LA FALSA AUTONOMÍA DE LOS CENTROS EN LA LOMCE

DONDE DICE AUTONOMIA, LÉASE CONTROL

Organismos internacionales, como la OCDE o la Comisión Europea, vienen incidiendo con insistencia en el desarrollo de la autonomía de los centros docentes como una de las políticas - o conjunto de políticas- clave para mejorar la calidad de la educación. Siguiendo al pie de la letra esa recomendación , el aumento de la autonomía de los centros es uno de los objetivos de la LOMCE recogido en el apartado VII de la exposición de motivos, tras hacer constar que, si bien la importancia de la autonomía estaba recogida formalmente en la LOE, sigue siendo un déficit de nuestro sistema educativo. Pero al hablar de autonomía ¿de qué están hablando? ¿A qué se refieren? ¿Qué significa autonomía en su neolenguaje?

El significado de la palabra “autonomía” es un ejemplo paradigmático de manipulación por parte del denominado “pensamiento único neoliberal “, que apropiándose de términos y reivindicaciones progresistas los despoja de su sentido inicial y los dota de un contenido, muchas veces contrario, al que inicialmente tenían. Entendíamos por  autonomía, decía Máximo Bontempelli en su crítica a la reforma Moratti, la independencia de la escuela de intereses externos tales como la iglesia y los factores económicos y la defensa de los profesores contra las interferencias burocráticas y gubernativas. Esa autonomía se entendía  como un medio esencial para que los estudiantes pudiesen adquirir un pensamiento autónomo. Hoy autonomía significa la destrucción de la escuela pública. Autonomía ha llegado a ser sinónimo de escuela-empresa. Es la negación del concepto anterior, puesto que la educación ya no es libre respecto de los intereses económicos externos. El periodo en que los profesores están literalmente abrumados por las restricciones burocráticas y pedagógicas acerca de su trabajo es, paradójicamente, la era de la (así llamada) autonomía.

La autonomía de que habla la LOMCE  es falsa autonomía y donde dice autonomía debemos leer “control”. Porque en la realidad el aumento de autonomía que se propone persigue  tres objetivos no declarados,  pero fundamentales en el modelo educativo que se pretende implantar: la competencia entre centros, el control centralizado y el traspaso de responsabilidades .

Competencia entre centros

Esa “falsa autonomía” que contempla la LOMCE, es la herramienta de impulso de la competencia darwinista entre centros, una condición necesaria para avanzar hacia la meta que se propone la reforma: mercantilizar y privatizar la enseñanza, es decir, abrir el sistema educativo al mercado y someterlo a sus reglas.

En un mercado abierto los proveedores de productos (empresas) tienen que competir unos con otros por la captación de clientes (consumidores). En el mercado de la educación los proveedores de productos educativos son los centros (públicos y privados) que han de competir por la captación de clientes-consumidores de educación (padres y alumnos). La competencia entre centros es pues una condición necesaria para que exista mercado educativo y si no existe o es deficiente hay que crearla o desarrollarla.  ¿Cómo?  ¿Con qué medio? Dotando  a los centros de una falsa autonomía para que cada uno de ellos, como si fuera un empresa, se especialice en configurar y presentar su propia oferta educativa diferenciada, su proyecto educativo especializado que, en competición abierta con los demás, convenza y atraiga la demanda de una clientela determinada y se sitúe en buena posición en el ranking de resultados. Una confrontación y competencia entre diferentes y múltiples ofertas que, se espera, contribuya a hacer realmente  efectivo el derecho a la “libertad de elección de centro” puesto hoy por encima del derecho a la educación de todos y todas. La competencia entre centros y la preferencia de elección se presenta en la Ley como elementos determinantes de la calidad del sistema.

Control centralizado

La autonomía de que habla la LOMCE, es falsa porque es una autonomía cautiva, vigilada y sometida a escrutinio constante. Impone un férreo control sobre los centros tanto en el ámbito pedagógico como en su funcionamiento organizativo y de gestión. En lo pedagógico porque queda sometido a los estándares y criterios de evaluación en manos del Gobierno y es una evidencia científica que “tal como evalúas así enseñas”. En el funcionamiento de los centros porque los maniata más que nunca ya que  los recursos económicos para su funcionamiento estarán en función de   unos rendimientos y resultados que ellos no controlan ya que están predefinidos y predeterminados centralizadamente por las instancias administrativas superiores. Dicho de otra manera, quien gobierna se reserva el control sobre lo que se hace (el currículum a impartir),  la verificación de su cumplimiento (“reválidas” estandarizadas) y  los recursos económicos a asignar en función de los resultados, el denominado “pago por resultados” del mundo empresarial. Los centros se verán obligados a comportarse como empresas privadas que tienen que rendir constantemente cuentas frente a su accionista mayoritario: el gobierno de turno.

Traspaso de responsabilidades

Con este modelo de falsa autonomía se exime de responsabilidad a  las administraciones educativas y se traspasa a los propios centros convirtiéndoles en responsables de los problemas educativos que puedan darse y de los resultados escolares obtenidos. La Administración responsable de los niveles de inversión, del número del profesorado, de las ratios, de los recursos de los centros, etc, se lava las manos de su responsabilidad en los resultados obtenidos por el sistema educativo.

En un proceso de recortes y disminución constante de gastos en educación la financiación con fondos públicos de los centros se torna insuficiente por lo  que se hace necesaria la obtención de nuevos recursos para completar la financiación. La autonomía viene como anillo al dedo para que cada centro se busque la vida porque posibilita la obtención de nuevos recursos, la utilización de los recursos disponibles según se crea conveniente, el establecimiento de convenios o acuerdos con todo tipo de entidades públicas o privadas, la flexibilidad en la contratación y régimen de trabajo de los profesores y empleados, etc.

La verdadera autonomía curricular, organizativa y de gestión democrática en un contexto de recursos suficientes y adecuados según las necesidades del alumnado atendido en cada centro, se convierte, en clara imitación del modelo empresarial, en una falsa autonomía financiera y de gestión de personal.

 

J.A.BALBUENA

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