Campo

 


Museo de los Juegos Tradicionales

 

 

El año 1998 se inauguró el Museo de los Juegos Tradicionales en Campo (Huesca), ubicado en la zona de los "Pallerez", precisamente sobre lo que habían sido tres pajares. El edificio del Museo es alegre y bonito y la colección que alberga cuenta ya con unas 2.300 piezas provenientes de todo el país, con una amplia representación de las diferentes Comunidades Autónomas.

 

El objetivo que se ha perseguido con la creación de este museo es el de investigar, conservar y difundir todo el patrimonio cultural relacionado con el mundo de los juegos y juguetes. Aunque se ha puesto un énfasis especial en  los juegos y juguetes autóctonos, cierto es que, como comentaba su director Fernando Maestro, es prácticamente imposible encontrar un juego o juguete estrictamente autóctono, dado que las relaciones entre pueblos conducen al intercambio no sólo  de bienes de consumo, sino también de personas, de cultura, de costumbres.

 

 

El Museo está estructurado en dos plantas. En la planta baja se encuentra información sobre los juegos a los que jugaban los niños, así como algunos de los objetos (más que juguetes) que usaban a tal fin. También se halla aquí todo lo referente a los juegos o deportes que practicaban los mozos y mozas, así como las mujeres. Hay que destacar la importancia que se le concede en esta exposición, como no podía ser menos, a las birllas, el juego de bolos que juegan las mujeres de Campo.

 

En la planta superior se puede ver la exposición de los deportes que practicaban los hombres, casi todos ellos relacionados con las tareas agrícolas. 

 

El Museo cumple una función pedagógica y constituye una fuente de información para el conocimiento de la historia local. Además del enriquecimiento cultural, hay que señalar  que nuestro pueblo también se beneficia directamente de ser la sede, pues cada año atrae a un número importante de visitantes.

 

Ver en una vitrina unos cartonez o unas tabas, nos trae a todos los que hemos nacido en Campo muchos recuerdos. Cierto es que hay muchos juegos que no se pueden llevar a un museo, pues la fantasia de los niños sin juguetes es inconmensurable (se podía pasar una tarde de verano jugando a "tiendetas", y otra enterrando a un saltamontes, o procurando hacer saltar las piedras sobre el agua del río), pero bien está que se conserven juntos, siempre que sea posible, aquellos juguetes y juegos que han formado parte de nuestra existencia y la de nuestro entorno.  

El museo está abierto de martes a sábado, de 11 a 14 horas y de 17 a 20 horas. Los domingos de 11 a 14 h. Y los domingos por la tarde y los lunes, cerrado. 

 

María José Fuster    

 

 

 

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