Campo


 

 

Mari Sancha Labata

 

 

Mari Sancha Labata nació en Tarragona, única hija de Alfredo Sancha Blanch y de María Labata Bigorra. Alfredo era el segundo hijo varón de Victor Sancha Cobos, que había nacido en la provincia de Soria y se asentó en Campo (Huesca), dando nombre a "casa Vitor".

 

Si se les pregunta a los vecinos de Campo de dónde es Mari, la mayoría contestarán sin titubear que es de Campo. Y la razón de esta afirmación tan categórica, es, probablemente, porque Mari no se ha limitado a vivir muchos años en Campo, sino que ha participado activamente en la vida del pueblo. Una de las actividades en las que se ha destacado es la de integrante del coro de la iglesia, en la que, por mucho coro que fuera, siempre se podía identificar su voz potente y bien entonada.

 

Mari se casó con Antonio Ballarín Mur y han tenido un hijo que se llama Alfredo, como su abuelo materno. Actualmente vive en Tarragona con su familia y sigue viniendo a su casa de Campo con mucha frecuencia.

 

Como las personas creativas y con sentido artístico suelen abordar diferentes facetas del arte, Mari también ha dedicado su tiempo y sus energías a hacer cosas distintas, destacando su habilidad tanto en la pintura como en las labores. En estas líneas queremos destacar algunos de sus estupendos trabajos.

 

 

Son los encajes una de las labores de hilo más valoradas, tanto por la destreza que se exige para su ejecución como por la belleza de la labor acabada. Básicamente hay dos tipos de encajes, los de aguja, donde se utiliza este útil para conducir un único hilo, y los de bolillos, donde diversos hilos enrollados en unos palitos (bolillos) se entrecruzan, sujetándose a una almohadilla mediante alfileres y trabajándose sobre un patrón.

 

Recuerdo que cuando yo era pequeña iba a casa de Mari a aprender esta complicada técnica. Y no era la única “alumna”, porque muchas otras chicas de Campo aprendieron con ella.

 

Pero hoy queremos hablar de una labor en la que Mari es una experta, y de esta categoría ya no quedan muchas. Se trata de la labor de la malla.

 

 

El encaje de malla es una red sobre la que se borda un motivo. Así pues, hay varias fases para su realización. En primer lugar, hay que señalar que se necesita una aguja o lanzadera, donde se pone el hilo. Esta aguja está abierta en sus dos extremos, y allí se enrolla el hilo que va a utilizarse para la labor. Este hilo suele ser de seda, lino o algodón. También se utiliza una barra cilíndrica o mallero, que sirve para marcar el tamaño del cuadriculado, con el fin de que todos los cuadraditos sean iguales.

 

Una vez hecha la pieza de malla, se coloca en un bastidor rectangular, en cuyos dos extremos hay unas piezas movibles, llamadas barretas, que permiten ajustar el tamaño de la pieza sobre la que hay que trabajar. Después, se procede a marcar el dibujo, lo que se hace con un hilo grueso, constituyendo esta una tarea que precisa mucha atención. A continuación, se puede comenzar a bordar el motivo deseado.

 

 

Mari ha hecho con esta técnica muchísimas labores, como visillos, cortinas, pañitos. Nos ha contado que ahora tiene problemas cuando ha de comprar una aguja o lanzadera, pues no las encuentra por ninguna parte, ya que nadie las utiliza. Antonio, su marido asiente, no en vano es él el que la ha acompañado en esa misión especial por varias ciudades de España.

 

Los modelos que se proponen para bordar estas labores, recurren con frecuencia a los motivos característicos del neoclasicismo, con inspiración en los clásicos griegos y a una flora y fauna un poco especial (cisnes, grifos, las quimeras aladas y otros animales fantásticos y guirnaldas de hojas de acanto, de vid, de laurel, búcaros, cintas anudando los motivos vegetales) y todo ello presentado con rigurosa simetría.

 

Aunque todos podemos disfrutar del encanto y delicadeza de estas labores, no todo el mundo se da cuenta del trabajo que lleva su realización y de la gran habilidad que se necesita. Por eso tenemos que decirle gracias a Mari, por habernos enseñado a comprenderlo.  

 

María José Fuster