Campo


 

 El molino de Campo

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El molino de Campo estaba construído en un desnivel que había entre unos prados y el cauce del río, en su márgen izquierda. Tomaba las aguas del Esera mediante una acequia o azud, por donde descendía el agua mediante un canal, desde la altura del mesón de Elías hasta llegar a las aletas del rodete, a las que movía, transmitiendo el movimiento al árbol o eje. También se construyó una balsa de agua que servía de depósito y tenía dos funciones: por un lado servía como reserva, así, en caso de que el caudal del río descendiera se podía seguir trabajando en el molino. Otra función era la de conseguir que el agua llegara con más presión, aunque, por poco que se pudiera, se utilizaba directamente la del río y se dejaba la de la balsa como reserva. 

  

La tipología del molino viejo de Campo correspondía al llamado de eje vertical, es decir, el que lleva el rodete horizontal. Este rodete recibía en sus álabas o radios el agua que lo hacía girar y transmitía el movimiento a la muela, o piedra superior, que era la encargada de llevar a cabo la acción de moler. Debajo de ella había otra rueda de piedra circular de igual tamaño, que permanecía quieta. La que estaba instalada encima tenía un agujero en el centro por donde entraba el cereal, que se iba colando entre las dos piedras. Gracias a la fricción originada por el movimiento de la piedra superior se producía la molienda. La harina resultante era expulsada al exterior y se conducía a un depósito.

 

En el molino de Campo se molía trigo, cebada y avena. También se trituró hierba. A su lado se instaló una turbina que producía energía eléctrica y que proporcionó la primera luz para alumbrado en el pueblo. Tampoco hay que olvidar, que junto al molino se instaló una sierra de agua que trabajó durante muchos años.

 

El molino perteneció al monasterio de San Viturián, cuyo abad era el señor temporal y, por lo tanto, su dueño. En todos los documentos en que se nombran los pueblos propiedad del monasterio, nunca se deja de mencionar el molino de Campo.

 

Ya en el siglo XIX, resulta curioso ver con que celeridad se aplicaron en Campo los decretos de Mendizábal sobre la desamortización de bienes religiosos, promulgados los meses de julio y octubre de 1835, pues ya el 23 de diciembre de ese mismo año se efectuó la compra del molino. Lo adquirió el Ayuntamiento constituido por José Guerri, como alcalde, Antonio Sierra, Ramón Pons, regidores y Joaquín Costa, Síndico.

 

Más adelante, en 1837, con un nuevo Ayuntamiento Constitucional, compuesto por Miguel Altemir, en función de alcalde, Joaquín Peiret, como regidor segundo, y Ramón Zazurca como síndico, se procedió a la enajenación del molino, sin que sepamos exactamente en qué consistió esa operación, ni por qué se realizó. Para ello, se procedió primero a la tasación del molino y su acequia, tarea que fué encomendada a los labradores Lorenzo Ballarín y Francisco Mur. Para pronunciarse sobre el maderaje, se requirió el parecer de Joaquín Mur, carpintero. Joaquín Auset, como molinero, hizo también su dictamen, así como Joaquín y José Pallaruelo, que eran herreros.

 

Pascual Madoz, en su “Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de 1845-50”, menciona el molino de Campo y una serrería “de cortar madera”, aneja al molino,

 

En en listado de las fincas rústicas y urbanas de todos los pueblos del Partido Judicial de Boltaña del año 1860, se señalaba que en Campo, que contaba entonces con 718 habitantes, estaba el molino harinero de Pedro Aventín.

 

A principios del siglo XX la Compañía de Fluído Eléctrico de Barcelona adquirió el molino, pero lo cerró. Posteriormente se quemó y construyeron otro nuevo más moderno, que estaba ubicado en otro lugar cerca de la carretera, que se conocía como el “molino nuevo”. El nuevo molino funcionaba ya con fuerza eléctrica. Estaba administrado por el Ayuntamiento que lo ofrecía en alquiler mediante subasta. También se construyó una serrería.

 

Desde 1926 a 1936 el molino lo tuvo alquilado Daniel Fuster Canales. Del 1 de enero de 1936 al 18 de julio del mismo año, lo tenía en arriendo Joaquín de Mur. Con la guerra, hubo un periodo en el que fue colectivizado. Después de la guerra lo llevó Sebastián Longán y, posteriormente, el señor Simón, de Murillo.

 


Ruedas del molino nuevo, de importación francesa [foto A.Castel].

  

 

Los molineros

 

 

El oficio de molinero se transmitía casi siempre de padres a hijos, por eso se encuentran dentro de esta profesión verdaderas sagas familiares. También ocurría, como con otras profesiones, que se realizaban muchos matrimonios entre gente del oficio (la hija de un molinero con el molinero de otro lugar, etc.).

 

El molinero no era prácticamente nunca el propietario del molino, que, hasta el siglo XIX, solía pertenecer al señor temporal o al cabildo.

 

Los molineros eran gente de oficio que explotaban los molinos en base a un contrato de arrendamiento, en el que se estipulaban sus obligaciones y la cantidad que se le permitía cobrar por su trabajo, siempre en especie. El pago por moler recibía el nombre de “multuración”. El molinero cogía la parte que le correspondía antes de la molienda y en presencia del labrador que le traía el grano a moler. No obstante, el hecho de que cobrara ipso facto y que pasara el cereal del campesino al molinero tan rápida y, digamos, directamente, dejaba un sentimiento de frustración en los clientes, y éstos se solían mostrar recelosos sobre la honradez del molinero, del que suponían que usaba estratagemas para quedarse con una parte de la molienda que no le correspondía.   


El Almud. Museo Angel Orensanz y Artes de Serrablo (Sabiñánigo). 

Suspicacias aparte, el trabajo que llevaba a cabo el molinero era bastante duro, pues generalmente no podía permitirse tener personal a su servicio (a veces contaba con un criado o se ayudaba de un aprendiz) y tenía que atender él sólo la molienda. Además, debía mantener en buenas condiciones el molino, limpiar la acequia que conducía el agua, etc. También solía tener un poco de tierra alrededor del molino, en la que tenía algunos animales que criaba para su consumo. Hay que señalar, de todos modos, que sólo tenía derecho a tener algunas gallinas y poco más y, si quería tener otros animales, tenía que pedir un permiso especial al arrendador.

 

No obstante, a pesar de todo lo que tenía que trabajar, el oficio de molinero confería cierto status social en el mundo rural, como ocurría con otros trabajos artesanos. Vale la pena subrayar el hecho de que la mayoría de los molineros eran casi siempre personas alfabetizadas, por lo que tenían una preparación muchas veces superior a sus paisanos. Otro factor que obraba en su favor era que, por las circunstancias de su trabajo, los molineros estaban en relación con todos sus convecinos, fuera la que fuera su condición social, lo que les permitía tener una información de primera mano sobre todo lo que acontecía en el pueblo y alrededores. Conocían a todo el mundo y no faltaban ocasiones en las que se les solicitara para mediar en asuntos de familia o problemas de vecindad. Como consecuencia de ello, estaban enterados de las transacciones de todo tipo que se estaban llevando a cabo y las que se iban a hacer.

 

Para fijar el día y la hora en que se podía pasar a moler, había que pedir tanda.

 

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En Campo hemos encontrado pocos datos sobre los molineros. Gracias a un documento sabemos que en el siglo XVIII el molino lo tuvo arrendado Josef Canales. En dicho escrito se señala que:

 

Josef Canales, arrendador que fue del molino arinero cuyo arriendo fino en fin de 12 de enero de 1788, debe 90 libras jaquesas, impracticables poder satiscerlas por los perjuicios que le ha ocasionado una avenida del río Esera en el mes de octubre y por la reedificación de dicho molino...”.

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En el censo electoral del año 1910 encontramos a Maximiliano Montoliu, de 36 años, de profesión molinero y que habitaba en el molino. Se trata ya del molino nuevo. Curiosamente, en el censo electoral de 1900 de Serraduy, hemos encontrado a otra persona con este apellido, Justo Montoliu Puntarrón, de 45 años, que también era molinero.  

 


Molino de Sin (Huesca)

 

 

Los Auset:

 

 

Los Auset eran una familia de molineros, pues según se ha transmitido oralmente entre sus descendientes, fueron tres hermanos los que vinieron a Campo desde Plan para arreglar y hacerse cargo del molino, y después uno de estos hermanos se fue a Perarrúa, para atender el molino de ese lugar. Nos consta, también, que un José Auset fue el molinero de Sin durante el siglo XVII, pues aparece firmando como testigo en varios documentos.

 

El primero que se estableció en Campo fue Joaquín Auset Pallaruelo, nacido en Plan, que se casó en primeras nupcias el 3-2-1830, con Raymunda d’Abad Ballarín y, al fallecer ésta a causa del cólera en 1855, volvió a casarse con María Lanau. Fue este Joaquín el que dió nombre a ‘casa el Molinero’, según la mención que se hace en su registro de defunción, en la que se lee: “no hizo testamento, pero los herederos de su casa, llamada del Molinero, quedan obligados a hacer por su alma sufragios según costumbre”.

 

Su hijo, Joaquín Auset Abad, fué también molinero y se casó dos veces, como su padre. Primero con Joaquina Güerri Canales y luego con Josefa Peiret Mur. En los años que él se encargó del molino sabemos que existía una sierra de agua al lado del mismo. Las sierras se construían junto al molino para aprovechar la misma infraestructura. Además, de este modo, el molinero podía atender los dos trabajos.

 

No podemos dejar de mencionar aquí uno de los inventos que se presentaron el año 1779 ante la Real Sociedad Económica Aragonesa de “Amigos del País” de Zaragoza, que evidencia cómo se trataba de simultanear ambas actividades, la molienda y el serrar. Un tal Antonio Regás, presentó entre otros proyectos, el siguiente: “Una máquina para moler trigo u otra semilla y juntamente serrar un madero, sin más trabajo que el de una caballería que causaría todo el movimiento”. Parece el máximo de la tecnonología... (aunque la Academia rechazó el invento porque dijo que ya existía algo parecido).

 

Volvamos a nuestra historia, ya a finales del siglo XIX y principios del XX, un hijo del primer matrimonio de Joaquín Auset Abad con Joaquina Güerri, que también se llamaba Joaquín, se tenía que hacer cargo del molino, pero se produjo la compra del mismo por la compañía de Fluido Eléctrico y su posterior cierre e incendio, así como la construcción del nuevo molino, tal y como hemos referido. Joaquín Auset Güerri, que aparece en todos los documentos como carpintero, compró en el año 1908 una finca junto a la carretera a José Altemir Aventín, por el precio de cién pesetas, e instaló allí por cuenta propia una serrería, aunque también llegó a trabajar un tiempo en el molino nuevo.

 

Joaquín se casó con Basilia Blanch Peiret. De este matrimonio sólo nació una hija, Josefina Auset Blanch, que contrajo matrimonio con Daniel Fuster Canales el 11 de octubre de 1911. Ya hemos mencionado que Daniel arrendó el molino nuevo desde 1926 a 1936. 


Daniel Fuster Canales de ‘casa Molinero’.

 

Como hemos dicho, el oficio de molinero se solía transmitir de padre a hijo, y cuando no había hijos varones solían ser los yernos los que continuaban con ese trabajo. Esto es lo que ocurrió en este caso, terminando así la saga de los molineros Auset en Campo.

 


Basilia Blanch Peiret, con sus nietas, Basilia (detrás de ella) y Josefina Fuster Auset, delante de ‘casa el Molinero’.

 

© J. Fuster Brunet 2007

 

[se autoriza la reproducción citando la fuente]