Campo

 


Un poco de historia...

En esta página en Internet dedicada a Campo hemos abierto una ventana al pasado y nos hemos asomado para conocer quienes eran sus vecinos, cuáles eran sus costumbres, sus tradiciones… Ahora queremos referirnos a cómo era el pueblo “físicamente”, sus casas, sus calles.

En la presentación se ha dicho que Campo está situado a 691 metros de altura, en la márgen izquierda del río Esera, en una llanura de corta extensión, rodeado por montes elevados, que son: el Cotiella (2.500 m.), Turbón (2.464 m.), Cervín (1.641 m.) y el Caixigá. Confina con los términos de Senz, Seira y Abi, valle de Bardají y Espluga, Murillo de Liena, Las Colladas y Foradada. Pertenece a la Comarca de la Ribagorza, a la provincia de Huesca y al obispado de Barbastro.

 

¿Por qué eligieron nuestros antepasados este lugar para instalarse? ¿qué buscaban? ¿qué encontraron? Conocido es que a la hora de asentarse en un lugar, el primer elemento que se tenía en cuenta era la proximidad y disponibilidad del agua, tan necesaria entonces como ahora para una concentración humana. Antes de instalarse en un lugar era indispensable saber con qué fuentes o cauces de agua se podía contar.

 

Campo está ubicado como sabemos, en un valle por el que discurre de norte a sur el Esera, pero es una característica de este tipo de pueblos de valle, el que su emplazamiento no esté nunca junto a el río sino en sus inmediaciones, procurando situarse ligeramente elevado para preservarse de eventuales crecidas. Es frecuente, que el núcleo habitado se encuentre junto a un pequeño afluente del río principal, descartándose así la amenaza de inundación, pero permitiendo facilitar el agua necesaria a la población, así como a las tierras de cultivo de su entorno. Este es el caso de Campo.

 

También era importante para un pueblo tener a mano el bosque o monte donde aprovisionarse de madera, que se necesitaba para cocinar, para calentarse, para construir sus casas y para hacer los utensilios domésticos y las herramientas de trabajo que les eran necesarias. Allí en el monte encontraba el campesino complemento para su alimentación, con la caza, con algunos frutos de los árboles y arbustos, con las setas. Y no sólo ese jardín común proveía a los vecinos, sino que también los animales domésticos buscaban allí su alimento.

 

Creemos, de todos modos, que fue la influencia y decisión del monasterio de San Victorián el factor determinante en la fundación del pueblo de Campo y que se debió elegir el emplazamiento en función de su ubicación estratégica, pues estaba en la ruta del monasterio de Obarra, así también como en la del de San Pedro de Tabernas, y hay que recordar que ambos cenobios pasaron a depender de San Victorián en el siglo XI.

 

En textos antiguos se cita Campo como Santa María de Campos o valle de Axén. La primera acepción creemos que es la que mejor nos ilustra sobre los orígenes del pueblo, pues podemos decir que la presencia de la iglesia fué el fundamento, el gérmen de lo que tenía que ser la población. No hubo una comunidad de personas que decidieran dotarse de un templo, sino que se decidió fundar un templo con un núcleo poblacional en torno suyo. Es decir, al pensarse en la fundación de la iglesia, se configuró ya el pueblo que tenía que tener a su alrededor.

 

La denominación “Santa María de Campos” es la que encontramos en la concesión que Jaime I hizo, a petición del abad de San Victorián, del “Privilegio Perpetuo de Mercado todos los Miércoles al Lugar de Santa María de Campos, situado en la valle de Bardaxí” (Teruel, 1297). Por cierto, es curioso recordar que todavía es el miércoles el día en el que se sigue celebrando el mercado en la plaza del pueblo.

 

Pero no es de historia, sino de paisaje urbano de lo que queremos hablar a continuación:   

 

El pueblo está situado en un llano, ligeramente elevado en su cara Noroeste. Su trazado urbano, el que tuvo hasta el siglo XX, parece más el resultado de un proyecto pensado y diseñado sobre un papel, que el de un pueblo de montaña que crece espontánamente. Si miraramos un hipotético plano de Campo, vemos que sus tres largas calles discurren longitudinalmente en sentido paralelo, siendo cortadas horizontalmente (a la altura de la mitad de su trazado) por la calle San Antonio. Esas tres calles, se unen en uno de sus extremos (orientación Este), formando la plaza de la Iglesia, llamada Cabovilla (o Caigüila). En el otro extremo (orientación Oeste), un hilera de casas, prolongación en perpendicular de la calle la Iglesia, cierran el recinto del pueblo. También hay un callejón o paso entre la calle Nueva y la calle Prior, que es el callizo de Pedrotorres.

 

Los nombres oficiales de las calles, según listados de Fincas urbanas, empadronamientos, etc. eran, y siguen siendo:

 

Calle la Iglesia (desde casa Rubiella y casa Rosón hasta el final); calle del Prior (desde casa Elías hasta Cabobilla); calle del Medio (desde casa Rafela hasta casa Cambra, aunque también se le daba este nombre a la calle del Prior); calle Nueva (lo que es la calle el Ballo hasta casa Sermo); calle San Antonio; callizo de Pedrotorres, la Plaza Mayor y Cabovilla.

 

 

Al núcelo urbano antiguamente se tenía acceso:

 

- bien por el del camino del Llano (dirección Sur), en cuya entrada estaba ubicada la ermita de San Antonio. Este pequeño edificio tenía, hasta la década de los 60 del pasado siglo XX, un gran arco abovedado que se apoyaba en su fachada y cubría la calle. En el lado opuesto a la iglesia, junto a la pared, había un gran banco de piedra. Actualmente la ermita sigue en su sitio, pero se échó a bajo el porche para ensanchar la calzada.

 

- bien por el camino que conduce hacia Turbón (dirección Oeste), donde estaba emplazada la ermita de San Sebastián, que contaba con un porche y un banco de piedra como la ermita de San Antonio. Ambas cosas, porche y banco, también fueron derribados.


[dibujo realizado por José Guillén Peiret]

La situación estratégica de las dos ermitas no era casual, pues respondía tanto a fines defensivos como de control impositivo. La elección de los santos a los que están dedicados los templos también parece muy razonable: San Sebastián, protector de la salud de las personas y al que se invocaba especialmente para protegerse de las epidemias, y San Antonio Abad, el santo que protege los animales.

 

Si seguimos observando el plano de Campo apreciaremos que a pesar de no disponer de ninguna edificación de defensa, el núcleo habitado estaba como recogido en si mismo, formando con sus casas una especie de barrera que sólo se podía franquear por las entradas en las que se encontraban las ermitas y que hacían posible controlar el acceso.

 

En la orientación Norte existe cierto desnivel entre la parte edificada y lo que son campos, originado por el cauce del barranco de San Miguel. Esta pendiente alcanza la parte occidental de la villa, donde hay un camino de acceso al núcleo poblacional mediante rampa. Se aprovechó la irregularidad del terreno para construir entre la mencionada rampa y otra más estrecha, que desciende hacía el barranco en la parte Norte, una zona destinada a pajares. Sobre este aspecto, la información que nos facilita Antonio Castel en su libro es la siguiente:

 

“Los Pallerez.

 

Reciben este nombre una serie de pajares que están construidos en la parte occidental del pueblo, paralelos a la carretera que conduce a Benasque. Estaban construidos como dice una escritura Extra-muros, es decir, fuera del núcleo habitado por personas.

 

Los pajares no eran muy grandes, de ahí el nombre en diminutivo, muchas casas de Campo disponían de uno.

 

Estaban construidos de piedras, de buenas y amplias fachadas.

 

Cada pajar contaba con dos departamentos, el inferior destinado normalmente a la cría y engorde del cerdo y la zona superior que llenaba de paja.

 

Además, la parte superior venía al nivel de las eras de Español y Toña, los propietarios de pajares disponían del derecho de trillar en dichas eras, y desde la misma arrojaban la paja a la parte de arriba del pallero.

 

La vía era bastante concurrida por los propietarios que recriaban cerdos y simplemente los engordaban durante el año para la matanza.

 

La zona era lugar sombrío y de frío”.

 

 

Hay que recordar también que había dos grandes abrevaderos, uno entre la rampa y los Pallerez, y otro en Cabobilla.

 

En medio de la plaza Mayor se encontraba la Cruz de piedra que posteriormente fué trasladada a la plaza de Cabobila.

 

Según la información que facilita Madoz en su “Diccionario geográfico-Histórico-Estadístico” de 1850, Campo, en esa época, tenía “98 casas distribuidas en 7 calles, una callejuela y una plaza, con inclusión de algunos pequeños soportales, que tiene en uno de sus costados. Hay, además, un edificio que demuestra había sido casa fuerte en tiempos muy antiguos y que después sirvió para granos en épocas diezmeras, en el cual se halla hoy la cárcel, otro que fue Casa Municipal muy decente, pero que destruida en la guerra contra Francia ha sido rehabilitada muy mezquinamente para este objeto.” .

 

Si obsevamos algunos de los escudos de piedra que se encuentran sobre los portales de las principales casas del pueblo, descub rimos sus fechas de construcción en torno a 1570 y 1590. Tenemos, por ejemplo, información de cómo era casa Aventín, gracias a la descripción encontrada en la Ejecutoria de Infanzonía de esta familia, en la que se lee:

 

"Y que en combencimiento de la notoria Idalguía de mi parte (los Aventín) y sus ascendientes, en el referido palacio o casal de la havitación de mi parte, que siempre ha sido y es venturoso edificio con su jardín, y en la piedra angular de la puerta principal de él se hallan, y siempre por toda la memoria de los hombres han estado y estarán esculpidas las armas y blasones de dicha familia y linaje de Aventín, que manifiestan por sus guarismos haverse grabado en el año mil quinientos setenta y quatro, que aunque con las turbaciones de la Guerra en el año mil settecientos seis se quemó mucha parte del sitiado casal o palacio y otras de dicha villa, en el saqueo que huvo en ella siempre se conserbó la mayor parte de la pared frontal con toda la puerta principal y las referidas armas que en el día subsisten, de manera que lo demás del edificio se redificó y puso conveniente para havitar como se ha havitado y havita, y se manifiesta la antiguedad de las armas y picota donde se hallan grabadas como constará."

 

 

Por otro lado, la estructura interna de las actuales casas de Campo ofrece a menudo sorpresas, pues la división externa no deja adivinar, por ejemplo, que una de las habitaciones de un domicilio está incrustada en la casa de su vecino, o que una viga de madera que parece decorar la cocina de un domicilio sea, en realidad, la que sustenta el techo de la casa de al lado. Estas situaciones son el resultado de una convivencia de muchos siglos de muros y también de personas, y son consecuencia de muchas particiones familiares, de cesiones entre amigos y vecinos, etc. Eso sí, aunque existen decenas de casos que resultan insólitos o complejos, todo el mundo conoce muy bien cuáles son sus derechos al respecto.

 

Una muestra del interés y cuidado con el que se trataban estas cuestiones, la encontramos en esta renunciación de Pedro de Pera Bardaxí, en el año 1596, que nos parece oportuno recordar aquí:

 

 

“Renunciación” en la que Pedro Pera Bardaxí autoriza a Joan de Aguilar, el notario de Campo, que habitaba en la casa colindante a la suya, para que pudiera apoyar unas maderas en las paredes de su casa. Dice así el texto:

 

 

“Eodem die et loco yo Pedro de Pera, vezino del lugar de Campo, de grado certifica la renunciación o qualesquiere derechos ya dichos a mi pertenecientes y pertenecientes pendientes: es un patio siquiere casal sitiado en el lugar de Campo, confronta con casa de mi hijo Pedro de Pera y con casa de Joan de Aguilar, con la plaza y vía pública, y esto assí por haber muerto los quondams Bernat de Pera y Violante Bardaxí, mis padres, intestados como en otra qualquiere manera, la qual renuncia hago en fabor de Juan de Aguilar notario, vezino del dicho lugar de Campo, y prometo y me obligo la presente renunciación y lo en ella contenido, tener por firme, bálidas y seguras y contra ellas no benir en cosa alguna.

 

E con esto juntamente doy licencia, permiso y facultad al dicho Joan de Aguilar, notario y a sus erederos de poder sumar y ajuntar las fustas que serán necesarias para cubrir y hazer entresuelos en el dicho patio en las paredes de mi casa, sin interés alguno.

 

Con esto, que dicho Joan de Aguilar y los suyos se hayan de pagar el gasto que se obedecerá en subir y adrexar las paredes de mi casa y cubrirla en quanto a la confrontado de dicho patio e prometo contra lo sobredicho no benir en derecho alguno, so obligación de mi persona y todos mis vienes mobles y sitios.

 

Testigos: Antón Terraça y Salbador Collada, habitantes de la bal de Terraza”.

 

 

 

No podemos olvidar que cerca del pueblo existe una ermita en la que se venera a san Belastuto (san Blascuto), que fue monje del monasterio de San Pedro de Tabernas a principios del siglo VIII. Según la leyenda, en un viaje que realizaba al monasterio de San Victorián fue atacado y sufrió martirio en los parajes donde está construida ahora la pequeña iglesia.

 

  

Finalmente, subrayaremos que la actividad comercial de Campo llegó a ser muy importante, marcando la personalidad del pueblo. Aunque en la actualidad no sea fácil imaginarlo, hasta hace poco, alrededor de los años 60 (siglo XX), había en el pueblo: 7 tiendas de comestibles, 4 carnicerías, 5 tiendas de tejidos, 3 sastres, dos ferreterías, dos zapaterías ¡un emporio!

 

La industria no ha ocupado un lugar destacado en la economía local. No obstante, en el Diccionario de Madoz (1850) se señalaba que Campo disponía de: dos molinos harineros, dos batanes y una sierra de agua para cortar madera. Posteriormete, a finales de XIX y principios del XX, la fabricación de cucharas alcanzó una gran importancia, llegándose a producir una gran cantidad de utensilios de este tipo y dando trabajo a muchas personas. A partir de los años 40 fueron dos las serrerías que proporcionaron trabajo, además de la Central Eléctrica, donde encontraron empleo no sólo vecinos de Campo, sino también de los pueblos de los alrededores.

 María José Fuster    

 

 

© 2007 J. Fuster Brunet

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