Campo


Los cuchareros

Muchos pastores y hombres del campo, cuando sus tareas habituales se lo permitían, se dedicaban a darle forma a algún trozo de madera de los que encontraban a su alrededor para hacer objetos que les podían ser útiles, además de hacer otros destinados para simples adornos. Para hacer esos trabajos sólo necesitaban una navaja u objeto cortante y la habilidad que iban adquiriendo.

 

Entre los utensílios que más se hacían hay que destacar las cucharas y tenedores que se utilizaban para comer, tanto en las casas como cuando se estaba en el campo.

 

Estos artesanos espontáneos observaron que el material más idóneo para esa función era el boj, por la gran dureza de su madera, que daba mucha resistencia a las piezas que realizaban. Además, era una materia prima que tenían al alcance de la mano y que no les costaba nada. Solamente tenía un inconveniente, y es que resultaba difícil de trabajar, pero poco a poco fueron aprendiendo la técnica adecuada.

 

Y atraídos por el boj un grupo de personas que se dedicaban profesionalmente al oficio de cuchareros llegaron a mediados del siglo XIX para instalarse en algunos de nuestros pueblos, concretamente en Campo y Boltaña. Así fue como se aumentó el número de vecinos en un área geográfica que ha sufrido siempre una baja densidad demográfica. Estos cuchareros venían de Tortellá (la Garrotxa) y trajeron con ellos no sólo los conocimientos de la técnica artesanal sino también un enfoque comercial para los productos que fabricaban, sin olvidar una mentalidad emprendedora que influyó y abrió nuevas posibilidades a las gentes de la montaña.

 

El hecho de que decidieran dejar su pueblo y vinieran a trabajar donde estaba la materia prima, se debió fundamentalmente a que en Tortellá, después de años de explotación, había dificultades para encontrar el boj que necesitaban, y tampoco era fácil proveerse con el de afuera.

 

Siendo virrey de Aragón Don Juan de Austria entre 1669 y 1676, ya se habían tomado medidas de carácter económico con la idea de dar un nuevo impulso a la artesanía y el comercio autóctono. Y una de estas medidas fue la prohibición de sacar el boj sin fabricar. Posteriormente esta medida fue revocada. 

 

 

 

Tortellá - Boltaña - Campo:

 

 

El Sr. Robert Bayer i Castanyer, en su libro titulado ‘Tortellà’, editado por el Ayuntament de Tortellà en 1991, ofrece un documentado estudio sobre todo el proceso de fabricación, producción y comercialización de cucharas. No se limita a tratar la materia prima y las herramientas, sino que da a conocer también a las personas que introdujeron dicha artesanía primero en Tortellá y después en Campo y Boltaña, y que resultaron ser nuestros antepasados.

 

Según explica el sr. Bayer i Castanyer, en el año 1762 se instaló un maestro cucharero en Tortellá, Joan Illamola, que fue el iniciador de esa actividad artesana en el pueblo. El mismo iba a buscar el boj que necesitaba al bosque y después trabajaba la madera hasta la obtención del utensilio deseado. Su mujer le ayudaba en algunas de las fases de este proceso. Con el paso de los años su hijo se puso a trabajar también con ellos en el taller familiar y, poco después, fueron contratando a otros mozos.

 

En 1818 se tiene constancia de la llegada de otra familia de cuchareros a Tortellá. Se trataba de Esteve Muntada y sus tres hijos. Así pues, a principios del siglo XIX eran ya dos talleres importantes los que estaban instalados, más aquellos otros que iban surgiendo cuando uno de los operarios de esos dos pioneros se independizaba y abría taller por cuenta propia.

 

Los cuchareros, nombre que se les dió a estos artesanos de la madera, empezaron primero a poner el boj a remojo durante diez o quince días, con el fin de que se ablandara. Después, fueron adaptando las herramientas de uso común que se utilizaban al trabajo específico que se iba a realizar con ellas: la fabricación de cucharas u otro utensilio. Incluso se inventaron herramientas especiales para ello.

 

Se realizaba el trabajo en una dependencia de la casa, normalmente un lugar pequeño, en el que llevaba a cabo su tarea el cucharero ayudado en alguna fase de la elaboración, muchas veces, por su mujer y sus hijos. Ocasionalmente contaba con la ayuda de un mozo o aprendiz. Con el tiempo, a medida que se empezó a profesionalizar este trabajo, se aumentó el número de ayudantes, especializándose cada uno de ellos en una fase del proceso, por lo que puede decirse que trabajaban en cadena. 

 

Coincidió esta expansión, y también puede decirse que fue consecuencia, de la situación que vivía por aquél entonces el dinámico pueblo de Tortellá, cuya industria textil estaba entrando en un callejón sin salida debido a la industrialización que experimentó dicho sector en toda Cataluña y que allí no se podía potenciar por carecer de agua suficiente para las nuevas máquinas a vapor.

 

Tantos jóvenes se dedicaron a trabajar como cuchareros que se empezaron a manifestar los primeros problemas: la materia prima se ofrecía a diferentes precios pero siempre con tendencia al alza, los buenos profesionales eran escasos y la calidad de los artículos fabricados empezó a resentirse.

 

Este auge en la actividad de los artesanos cuchareros hizo que pronto el boj existente en los alrededores del pueblo empezara a escasear y se tuvieran que encontrar nuevas fuentes de aprovisionamiento, trayéndolo p. e. de bosques de Lérida, Huesca o del Pirineo francés. Y algunos de aquellos hombres hicieron algo más: cogieron a sus familias y se fueron a establecer allá donde había boj, para crear allí sus talleres artesanos, llevándose con ellos toda la tecnología que habían adquirido. En Boltaña se instaló Pere Blanch i Serra. En Campo el resto de la familia Blanch.

 

 

 

En el año 1890, en el recuento de vecinos que se llevó a cabo en Campo para establecer las listas electorales, figuran 23 personas con el oficio de cucharero.

 

Se tiene constancia que el año 1930 en Boltaña se fabricaron 200.000 piezas, entre cucharas y tenedores. En Campo fueron 172.8000.

 

La materia prima usada fue habitualmente el boj, pero en algunos casos se recurrió también al haya, avellano, arce o plátano, entre otros.

 

Maria José Fuster                 

 

 

 

 

 

Listado de vecinos del municipio de Campo (1890)

 

Cuchareros 

 

1.-Antonio Ballarín Plaza, 31 años

2.- Joaquín Beguer Fortuño, 37 años

3.- Manuel Beguer Fortuño, 42 años

4.- José Blanch Galindo, 28 años

5.- Miguel Blanch Masdexaxes, 61 años

6.- Manuel Blanch Robert, 34 años

7.- José Blanch Serra, 52 años

8.- Pedro Blanch Serra, 44 años

9.- José Canales Guillén, 61 años

10.-José Canales Mora, 61 años

11.- José Castillón Prugente, 31 años

12.- José Figueras Danés, 48 años

13.- Juan Mongay Cereza, 30 años

14.- Francisco Mur Solana, 49 años

15.- Francisco Mur Subías, 50 años

16.- Cayetano Nestares Lanao, 25 años

17.- Francisco Sanz Gabás, 29 años

18.- Miguel Sesé Beguer, 39 años

19.- Joaquín Sesé Cereza, 32 años

20.- José, Sesé Cereza, alias “Collada”, 34 años

21.- José Sesé Cereza, alias “Vilas”, 29 años

22.- José Sesé Lanau, 65 años

23.- Francisco Solana Serena, 45 años

24.- José Villega Bich, 44 años.

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