Una realidad más

por Pedro Carrasco.

El aborto tal y como lo conocemos hoy en día es el consentimiento de matar el feto del vientre de una madre porque o es un embarazo no deseado o por evitar sufrimiento a dicho feto.
Me pregunto:

¿Es justo que exterminemos pueblos tercermundistas para obtener su petróleo por el mero hecho de que nos estorban? Sin embargo, por ese mismo motivo nos deshacemos de nuestros hijos no deseados.

¿Es más lógico matar a nuestro hijo en el vientre triturándolo o aspirándolo para evitarle el sufrimiento de no ser aceptado por la sociedad? Y, por supuesto, no lo será, ya que ni las mismas madres los aceptan.

Nos guste o no, un aborto es el asesinato de un hijo consentido por su misma madre. ¿Deja de ser una crueldad sólo porque la ciencia dice que no es un niño formado? ¿Y cuándo no lo es? ¿Cuando los médicos dejen de sacar beneficios ensuciándose las manos con niños asesinados? ¿O cuando los políticos -los mismo que castigan a los padres por darle un cachete a sus hijos para su educación y formación- dejen de ganar votos?

Es una contradicción. Otra de las muchas a las que día a día nos enfrentamos y que intentan escamotearnos por medio de ese estilo de vida que nos imponen desde los medios de comunicación.

¿No somos conscientes de que es nuestro hijo el que va a nacer y al que estamos matando? Me resulta muy difícil comprender que una mujer que mata a su hijo no tenga remordimientos de conciencia. Creemos que nos merece la pena sacrificar una vida por unos pocos años más de diversión y de juventud, sacrificar a nuestros hijos para cumplir nuestros “sueños”.

Me gustaría terminar con una cuestión:

¿Cómo os sentiríais si supierais que vuestra madre está dispuesta a mataros de una forma cruel por disfrutar un poco más de su vida?
 

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