón que los malditos anillos del Libra dejaron sobre el parabrisas. (La mayoría de los Libra se chiflan por las joyas.)

Llega la noche en que Libra clava el linóleo, deja unas chinchetas olvidadas en el suelo, y Virgo pisa una mientras marcha descalzo desde el dormitorio hasta la cocina para tornar su leche de magnesia. Entonces se arma la gorda, y cuando todo termina el pobre Libra ha quedado postrado sobre la alfombra, o despatarrado sobre el diván de terciopelo, con los platillos de su Balanza oscilando como un péndulo, y quizás incluso sollozando suavemente por tan tremenda truculencia. Probablemente el Virgo no se mostrará desmedidamente comprensivo.

Una triple combinación de estreñimiento, enfado e insomnio puede transformar a los o las Vírgenes normalmente afables en criaturas nada semejantes al ángel de la misericordia. Pero probablemente se reconciliarán luego, y su vida volverá a marchar sobre rieles... hasta la próxima vez que Libra le endilgue a Virgo una disertación desmesurada sobre esto o aquello, y el Virgen se sienta nuevamente obligado a llenar de alfilerazos la encantadora lógica y el debate lírico de Libra. (Es posible que la segunda vez sea Libra quien pierda los estribos, y Virgo quien se acurruque en un rincón moqueando y sintiéndose odiado.)

Sin embargo, los amigos, socios, parientes, amantes o consortes de estos signos solares, congeniarán durante la mayor parte del tiempo. Puesto que influye sobre ellos la vibración 2-12, lo más frecuente será que Virgo respete a Libra en lugar de encontrarle defectos, pues intuye que Libra tiene conocimientos que podrían hacer menos caótica la vida. Y los tiene. Ya que precede a Virgo en la rueda kármica, Libra puede enseñarles a los y las Vírgenes, con el ejemplo, los beneficios de una actitud más tolerante y desprejuiciada respecto de las discrepancias entre lo ideal y lo viable, tanto en uno mismo como en sus congéneres, y puede enseñarles asimismo a cultivar un carisma más informal y a comprender que la vida nos ha sido conferida para que la gocemos y no sólo para que clasifiquemos sus defectos por orden alfabético.

Pero Libra proyectará este esclarecimiento hacia su amigo o amante Virgo con la tolerancia benévola que el signo más adelantado experimenta, hasta cierto punto, por el signo que lo sigue, en razón de haber pasado ya por esa experiencia espiritual (probablemente más de una vez). En conjunto, estos dos tienen mucho en común: mucho más que lo que tienen en oposición. Libra aprueba la estricta ética del trabajo de Virgo (por lo menos en principio), y casi la envidia. Virgo aprueba el espíritu de justicia y equidad de Libra, aunque los Vírgenes pasan por un trance traumático cuando los obligan a ser el público cautivo de las pendulares maratones de toma de decisión del Libra, con sus sí, sus no, y sus quizá. porque Virgo interpreta semejante deliberación superflua como un derroche frustrante e innecesario de tiempo valioso.

Seguramente habrá ocasiones en que Virgo pensará que Libra es perezoso o perezosa, lo cual es muy injusto por parte del o la Virgen, porque a los períodos de letargo de Libra los siguen infaliblemente  eclosiones de energía y entusiasmo verdaderamente impresionantes. Al fin y al cabo, una persona debe descansar en algún momento, cuando se divierte con tanta vehemencia y trabaja con tamo tesón como lo hace siempre el Libra, por partes casi iguales, equilibrando lo uno y lo otro tanto como es humanamente posible. Pero cada uno de ellos admirará y respetará inmensamente la inteligencia del otro, porque ambos están dotados, desde la cuna, de una cantidad considerable de células cerebrales en buenas condiciones de funcionamiento. Lo cierto es que las características similares de Virgo y Libra determinan que a veces sea difícil distinguir dichos rasgos. Un solo ejemplo es el del bello equilibrio de Libra... y la tendencia al orden de Virgo.

Tengo un amigo Piscis cuyo horóscopo he rectificado perfectamente en el sentido de que tiene un ascendente Escorpión, aproximadamente un grado de Escorpión «ascendente». Ya hace años que él trata de persuadirme de que mi rectificación de su ascendente está «desviada» en un grado o dos, y de que en realidad tiene un ascendente Libra. Está convencido de ello porque tiene la obsesión específica de verificar su cartera mientras atraviesa una calle muy transitada, y si los billetes no están debidamente escalonados en el orden correcto (los de uno, después los de diez, a continuación los de veinte, y así sucesivamente), se detiene en medio del tráfico para redistribuirlos. Está seguro de que éste es un trauma de Libra. No lo es. Admito que podría parecer una enfermedad de Libra, pero en realidad es un síndrome de Virgo.

Si Virgo no está en absoluto cerca de su ascendente, ¿por qué tiene semejante excentricidad? Porque Vulcano, el verdadero regente de Virgo (y un planeta muy poderoso), será descubierto e identificado muy pronto, y actualmente irradia influencias controladas hacia la Tierra. Indudablemente, cuando nació mi amigo Piscis con el ascendente Escorpión, Vulcano estaba en conjunción con su Sol natal, en su horóscopo. Es una diferenciación muy sutil, pero si reflexionáis sobre lo que habéis aprendido acerca de los signos solares, podréis practicarla. Escalonar los billetes, dentro de la cartera, en el orden numérico correcto, es un rasgo obviamente virginiano. Un ascendente Libra generaría un problema diferente. Libra se detendría en medio del tráfico porque de pronto vacilaría entre dos alternativas: seguir cruzando la calzada, o volver al restaurante para servirse otro trozo de pastel de limón.

El hogar o la oficina donde Virgo y Libra fusionan sus auras, generalmente es agraciado por una atmósfera feliz y armoniosa, que contiene y combina las configuraciones de paz de Libra, de un color claro delicadamente atenuado; la risa argentina y la mirada fresca y transparente de Virgo; los hoyuelos y la voz celestial de Libra, su bruma de dulzura, sus nubes de gentileza, y su colonia o su talco, el aroma de jabón Ivory, propio de Virgo; bellos cuadros, ventanas relucientes e impecables, un fondo musical suave, el tintineo de los cubos de hielo de Libra en un vaso, sincronizado con el ritmo apaciguador de la calculadora de Virgo... y un par de chinchetas olvidadas en el suelo




Mujer VIRGO Hombre LIBRA


o obstante la compulsión de su signo solar a criticar, a descubrir defectos y a corregirlos, la mujer Virgo no anda por el mundo consagrando cada momento de su tiempo a discusiones bizantinas y melindres. Durante la mayor parte de sus horas de vigilia es una atractiva criatura femenina, con una personalidad plácida y agradable, una sonrisa dulce, y ojos centelleantes (todos los ojos de Virgo, como los de Géminis, centellean literalmente, cual si desde ellos refulgieran estrellitas... tierno toque mágico que el titilante Mercurio, el de los pies alados, confiera a ambos signos solares). El solo hecho de estar cerca de ella relaja al hombre Libra... o a cualquiera de nosotros. La presencia de la mujer Virgo es sosegante. Su aura contiene un elemento reconfortante y fresco y verde como una floresta, algo puro y blanco y suave, que parece penetrar la atmósfera circundante, apaciguando el espíritu de los atribulados y deprimidos.

Un hombre Libra específico que conozco, que perdió a su esposa cuando se divorció de ella, aún no se ha
recuperado de su tremenda sensación de vacío y soledad... y han transcurrido cinco años desde que se cortó el lazo, desde que se rompió el vínculo que los unía. Así que es realmente importante que la astrología procure impedir que todos los miles y miles de amantes o consortes Virgo-Libra del mundo experimenten un dolor análogo. Como os lo dirá cualquier Virgo práctico y sensato (los Vírgenes son aficionados a los aforismos): «Mejor prevenir que curar». A juicio de Libra, siempre es posible expiar y rectificar posteriormente un error, de lo cual resulta una reconciliación.

Pero la Virgen típica sustenta una actitud un poco distinta, que ella no puede evitar, porque es una parte intrínseca de su naturaleza. Virgo ve los errores bajo una luz distinta. Cree, primeramente, que hay que comenzar por no cometerlos. Debemos admitir que ésta es u
na actitud muy lúcida, porque no es necesario expiar ni rectificar los errores no cometidos. Lógica pura, impecable. Por tanto, esta dama de la filosofía virginal se descoyunta, como una contorsionista mental y emocional, para no incurrir en errores que más tarde lamentará... y también para ayudar a que su hombre Libra no los corneta, en lo que concierne a su relación. Cuando sus esfuerzos hercúleos fracasan, piensa que lo ha intentado (palabra demasiado suave para designar su plácida paciencia), y que nadie puede pretender más, ni siquiera de los ángeles.

Por consiguiente, le resulta un poco más fácil enfrentar la conclusión de que es hora de cortar el vínculo con sus tijeras de Virgo. La mujer Virgo aceptará alegremente y de buen grado, durante años, las restricciones, los desengaños y las lesiones que sacuden, de cuando en cuando, todas las relaciones humanas... mucho, muchísimo más allá de lo que estipula el deber del amor (tal como se lo interpreta normalmente). Sacrificará sus propios anhelos... la canción matinal de su propio espíritu libre, que ansía liberarse... su propio ego y su orgullo, su necesidad de identificación personal... y se consagrará totalmente a la comodidad, la satisfacción, el éxito y la dicha del hombre Libra al que ama con tanta pureza (y al que también respeta. por supuesto, ya que el respeto es un elemento inseparable e integral del amor de Virgo).


El hombre Libra también se esfuerza, porque, para Libra, la vida es categóricamente una inmensa nada cuando no se comparte con alguien especial.

Por tanto, el hombre Libra se descoyuntará (simbólicamente) casi tanto como la mujer Virgo para mantener
cohesionado un matrimonio o una relación amorosa. Sin un amor compartido y recíproco, sin una entrega a la sociedad de la pareja, el romántico Libra está auténticamente perdido. Para este hombre, su relación amorosa es un tesoro precioso e impagable, de modo que lo asegura de la mejor manera posible contra daños o extravíos... y para ser justos, la «mejor manera posible», tal como él la entiende, no está nada mal.

El Libra típico, regido
por Venus, derrama sobre su mujer Virgo una plétora de dulzura, ternura, consideración y afecto... excepto en aquellos miércoles y viernes ocasionales en que se transforma truculentamente en el más rabioso de los cocodrilos porque alguien (no necesariamente ella) le ha desequilibrado la Balanza, y entonces se siente atravesado, torcido, desgraciado y patas arriba. Pero se recupera rápidamente y retorna su personalidad normal, dichosa, afable, dulce... y la vida se torna nuevamente lírica y hermosa. Oh, es posible que siga desparramando sus calcetines por el suelo para que ella los recoja... que deje por ahí sus tazas y vasos para que ella los recoja y los lave... que flirtee un poco en las fiestas... quizá que estudie durante demasiado tiempo y con demasiada vehemencia o que en raras  ocasiones se exceda en el consumo de bebidas burbujeantes.

Pero incluso con estos pequeños defectos, es tan rico en simpatía cautivante y hoyuelos, en sonrisas rutilantes y
conversación encantadora, para no hablar de su intelecto casi siempre brillante, que continúa siendo un individuo bastante perfecto, incluso para una mujer Virgo (que utiliza un patrón muy severo para medir cualquier forma de perfección). La atracción sexual entre ellos no es ni devoradora ni débil, sino que está en un punto intermedio. A menos que exista un mal aspecto de las Luminarias entre sus cartas natales, este hombre y esta mujer generalmente descubren una forma poco común de plácida satisfacción y gozo en su abrazo sexual. Habrá momentos en que ella sentirá que él es demasiado abstracto, desde el punto de vista romántico, para su gusto... y otros momentos en que él sentirá que quizás ella alimenta una actitud demasiado prosaica respecto de la intimidad física.

Pero la mujer Virgo a la que tratan con ternura despertará gradualmente a una comprensión sensual de la
pasión, porque su naturaleza básica es «terrenal» y contiene niveles inesperados de respuesta para el hombre cuya forma de hacer el amor es suficientemente delicada y sutil como para estimular los deseos latentes de ella. En el caso de Libra, lo es. Incluso es posible que al cabo de un tiempo él conquiste la confianza de ella en la medida suficiente para transformarla en una sentimental, como lo es él... y para enseñarle que su búsqueda instintiva de «realismo» no pertenece al campo de su expresión sexual. Finalmente, ella estará en condiciones de dar y recibir amor con tanto afecto espontáneo, irrestricto, como su compañero guiado por Venus.


Al hombre Libra le resulta fácil dar por supuesta la aquiescente devoción de la mujer Virgo, persuadido por sus modales en general corteses y contemporizadores de que ella siempre estará a su lado para equilibrar la Balanza y restaurar la armonía, y de que ella no es en realidad tan agresiva o resuelta como para reclamar mucho para sí misma. ¡Ningún hombre Libra que haya leído el capítulo dedicado a la mujer Virgo en mi primer libro, Sun Signs (Los signos del Zodiaco y su carácter), cometerá semejante error! Esta dama no es una dulce y ruborosa concubina ni una geisha genuflexa a la que el hombre puede darle unas palmaditas de vez en cuando en su bonita cabeza, y moldear plácidamente a su imagen y semejanza, convirtiéndola en un pálido reflejo de su propio estilo de vida y sus ambiciones.

Ella también es un individuo, como él. Además, su verdadero planeta regente, Vulcano —deidad coja del trueno ejerce actualmente sobre todos los Virgo una influencia magnética que aumenta sistemáticamente, como un llamado lejano que se oye reverberar dentro del alma. Es posible que un día ella conteste el llamado y que parta, sencillamente... para seguir a su nueva estrella, Vulcano... para verificar si puede encontrarse... a sí misma, allí lejos, en alguna parte. Y quizá si puede encontrar, también, la respuesta al misterio esquivo del amor. El hombre Libra que cree equivocada (y ciegamente) que su dama Virgo es feliz con las migajas de su corazón, sentada junto a la chimenea como una Cenicienta sumisa, sana y salva, inmune al comportamiento no convencional, debería analizar la situación con su lógica de Libra.

También debería tomar en cuenta que la Virgo Margaret Trudeau, encantadora y apacible esposa del primer ministro Libra Pierre Trudeau, de Canadá, la misma que era la imagen perfecta de la esposa y madre complaciente y totalmente satisfecha, rompió dicha imagen en forma desconcertantemente súbita cuando les informó suave, triste (pero categóricamente) a su atónito marido y al mundo en general que los dejaba a él y a sus hijos, porque no podía seguir soportando la presión. Después se remontó por el cielo tentador de sus sueños largamente cautivos, como lo hará un pájaro inquieto e inseguro cuando le dejan accidentalmente abierta la puerta de la jaula en una mañana luminosa.

En realidad, esta mujer Virgo es un retrato «perfecto» de la Virgen actual, a la que el atronador Vulcano exhorta cada vez con más insistencia a probar sus alas. Probablemente Margaret Trudeau ignora, en un nivel consciente, las implicaciones más profundas de su declaración personal de independencia. Sin embargo, los comentarios que hizo en 1978, cuando la entrevistó una revista, dejan traslucir un conocimiento creciente de su nuevo ser, transformado por Vulcano en una criatura inquieta, que practica las lecciones aprendidas de la Balanza de Oro de su consorte Libra cuando trata de equilibrar su razonamiento racional de Virgo, su sentido común «terrenal», y su realismo... con una búsqueda inusitadamente imaginativa, audaz e impulsiva de la «Vida, la libertad y la dicha».

Para decirlo con sus propias palabras: «Extraño tremendamente a mis hijos, y amo a mi marido. Es la mejor relación que he tenido en mi vida. Mi partida fue sólo una proclamación de libertad. Realmente no sé qué ocurrirá, porque tal vez nunca podré dejarlo. Cualquier relación que podamos montar juntos será buena y apropiada para nosotros... ya se trate de un matrimonio o sólo de la mayor contigüidad que pueda existir entre dos personas para ayudarse recíprocamente a sobrevivir en una existencia que no es fácil. Si tuviera el poder necesario para blandir una varita mágica, yo estaría dichosamente casada, con montones de críos a mis pies, horneando pan, envasando conservas, preparando encurtidos, cantando... feliz».

Después agregó un mensaje anhelante, obviamente irradiado por Vulcano, lo supiera ella o no... un mensaje en el que reverbera la esperanza silenciosa y rutilante de todas las mujeres Virgo de todo el mundo, cuando piensan en los hombres Libra que amaron y abandonaron. «Quizás un día —musitó la Virgo Margaret Trudeau—, me alcanzará un rayo... y volveré a mi amado, mi leal Pierre.» El hombre Libra que ama a una Virgen, y que no le ha quitado últimamente el cerrojo a su jaula de oro, puede concentrar beneficiosamente la equidad y la justicia de Venus, y sobre todo la sabiduría de Libra, y rumiar larga, largamente estas palabras inteligentes y auténticamente nacidas del corazón.

En 1969 tuve una curiosa experiencia. Un amigo mío Virgo había escrito una melodía frágil, pero arrebatadora, que me fascinaba. No tenía letra. Una tarde de diciembre, en medio de una tormenta de nieve, en Nueva York, mientras él interpretaba la melodía en un estudio de grabación, sentí la compulsión de coger un bloc y un lápiz y de garrapatear la letra de esta canción de Virgo. Las palabras brotaron sobre el papel, de primera intención, con una métrica perfecta, en no más de cinco minutos, y entonces comprendí, por supuesto, que yo no era realmente la autora, sino que habían sido encauzadas por mi intermedio desde una fuente superior, por alguna razón que no atiné a comprender en ese momento. En homenaje al compositor Virgo, la titulé «Canción de Vulcano». Pero cuando él volvió a interpretar suavemente la melodía y entonó la nueva letra, se produjo un fenómeno asombroso.

Súbitamente, su voz fue ahogada por el potente retumbar de una serie de truenos. ¿Truenos en diciembre... con nieve? «Vulcano atruena su aprobación», dijo el Virgo, sonriendo (Vulcano no es un planeta masculino, sino femenino). A la mañana siguiente los periódicos de Nueva York publicaron la historia de los «truenos sin precedentes» del día anterior, durante una copiosa nevada. No pude dejar de preguntarme si la voz atronadora de Vulcano confirmaba como una profecía válida el sentimiento que yo había volcado impulsivamente, a la manera ariana, un año antes, en mi libro Sun Signs, a saber, que este planeta será redescubierto, aproximadamente en el curso de una década, girando cerca del Sol y Mercurio (el actual regente adoptivo de Virgo). Me hice esa pregunta porque no soy profeta. ni he deseado serlo. Aquello sucedió a fines de 1969 y comienzos de 1970.

Esto lo escribo en 1978. Y sigo formulándome la misma pregunta. Porque me siento inexplicablemente impulsada a dedicar esta humilde canción, casi olvidada, de 1969-1970, a Margaret Trudeau... y a todos los hombres y mujeres Virgo que han experimentado recientemente dentro de sí los aleteos de un vago anhelo... que les produce una sensación de cambio cercano, una especie de aflojamiento de las restricciones. Que quizá no se producirá mañana ni pasado, que quizá no se puede medir en semanas o meses. Pero dentro de un par de años... ¿quién sabe? CANCIÓN DE VULCANO...

Búsqueda de Virgo hay una Estrella que nunca he visto perdida dentro de una plegaria y misteriosamente, la respuesta al amor está allí debo ir a donde nació esa estrella... hace muchos años entonces misteriosamente... conoceré la respuesta al amor oculta por la medianoche... pero próxima al Sol montada sobre una nube remota ¿cómo puedo verla, con ojos eternamente ciegos? ¿marchando a tropezones con la muchedumbre? sin embargo debo buscar mi Estrella a solas sólo un sueño o dos atrás pero en alguna parte... la respuesta al amor sé... que hallaré Aun ahora, Venus de Libra brilla con un poco más de fulgor... irradiando un mensaje silencioso que dice que el agotador tiempo de la espera ya casi ha terminado, que pronto se reencontrará lo perdido... y que pronto se reunirá lo que se separó hace mucho.

Sí, la hora de Vulcano es inminente. No importa lo que digan los astrónomos científicos. Antes de que hayan transcurrido muchas lunas, en alguna parte, en un claro crepúsculo, uno de ellos apuntará excitado hacia el firmamento que canta suavemente y gritará: «¡Mirad! ¡Allí arriba, cerca de Mercurio! ¡Una nueva estrella!». Es posible que al principio la bauticen con un nombre falso. Pero no importa. Así como los astrónomos fueron guiados por sus personalidades superiores para cambiar finalmente el nombre del planeta «Herschel» por el de Urano, obedeciendo sin saberlo las antiguas profecías de Acuario... así también serán guiados nuevamente por un Poder que escapa a su control científico para designar finalmente a la nueva «estrella» con el nombre de Vulcano... cumpliendo así otro de los nacimientos predestinados de la astrología.

Como Vulcano, la deidad coja del Trueno, gira cerca de la protección de Apolo, el dios Sol, no es posible ver al planeta en la luminosidad del día... ni por la noche. Vulcano está «oculto por la medianoche, pero próximo al Sol», lírica y literalmente. Habrá que descubrirlo cerca del amanecer o el crepúsculo. El amanecer es mejor. El crepúsculo encierra para Vulcano tristes remembranzas de tragedia... remembranzas que preferiría olvidar, respecto de Set y Osiris. Sí, el amanecer es mejor. La aurora, justo cuando empieza el nuevo día, en el momento en que la estrella matutina (Venus de Libra) se pierde de vista sobre el horizonte, para soñar un poco... antes de regresar cuando oscurece

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