Campo

 


Comerciantes

El estudio de la actividad comercial en Campo merece y requiere una atención especial, que todavía no podemos dedicarle. No obstante, ofrecemos los siguientes datos para una aproximación al tema, refiriéndonos solamente al periodo comprendido entre finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.

 

En siglos pasados eran los propios artesanos los que vendían los productos u objetos que fabricaban, por lo que no existía lo que hoy entendemos como tiendas. El que necesitaba comprar algún artículo se pasaba por el taller del artesano y allí, además de poder ver lo que estaba fabricando examinaba otros artículos ya terminados... El cliente potencial, después de ver y tocar el  “catálogo”, pasaba su encargo.

 

La implantanción de lo que actualmene entendemos como tienda fue tardía, y en las áreas rurales más. En Campo, no obstante, encontramos ya en 1786, en el censo de Floridablanca, una referencia a 4 comerciantes, aunque no sabemos si eso significa que disponían de un local abierto al público o si se dedicaban a otros negocios. Para poder comparar esta cifra de 4 comerciantes con la de otras actividades mencionadas en dicho censo, recordemos que se registraron en él: 2 hidalgos, 2 estudiantes, 16 labradores, 6 jornaleros, 7 artesanos y 6 criados, por lo que podemos considerar el número de comerciantes significativo.

 

 
[imagen gentileza de Antonio Castel]

 

Entre las profesiones mencionadas en el Listado de vecinos de Campo del año 1890 recogemos los siguientes nombres de personas dedicadas a la actividad comercial:

 

Abad Carrera, Miguel, 71 años, pelaire

Bertolín Clavera, Joaquín, 46 años, confitero

Capdevila Felip, Vicente, 36 años, tablajero

Fillat Moré, Pedro, 45 años, confitero

Fuster Mur, José, 38 años, tablajero

Luengo Pera, Francisco, 40 años, tendero

Luengo Pera, José, 40 años, tendero

No incluimos en esta lista a los artesanos (cuchareros, silleros, herreros, sastres, etc.), porque su actividad es muy diversa de la que es objeto de nuestro comentario.

 

 
[imagen gentileza de Antonio Castel]

 

En el Censo Electoral de 1910 figuran:

 

Auset Peired, Ramón, 29 años, Plaza, n° 1, comerciante

Blanch Galindo, Miguel, 33 años, Plaza, n° 8, comerciante

López Cardiel, Francisco, 28 años, San Antonio, n° 9, comerciante

Luengo Pera, Francisco, 60 años, c/ Medio, 21, comerciante

Mascaray Clavería, Ramón, 57 años, Plaza, 1, comerciante

Mur Ariño, José, 49 años, San Antonio, 15, carnicero

Mur Pueo, Jaime, 43 años, Iglesia, n° 9, comerciante

Puyalto Formen, Manuel, 56 años, Plaza, n° 17, comerciante

Sancha Cobos, Victor, 44 años, Plaza, 8, comerciante

 

 

 

Por cierto, que en dicho Censo Electoral del año 1910 no aparece como comerciante el Sr. Santiago Laforga que, sin embargo, como podemos comprobar en el papel timbrado de su negocio sí que tenía abierto al público un comercio. Este es un ejemplo más de que es preciso tomar con cierta  precaución los datos oficiales, puesto que no siempre corresponden a la realidad.

 

Facilitamos a continuación los datos del Censo Electoral de 1930, en el que se aprecia un notable aumento de comerciantes. Pertenecen en muchos casos a familias que habían venido a instalarse a Campo procedentes de pueblos de los alrededores.

 

Auset Mascaray, Ramón, 25 años, Nueva, 20, comerciante

Auset “Ceiret” (pensamos que es Peiret), 50 años, Plaza, 7, comerciante

Ballarín Luzaga, José, 36 años, c/ Medio, 3, comerciante

Benedet Sasatiornil, Julio, 37 años, Plaza, 10, comerciante

Blanch Galindo, Miguel, 54 años, Plaza, 10, comerciante

Boj Peiret, Elías, 40 años, Medio, n° 5, comerciante

Bruned Campo, Juan, 42 años, San Antonio, 11, comerciante

Canales Peiret, Mariano, 58 años, San Antonio, n° 17, comerciante

Mascaray Clavería, Ramón, 75 años, Plaza, 1, comerciante

Mascaray Salinas, Bienvenido, 28 años, San Antonio, n° 1, comerciante

Mascaray Salinas, José, 30 años, San Antonio, n° 1, comerciante

Mur Cereza, José, 67 años, Prior, 17, comerciante

Mur Güerri, Joaquín, 47 años, Plaza, 12, comerciante

Mur Larruy, Vicente, 27 años, Iglesia, 39, comerciante

Mur Mur Mur, José, 38 años, Plaza, 11, comerciante

Samblancat Costa, Joaquín, 55 años, Medio, 8, comerciante

Sancha Blanch, José María, 36 años, Plaza, 5, comerciante

Sancha Cobos, Victor, 59 años, Plaza, 4, comerciante

Sanz Gamiz, Angel, 62 años, Iglesia, 23, comerciante

 

También aquí, además de la mención específica de “comerciante”, hemos encontrado otras profesiones como zapateros, hojalateros, alpargateros, etc., que podrían ser consideradas como comerciales. En muchos casos, los que ejercían un oficio acabaron abriendo un establecimiento de venta al público. Los hojalateros o caldereros pusieron una ferretería, los zapateros y alpargateros también abrieron su tienda, a la vez que seguían trabajando en su oficio.

 


[imagen gentileza de Antonio Castel] 
 

El papel que jugó Campo como centro de aprovisionamiento para los pueblos de la comarca fue importante. Los que ya hemos cumplido algunos años, recordamos como nuestros paisanos de los pueblos vecinos acudían con sus mulas o caballos a las tiendas de ultramarinos de Campo, “aparcaban” en la calle sus caballerías atándolas en las anillas que solía haber en alguna pared cercana, y cargaban todo lo necesario para sus casas y familias.

 

Jaime Mur, un comerciante con un negocio importante y bien organizado, además de apuntar en una libreta las casas del pueblo que le debían algo (todas), llevaba también una lista de sus clientes de la comarca, enumerando por orden alfabético todos los pueblos y aldeas. Para darnos una idea de cuál era el radio de acción del comercio de Campo, mencionaremos las localidades que se encuentran repertoriadas en su cuaderno:

 

Pueblos (en los que enumera todas las casas que le compraban):

 

Aguascaldas, Alins, Avella, Avi, Balle de Lierp, Bacamorta, Barbaruens, Bisaurri, Bisalibons, Billarué, El Solano, Castejón de Sos, Cerler, Chía, Esterún, Espluga, Espés, Foradada, Fuendecampo, Gabás; Graus, Murillo, Navarri, Las Colladas, Las Paules, Las Vilas, Llert, Merli, Montanuy, Noales, Rañín, Senz, Seira, Sanfeliú, Santamuera, Toledo, Torre la Ribera, Tierrantona, Viescas, Viú y las aldeas de Castillón de Lacort, Lueza, Ferraz de Lascorz y El Cabo.

 

Hay que decir también que los clientes que visitaban las tiendas del pueblo, no siempre (más bien nunca) podían pagar al contado la mercancía que se llevaban. La mayoría recurría al “fiado”, es decir, el tendero apuntaba en su libreta lo que se le dejaba a deber y el cliente pagaba cuando podía. Normalmente aseguraban que lo harían después de la siega, para la Virgen de Septiembre o para la Feria de octubre, cuando vendieran algún animal, pero en muchas ocasiones esos ingresos no eran suficientes para saldar la deuda. Entonces, se convenía con el comerciante en darle algo “a cuenta”, para ir reduciendo lo que se le debía. A veces se le entregaba un jamón o algunos kilos de lana, ordio, trigo, ajos, bellotas e incluso se ofrecía alguna prestación personal.

 

Antonio Castel ha hecho un recuento de algunos de los artículos que se vendieron en los comercios de Campo a partir del año 1886. Entre ellos encontramos cosas tan dispares como: cerrajas, boinas, sombreros, velas, judías, sal, calendarios, platos blancos, madejas de hilo, anís, platos sevillanos, escobas, arroz, fideos, cántaros, chocolate, café, cántaros, cazoletas, cazuelas, tijeras, calcetines, peladillas, bizcochos, libretas, aceite, pimienta, tabaco, sardinas, perdigones, pólvora, “mistos”, escopetas, tela para blusa y sayas, cuadernillos de papel de barba, paños, una guitarra y ¡hasta una cama de hierro! que costó 18 pesetas. Por cierto, que en ese periodo se menciona en repetidas ocasiones la venta de “paquetes de gaseosas” sin especificar nada más, pero en el año 1909 se hace referencia a “un paquete gaseosas armisén”, lo que nos permite identificar por primera vez una marca comercial.

 

 

 

Las listas con los precios de los artículos en cuestión,ofrecen alguna sorpresa, como, por ejemplo, el precio de los huevos (buebos) que aparece en la factura de Juan Brunet, del año 1929: en aquella época los huevos alcanzaban el precio de 1.80 pesetas la docena, lo que parece relativamente alto comparado con lo que costaba una comida, según otra factura del mismo Juan Brunet, que era 1,25 pesetas.  

 

 

 

 

Un comercio que alcanzó mucha importancia fue el del vino. Los vinateros de Campo llevaban sus productos a muchos pueblos del Pirineo, atendiendo, especialmente, a los clientes de los valles de Benasque y Gistau.

 

Según refiere Antonio Castel, el vino que llegaba a Campo en bocoyes lo pasaban a unas tinas muy grandes de madera, de donde lo extraían con decálitros de hojalata y los ponían en boticos de 50 litros para transportarlo a los pueblos en burros o machos.

 

Había un Consorcio del que formaban parte todos los vinateros del pueblo, tanto los que lo hacían al por mayor como al detall. Para poder vender, todos los comerciantes tenían que pagar anualmente una determinada cantidad de dinero al Consorcio. El cargo de recaudador de este impuesto salía a subasta pública, y su función era la de cobrar lo estipulado a los vinateros para pagarle después al Ayuntamiento la cantidad convenida. Si algún vendedor no quería pagar, se le precintaban los bocoyes.

 

Un vinatero importante fue el Señor Víctor Sancha. Era un gran mayorista que se hacía subir el vino del Somontano y lo vendía en todo el Pirineo. Tenía un almacén en lo que hoy es “casa Vitor” y su hijo continuó con el negocio, abriendo otro almacén en Castejón de Sos, desde donde podía atender mejor a los pueblos de la montaña.

 

Antonio Castel nos cuenta también que, a principios de siglo XX, Mariano Canales fue uno de los principales comerciantes del pueblo. Además de la sal y el vino, que eran los dos artículos imprescindibles en aquél entonces, vendía aceite, sardinas, vinagre y piensos para los cerdos, etc. Tenía su almacén en “casa Cambra”. Se proveía de sal en Naval y Salinas de Trillo, dos localidades de la provincia de Huesca.

 

Sobre el abastecimiento del vino, Antonio Ballarín le dió la siguiente información a Antonio Castel:

 

Los carreteros salían de Campo con sus carros siempre en parejas, eran viajes largos y podían necesitarse unos a otros. El punto más distante era Cariñena, en la provincia de Zaragoza. El vino del “campo de Cariñena” era de alto grado y calidad, muy bueno para encubar y consumo estacional.

 

Además de Cariñena subían vino de Bespén, en la provincia de Huesca, también de fama.

 

El vino de Salas en el Somontano era vino muy apreciado. De Secastilla, pueblo cercano a Graus, subían la Garnacha. El Macabeo procedía del Pueyo de Barbastro, monasterio benedictino en aquellos tiempos. Todos estos vinos eran muy buenos, pero, cada cliente tenía sus preferencias”.   

 


Dorita Brunet delante del primer escaparate del Sr. Ramón Auset

  

Al referirnos a los comerciantes de Campo no podemos olvidar que muchos de ellos se dedicaron también a la venta ambulante. Recogemos, una vez más, la información que Antonio Castel nos facilita:

 

Fueron varios los comerciantes que llegaron a casi todos los pueblos de la comarca ofreciendo sus tejidos, alfileres, calcetines, hilo de coser, alpargatas y un largo etc.

 

Lo transportaban primero en burros, cargados a tope se dirigían hacia las Vilas del Turbón, por la carretera a la frontera, llegaban hasta el Pont de Suert, de donde traían mantas de lana y llevaban calderos de cobre y otros utensilios. También hacían la carretera de Ainsa y la de Graus.

 

Al llegar a cada uno de los pueblos, iban de casa en casa ofreciendo sus généros. Por la noche, regresaban al pueblo.

 

Luego se movilizaron y sobre todo los sastres tomaron la bicicleta, en ella llevaban las prendas que habían confeccionado a los distintos clientes de los pueblos vecinos.

 

Después vino la moto, medio más cómodo y rápido, así llegaron hasta Bielsa y Mediano. Finalmente, en furgonetas, con más capacidad y rapidez.

 

Esto demuestra la pujante vida del pueblo de Campo con sus artesanos durante todo el siglo XIX y primera mitad del XX”.

 

Además de en las tiendas y almacenes locales, los vecinos del pueblo podían comprar en el mercado que se celebraba, y se celebra todavía, todos los miércoles en la plaza. Recordemos que fue el rey Jaime I quien a petición del Abad de San Victorián concedió Privilegio perpetuo de Mercado todos los miércoles del año al lugar de Santa María de Campos. Dicho Privilegio fue otorgado en Teruel el trece de noviembre del año 1297 y fue confirmado por el rey Pedro IV el Ceremonioso en Zaragoza, el 7 de septiembre del año 1352.

 

María José Fuster       

 

[reproducción autorizada, siempre que se cite la fuente]