Campo

 


Constructor de carros y tartanas

En Campo trabajó como constructor de carros y tartanas el Sr. Anastasio Mur Pueo, de casa Chandemú, que aprendió el oficio en Graus, cuando era joven. Anastasio era el séptimo hijo de Jaime Mur Fontán y de Vicenta Pueo Miranda y nació en Murillo de Liena el 3 de febrero de 1881. Vivió con su familia en Campo, donde fué llamado a cumplir el Servicio Militar en el Reemplazo de 1901.

 

Parece ser que el amo que tuvo en Graus le hacía hacer sólamente las ruedas, pero nunca le enseñaba, ni a él ni a ninguno de los otros aprendices que tenía, el plano o dibujo que servía de modelo.

 

Cansado de hacer ruedas y de no aprender nada nuevo, Anastasio le pidió a su patrón unas cuántas veces que le mostrara el plano, pero éste se negaba siempre a hacerlo, hasta que Anastasio le dijo que si no le enseñaba el plano se marchaba a trabajar a otro sitio. Así las cosas, el amo le pidió que le acompañara a la falsa de su casa, que era donde siempre dibujaba, y allí pudo Anastasio descubrir el secreto tan bien guardado, pues era sobre el pavimento donde estaba bien trazada con yeso la rueda del carro.  

 

Después de aprender el oficio, Anastasio se instaló en Campo y se dedicó a construir carros, tartanas y volquetes, que hacía para la gente del pueblo cuando se lo pedían. Recordemos que las tartanas eran utilizadas como vehículos de viajeros desde Campo a Graus y Benasque. Los carros se usaban para los trabajos agrícolas, como los volquetes. Estamos hablando de los años entre 1930 y 1950, aproximadamente.

 

Antonio Castel Ballarín recoge en su libro titulado “Campo”, la información que le ha facilitado Jaime Mur Lacoma, hijo del mencionado Anastasio Mur Pueo, sobre cómo hacía su padre los carros.

 

Cuenta Jaime que se trabajaba con madera de olmo, fresno y carrasca. Parece ser que las tres maderas son muy duras y muy resistentes, aunque, se usaba principalmente la carrasca de Naspún, pues además de tener mucha dureza era muy correosa, y se podía trabajar bien. Anastasio Mur Pueo hacía todo lo que era de madera y Melchor Sanz, que era el herrero, se ocupaba de las partes que llevaban metal.

 

Hacer un carro costaba varios días, pues era un trabajo meticuloso que comprendía desde ir al monte a seleccionar la carrasca, cortarla y bajarla al pueblo, hasta hacer a mano cada una de las partes de las que se componía el vehículo. 

Para llevar a cabo su trabajo las únicas herramientas que se usaban eran la estral o estraleta, la garlopa, el formón y el cepillo.

 

La parte más complicada en la construcción del carro era el cubo en la rueda, que es donde se apoyan los rayos. La boja, que es donde se apoyaba el eje de la rueda, también requería un cuidado especial. Aunque lo más difícil era la colocar los rayos en el bandau, que era la circunferencia de hierro de la rueda. Había otras partes más fáciles de hacer, como las barandas y las varas. Explica Jaime Mur que para construir el carro su padre trabajaba al aire libre, en cualquier parte, pero cuando tenía que proceder al montaje de la rueda lo hacía en la llera del río.

 

Para hacer ese trabajo operaba de la siguiente manera: hacía unas fogatas en círculo para calentar el bandau, y cuando estaba caliente, al rojo vivo, ponía en su interior el armazón de la rueda, mientras todo sus hijos e hijas iban arrojando agua aprisa y sin parar. 

 

 Jaime Mur Pueo se casó con María Lacoma Raluy y tuvieron cuatro hijos: Pilar, José María, Jaime y María.

 

Toda la información sobre la construcción de carros, como ya se ha dicho, la ha recogido y nos la ha transmitido Antonio Castel Ballarín, tal y como se la facilitó Jaime Mur Lacoma.

 

María José Fuster      

 

 

[fotos gentileza de Daniel Mur y Antonio Castel]