Campo


 

CAMPO EN EL DICCIONARIO DE MADOZ

(1845-1850)

 

 

En el “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico 1845-1850” realizado por Pascual Madoz, se encuentra una extensa descripción de Campo, con una interesante información sobre nuestro pueblo en la primera mitad del siglo XIX. Dice así:

 

“Campo: Villa con ayuntamiento de la provincia de Huesca (24 horas), Partido Judicial de Boltaña (8), Administración de rentas y de correos de su nombre, Audiencia territorial y Capitanía General de Zaragoza (36), diócesis del Abadiado de San Victoriano (5). Situada a la márgen izquierda del río Esera, en una llanura de corta extensión rodeada de montes elevados, goza sin embargo de buena ventilación y clima saludable.

 

Tiene 98 casas distribuidas en 7 calles, una callejuela y una plaza de 70 varas de longitud por 16 de latitud, con inclusión de unos pequeños soportales, que tiene en uno de sus costados. Hay además un edificio que demuestra haber sido casa fuerte en tiempos muy antiguos y que despues sirvió para graneros en épocas diezmeras, en el cual se halla hoy la cárcel; otro que fue casa municipal muy decente, pero que destruida en la guerra contra la Francia, ha sido rehabilitada muy mezquinamente para este objeto; una escuela de primeras letras dotada con 1,632 reales, a la que asisten 45 discípulos, y una iglesia parroquial (Santa María de Campo) servida por un cura y un sacristán; el curato era de la clase de priores y su presentación correspondía al abad del extinguido monasterio de San Victorián, quien generalmente elejía siempre para prior de esta iglesia uno de sus monjes benedictinos; el cementerio, aunque próximo a la parroquia, ocupa un paraje ventilado: los vecinos de ese pueblo se surten para beber, varios usos domésticos y abrevedero de sus bestias y ganados, de las aguas del referido río Esera, haciéndolo igualmente para otros usos y para lavar de las de una acequia que conducida desde otro río, llamado Río-albo, atraviesa la villa.

 

El término confina por N. con los de Senz, Seira y Abi; por E. con el valle de Bardají y término de Espluga; por S. con el de Murillo de Liena y por O. con los de las Colladas y Foradada, extendiéndose como unas 2 leguas de N. a S, y poco menos de E. a O. Dentro de esta circunferencia se encuentra la aldea de Belveder, que dista ¼ de hora y 3 ermitas o santuarios dedicados a San Sebastián y San Antonio Abad y a San Belastuto; los dos primeros próximos a la villa y el tercero a ¼ de hora de distancia. Se encuentran también dos molinos harineros, 2 batanes y una sierra de agua para cortar madera. El terreno es escabroso y quebrado, comprende algunas tierras de labor de las cuales muy pocas pueden considerarse como de primera suerte. La cruzan los ríos ya expresados de Esera y Río-albo, que se unen en el término y siguen con el nombre del primero; este tiene el cauce muy profundo y no puede fertilizarlo, pasa por las inmediaciones de la villa y facilitan su paso una palanca de madera y un puente de piedra y cal de un solo arco. El Río-albo es el que presta algún beneficio cuya ventaja aunque a mucho coste, pudo conseguirse en el año 1834 tomando una acequia a ¾ de hora de la población y conduciendo por ellas sus aguas hasta pasar por las mismas calles, su obra fue muy costosa porque la referida acequia atraviesa algunas barranqueras, en las que fue preciso construir puentes que sirvieran de acueductos. 

Además de estos ríos hay también varios barrancos, entre los que es considerado el llamado riachuelo de San Miguel, cuyas aguas son preferidas para lavar la ropa y que igualmene se une con el de Esera. Varias de las tierras que disfrutan el beneficio del riego son destinadas para prados artificiales y las demás para la sementera y para huertos. La parte montuosa es escarpada y de mala calidad; hasta carece de bosques arbolados y aún escasea la maleza, de modo que ni aún pueden surtirse de leña si no acuden a los montes inmediatos. Cuatro son las montañas más elevadas que rodean la villa de que hablamos, la de Turbón al E. aunque no se extiende hasta su jurisdicción; al O. la de Naspún; al S. la de Murillo de Liena, y al N. la de Cervín, ésta es la que abunda en más yerbas de pasto, aunque por la escasez de aguas y distancia que hay hasta los abrevaderos, no presta la utilidad que pudiera, entre las yerbas de pasto se encuentran muchas olorosas y medicinales.

 

Caminos: si se exceptúa el camino general de Barbasto y Graus a Benasque, que atraviesa la población, los demás son provinciales y locales, que solo se hallan en regular estado. Correos: el de Barbastro llega los jueves y domingos en cuyos días sale para Benasque, de cuyo punto viene los miércoles y domingos, saliendo en estos mismos días para Barbastro. Producción: trigo, cebada, avena, aunque no en mucha abundancia; algunas legumbres y hortalizas y varias frutas, si bien se esmeran poco en el cuidado de los árboles, por el abandono con que se miran los excesos que contra ellos se cometen, arrancándolos o robando el fruto antes de sazonarse. Lo mismo sucede con el vino, seda y aceite, pues que la plantación de viñas, los olivos y las moreras son causa de emulación y no permite que se hagan adelantos. Cría algún ganado lanar, cabrío, mular y de cerda, caza de perdices y conejos y pesca de truchas y anguilas.

 

Industria: Además de los molinos harineros, batanes y sierra de que se ha hablado, se ejercitan varios habitantes en las demás obras mecánicas más indispensables. El comercio principal que se hace en este pueblo consisten en la recría de mulos, mulas y cerdos que se extraen para las ferias de los diferentes puntos de la provincia. En el interior de la población hay algunas tiendas en que se venden los artículos de primera necesidad y se celebra una feria todos los años el día 22 de octubre, que dura dos o tres días y cuyo principal consumo es el ganado de todas clases. Población: 33 vecinos, 198 almas. Contribución: 10522 reales, 5 maravedis vn. El presupuesto municipal asciende a 5,000 reales vn. que se cubre con los productos de propios, con los derechos de la feria y el de la palanca o puente de Esera”.

 

[fotos gentileza de Beatríz Martín Gracia y Angel Huguet Ascaso]